Agroecología
y planes fantasiosos
A mediados
del mes pasado se llevó a cabo en el anexo del Palacio Legislativo
de Uruguay, una de las varias conferencias organizadas por la Facultad
de Agronomía de la Universidad de la República, impartidas
por el chileno Miguel Altieri, profesor de Agroecología en la
Universidad de California (Berkeley, Estados Unidos). En su disertación
Altieri, contrapuso el modelo industrial del agronegocio a la producción
agroecológica, diciendo que esta tiende a utilizar los productos
con los que cuenta el predio y a prescindir de insumos externos; a cuidar
la tierra y el agua, el trabajo, las semillas y la alimentación;
logrando incluso producir más alimentos por hectárea que
el modelo que lo cerca. La actividad fue apoyada por la Sociedad Científica
Latinoamericana de Agroecología, la Red de Agroecología
del Uruguay y la Red de Semillas Nativas y Criollas del Uruguay, organizaciones
que desde hace varios años impulsan la creación de un
plan nacional de agroecología.
El vicepresidente
de la República, Raúl Sendic, que participó de
las conferencias, manifestó: “Entre tantos problemas que
tenemos en Uruguay, este es un tema importante y trascendente”.
Se remontó a la historia del Homo sapiens y a la supremacía
que logró sobre la Tierra, resaltando la importancia de “que
podamos apoyar a todas las herramientas que nos ayuden a ser menos peligrosos
con la naturaleza y con el planeta”, y puntualizó que la
agroecología es una de ellas. En su opinión, una política
favorable a la agroecología “requiere que podamos prever
el acceso al agua, a la tierra, a sistemas de financiamiento, a la tecnología
y contar con respaldos, porque estas cosas no nacen por generación
espontánea sino que requieren un fuerte padrinazgo del Estado
y de la sociedad”.
En la actividad
también participó Leonardo de León (senador del
FA y exdirector de la empresa pública Alcoholes del Uruguay –ALUR–impulsora
de la soja transgénica para la elaboración de agrocombustibles
y de los potentes agrotóxicos utilizados en los cañaverales
de Bella Unión), junto a los legisladores del FA Nelson Larzábal,
Andrés Berterreche, José Querejeta y Macarena Gelman.
Tan nutrida participación obedecería a que dentro del
Programa de Gobierno del Frente Amplio (coalición que lleva tres
períodos gobernando al país) se habla de “implementar
un Plan Nacional para la promoción de la Agroecología
y la Agricultura Orgánica” y sobre los problemas de las
cuencas de donde se obtiene el agua potable, como el río Santa
Lucía, la Laguna del Sauce y la Laguna del Cisne, entre otros.
También
se dio a conocer que se está trabajando en la creación
de una comisión honoraria “que pueda laudar una propuesta
de un plan nacional de producción con bases agroecológicas”
y articular entre los diferentes organismos del Poder Ejecutivo para
que se implemente el plan que incluiría también a la agricultura
urbana y suburbana. En esta comisión participarán representantes
de la sociedad civil y de organismos del Estado, como los ministerios
de Ganadería, Agricultura y Pesca, de Vivienda, Ordenamiento
Territorial y Medio Ambiente, de Desarrollo Social, el Instituto Nacional
de Investigación Agropecuaria y el Instituto Nacional de Colonización.
El objetivo es implementar políticas “en un período
de corto plazo”, para que “no quede como un tema marginal”.
La verdad
es que la creación de un plan de agroecología fácilmente
podría implementarse si realmente existiese una política
de Estado para ello. Sin embargo, para crear e implementar un plan como
este, se debería comenzar por examinar las regulaciones existentes,
muchas de ellas obsoletas e ineficientes. Por ejemplo las fumigaciones
de agrotóxicos tanto terrestres como aéreas y las que
se implementan en las cercanías de los ríos, arroyos u
otras fuentes de agua y la normativa que permite fumigar a 10 y 30 metros
de cualquier fuente de agua. Por otro lado, tampoco existe ninguna regulación
que prohíba la fumigación, aérea o terrestre, en
zonas que no son reconocidas como zonas pobladas.
Podría
desarrollarse una producción agroecológica y orgánica
mucho más importante de la que ya existe, pero lamentablemente
los productores orgánicos están constantemente amenazado
por las fumigaciones de agrotóxicos, tanto en sus predios como
en las fuentes de agua cercanas a estos. Además, muchos de ellos
se encuentran rodeados de monocultivos agrícolas, principalmente
por soja transgénica, entre otros, donde periódicamente
son fumigados por venenos altamente tóxicos, que permanecen tanto
en el agua como en el suelo por largos periodos.
Las regulaciones
sobre fumigaciones
aéreas y terrestres datan del 2004, y en relación
a
los cursos de agua del año 2008. Mientras hemos tenido un
aumento sustancial de la producción agropecuaria en la última
década, las regulaciones no han sido modificadas de acuerdo a
este desarrollo quedando desactualizadas.
Crear un
plan de agroecología, sería una medida muy inteligente
y necesaria, pero si realmente quiere llevarse a cabo, es fundamental
tomar en serio el cuidado del agua y del suelo, que hasta la fecha no
se ha realizado. Si verdaderamente se lleva adelante veremos que la
agroecología se dará como resultado de un cambio en el
modelo de producción que toma en cuenta, junto a la soberanía
alimentaria, los recursos naturales, los trabajadores y la población
en general.
María
Isabel Cárcamo
Abril 2016