Más de lo mismo

En el marco de la 34a Conferencia Regional de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus siglas en inglés), para América Latina y el Caribe, realizada el pasado mes de febrero, su Director general, José Graziano da Silva, afirmó que: “los transgénicos son obsoletos, cosa del pasado; las nuevas biotecnologías tienen ya otro enfoque con una preocupación ambiental”. A los transgénicos –subrayó– “no los necesitamos para erradicar el hambre”.

A simple vista esta afirmación pareciera que apunta para el lado correcto, eliminar los transgénicos, ya que no han logrado terminar con el hambre como nos aseguraron y si generaron toda clase de problemas, algunos de ellos irreparables.

Como alternativa da Silva, propone nuevas biotecnologías con un enfoque de preocupación ambiental. Cabe preguntarse ¿a que biotecnologías se refiere, será a la nanotecnología (manipulación de átomos y moléculas), o a la biología sintética (diseño de sistemas biológicos que no existen en la naturaleza), entre otras posibles?

Dado que cualquiera de estas tecnologías son controladas por las mismas compañías transnacionales que impusieron y lucran con los transgénicos, nada diferente se puede esperar de ellas. Su resultado será la continuación del mismo modelo agroindustrial que crearon los transgénicos, donde predomina el poder de las compañías que controlan las semillas y los insumos y sus consecuencias de latifundio, monocultivos, pérdida de soberanía alimentaria y los riesgos no asumidos para la salud y el medio ambiente. Más de lo mismo, pero esta vez con la promesa de un “capitalismo verde” imposible de lograr.

El mundo produce alimentos suficientes para alimentar a toda la humanidad, en consecuencia el hambre es causada porque los alimentos no se distribuyen racionalmente y no por escasez de los mismos.

Si realmente se quiere combatir el hambre, deben adoptarse medidas que beneficien a la población y no a las grandes compañías. Hace años que venimos reclamando por la adopción de esas medidas que el Sr. da Silva conoce tan bien como nosotros.

María Isabel Cárcamo