Encíclica
sobre medio ambiente “Laudato si”
Un gigante despierta en el Vaticano
El
papa Francisco I acaba de sorprender a mucha gente por el contenido
de su recién publicada encíclica “Laudato si”
(en latín: “Alabado sea”). Quién puede dudar
que su investidura sea la de un gigante del ámbito internacional.
Su palabra influencí y provoca la reflexión de millones
de seres humanos, especialmente en América Latina.
Se
anuncia como un trabajo sobre medio ambiente, pero en realidad abarca
muchos otros temas, porque la reflexión papal cala hondo en
las principales causas y consecuencias de la actual crisis ambiental
global, y llega a dejar en evidencia que el modelo de organización
económica social y política imperante es el responsable
del desastre, y que sin cambios muy profundos será imposible
revertirlos.
Una
iglesia en la Tierra
Se
sea o no católico, o incluso cristiano o apenas religioso,
se debería reconocer este texto como un momento histórico
en la tradición de la iglesia católica, pero también
un gran aporte e impulso a numerosas luchas de la sociedad civil en
todo el mundo, y no solamente a aquellas vinculadas a temas ambientales.
“(…)
entre los pobres más abandonados y maltratados, está
nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores
de parto’. Olvidamos que nosotros mismos somos tierra. Nuestro
propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta,
su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”,
expresa ya en el segundo párrafo de la Introducción.
Francisco
realiza primero una suerte de inventario o diagnóstico de los
daños que está acusando el ambiente global. Habla de
“Contaminación, basura y cultura del descarte”,
señalando la contaminación atmosférica en sus
diferentes fuentes, pero recalcando que quienes más sufren
las consecuencias son los más pobres. Residuos industriales,
químicos liberados al ambiente y atreviéndose a usar
el término “agrotóxicos” planta claramente
bandera en un lado del debate. Toma posición. “La tierra,
nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso
depósito de porquería”, advierte.
No
hay compatibilidad alguna –dice- entre la manera de producir
de la naturaleza y la de la actual industria. Ésta no ha generado
capacidad para absorber los residuos y volver a producir condiciones
sostenibles para el desarrollo humano y la vida en general.
El
cambio climático “de clases”
Refiriéndose
al cambio climático, Francisco hace caudal de “un consenso
científico muy consistente” y enfatiza que éste
se debe principalmente al modo de producción dominante y a
las tecnologías aplicadas con este fin. Efecto invernadero,
combustibles fósiles, cambios en el uso del suelo, deforestación,
extensión de la frontera agrícola, afectación
del ciclo del carbono, incremento de anhídrido carbónico
en la atmósfera, extinción de gran parte de la biodiversidad,
derretimiento de los polos, aumento del nivel del mar… nada
de lo esencial queda fuera de la consideración papal.
“Los
peores impactos probablemente recaerán en las próximas
décadas sobre los países en desarrollo. Muchos pobres
viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados
con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente
de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos,
como la agricultura, la pesca y los recursos forestales. No tienen
otras actividades financieras y otros recursos que les permitan adaptarse
a los impactos climáticos o hacer frente a situaciones catastróficas,
y poseen poco acceso a servicios sociales y a protección”,
señala el Papa.
“El
agua es un derecho humano básico”
Reseñando
el problema global de la disponibilidad de agua dulce y de su contaminación,
Francisco subraya que “Mientras se deteriora constantemente
la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia
a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que
se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua
potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y
universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por
lo tanto es condición para el ejercicio de los demás
derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los
pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles
el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable”. Y
agrega: “Los impactos ambientales (ndr: de la escasez de agua)
podrían afectar a miles de millones de personas, pero es previsible
que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se
convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este
siglo”.
“Laudato
si” contiene –como no podía ser de otra manera-
un par de sus seis capítulos dedicados a la fundamentación
teológica y católica de sus posiciones, y utiliza –por
momentos- un lenguaje habituado a “lo religioso”. Sin
embargo, todo está sabiamente dosificado, y las explicaciones
acerca de la complejidad de las amenazas y conflictos que involucran
este tema están plasmadas con una gran simplicidad y claridad.
Compromiso
político y social
En
cada uno de los ítems que aborda toma partido por los más
pobres, los más débiles, los excluidos, los rechazados
y los explotados. Señala la responsabilidad de las corporaciones
transnacionales, las finanzas globales, y llama a la refundación
de las instancias multiralterales sobre nuevas bases de equidad, valores
éticos y participación popular. La esperanza está
ahí.
Sirvan esta breves citas de apenas el comienzo de este trabajo -en
cuya elaboración intervinieron varios grupos académicos
y sociales aportando opiniones, reflexión y propuestas- como
un estímulo para la lectura y el análisis de sus tramos
esenciales en todas las organizaciones de base y populares.
Carlos
Amorín
7
de julio 2015