Alemania
pasó de comprar 90% de la producción de miel uruguaya
a sólo 15%, debido al glifosato
No está fácil para los apicultores. El fuerte incremento
del agronegocio que ha vivido Uruguay en los últimos 15 años
ha cercado ese sector económico. La Sociedad Apícola Uruguaya
(SAU) ha estado recorriendo comisiones de la Cámara de Diputados
para transmitir la situación del sector, que es además
indicadora de la salud del ambiente y de la población. En marzo
fue a la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca; el
12 de julio fue a la de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente,
y ahora planea ir a la Comisión de Salud Pública.
Ruben
Riera, presidente de la SAU, informó a la diaria que el principal
planteo es por “la liberación no controlada de agroquímicos
al medioambiente”. Explicó que esa liberación “ha
bajado las posibilidades de alimentación de la abejas, particularmente
por el uso de herbicidas” y que “ha impactado en su sobrevida
y capacidad funcional, porque muchos son insecticidas letales a corto
plazo, y otros afectan el comportamiento de las abejas generando desorientación,
pérdida de memoria, tanto del olfato, como del gusto, y que eso
genera problemas a la hora de recolectar alimentos”. Comentó
que eso ocurre, particularmente, con los insecticidas neonicotinoides,
como el tiametoxam y el sulfoxaflor.
El
sulfoxaflor ha sido motivo de discordia entre la SAU y la Dirección
General de Servicios Agrícolas (DGSA). Riera explicó que
ese insecticida “se introdujo recientemente y se sigue ampliando
el número de habilitaciones”, pese a que la SAU planteó
en el Grupo Asesor en Fitosanitarios y Abejas del Ministerio de Ganadería,
Agricultura y Pesca (MGAP) que no se hiciera, por las consecuencias
en las abejas. “El día que presentamos esta discrepancia
con el MGAP, el 14 noviembre [de 2016], el director técnico de
la DGSA disolvió la reunión, y las reuniones que manteníamos
mes a mes quedaron suspendidas”, ilustró Riera.
Amenazas
y soluciones
El
otro gran frente de batalla es el glifosato, porque, además de
limitar las fuentes de alimentación de las abejas, ha provocado
un problema comercial “severo”. En setiembre de 2016 un
importador alemán detectó que las mieles uruguayas contenían
residuos de glifosato por encima de las 50 partes por billón
(ppb), límite permitido en Alemania. “Eso motivó
que hayamos perdido el mercado alemán. Es muy poca la miel que
entra. Alemania nos compraba 90% y ahora nos compra 15%; hemos bajado
una sexta parte. Alemania era nuestro mejor comprador en términos
de volumen y de precio. Venderla a precios más bajos y conseguir
mercados, con la competencia de China, hoy no es tan simple”,
explicó Riera. Agregó que la SAU discrepa con el ministro
Tabaré Aguerre, quien ha dicho que la objeción fue puesta
por privados, porque a él no le llegó ningún reporte
oficial: “No nos preocupa si el rechazo de los contenedores fue
informado o no oficialmente al ministerio; es una forma de lavarse las
manos, el hecho es real. El ministerio tiene que reconocer que el problema
existe y que genera impacto negativo muy grande en el sector”.
Reprobó, además, la solución que busca impulsar
el MGAP de relegar la apicultura a las zonas a las que no llegue el
glifosato, porque implica el traslado del apicultor y es una medida
provisoria, que se mantendrá hasta que se vea cercado por otro
emprendimiento similar.
Riera
comentó que el 4 de julio el subsecretario Enzo Benech concurrió
a una reunión convocada por la Mesa Apícola de Colonia,
en Tarariras, para presentar un estudio que, a largo plazo, monitorea
el glifosato en mieles, para saber cuál es la vía de llegada
del herbicida al producto. Dijo que, de acuerdo con el informe, “de
21 muestras de miel sólo dos estaban por encima de 50 ppb, pero
fue una presentación verbal sin ninguna documentación
que lo avalara. Cuáles son los niveles de glifosato en las áreas
del entorno de los apiarios es algo que no supimos”.
“De
la forma en que se están liberando estos agroquímicos,
pedimos que, por lo menos, exista una estrategia de monitoreo, no sólo
de residuos en los alimentos, incluida el agua, sino también
de vigilancia de eventuales efectos secundarios de estos agroquímicos”,
planteó Riera, quien además es médico y ha seguido
las investigaciones que ligan la exposición a plaguicidas con
el aumento del cáncer y las malformaciones fetales.
La
SAU pide que haya estudios de exposición humana al glifosato
por medio de análisis de orina: según Riera, cualquier
ciudadano del ámbito rural tiene derecho a saber, por ejemplo,
qué impacto ha tenido el hecho de haber vivido años en
las proximidades de plantaciones de soja.
La
SAU reclama además que el MGAP, en conversación con la
Facultad de Agronomía y el Instituto Nacional de Investigación
Agropecuaria, “desarrolle un modelo agroproductivo que implique
un manejo integrado de plagas con una disminución de las cargas
de agroquímicos sobre los campos”, algo que hacen “Estados
Unidos y Europa, pero no vemos que se vaya en ese sentido”.
Designación
oficial
Hoy
volverá a reunirse la Comisión Honoraria de Desarrollo
Apícola con la nueva conformación que dispuso el Poder
Ejecutivo el 14 de julio. El presidente es Julio Nino Pintos, apicultor
y ex intendente de Paysandú, que concurre en participación
del MGAP. La SAU se había retirado en noviembre de ese ámbito,
porque no tenía designación oficial desde 2014, y llevaba
ya tres años pidiendo la regularización, explicó
Riera a la diaria.
31
julio 2017
La
Diaria