Protocolo de Bioseguridad, donde las empresas definen

Por María Isabel Cárcamo

Durante los días 12-16 de mayo se desarrolló en Bonn, Alemania, la cuarta Reunión de las Partes del Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología del Convenio sobre la Diversidad Biológica.

El Protocolo de Cartagena fue creado para que se ocupara de la transferencia, manipulación y utilización segura de los organismos genéticamente modificados que puedan tener un efecto adverso sobre la diversidad biológica, teniendo en cuenta la salud humana y con un foco específico puesto en los movimientos transfronterizos. La Convención sobre Diversidad Biológica (CDB) nace con la Cumbre de la Tierra realizada en 1992 en Río de Janeiro, lo que quiere decir que las negociaciones con el objetivo de proteger la biodiversidad tienen una larga data.

El “Protocolo de Bioseguridad” o “Protocolo de Cartagena”, establecido en el marco del CDB, tiene como principio rector el “Principio Precautorio”, herramienta fundamental para proteger la biodiversidad y los centros de origen y diversidad.

El solo hecho de la creación del Protocolo de Cartagena implica la aceptación de que el peligro de los organismos genéticamente manipulados es muy real y que es necesario hacer algo al respecto.

Sin embargo, durante la reunión de las Partes llevada a cabo recientemente en Bonn, los temas planteados no cambiaron sustancialmente desde la Primera reunión de las Partes realizada en Kuala Lumpur, Malasia en el 2004. En esa instancia se había formado un grupo de trabajo para discutir sobre el régimen internacional sobre responsabilidad por daños causados por transgénicos y su mandato terminaba en 2007. Cinco reuniones fueron realizadas y los avances logrados fueron pocos. Tan es así, que el texto de negociación tiene aun muchos puntos de conflicto, que expresan los intereses de grupos muy distintos.

RAPAL ha participado en las dos últimas Reuniones de las Partes de este Protocolo y hemos observado como este proceso ha sido influenciado por las empresas y como éstas ocupan un lugar cada vez más predominante en las decisiones que se adoptan (o no se adoptan) en el mismo. Por un lado, porque algunos gobiernos hacen suyos los planteamientos de las empresas y por otro lado porque aparecen supuestas “organizaciones no gubernamentales” que se presentan como científicas, pero que finalmente responden a los intereses de las empresas.

La principal discusión en la Cuarta reunión de las Partes era la creación de un régimen internacional sobre responsabilidad por daños causados por transgénicos. Este tema es por cierto fundamental para los millones de agricultores cuyos cultivos tradicionales podrían ser contaminados por las variedades transgénicas comercializadas por las empresas transnacionales y muy peligrosas para las empresas involucradas en el negocio de los transgénicos, que podrían perder enormes sumas de dinero en compensaciones.

La presión de las empresas fue por cierto muy eficiente y las negociaciones se empantanaron. Al no lograrse un acuerdo, no fue posible la creación de un régimen internacional sobre responsabilidad por daños causados por transgénicos, tal como se tenía planificado. Se optó entonces por diferir la decisión y dos reuniones más serán necesarias para concluir con las negociaciones para que el acuerdo sea adoptado en la próxima reunión de las partes en el año 2010.

Tal decisión sirve a los intereses de las empresas del negocio de los transgénicos, porque mientras el tiempo pasa y las Partes del Protocolo no son capaces de llegar a un acuerdo, las empresas siguen avanzando e introduciendo más y más variedades de transgénicos. Seguramente aspiran a que en el 2010 ya haya tantos transgénicos liberados que no valga la pena establecer reglas al respecto.

Como organización de la sociedad civil participante de este proceso, podemos afirmar que esta reunión contó con un número superior (comparado a la Tercera reunión de las Partes) de representantes de la industria. De seguir esto así, este Protocolo pasará a ser parte de una de las tantas Convenciones que en teoría fueron creadas para la protección de nuestro Planeta pero que cada día se convierten más en mecanismos para la protección de los intereses de las multinacionales.

María Isabel Cárcamo
RAPAL Uruguay - Mayo 2008