Pueblos
rodeados por la forestación buscan alternativas
Cerro
Chato, con más de un siglo de existencia, se encuentra en el
departamento de Paysandú, a alrededor de 100 kilómetros
de distancia de la capital departamental. Para llegar al mismo se deben
recorrer unos cuantos kilómetros de camino de balastro, cubiertos
a ambos lados de forestación, en suelos que otrora fueron destinados
a la ganadería y/o cultivos agrícolas.
En
los últimos veinte años este pueblo ha ido cambiando paulatinamente
su fisonomía por el avance de la forestación. En la actualidad
ha sido reducido a su mínima expresión, convertido a un
rectángulo rodeado por la forestación, perdiendo lentamente
sus casas de campo asociadas a la pequeña chacra, que supieron
tener animales y cultivos que le permitieron dar, sustentabilidad a
las familias que habitan en ellas.
Cerro
Chato es un pueblo que supo cultivar una variedad de alimentos, dentro
de los cuales se encuentran zapallos de distintas variedades, boniatos,
maní, entre otros muchos cultivos.
Para
la gran mayoría de las familias tradicionales de Cerro Chato
que se dedican a la agricultura, el cultivo predominantes es el maní,
tanto de granos grandes como pequeños. Lamentablemente esta última
variedad ha dejado de cultivarse por una cuestión de mercado
(que exige granos grandes), a pesar de ser mucho más sabroso
y de mayor rinde para el productor. Por otro lado, al cerrarse la fabrica
de aceite que había en Paysandú, los productores perdieron
un lugar de venta de este grano de cáscara roja-bordó,
de sabor inigualable.
Algunos
de los productores realizan los cultivos de forma manual, trabajando
con azada para carpir, con el objetivo de evitar el uso de herbicidas
y a lo que se suma el uso del caballo. Recientemente se han incorporados
productores jóvenes de entre 16 y 17 años, aplicando la
misma modalidad de cultivo.
Las
familias productores se empecinan en seguir cultivando el maní;
conocen bien las pocas tierras de que disponen, tierras sueltas y arenosas,
y por otro lado tienen sus semillas, que cumplen un papel primordial,
ya que les han acompañado por muchas generaciones y desean seguir
conservándolas.
Cabe
mencionar que cada vez se reducen más los lugares de nuestro
país donde se cultiva maní; uno de ellos es Cerro Chato,
al que se suman algunos otros pueblos en los departamentos de Tacuarembó
y Cerro Largo.
Problemas
de tierras para el cultivo
Los
productores de maní de la localidad de Cerro Chato siempre arrendaron
tierras para sembrar maní, pero ahora el avance de la forestación
los ha dejado sin esta posibilidad y comentan que “no hay lugar
donde se pueda arrendar”.
Uno
de los graves problemas a que se enfrentan estos productores al no disponer
de suficientes tierras, es el de no poder dejar descansar la tierra.
Ellos saben muy bien que producción sobre producción agota
la tierra y aún más cuando de maní se trata, ya
que este cultivo empobrece la tierra. Esa situación les obliga
a utilizar fertilizantes para poder obtener un buen rinde.
Las
pocas tierras que han logrado arrendar representan el ochenta por ciento
de la producción y el resto son propietarios. En Cerro Chato
hay unos sesenta pequeños productores que cultivan maní.
Para un pueblo pequeño como éste, ello representa una
fuente importantísima de trabajo.
Una
luz en el camino
Productores
asociados a la Fomento de Cerro Chato están gestionando un predio
de 2.000 hectáreas de Colonización, que sería trabajado
por cultivadores de distintos pueblos vecinos: Buricayupí, Tres
Bocas, Paso de las Carros, El Eucalipto, y Cerro Chato.
El
proyecto incluiría a ganaderos que tienen entre 50 a 100 cabezas
de ganado y a productores agrícolas. Las tierras estarían
destinadas a la producción de alimentos, entre los que se encontraría
el maní y forrajes para el ganado, en tanto que la apicultura
también pasaría a ser parte del emprendimiento.
Estas
tierras ya han sido solicitadas a colonización. Sin embargo la
situación no es fácil, ya que éstas se encuentran
ocupadas por empresarios de la soja, entre otros negocios.
Los
productores de estos pueblos tienen todas las herramientas para trabajar
la tierra: conocimientos, semillas y deseos de ser autosustentables,
como lo fueron antes que la forestación les quitara las posibilidades
de arrendar tierras para sus cultivos.
Las
autoridades encargadas de la distribución de las tierras de Colonización,
tienen las herramientas para asignar estas tierras a productores de
alimentos.
¿Primará
la sustentabilidad propuesta por los productores o el uso de la tierra
seguirá en manos de empresarios sojeros entre otros?
Conocido
este proyecto y la importancia de apoyar a pequeños productores
y sus familias para que permanezcan en el campo y generen fuentes de
trabajo y de ingreso, solo cabe esperar que las autoridades encargadas
hagan entrega de las 2.000 hectáreas a estos productores, que
han sido rodeados por la forestación y puedan así tener
la posibilidad de recuperar lo que se les ha quitado: el acceso a la
tierra.
María
Isabel Cárcamo
Agosto 2010