Carta abierta
a la FAO en ocasión del Día Internacional de los Bosques,
21 de marzo de 2014
Antonio
Morales Mengual
Representación
en Uruguay FAO
Estimado Sr. Morales:
Somos
un amplio grupo de movimientos sociales, ONGs y activistas, quienes
dirigimos este llamado urgente a la FAO para que revise su actual
definición de los bosques. Actualmente, vuestra definición
reduce el bosque a un área cualquiera cubierta por árboles,
dejando de lado la diversidad estructural, funcional y biológica
de los demás elementos que lo componen, así como la
importancia cultural de la interacción entre los bosques y
las comunidades. Esta definición de la FAO favorece principalmente
los intereses del lobby maderero y de las compañías
que realizan plantaciones industriales de árboles para producir
celulosa, papel y látex, mientras que no toma en cuenta a los
300 millones, o más, de mujeres y hombres del mundo entero
que, según la FAO, dependen directamente de los bosques para
su subsistencia. Esto incluye a los pueblos y poblaciones indígenas
y tradicionales, muchos de los cuales son campesinos cuya soberanía
alimentaria depende de la agricultura en el bosque así como
del uso de la rica diversidad de productos no madereros que éste
ofrece. Todos ellos, no sólo garantizan su propia soberanía
alimentaria sino que contribuyen de manera fundamental a alimentar
al mundo. Los bosques cumplen un papel fundamental en las vidas de
esos hombres y mujeres, que son campesinos, artesanos, pescadores
y recolectores, y que deben figurar entre los principales actores
de un proceso de revisión que la FAO debería iniciar
para lograr que su definición de bosques refleje lo que éstos
representan en el siglo XXI.
Los
bosques son tan importantes para la vida de millones de mujeres y
hombres que dependen de ellos de numerosas maneras, que les suele
resultar difícil expresar con palabras, aun en su propio idioma,
hasta qué punto los bosques les resultan cruciales. A veces,
los pueblos del bosque resumen esa importancia diciendo simplemente
que el bosque es su “hogar”, no sólo un pedazo
de tierra cubierto por árboles sino un territorio en el que
se sienten protegidos y donde pueden encontrar todo lo que necesitan
para vivir bien. Esos pueblos suelen ser indígenas, y entre
ellos figuran el centenar de pueblos voluntariamente aislados que
aún quedan. También se incluyen muchos otros grupos
que si bien poseen una gran diversidad de estilos de vida, todos dependen
del bosque. Sin excepción, todos ellos dan pruebas de gran
respeto hacia el bosque del cual dependen y sienten que forman parte.
Si
bien la recolección de productos no madereros es una actividad
esencial para gran parte de esos hombres y mujeres que dependen del
bosque, otro parte son campesinos que practican la agricultura con
métodos transmitidos desde hace varias generaciones y se fueron
perfeccionando con el fin de mantener intactas las funciones del bosque.
Este tipo de agricultura, así como la caza, la pesca y la recolección
de una serie de productos no madereros como miel, frutos, semillas,
bellotas, tubérculos, plantas medicinales, hierbas asegura
la soberanía alimentaria y la salud de dichas poblaciones.
Los campesinos contribuyen también a la subsistencia de un
número aún mayor de personas: 1.600 millones según
las estimaciones de la propia FAO. Además, los pueblos del
bosque usan la madera principalmente para sus necesidades domésticas,
y raras veces como principal actividad comercial. Pero incluso cuando
es utilizada comercialmente, el comercio se realiza en los mercados
locales. Las comunidades que dependen del bosque suelen conocer bien
el potencial de destrucción de la extracción comercial
de madera. Ésta da enormes ganancias a un puñado de
forasteros, pero deja tras de sí una destrucción irreparable
y altera gravemente los medios de vida de la población.
Sin
embargo, los Estados y las instituciones multilaterales como la FAO
y el Banco Mundial siguen considerando a los bosques como tierras
donde la extracción comercial de maderas valiosas por parte
de compañías privadas, muchas de ellas extranjeras,
es la mejor manera que tiene un país de encaminarse hacia el
llamado “desarrollo” y sacar a la gente de la “pobreza”.
Esta perspectiva centrada en la madera está en el origen de
la actual definición de bosque de la FAO: “Tierras que
se extienden por más de 0,5 hectáreas dotadas de árboles
de una altura superior a 5 m y una cubierta de dosel superior al 10
por ciento, o de árboles capaces de alcanzar esta altura in
situ. [...]”. (http://www.fao.org/docrep/013/i1757s/i1757s13.pdf)
Esta
definición reduccionista también justifica la expansión
de las plantaciones industriales de árboles como supuestos
“bosques plantados”. Según la definición
de la FAO, ese tipo de monocultivo a gran escala se considera incluso
como “reforestación” y serviría para compensar
la pérdida de bosques. En la práctica, las plantaciones
industriales, ya sean de árboles, de palma aceitera o de soja,
han contribuido enormemente a la destrucción de los bosques
y otros biomas, tales como pastizales y sabanas, en todas partes del
mundo. Gracias a ellas, un puñado de compañías
transnacionales ha obtenido abundantes ganancias, pero las comunidades
dependientes del bosque han quedado en la miseria y, a menudo, han
debido abandonar sus territorios. Las mujeres, que en general han
desarrollado una relación particular con el bosque, tienden
a sufrir más con su destrucción. Las comunidades afectadas
por los monocultivos de arboles a gran escala de árboles nunca
los llaman bosques.
El
informe de la FAO “Estado de los bosques del mundo” sigue
difundiendo el mito de que la deforestación ya no es un problema
tan grande como en el pasado. Esta supuesta buena noticia se debe
a que la FAO confunde bosques y plantaciones, permitiendo así
que decenas de millones de plantaciones industriales de eucaliptos,
acacias y heveas de crecimiento rápido sean contabilizadas
como “bosques plantados” en las estadísticas forestales
de cada país. Aplicando la actual definición de bosque
de la FAO, incluso una plantación de 100.000 hectáreas
de eucaliptos genéticamente modificados de crecimiento rápido
es un “bosque”, a pesar de todos los impactos negativos
inherentes al monocultivo a gran escala, sin hablar del riesgo de
que se contamine la composición genética de los árboles
y bosques de los alrededores.
En
sus principios fundacionales, la FAO se describe a sí misma
como una organización que dirige las “actividades internacionales
encaminadas a erradicar el hambre” y “un foro neutral
donde todas las naciones se reúnen como iguales”. Para
que esta declaración sea cierta, la FAO debe modificar urgentemente
su definición de bosques para que, en lugar de reflejar las
preferencias y perspectivas de las compañías madereras,
pasteras, papeleras y caucheras, refleje lo que los pueblos que dependen
de los bosques ven en ellos, y el uso que hacen de ellos.
A
través de esta carta invitamos a la organización a que
tome la iniciativa de corregir esa definición engañosa.
Para elaborar una definición de bosques más apropiada,
la FAO debería discutir realmente con los hombres y mujeres
que dependen directamente de los bosques. Una definición apropiada
debe respaldar sus estilos de vida, sus redes y organizaciones. Tal
es nuestra expectativa en este Día Internacional de los Bosques.
Nos comprometemos a proseguir esta campaña hasta que la FAO
haya tomado efectivamente esta iniciativa.
Grupo Guayubira
– Uruguay