Lactantes peruanos usados
como conejillos de indias
La empresa farmacéutica estadounidense
Ventra Bioscience es responsable de fabricar arroz transgénico
con genes humanos. Con el consentimiento de las autoridades, experimentó
este arroz con niños pobres peruanos. El experimento se anunció
como una medida de lucha contra la mortalidad de niños en condiciones
de pobreza.
Este hecho gravísimo es una
de las tantas violaciones a los derechos humanos que sufren los niños
y aún más los niños pobres.
Todo ser humano tiene derecho a
la salud, pero por ser pobre o indefenso no se le puede usar como conejillo
de indias. La pobreza es un resultado más del sistema opresor
que viven nuestros pueblos. Entre los responsables de este sistema están
las mismas empresas que pretenden aparecer, como en este caso, abanderadas
en contra de la mortalidad infantil.
A continuación reproducimos
el artículo de Silvia Ribeiro sobre este caso acontecido en Perú.
El jardinero
infiel
La Jornada, México, 30 de julio de 2006
Silvia Ribeiro*
Fabrizio y Jordano, dos de los 140
bebés peruanos que fueron sometidos a un experimento de la empresa
Ventria Biosciences con sustancias derivadas de arroz transgénico,
muestran alergias desde entonces, según declararon sus madres
a la prensa (La República, Perú, 20/7/06).
Según el testimonio de Diana
Canessa Garay, madre de 24 años, el año pasado llevó
a su bebé de ocho meses al Hospital del Niño, en Lima,
con un cuadro de diarrea severa. Una médica le ofreció
entonces administrarle un "suero de arroz", lo que la joven
de 24 años aceptó ya que no tenía razones para
desconfiar de la "autoridad médica", y le preocupaba
lograr la pronta recuperación de su único hijo. Firmó
entonces la autorización que le pedían para poder administrarle
el medicamento, sin comprender realmente las consecuencias que podría
tener.
Diana no sabía entonces que
su hijo, que ahora tiene dos años, pasó a ser objeto de
un experimento de una empresa biotecnológica estadunidense que
no estaba autorizado en el país sede de la empresa, con sustancias
no aprobadas para el consumo en ninguna parte del mundo.
Según la madre, luego de
que le dieron este suero, el bebé comenzó a manifestar
alergias y actualmente es "enfermizo, delicado, alérgico
a todo". Agrega "me engañaron, sólo querían
experimentar con mi bebito".
El experimento, que ahora ha sido
denunciado por varias organizaciones internacionales y peruanas de derechos
humanos, consumidores, ambientalistas y la Asociación Médica
Peruana, consistió en administrarle a un grupo de bebés
con diarrea, un suero de arroz con las proteínas recombinantes
lactoferrina y lisozima, producidas en Estados Unidos en arroz transgénico
modificado con genes humanos sintetizados. (para más detalles
ver artículo "Bebés como conejillos de indias",
La Jornada, 1/7/06)
Justamente, la posibilidad de provocar
alergias de los fármacos recombinantes producidos en plantas
transgénicas, es uno de los riesgos que varias organizaciones
estadunidenses, incluyendo el Center for Food Safety (Centro para la
Seguridad de los Alimentos), habían alertado a las autoridades
de su país cuando Ventria solicitó aprobación para
cultivar este tipo de arroz en California.
Según el informe de ésta
y otras organizaciones, sustentado con numerosas referencias científicas,
las proteínas recombinantes -derivadas de organismos transgénicos-
no son idénticas a las producidas naturalmente. Las diferencias
pueden ser tan sutiles que en laboratorio pueden ser difíciles
de detectar. Sin embargo, el sistema inmunológico de los seres
humanos sí es sensible a estas diferencias y puede generar anticuerpos,
que en algunos casos llevan a la reacción crónica a muchos
otros alimentos o sustancias a los que antes el paciente no era alérgico.
En la respuesta que emitió
a los cuestionamientos de Asociación Pro Derechos Humanos de
Perú, el director del Instituto Especializado en la Salud de
Niño, doctor Dante Figueroa Quintanilla, uno de los responsables
del experimento, argumenta, entre otras cosas, que "en la medicina
moderna se emplean lícitamente proteínas recombinantes
para mejorar la salud de las personas, por ejemplo insulina, hormona
del crecimiento, factores de coagulación y hematopóyeticos".
Justamente, en todo los casos citados
por Figueroa Quintanilla han habido problemas de algún tipo,
pero como ya es común en el caso de los transgénicos,
la poderosa industria biotecnológica se ha ocupado de que sean
escasamente difundidos y poco conocidos. Es inexcusable que un director
de hospital, que firma su acuerdo para exponer a bebés a un experimento
con proteínas recombinantes, no las conociera, o peor aún,
no las tomara en cuenta.
Por ejemplo, la insulina recombinante,
uno de los ejemplos más usados por los promotores de los transgénicos
para señalar los supuestos beneficios de estos productos, conlleva
una historia de ocultamiento y manipulación sobre sus efectos
dañinos. En 1999, la Asociación Diabética Británica,
dio a conocer un extenso informe -que había ocultado varios años
debido a las "donaciones" que reciben de empresas farmacéuticas
y de edulcorantes que también contienen transgénicos-
según el cual, habían recibido quejas de casi el 10 por
ciento de sus miembros (equivalente a 15 mil personas), directamente
asociados con el cambio de la insulina animal a la insulina transgénica.
Los daños reportados iban
desde malestares leves hasta la ausencia de síntomas previos
al coma diabético, que es muy grave porque puede llevar al paciente
a la muerte, al no tomar medidas para enfrentarlo. Se ha documentado
también la generación de anticuerpos en el caso del uso
de factores de coagulación y hormonas de crecimiento. En un caso
particular (MGDF) fue retirado de las pruebas clínicas porque
la formación de anticuerpos provocaba hemorragias. En otros casos,
siguen en circulación pese a que se conocen sus efectos dañinos,
en parte porque las empresas los ocultan o minimizan, en parte porque
eliminan otras alternativas o cuentan con poderosos cabilderos para
impedir que se conozca la verdad y se tomen acciones consecuentes.
Igual que con los transgénicos
agrícolas, son abultados los expedientes ocultos de los transgénicos
de uso farmacéutico, ya que si se conocieran en totalidad, no
habría justificación para que estuvieran en el mercado.
En el caso de Ventria en Perú,
parece que, además, están dispuestos a seguir el triste
camino que han recorrido muchas empresas farmacéuticas de usar
a las poblaciones del tercer mundo para hacer experimentos no autorizados
en su país.
*Investigadora del Grupo ETC