Intendencia de Montevideo aprueba decreto de etiquetado de alimentos transgénicos ¿Avanzamos?

Los primeros días de enero desde la División Salud de la Intendencia, a través de su director Sr. Pablo Anzalone, se dio a conocer el decreto del etiquetado de los organismos genéticamente modificados.

El decreto establece que "los alimentos que han sido manipulados genéticamente o que contienen uno o más ingredientes provenientes de éstos que superen el 1% del total de componentes, deberán ser etiquetados especialmente".

Los productos deberán lucir en su rotulación la frase "Este producto contiene organismos modificados genéticamente".

Las disposiciones del decreto no se aplicarán a los alimentos que se sirven en restaurantes u otros establecimientos alimentarios similares, o que no requieran rotulación; o aquellos que incluyen únicamente el uso de un auxiliar tecnológico modificado genéticamente como levaduras o enzimas.

De acuerdo a Anzalone , este decreto supone un avance en los derechos del consumidor, ya que permite "conocer si los alimentos que adquiere y consume poseen componentes transgénicos". La medida se adoptó por "razones de salud, económicas, ambientales, religiosas y éticas".

Los alimentos transgénicos son aquellos que fueron producidos a partir de un organismo modificado genéticamente mediante la ingeniería, incorporándole genes de otro para lograr una característica o variedad determinada.

Desde hace más de una década, la soja y el maíz son cultivados en Uruguay y exportados básicamente como alimento para animales a mercados europeos y asiáticos. También son consumidos en Uruguay a través de alimentos procesados, como aceites, “leche de soja”, alfajores, chocolates, mayonesa ygalletas entre otros innumerables productos.

En el mercado uruguayo existe una presencia importantísima de alimentos procedentes de plantas transgénicas de maíz y de soja.

Historia del etiquetado

Desde julio del 2008 en Uruguay, el tema se encuentra regulado en parte por el decreto del Poder Ejecutivo N° 353/008, el que en su artículo 4º establece: "El Gabinete Nacional de Bioseguridad (GNBio) promoverá acciones tendientes a la implementación del etiquetado voluntario “GM” o “no GM”, aplicable a aquellos alimentos en los que se pueda comprobar mediante análisis del producto final la presencia de ADN o proteínas genéticamente modificados".

Por otro lado en mayo de 2011, el Codex Alimentarius (organización de los estándares alimentarios de las Naciones Unidas) aprobó un texto que indica que los gobiernos pueden decidir sobre cuándo y cómo etiquetar a los alimentos producidos por ingeniería genética.

¿Avance importante en el derecho de los consumidores?

Saber que se come, es un avance fundamental en los derechos de los consumidores, y más aún cuando se trata de elegir una alimentación adecuada. Los alcances de esta nueva normativa se refieren a todos los alimentos que se comercializan en el departamento de Montevideo, y estos serían controlados por el Laboratorio de Bromatología de la Intendencia Municipal de Montevideo. Para que tenga alcance nacional se necesita una ley. Es importante señalar que Montevideo es el mercado más importante del país.

Sin embargo con esta normativa no queda claro que pasa con los alimentos elaborados y envasados en otros departamentos o en el extranjero. Basta con recorrer las góndolas de los supermercados para darse cuenta que existen numerosos alimentos elaborados en Argentina y Brasil, ambos países productores de soja y maíz transgénico. Tampoco queda claro cuál es la situación de los subproductos de animales alimentados con soja o maíz transgénico, como es el caso de huevos, queso, manteca etc. o la misma carne.

Si bien se puede considerar que el etiquetado de los alimentos es un paso importante relacionado a los derechos de los consumidores, esta medida no soluciona ni combate los graves impactos de los cultivos transgénicos a nivel de suelos, de contaminación de aire y agua etc.

Los cultivos transgénicos están asociados a un paquete de agrotóxicos, que a medida que la extensión de estos cultivos avanza, requieren una cantidad cada vez mayor y más potentes.
Los impactos de estas sustancias son ampliamente conocidos ya en nuestro país, contaminación del agua, suelo, comunidades cercanas y alejadas de estos cultivos. Vale recordar la contaminación del agua del rio Santa Lucía provocada por los fertilizantes utilizados en cultivos de soja transgénica, durante el año 2013.

Por otro lado, con el uso masivo de ciertos herbicidas por más de una década en la soja transgénica, como es el caso del glifosato, han aparecido hierbas resistentes a éste. Para poder eliminarlas se deben usar sustancias aún más potentes, y más tóxicas, generándose así una mayor contaminación y destrucción en el medioambiente.

Hasta cierto punto, el etiquetado podría llegar a desviar la atención de los graves impactos del aumento de los cultivos transgénicos.

RAPAL Uruguay

Enero 2014