Alimentos
concentrados
La Jornada (México),
07-07-2005
Las corporaciones dominantes: Monsanto,
Bayer, Syngenta, Nestlé, Unilever, Cargill
Es falso que la economía
globalizada esté acabando con la agricultura. Está acabando
con los agricultores. La agricultura como actividad multifuncional,
generadora de bienes públicos, de satisfactores, de recreación
de la vida, de producción de comunidades y de cultura, está
batallando enormidades. Pero florece como generadora de mercancías
y de ganancias. Y esto se debe, en gran parte, a que los actores de
la agricultura están cambiando: se desplaza a los más,
a los pequeños, a los pobres y se fortalece a los poderosos,
a los pocos: las corporaciones trasnacionales agroalimentarias.
Estos días se ha reunido
en Londres un grupo de investigadores, de activistas, de dirigentes
campesinos de todo el mundo convocados por la red Agribusiness Accountability
Initiative: iniciativa para exigir a los corporaciones agroalimentarias
la
rendición de cuentas. Ponen en común su información
y sus análisis sobre la concentración del poder en la
cadena agroalimentaria para diseñar estrategias de resistencia
y de defensa. El sistema agroalimentario
dominante es una compleja red planetaria de insumos, producción,
procesamiento y mercadeo de bienes agroalimentarios dominada totalmente
por empresas trasnacionales. Once de ellas, entre las que destacan Cargill,
Nestlé, Monsanto, Unilever y ConAgra, controlan esta red y manejan
un valor combinado de ventas de 293 mil millones de dólares al
año, mayor que el producto interno bruto de la gran mayoría
de los países latinoamericanos.
Este sistema es altamente dinámico,
montado en los adelantos de la economía informatizada, las telecomunicaciones
y la biotecnología. No únicamente transforma las economías;
también las prácticas productivas, el paisaje, las comunidades
rurales
e incluso los hábitos alimenticios y la vida cotidiana de las
personas.
La concentración en el sistema
agroalimentario dominante se hace de dos formas: horizontal, es decir,
al interior de una de las fases del proceso agroalimentario. Y vertical:
formando conglomerados -clusters- de varias empresas que manejan varias
o todas las fases de este proceso: desde los genes hasta el anaquel
del supermercado.
La concentración horizontal
se da en todas las fases del proceso: provisión de semillas,
agroquímicos, procesamiento de comidas, manejo y comercialización
de granos, venta al menudeo. Los especialistas señalan que cuando
cuatro corporaciones controlan más de 40 por ciento del mercado
en una de las fases, dicho mercado ya no es competitivo. Y en todas
las fases la concentración excede dicho porcentaje. Las corporaciones
dominantes: en semillas: Monsanto, Bayer, Syngenta y Dupont. En fertilizantes,
la noruega Yara y Cargill. En alimentos procesados: Nestlé, Unilever,
Kraft; en granos, Archer Daniels-Midland, Bunge, Cargill; en distribución
al menudeo, Wal-Mart, Metro y Carrefour.
Pero lo más nuevo es la
concentración vertical, la formación de clusters a lo
largo de todas o varias fases del proceso agroalimentario. Así,
Cargill, el gigante de los granos, fertilizantes y alimentos de ganado,
se une con Monsanto, el amo de los trasgénicos, y con Krohger
para la distribución al menudeo. ConAgra, gran procesador de
comida, hace empresas conjuntas con Dupont. Y otro de los amos de los
granos básicos, Archer Daniels, se alía con la gran controladora
de innovaciones itogenéticas, Novartis. El procesador número
uno de oleaginosas en el mundo, Bunge, emprende aventuras comunes con
la japonesa Zen-Noh, filial de Mitsubishi.
La dinámica de concentración
del poder agroalimentario plantea grandes problemas a los productores
campesinos o familiares, tanto de los países del norte como del
sur. Sobre todo los primeros muchas veces no tienen otra alternativa
que comprar sus
semillas e insumos a las corporaciones y comercializar a través
de ellas.
Por otro lado, las cooperativas
de agricultores y ganaderos tienen enormes dificultades para enfrentar
a las corporaciones gigantes. En Estados Unidos se desintegra la cooperativa
Farmland's y la de productores de leche, DFA, está en aprietos,
al punto que se plantea la pregunta: ¿qué tan efectivo
es organizarse en cooperativas ante la fuerza de las corporaciones?
Lo que más preocupa es que
ya no son los propios productores campesinos, ni siquiera los gobiernos,
quienes están tomando las decisiones fundamentales de qué
sembrar, cómo sembrarlo, cómo y a quién venderlo.
Son las corporaciones que dominan el sistema agroalimentario global.
Y, lo que es peor, ya ni siquiera la decisión de cómo
conservar su tierra, su agua y sus recursos naturales se está
dejando a los campesinos. Se está imponiendo por las potencias
del agronegocio. Ante ellas no hay negociación posible, sólo
desatar la creatividad para idear nuevas y múltiples formas de
defensa y de resistencia. Greenpeace acaba de dar un buen ejemplo de
las primeras al lograr que se haga público el estudio que demuestra
que el maíz transgénico MON683, de Monsanto, causa severos
daños a la salud de las ratas. Hay que multiplicar acciones como
éstas. (Víctor M. Quintana S.)
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