Agrotóxicos:
una convocatoria con 24 años de retraso
El Gobierno
realizó un llamado a científicos para “estimar”
el contenido de agroquímicos en suelos, agua, aire y organismos
biológicos. Fue presentado como un punto de partida para la “producción
sustentable”, pero llega dos décadas después de
haber aprobado el primer transgénico con uso de glifosato. Crítica
de organizaciones socioambientales que sufren las fumigaciones y descreimiento
y desconfianza de investigadores.
Dos décadas después de haber autorizado el primer transgénico
con uso de glifosato, el Gobierno anunció que medirá el
impacto de los agrotóxicos en el ambiente y en organismos biológicos.
La iniciativa es impulsada por el ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza,
que cuenta como antecedente haber hostigado al científico Andrés
Carrasco por sus estudios críticos sobre el glifosato. Desde
hace décadas que madres de pueblos fumigados, organizaciones
socioambientales y campesinos dan cuenta de los impactos de los agrotóxicos.
En Argentina
existen más de 200 publicaciones científicas que dan cuenta
del impacto negativo del glifosato, el herbicida más usado del
país.
Anuncio
oficial
El ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza, encabezó el anuncio,
secundado por sus pares de Agricultura, Luis Basterra, y de Ambiente,
Juan Cabandié. “Convocan a la comunidad científica
a participar del ‘Inventario para la producción sustentable’”,
fue el título del comunicado en el que se invitó a investigadores
“que cuenten con resultados de investigaciones y/o desarrollos
tecnológicos orientados a medir y/o estimar el contenido de agroquímicos
en suelos, agua, aire y organismos biológicos”. También
estuvo presente la titular de la Unidad de Gabinete de Asesores del
Ministerio de Ciencia, Carolina Vera, para “ultimar detalles acerca
del Inventario de Uso de Agroquímicos”.
El ministro
Salvarezza señaló que busca “poder tener una primera
aproximación al estado actual del uso de agroquímicos”
y explicó el porqué de la convocatoria: “En el mundo
hay exigencias cada vez más importantes. Argentina tiene que
salir a ganar nuevos mercados en cuanto a producción con base
en línea con el cuidado ambiental”.
El ministro
Basterra reconoció que “la sociedad nos interpela sobre
la manera en la que producimos los alimentos”.
Los funcionarios
no especificaron cómo ni quiénes procesarán las
informaciones aportadas por los científicos que concurran a la
convocatoria.
“¿Cuánto más van a estudiar?”
Daniela Verzeñassi es parte del Foro Ecologista de Paraná
e integrante de la Coordinadora Basta es Basta de Entre Ríos,
que denuncian desde hace más de una década las fumigaciones
con agrotóxicos. Enterada sobre la convocatoria del Gobierno
a científicos, tomó distancia: ¿Dónde estuvieron
todos estos años que pasaron? ¿Recién se dan cuenta
lo que a gritos la población y la ciencia digna viene denunciando?
Ya está demostrado lo que provocan estos químicos y no
se trata de la cantidad de veneno, sino del veneno en sí mismo.
¿Cuánto hay que seguir estudiando?”.
Señaló
que es un avance que los ministerios tomen el tema, pero destacó
que es producto de la lucha socioambiental que desde hace años
sufre los daños que el modelo de producción genera en
los territorios y en las personas. “Hemos sido acompañadas
por la ciencia digna de nuestro país y el mundo, con publicaciones
científicas que demuestran claramente que los impactos visibles
en los territorios y la salud”, recordó Verzeñassi
y planteó la desconfianza: “No vaya a ser que quieran legitimar
el modelo con ‘dosis aceptables’ de veneno. No lo vamos
a permitir”.
Gabriel Arisnabarreta
es productor agroecológico en Saladillo (Buenos Aires), integrante
de la Red Nacional de Acción Ecológica (Renace). Al leer
la noticia de la convocatoria oficial a científicos, lo primero
que hizo fue enumerar todas las consecuencias de los 24 años
de transgénicos: millones de hectáreas desmontada, desalojos
de campesinos e indígenas, concentración de tierras en
pocas manos, crecimiento de las grandes ciudades, agrotóxicos
en suelos, cursos de agua, aire y cuerpos.
Sin embargo,
precisó cuál fue el mayor éxito del modelo de agronegocio:
“Su mayor logro es haber colonizado las cabezas de la mayor parte
de la plana política, que no pueden ver otra salida para nuestro
país que no sea el extractivismo”.
Respecto
a la convocatoria, diferenció tres aspectos:
- “El
Ministro de Ciencia no tiene buenos antecedentes”.
- “Hay
que ver a qué ciencia se consultará. ¿A la ciencia
socia de las empresas de transgénicos o a la ciencia que está
con los pueblos?”.
Y finalizó:
“Ya está el informe con las pruebas de lo que producen
los agrotóxicos, está en la historia y los cuerpos de
los pueblos fumigados, de las Madres de Ituzaingó (Córdoba),
de los Docentes por la Vida (de escuelas rurales), de movimientos campesinos
y de asambleas socioambientales”.
Modificar la forma de producir
Cecilia Gárgano es investigadora del Conicet, de la Universidad
de San Martín y de la Uba. Trabaja sobre conocimientos científicos
y problemas del agro argentino. Lo primero que advirtió es que
la convocatoria del Gobierno es producto de las luchas de las víctimas
del modelo de agronegocio, “ya es inocultable su impacto negativo”.
Por otro
lado, cuestionó que se convoque a un inventario de agroquímicos
luego de 24 años de modelo transgénico. “Evidencia
la falta absoluta de información oficial, hecho que venimos denunciando
desde hace años”, denunció y exigió: “A
esta altura de los hechos, y después de haber hecho de Argentina
un laboratorio a cielo abierto, la urgencia no tiene que ver con seguir
acumulando datos y evidencia científica que pruebe ese daño.
La urgencia tiene que ver con avanzar en políticas para modificar
esta forma de producir”.
Llamó
a “no caer en la trampa de la evidencia”, referido a lo
insólito de gobiernos y empresas que exigen pruebas a las víctimas
en lugar de esas mismas empresas mostrar estudios independientes que
den cuenta de la inocuidad de sus químicos.
También
resaltó las contradicciones del Ministerio de Ciencia, que convoca
para conocer los impactos de los agrotóxicos y al mismo tiempo
impulsa y aplaude la aprobación del trigo transgénico.
“Cuando vemos quiénes convocan, genera como mínimo
cierto reparo y cierta sospecha”, reconoció.
Y resaltó
el rol cómplice de sectores académicos: “La ciencia
hegemónica ha tenido un rol fundamental en este tipo de modelo
agropecuario, avalando cuestionables procesos regulatorios”.
Propuso que
los sectores de gobierno recurran a las comunidades, “donde ya
se han sistematizado los datos que demuestran que esta agricultura enferma
y es inviable”. E insistió en el rol que debiera tener
el Estado: “Las medidas políticas deben apuntar a revertir
este modelo, no a juntar datos luego de veinte años”.
Lavado de cara
Juan Wahren investiga los impactos del agronegocio desde hace dos décadas.
Forma parte del Grupo de Estudios Rurales del Instituto Gino Germani
de la UBA. Su lectura del anunció no tienen grises: “Es
un intento de lavado de cara. El agronegocio tiene muy mala imagen,
que antes quizá no tenía, y están intentando cambiarla,
ponerles una cara verde, sustentable, incluso quieren apropiarse de
la palabra agroecología vaciándola de contenido”.
Recordó
que ya existen numerosas pruebas de impacto, por ejemplo, de glifosato
y destacó que recientemente más de 1500 científicos
de Argentina se expidieron en contra del trigo transgénico y
del glufosinato de amonio.
También
señaló que una convocatoria seria debiera invitar también
a las comunidades afectadas y a los cientistas sociales, para dar cuenta
de los efectos ya comprobados, como los despojos, la violencia y hasta
la pérdida de identidad cultural, además de los aspectos
sanitarios; pero descree que haya una convocatoria de este tipo: “No
creo que estos funcionarios quieran asumir el riesgo de que demostremos
científicamente los impactos graves del mismo modelo que sustenta
sus políticas, tanto de este Gobierno como de los anteriores”.
Matías
Blaustein es doctor en ciencias biológicas e investigador del
Conicet. Cree que el Gobierno realiza esta convocatoria porque una parte
de la comunidad científica y organizaciones socioambientales
estuvieron (y están) muy activas contra el avance de los desmontes,
la instalación de megafactorías porcinas con China y el
trigo transgénico.
“Ojalá
se demuestre lo contrario, pero mucho me temo que es más una
estrategia discursiva del Gobierno y que lo que podamos aportar, o ya
hayamos aportado, no se tenga en cuenta”, sinceró.
Antecedentes de Salvarezza
Andrés Carrasco es el científico más reconocido
por las organizaciones socioambientales, campesinos y víctimas
de las fumigaciones con agrotóxicos. Ex presidente del Conicet
y director del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA,
en 2009 dio a conocer una investigación que confirmó los
efectos letales del glifosato en embriones anfibios. Y lo denunció
en los medios de comunicación.
Marcó
un quiebre en la discusión del modelo transgénico en Argentina.
Nunca antes un científico de su talla había investigado
y, sobre todo, cuestionado el modelo agropecuario en base a transgénicos
y agrotóxicos.
De inmediato
sobrevino una campaña de desprestigio y persecución, encabezada
por las empresas de transgénicos (nucleados en la cámara
empresaria Casafe), los medios de comunicación socios del modelo
(Clarín y La Nación, entre otros) y funcionarios públicos,
encabezados por el ministro de Ciencia, Lino Barañao, y desde
2012, por el presidente del Conicet, Roberto Salvarezza.
Carrasco
falleció en mayo de 2014. Poco antes había pedido su promoción
a investigador superior del Conicet, máximo escalafón
del organismo. Contaba con trayectoria y currículum, pero una
insólita comisión (integrada por una especialista en filosofía
budista, un científico ligado a las empresas de agronegocio y
un académico denunciado por su rol durante la dictadura) le denegó
su ascenso.
Carrasco
no tuvo dudas de que la negativa se trató de una represalia por
sus denuncias sobre los agrotóxicos. Y apuntó directamente
a Barañao y Salvarezza, los denunció por persecución
ideológica. “Al presidente del Conicet ,RobertoSalvarezza,
le cabe toda la responsabilidad de haber firmado la resolución
que niega mi promoción. Ni siquiera echó una mirada sobre
cómo fue el procedimiento. Él sabe que al firmar convalidó
la injusticia”, afirmó Carrasco en su última entrevista.
Trigo transgénico y glufosinato de amonio
El 9 de octubre último, en el boletín oficial, el gobierno
nacional informó la aprobación del primer trigo transgénico
del mundo, de la empresa Bioceres-Indear y con uso de glifosato y el
cuestionado agrotóxico glufosinato de amonio.
Un comunicado
del Ministerio de Ciencia celebraba: “Se recibió la aprobación
regulatoria de la tecnología HB4 para el cultivo de trigo, una
tecnología de tolerancia a sequía única a nivel
mundial”.
“Desarrollado
por un grupo de biólogos/as moleculares e investigadores/as argentinos/as,
liderados/as por la investigadora Raquel Chan, directora del Instituto
de Agrobiotecología del Litoral (IAL) y perteneciente al Conicet,
permite obtener semillas más tolerantes a la sequía”,
festejó el Ministerio de Ciencia, a cargo de Roberto Salvarezza.
La titular
del Conicet, Ana Franchi, celebró la “unión virtuosa”
de científicos con sueldos estatales pero al servicio del sector
privado. Afirmó que esa relación es para “un país
mejor y más inclusivo”.
Salvarezza
se mostró exultante: “La ciencia argentina empieza a ser
más visible. Cuando hablamos de ciencia argentina ponemos a nuestros
premios Nobel sobre la mesa. Ahora podemos poner otras cosas. Ahora
podemos poner alimentos, herramientas para cuidar a nuestra población
en la salud”.
El comunicado
oficial no mencionaba nada sobre los cuestionamientos al nuevo transgénico
ni al glufosinato de amonio.
En agosto
de 2012, en soledad, un científico sí alzó la voz
sobre ese agrotóxico: “El glufosinato en animales se ha
revelado con efectos devastadores. En ratones produce convulsiones,
estimula la producción de óxido nitroso y muerte celular
en el cerebro”, denunció Andrés Carrasco en la Cooperativa
La Vaca.
1100 pruebas
Existen más de 1100 estudios científicos que dan cuenta
de los efectos del herbicida glifosato en el ambiente y en la salud.
Están detallados en la “Antología Toxicológica
del Glifosato +1000”, un trabajo de 270 páginas recopilado
por Eduardo Martín Rossi y editado por la organización
Naturaleza de Derechos. Dan cuenta del impacto sanitario del herbicida
más utilizado del mundo, pilar del modelo transgénico.
Allí
se precisan más de 200 trabajos científicos de universidad
públicas de Argentina.
La investigación
recuerda que en Argentina se utilizan más de 300 millones de
litros de glifosato cada año, advierte que los organismos de
control no miden la toxicidad crónica del químico y, desde
hace décadas, se suman cada vez más familias y pueblos
que denuncian los efectos de las fumigaciones.
Al inicio
de la Antología se aclara que los 1108 trabajos científicos
citados fueron, todos, sometidos a revisión por un comité
de científicos o pares, y aprobados para su publicación
académica. Se consultaron base de datos científicas hasta
mediados de 2019 y en todos los casos están disponibles mediante
un link de acceso en Internet.
En el primer
capítulo de la Antología Toxicológica se precisan
estudios que vinculan el glifosato al cáncer, malformaciones,
encefalopatía, autismo y parkinson. El capítulo dos aborda
los mecanismos de fisiopatología celular (promotor el cáncer),
apostosis celular (muerte celular programada), genotoxicidad y trastornos
en el sistema endocrino. El tercer capítulo cita estudios de
glifosato y su afectación en los sistemas reproductivo, inmunitario,
digestivo, nervioso, renal y cardiovascular.
En Argentina
se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas.
Los campos de soja, maíz y algodón son rociados con el
herbicida para que nada crezca, salvo los transgénicos. También
se utiliza en cítricos, frutales de pepita (manzana, pera, membrillo),
vid, yerba mate, girasol, pasturas, pinos y trigo. A partir del avance
transgénico, aumentó geométricamente el uso del
glifosato, desarrollado y comercializado inicialmente por Monsanto desde
la década del 70, aunque en el 2000 se venció la licencia.
Entre las empresas que comercializan glifosato en Argentina figuran
Bayer-Monsanto, Syngenta, Red Surcos, Atanor, Asociación de Cooperativas
Argentinas, Nufram, Agrofina, Nidera, DuPont, YPF y Dow.
Darío
Aranda