Estudian afectaciones en el desarrollo embrionario del pez cebra por exposición a glifosato

Estudios preliminares realizados en el laboratorio de Ecotoxicología del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) Unidad Mazatlán han revelado que embriones de pez cebra (Daniorerio) expuestos a glifosato presentaron distintas malformaciones y alteraciones.

El glifosato es uno de los herbicidas más utilizado a nivel mundial, ya sea por su bajo costo, su fácil aplicación, efectividad o por el desarrollo de paquetes tecnológicos con cultivos resistentes genéticamente modificados. Desde finales de los años sesenta se descubrió el potencial de este compuesto como herbicida y, desde ese momento, se presentó un incremento de uso a nivel mundial. Su mecanismo de acción herbicida se basa en interferir con la síntesis de aminoácidos de las plantas, lo cual inhibe drásticamente la capacidad de crecimiento y altera su ciclo de vida. Con base en esto, se sugirió que glifosato afectaba selectivamente el metabolismo de las plantas, sin efectos aparentes en otras formas de vida, lo cual se ha demostrado que no es del todo correcto. Por ejemplo, a pesar de su relativa baja toxicidad aguda en animales, diversas investigaciones científicas han asociado exposición a glifosato con daños en los sistemas nervioso, renal y reproductivo, además de inducción de alteraciones durante el desarrollo embrionario. Por estos motivos, en algunos países se ha regulado su utilización y comercialización.

El pez cebra es nuestro caballito de batalla en estudios ecotoxicológicos

Así lo indica el investigador colombiano Rubén Díaz Martin, quien actualmente se encuentra realizando una estancia posdoctoral en el Laboratorio de Ecotoxicología del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD). Él nos comentó que, debido a sus características morfológicas y a la traslucidez de sus embriones, el pez cebra es un organismo modelo altamente valorado en estudios toxicológicos, farmacológicos y ambientales. Asimismo, nos indicó que es fácil de mantener en laboratorio, es de rápido desarrollo y cuenta con múltiples antecedentes de estudios genéticos y moleculares que favorecen el estudio a detalle de diversos eventos fisiológicos. Su parecido a nivel genético con animales superiores como los mamíferos, lo convierten en un modelo ideal para estudios ecotoxicológicos y biomédicos.

¿El glifosato afecta el embrión de un pez cebra?; de ser así, ¿estas alteraciones podrían ser heredadas a sus hijos y nietos?, son algunas de las preguntas que el equipo del trabajo del Laboratorio de Ecotoxicología, integrado por los investigadores Miguel Betancourt, Beatriz Yáñez y Rubén Díaz, desean responder. El equipo de investigación ha encontrado que el glifosato a ciertas concentraciones tiene efectos a nivel embrionario, produciendo alteraciones morfológicas en el desarrollo del cráneo y defectos en el sistema óseo, así como deformidades en la columna vertebral, los cuales posiblemente estén relacionados con la alteración de receptores para hormonas sexuales. El proyecto de investigación involucra diversos aspectos de investigación en colaboración con la Dr. Alejandra García, el Dr. Roberto Rico y el Dr. Raúl Llera y cuenta con la participación de varios estudiantes de licenciatura y de posgrado. En conjunto, no solo se estudian los posibles efectos teratogénicos del glifosato, es decir, la inducción de malformaciones, sino que además se analizan sus efectos a nivel genético, reproductivo y metabólico, así como los cambios en la microbiota intestinal del pez cebra producidos por el glifosato presente en el alimento. Con lo anterior, la investigación pretende obtener evidencias de posibles efectos heredados a los hijos y nietos de los peces expuestos, lo cual puede ser debido a reprogramación de la información genética que pueda transmitirse a futuras generaciones.

Díaz Martín explicó que algo destacable de estos estudios es que se analizan los efectos directos producidos por el compuesto puro y no las mezclas comercialmente disponibles con glifosato como principio activo, mismas que presentan otros compuestos que por sí solos pueden producir efectos tóxicos. Ante los resultados preliminares, señaló que espera que la generación de nuevo conocimiento científico se traduzca en políticas públicas que promuevan un uso más racional de agroquímicos, con un enfoque primero a su disminución y, si hay riesgos identificados, una eventual eliminación acompañada de implementación de alternativas. Asimismo, agregó que es necesario tomar conciencia de la población asociada a la producción en el campo, expuestas a éste y numerosos compuestos peligrosos, por lo que es necesario incentivar la investigación en toxicología ambiental para promover políticas públicas que mejoren prácticas agrícolas para la protección del ambiente y de la salud humana.

Oficina de Prensa y Colaboradores

Octubre 2020