Cuestionan resolución
gubernamental que habilita transgénicos
La coexistencia de transgénicos
y cultivos convencionales amenaza la biodiversidad por los altos riesgos
de contaminación genética, y avala definitivamente el
ingreso al país de esas variedades modificadas en beneficio
de grandes empresas del exterior, lo que aumenta la extranjerización
de la tierra y expulsa a los pobladores del campo, advierten este
miércoles organizaciones ambientalistas y de productores orgánicos.
Las medidas de bioseguridad no
garantizan que no haya contaminación genética (por el
desplazamiento del polen, por ejemplo) entre las variedades transgénicas
y las que no lo son, agregan. Este posicionamiento surge luego que
el gobierno anunciara el lunes el fin de la moratoria a la autorización
de nuevos eventos transgénicos, decretada en enero de 2007,
y su política de "coexistencia regulada en la utilización
de organismos genéticamente modificados".
(Montevideo, 16/07/08) La Asociación
de Productores Orgánicos del Uruguay (APODU), la Red de Acción
en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAPAL
Uruguay) y REDES-Amigos de la Tierra Uruguay rechazan la decisión
gubernamental de establecer una política de coexistencia entre
transgénicos y cultivos convencionales y orgánicos.
Las tres organizaciones sociales advierten que los transgénicos
implican graves riesgos de contaminación genética a
otras plantaciones, como ha ocurrido en Canadá, México
y varias partes del mundo. También pueden contaminar especies
vegetales como las malezas, a las que convierte en "supermalezas"
de muy dificil erradicación, para lo cual luego deben usarse
potentes agrotóxicos que afectan el suelo, el agua y la salud
humana.
Ambientalistas y productores argumentan
además que el gobierno resolvió a favor de la coexistencia
sin realizar una evaluación exhaustiva de los impactos de los
transgénicos en el país y sin propiciar un debate nacional
sobre el asunto, con el cual se habían comprometido expresamente
y de forma escrita ante la demanda de las organizaciones sociales.
Uruguay tiene alrededor de 550.000
hectáreas con organismos genéticamente modificados.
Los transgénicos que se pueden producir y comercializar en
el país hasta ahora son la soja RR (perteneciente a la transnacional
Monsanto), el maíz Mon 810 (también de Monsanto) y el
maíz Bt 11 (de la transnacional Syngenta). Casi el 100 por
ciento de la soja producida en Uruguay es transgénica. Después
de varios años de impactos negativos de este cultivo, el gobierno
anuncia ahora algunas medidas respecto a la degradación de
los suelos. En tanto, las dos variedades de maíz fueron prohibidas
en varios países de la Unión Europea por la imposibilidad
de garantizar su coexistencia con cultivos convencionales y orgánicos
sin que haya contaminación.
APODU, RAPAL y REDES señalan
que Monsanto y Syngenta, y varias empresas agroindustriales extranjeras,
son las principales beneficiarias de la política de coexistencia
del gobierno nacional y podrán ser favorecidas con nuevas habilitaciones
a otras variedades modificadas genéticamente.
La producción transgénica
y los monocultivos a gran escala, sean transgénicos o no, están
dominados a nivel mundial por estas corporaciones transnacionales,
entre otras, que de esta forma amenazan a pequeños productores,
destruyen suelos y biodiversidad, ponen en jaque la elaboración
de alimentos sanos y concentran las ganancias. Productores y ambientalistas
enfatizan que eso está pasando con el desarrollo de la soja
transgénica en Uruguay, que afecta a la granja, la lechería,
la agricultura y la ganadería, lo cual reconocen inclusive
desde el gobierno.
APODU, RAPAL y REDES reivindican
la soberanía alimentaria como el derecho de los pueblos a fijar
sus propias políticas de producción, distribución
y consumo de alimentos. Esas políticas deben basarse en la
pequeña agricultura familiar, y en el impulso a la agroecología
y la producción orgánica, explican, con vínculos
más estrechos entre la ciudad y el campo para asegurar mercados
a los productores y alimentos sanos y de calidad a la población.
La única alternativa para un Uruguay productivo y natural es
ir por la vía de los cultivos no transgénicos, finalizan
las agrupaciones de productores y ambientalistas uruguayos.
Por más información:
APODU
Hugo Bértola
222 12 50 – 099 875 472
apodu@adinet.com.uy
RAPAL Uruguay
María Isabel Cárcamo
401 28 34 - 099 613 193
rapaluy@chasque.net
REDES-Amigos de la Tierra Uruguay
José Elosegui
908 27 30
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