Biodiversidad
en riesgo
Presentación
de resultados de estudio de plaguicidas en la cuenca del Parque Nacional
Esteros de Farrapos e Islas del Río Uruguay.
La
investigación -desarrollada entre abril de 2009 y agosto de 2010-
detectó “la presencia de residuos de plaguicidas altamente
tóxicos en peces”, así como altas concentraciones
de dichos productos en abejas colectadas durante mortandades masivas.
Encontró, además, “elevadas concentraciones de plaguicidas
dentro del área protegida y en algunos componentes claves de
la biodiversidad de la misma” y evidenció la existencia
de “limitaciones en las capacidades nacionales para el monitoreo
de los impactos de plaguicidas usados en sanidad vegetal sobre animales,
producción apícola y el medio ambiente”.
El
Parque Nacional Esteros de Farrapos e Islas del Río Uruguay forma
parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) desde noviembre
de 2008. Se ubica en el departamento de Río Negro y su extensión
ronda las 20.000 hectáreas. Reúne varios ecosistemas:
bosques de parque, ribereños, suelos de blanqueales, humedales
e islas fluviales. La zona es significativa para la reproducción
de aves y peces y reúne una amplia diversidad de especies biológicas.
Desde 2004 es protegida como sitio Ramsar (convención internacional
para la protección de humedales).
Sin
embargo, el ecosistema está amenazado por el uso del suelo de
la cuenca de influencia, donde predominan cultivos forestales y de soja
transgénica. El cambio ha sido drástico y acelerado en
la última década, en la que la expansión de los
cultivos de soja ha sustituido campos naturales. Esto determinó
una pérdida de diversidad y un incremento del uso de plaguicidas.
El impacto del cambio ya se observa, pero sus consecuencias a futuro
son inciertas.
El
estudio fue desarrollado por la Organización No Gubernamental
Vida Silvestre, con financiamiento del Programa de Fondos para Ecosistemas
del Comité Holandés de UICN. Fue ejecutado con el apoyo
de investigadores de las facultades de Ciencias y Química de
la Universidad de la República (Udelar) y del Instituto Nacional
de Investigaciones Agropecuarias.
El
equipo trabajó de manera participativa con instituciones de Nuevo
Berlín y San Javier, localidades rionegrenses aledañas
al área protegida. Los resultados fueron presentados el miércoles
11 de agosto en el liceo de Nuevo Berlín, donde acudieron representantes
de la Intendencia de Río Negro (IRN), del proyecto Más
(IRN-Uruguay Integra), del SNAP, del Centro Regional Norte de Paysandú
(Udelar), de la Comisión Administradora del Río Uruguay
(CARU), pescadores artesanales y apicultores, docentes de ambas localidades
y estudiantes del liceo de Nuevo Berlín que participaron en la
experiencia.
El
proyecto propició la articulación interinstitucional,
cualidad que fue destacada por todos los participantes que acudieron
a la presentación. Contribuyó también a aceitar
vínculos entre la comunidad local, por ejemplo, una de las estudiantes
de sexto año que participó en un taller con pescadores
indicó: “Gracias a este proyecto nosotros supimos valorar
la pesca artesanal, porque a pesar de que seamos vecinos de pescadores
no nos dábamos cuenta de la importancia que tiene para esta localidad,
cómo se organizaban y las cosas que hacían”.
Daños
colaterales
El
proyecto evaluó la presencia y concentración de plaguicidas
en suelo, peces y producción apícola dentro del área
protegida y en zonas agrícolas y forestales de la cuenca.
Los
principales pesticidas encontrados en el estudio fueron endosulfán
(insecticida organoclorado, disruptor endócrino, altamente tóxico,
cuyos residuos en alimentos y agua poseen riesgos inaceptables para
la salud humana, persistente en el ambiente por más de seis años
y prohibido en más de 50 países), cipermetrina (insecticida
piretroide extremadamente tóxico para peces y abejas, disruptor
endócrino y con potencial moderado de bioacumulación),
-Cihalotrina (insecticida piretroide derivado de la nicotina, muy tóxico
para peces, crustáceos y abejas), clorpirifos (insecticida organofosfatado
extremadamente tóxico para peces, aves y abejas con moderado
potencial de bioacumulación), coumpahos (acaricida usado para
curar enfermedades de las colmenas y prohibido en miel) y glifosato
(herbicida aminofosfórico potencialmente contaminante de agua
subterránea, bioacumulable en peces y que en altas concentraciones
puede ser mortal)
Las
plantaciones forestales utilizan glifosato; en las de soja también
lo aplican y utilizan además cipermetrina, -Cihalotrina y clorpirifos.
El
estudio constató la presencia de plaguicidas en suelos de ambientes
naturales (incluso dentro del área protegida). Asimismo, verificó
altos niveles de endosulfán en sedimento de cañadas en
suelos con soja.
En
cuanto al estudio de los peces, como en nuestro país no se realizan
análisis de la presencia de plaguicidas en dichos organismos,
el grupo de trabajo envió a Alemania las muestras de peces para
que fueran analizadas. De las ocho especies más consumidas en
el medio local y de mayor interés comercial se constataron restos
de endosulfán en tararira, bagre amarillo, sábalo y boga.
“En algunas tarariras y bagres amarillos, las concentraciones
encontradas fueron superiores a lo permitido según el Codex Alimentarium
para la carne de pollo (no se encontró referencias para carne
de pez)”, explica el informe final.
En
relación a los productos apícolas (miel y cera), no se
constató la presencia de plaguicidas estudiados en ninguna de
las muestras de miel. Sí se detectaron altos niveles de coumaphos
en muestras de cera y sólo en una de las once muestras de cera
colectadas en febrero se registró endosulfán.
Todas
las muestras de agua analizadas dieron negativo para los plaguicidas
analizados, pero el grupo aclaró que “el agua junto con
la miel se consideran elementos no adecuados para detectar la presencia
de los plaguicidas analizados, ya que dichos compuestos no son persistentes
en agua y miel”.
En
los casos de mortandad masiva de peces y abejas que fueron evaluados,
se encontraron “altas concentraciones de plaguicidas en general
y de endosulfán en particular”.
El
informe final alerta: “A pesar de las fuertes restricciones que
existen en Uruguay respecto al uso de endosulfán se encontraron
altas concentraciones en la mayoría de las matrices analizadas:
suelo, peces, cera y abejas y peces colectados durante mortandades masivas.
Sería recomendable reevaluar la autorización de su uso,
dada su alta toxicidad, persistencia y potencial de bioacumulación
y biomagnificación, que ha justificado su prohibición
en la mayor parte del mundo”.
En
diálogo con la diaria, Carlos Migueles, pescador artesanal de
Nuevo Berlín, dijo: “La población de Berlín
consume mucho pescado de cuero y lo que más está consumiendo
es bagre. Entonces, si en el bagre se encontró endosulfán,
ya estamos planteándonos qué tiene que cambiar en la dieta
de nosotros, pero si a su vez encontramos que en la boga y en el sábalo
también, ya no vamos a tener para dónde disparar. Hoy
por hoy, estoy viviendo solamente de la pesca. Desde que me llamaron
y me dijeron que había endosulfán en los peces de consumo
ya no estoy comiendo pescado y entonces si me tengo que comprar un kilo
de carne tampoco me va a dar. Ya no sé para dónde disparar”.
Colmenas
afectadas
El
proyecto implicó un monitoreo participativo con apicultores de
San Javier y Nuevo Berlín. Entre octubre y abril se colocaron
trampas al pie de las piqueras (entrada de las colmenas), hacia donde
las abejas expulsan a las que mueren en el interior de las colmenas.
En la presentación, las integrantes del equipo señalaron
que no había en Uruguay datos de base sobre la mortandad de abejas
por semana.
Es
por eso que cada apicultor participante llenó una planilla con
el conteo de abejas muertas por semana. A partir de los datos obtenidos
se observaron diferencias entre ambas localidades, de acuerdo al período
del año: en noviembre la mortandad semanal en San Javier iba
de 40 a 67 abejas, mientras que en Nuevo Berlín iba de 39 a 58;
en cambio, en enero-febrero, mientras que San Javier mantuvo el promedio
de noviembre, en Nuevo Berlín se incrementó exponencialmente,
contabilizando de 298 a 397 abejas muertas por semana. El grupo de trabajo
especificó que la diferencia tiene relación con los usos
del suelo: “La mortandad basal de abejas es mayor en apiarios
ubicados en predios rodeados de cultivos de soja que en apiarios en
entornos forestales y que en ambientes naturales”.
Entre
las opiniones vertidas en el intercambio de la presentación de
resultados se recalcó la importancia de continuar y profundizar
el monitoreo de recursos naturales. Se mencionó que si bien los
resultados representan sólo una pequeña fracción
de la realidad, son algo así como una “alarma amarilla”
que habría que monitorear.
Amanda
Muñoz
Fuente:
http://ladiaria.com/articulo/2010/8/biodiversidad-en-riesgo/