MGAP se presta a habilitar bioplaguicida para su comercialización masiva

Las autoridades de la cartera visitaron el miércoles el laboratorio de la cooperativa agraria Punto Verde, en San Bautista.

El titular del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Enzo Benech, visitó el miércoles, junto con otras autoridades de la cartera, la cooperativa agraria Punto Verde, que gestiona un laboratorio en el que se producen biopesticidas a partir de hongos entomopatógenos. Estos hongos afectan solamente a la plaga y son inocuos para la salud humana y el medioambiente. Actualmente, se están reproduciendo allí tres tipos de hongos para combatir las plagas de mosca blanca, hormiga y pulgón, que son especialmente nocivas para los cultivos hortícolas. Uno de ellos, el de la mosca blanca, está a punto de obtener el registro del MGAP, que habilitará su comercialización masiva.

La cooperativa, ubicada en San Bautista, Canelones, funciona desde 1995 y actualmente está integrada por nueve familias que se dedican a la producción hortícola y frutícola en más de 40 rubros diferentes. La responsable de producción del biopesticida para la mosca blanca, la ingeniera agrónoma Alda Rodríguez, explicó que el laboratorio se creó hace 16 años con el objetivo de aplicar control biológico a las plagas a partir de agentes de control microbiano que están presentes en el ecosistema, pero buscando también conseguir un producto de uso fácil, como el que se usa la mosca blanca, un polvo que se diluye en agua y se pulveriza en el cultivo. Rodríguez afirmó que los productores de la cooperativa utilizan este pesticida orgánico “desde hace muchísimos años” y destacó que luego de un tiempo pueden dejar de usarlo porque se restituye el equilibrio natural, lo que significa que no genera dependencia.

El director de Servicios Agrícolas del MGAP, Federico Montes, explicó que la mosca blanca genera una afectación “muy fuerte” a la producción y la calidad de cultivos, fundamentalmente el morrón y el tomate, lo que implica que en una producción convencional de estos productos (no orgánica) se puede necesitar entre diez y 14 aplicaciones de insecticida. Esto tiene como consecuencia “una complicación para el consumidor final, ya que es dificultoso darle garantías de que se respeten todos los parámetros”, señaló. “Este tipo de soluciones para nosotros implica un salto cualitativo, porque significa la formulación de un controlador biológico a nivel local, que es una alternativa para el uso de agroquímicos”, destacó el jerarca, e indicó que la visita del ministerio busca “hacerle entender no sólo al consumidor, sino al resto de los productores, que existen formas diferentes de producir, sustentables y económicamente rentables”.

“Como ministerio lo hemos dicho muchas veces: el tema ambiental está instalado en nuestra sociedad pero, a nuestro juicio, muchas veces falta ponerle rigor científico, y esta gente le está poniendo, esta gente está trabajando con controladores biológicos y nosotros pudimos ver el esfuerzo que han hecho pero con conocimiento”, reflexionó Benech al finalizar el recorrido. “Mucho hablamos de la carne, y decimos que producimos sin antibióticos, sin hormonas, lo cual es cierto, y acá están trabajando con hortalizas, con lo que comemos todos los uruguayos, ¡pucha si será razón para usar menos agroquímicos!”, expresó. Por otro lado, sostuvo que es importante que la actividad de los productores orgánicos sea rentable y defendió que se les pague “un poco más” por lo que producen. “Las sociedades del mundo están cambiando, y sobre todo los jóvenes están valorizando la producción con menos agroquímicos y la comida más sana. Cuando esto se generalice, como todo en la vida, los precios van a bajar”, afirmó.

El propietario del predio visitado, el productor Jorge Garrido, aseguró que se necesita un “cambio de mentalidad” por parte de los productores convencionales: “A veces nosotros les decimos: ‘Tenés que aplicar esto y esperar seis días para que funcione’ y nos responden: ‘¿Seis días?’. Cuando les decimos que para 1.000 metros cuadrados de invernáculo el costo es de 200 pesos, nos dicen: ‘¿Y eso funciona?’. Les parece tan barato que no pueden creer”, contó. Para la producción de los biopesticidas se utiliza arroz partido, que cuesta 16 pesos el kilo, y bolsas de polipropileno, con un costo de 110 pesos el kilo, que equivale a unas 2.000 unidades. Rodríguez explicó que lo más costoso es la infraestructura y la mano de obra, pero que aun así “el costo de producción es totalmente viable para las posibilidades de Uruguay y promete tener desarrollo, porque todo está hecho con productos que tenemos”. Por otra parte, la ingeniera agrónoma aseguró que con la metodología desarrollada a partir de un insecto enfermo se pueden llegar a obtener dos toneladas de bioplaguicida.

Si bien los productores convencionales están adquiriendo estos productos para combatir las plagas en sus plantaciones, para asegurar su eficiencia también deben reducir el uso de pesticidas químicos, dado que los hongos entomopatógenos son muy sensibles a estos productos, advirtió Rodríguez. “En lugares donde hay uso irracional de productos, no hay organismos”, explicó. Asimismo, la productora manifestó que la construcción de una agricultura más ecológica y amigable con el ambiente “es colectiva”: “El consumidor final, cuando elige un producto que utiliza menos agroquímicos, está construyendo una sociedad diferente, que come y produce diferente”, reflexionó.

La Diaria

25 de octubre de 2019