Gualeguaychu:
Creciente preocupación por las fumigaciones
Por Estela Gigena - El día
de Gualeguaychu, febrero 2007
“Loque puedo decirle
es que cuando fumigan le atacan dolor de cabeza y vómitos. Es
automático, fumigan y empiezan a sentir dolor de cabeza y a tener
vómitos, están así por dos días. Después
se les pasa, y cuando vuelven a fumigar, le vuelve a pasar lo mismo”.
El testimonio pertenece a Mariela Portillo, la mamá de la pequeña
Rocío (8), que falleció el pasado 11 de septiembre. La
familia siempre sospechó que los productos químicos que
utilizan sus vecinos para fumigar la soja y el arroz tenían que
ver con la muerte de tres niños en la familia.
Pero los Portillo no son los únicos
perjudicados. Tanto en Gilbert, en Líbaros, -lugares donde El
Día recogió escalofriantes testimonios de las víctimas
de la fumigación sin control-, como seguramente en toda la geografía
argentina que está tapada de soja, haya muchísimos casos
más, aportando a una estadística infame de muertes, cánceres,
cegueras y otras enfermedades, por la irresponsable manipulación
de los agrotóxicos.
Los pesticidas y agroquímicos,
-tal como lo indica el bioquímico Carlos Goldaracena en un estudio
sobre el tema facilitado a El Día-, que tanto bien han hecho
a la humanidad evitando extensión de enfermedades y posibilitando
un incremento en las producciones agropecuarias, significan, no obstante,
un riesgo sanitario si su manipuleo no es el correcto. Si bien los beneficios
son numerosos, por ej.: aumento considerable en las cosechas de productos
alimentarios y el control de enfermedades transmisibles por insectos;
los riesgos que implican su uso indiscriminado, también deben
ser evaluados y entre ellos no se puede dejar de considerar la posibilidad
de las intoxicaciones humanas (agudas y crónicas), la muerte
de especies animales no objetivos (peces, aves, abejas, etc.) y la contaminación
de los ecosistemas (aire, agua, suelo), incluyendo los alimentos.
Goldaracena hace una referencia
especial a cuatro plaguicidas muy utilizados en la agricultura: Endosulfán,
Clorpirifós, Cipermetrina y Glifosato, que muchas veces son considerados
como productos no peligrosos, ignorándose su toxicidad. El mecanismo
de acción tóxica de los organoclorados no es del todo
conocido. Su mayor efecto se ejerce sobre el Sistema Nervioso Central
y Periférico. Una de las teorías más aceptadas
es que actúan a nivel del transporte de iones (Sodio, Potasio
y Calcio) principalmente en las membranas de los axones nerviosos.
Si bien pueden originar intoxicaciones
agudas, en la mayoría de los casos son responsables de intoxicaciones
crónicas potenciales. Estas últimas se producen por absorción
prolongada (a largo plazo) de pequeñas concentraciones del tóxico,
las que se van acumulando en el organismo (en el caso de productos organoclorados,
en las grasas) y generalmente las manifestaciones tóxicas se
denotan después de un período de tiempo (meses o años).
La sintomatología de las intoxicaciones crónicas es muy
variada: anorexia, adelgazamiento, alteraciones hepatorenales, lesiones
del sistema nerviosos central y periférico, aplasia medular,
alteraciones en el sistema reproductor masculino y femenino, deterioro
del sistema inmunológico, malformaciones congénitas, etc.
Muchos estudios científicos le han atribuido efectos cancerígenos
(tumores del aparato digestivo, cáncer de mama, leucemia, etc.).
Más que necesaria la introducción
para saber a qué a que se enfrentan los vecinos de zonas rurales
expuestos, injustamente, al rocío de un avión fumigador,
o simplemente a las nefastas consecuencias que dejan a su paso los mosquitos
(fumigadoras terrestres) con líquido tóxico.
Gilbert es otra de las zonas donde
uno encuentra la línea del horizonte arriba del verde soja, sea
al norte, al sur, al este o al oeste. Hay muchos vecinos a los cuales
la soja les llega al patio de su casa. Entonces cuando fumigan, algunos
que se apiadan de la situación de indefensión de los “fumigados”,
les avisan para tapen las quintas, pero…y la gente qué?
Los Portillo aseguran que nunca les avisan cuando fumigan, “entonces,
de repente el olor se hace fuerte, arde la garganta, los ojos, cuesta
respirar, viene el mareo, dolor de cabeza y vómitos…si
hasta parece que tiene ese gusto uno en la boca”, relatan en el
orden en que suceden las cosas.
“Acá ves un
avión y te entra el nerviosismo”
Miguel Santiago Daczun vive en
Líbaros, una localidad de menos de 300 habitantes, situada al
norte de Basavilbaso, donde todos se conocen. Él tiene una repetidora
de FM Riel de Basavilbaso y hace programas para su gente. Con honda
preocupación relató lo que está sucediendo en su
pueblo, convencido que está directamente relacionado a la fumigación
de la soja.
“Cuando empezaron a sembrar
soja en Libaros no se tenía conciencia de lo que se estaba por
producir, de eso debe hacer 10 años. Los casos de cáncer
están en paulatino ascenso, se produce uno, se produce otro.
Hace unos 8 años que estamos hablando de cáncer, ha muerto
mucha gente con esa enfermedad. Está en el 20 % por año
de mortalidad, han ido en aumento cáncer de páncreas,
de hígado, de intestino”, aseguró el locutor.
Según su testimonio que luego corroboraron más vecinos
preocupados de Líbaros, las fumigaciones se hacen generalmente
los domingos y con aviones. Él asegura que la gente se fue dando
cuenta de lo gravedad de los hechos, relacionándolos con las
fumigaciones. “La gente afectada habla del tema, denuncian las
fumigaciones, pero no hay firma, no hay certificación de la causa
de las muertes y enfermedades en Líbaros. No ha habido ningún
médico que haya puesto su firma, hablemos la verdad… no
se juegan”, se lamentó.
Daczun refiere la cantidad de inversores
santafesinos que han llegado a esa zona y que según comenta,
son los que utilizan aviones para fumigar su soja. “Ellos coparon
la región. El campo necesita un tratamiento especial, el productor
de acá trata de alternas las tierras. Pero viene el santafesino
y hace polvo. No solo arriendan compran y cuando uno se les queja por
las fumigaciones dicen:’el glifosato no hace nada”. Pero
la experiencia más evidente se da con los animales. “Por
ejemplo Santa Anita, San Marcial, Líbaros. Líbaros no
tiene muchos arroyos; Santa Anita sí. Palomas dentro de los estanques,
toman agua de los arroyos con veneno y caen en cualquier lado. Se denuncian
chanchos muertos, de todas las especies muertas en los costados. De
las arroceras, cuando fumigan, llueve y el arroyo desborda…termina
con lo que encuentra”, dijo y agregó: “acá,
ves un avión y te entra el nerviosismo”.
Condenada a vivir con una
máscara en el rostro
Marta Cian es la mujer que en Líbaros
encabeza la lucha contra la fumigación tóxica indiscriminada.
Tiene pasión por su chacra, de la que vive ella y su hija, pero
la intoxicación crónica que le han producido los agrotóxicos
le han vuelto la vida una pesadilla.
Marta, que vive en una agradable
vivienda en la calle principal de Líbaros, contó a diario
El Día que hace más de cuatro años que comenzó
a sufrir malestares. “Lo que pasa es que yo me enteré mucho
tiempo después que podría tener relación con la
fumigación, porque yo empecé con espasmos bronquiales
de golpe. Una noche con estado gripal, primero cansancio. Después,
a la noche, un estado gripal sin fiebre, dolores musculares en todo
el cuerpo todo, al otro día tos seca, y el lunes a la mañana
voy a ver un médico y me deriva al hospital de Basavilbaso. Ya
al salir, fue el ataque, nunca había sentido eso, me ahogaba,
me ahogaba. En Basavilbaso se equivocaron en el hospital, porque decían
que era estado nervioso y me medicaban para los nervios. Nunca me dieron
un diagnóstico, me dijeron que eran los nervios, me derivaron
a Concepción del Uruguay, adonde llegué casi muerta. Cuando
ingresé a la Cooperativa Médica muy mal fui a terapia.
Reaccioné y los médicos lo único que me preguntaban
es qué había manipulado, qué había usado,
si había andado con algún veneno… tenía signos
de intoxicación. Me internaron, estuve en terapia como una semana
y pico me mandaron de nuevo acá”. Tal es la síntesis
del relato de Marta Cian, que, a pesar de los tratamientos nunca pudo
lograr un certificado real sobre su problema ni revertir la situación
en su pueblo para que alguien pare las fumigaciones tóxicas.
A esa altura, la mujer comenzó
a imaginarse que lo suyo podía ser cáncer, pero en Paraná,
en donde finalmente recaló, un médico neumonólogo
se hizo cargo de estudiar su caso. Le retiró toda la medicación
que hasta ese momento le había sido recetada y esperó
las reacciones. “Esto es serio me dice, te vas a quedar en Paraná,
pero te vas a quedar sin remedios. Me quedé un lunes, el miércoles
empecé a mejorar, el jueves estuve espectacular y el viernes
normal, sin medicamentos. El sábado vine acá (Líbaros)
y a la semana siguiente otra vez me ataqué. Entonces el médico
me dijo: ‘acá no hay dudas de que hay algo en tu lugar
que te está haciendo mal. Empezó a averiguar qué
había nuevo acá, que habían empezado; hasta ese
momento era soja sola, pero ahora fumigan todo. Y él fue el primero
que me dijo la causa, no me firmó, pero me dio a entender”,
aseguró Marta.
Ahora dice que se salva de los
espasmo con una máscara que filtra la sustancia tóxica
para que ella no la aspire. “Así tengo que vivir, me siento
cada vez peor porque vivo descompuesta.”, dice a El Día,
resignada. Está nerviosa y lo hace saber, por unos estudios que
le realizaron porque encontraron una mancha en uno de sus órganos
y cuyos resultados estaban listos para el viernes. “Volví
de Colón lo más bien, sana, me fui a mi granja porque
tengo que controlarla y con esto (máscara) puesto, y anoche empecé
con un dolor espantoso en la panza, vómitos y colitis, vómitos
y mareo y me voy para un costado tambaleando, con una transpiración
fría”, cuenta. Pero además, Marta está absolutamente
sensibilizada al olor de los agrotóxicos. “Salgo a la calle
y digo ‘están fumigando’, los otros no lo sienten
y después comprueban que, efectivamente, estaban fumigando”,
acotó.
Los muertos y enfermos
de Líbaros
“Es llamativa la cifra de
muertos por cáncer en Libaros. Nunca un cáncer normal,
tenemos un caso en el barrio, donde tienen la soja pegada a las casas,
ese señor en menos de un mes se murió de un cáncer
fulminante. Yo tengo mis dudas, eso fue una intoxicación fuerte…
no lo pude charlar con alguien que se anime a decirlo, fue una intoxicación
brava, me entendés, que le tomó todo, pancreas, hígado,
los mismos órganos que terminan afectados por el cáncer”,
expresó y aclaró que “ese hombre terminó
tieso. Depende del veneno que se use. Porque esta vez fue distinto.
Yo te hablo de lo mío y de este señor que lo tengo muy
claro: lo mío era reacción, intoxicación, pero
era vómito y colitis; la que tuve hace 21 días fue al
revés: vómitos, un dolor espantoso y hacía como
10 días que no iba de cuerpo. El médico me dijo cual era
la droga, porque él me pidió que le lleve los prospectos
de los productos que se están usando”, explicó.
Marta recordó además que quienes fumigan deben informar
la receta agronómica que utilizan, “y si te pasan la receta,
te pasan con lo más suave, tampoco lo aplican con la cantidad,
si tenés que poner un litro le ponen 10”, denunció
y acto seguido se preguntó:¿ cómo se controla eso,
al campo no podemos entrar si no tenemos la orden de un juez para allanar?”.
Contó que días pasados cuando empezaron a fumigar “fui
a la Junta y no había ninguna receta pasada. Fui a la policía
y no había ninguna receta pasada, y no lo pueden hacer, están
en infracción. Eso tenemos que ir y denunciarlo”, afirmó.
La mujer aseguró a El Día
que los fumigadores están utilizando Endosulfan banda roja, “porque
encontramos los tarros al lado de una laguna al costado del camino.
Ni siquiera deshacen las pruebas del delito” y recordó
palabras de tres empleados de Medio Ambiente de la provincia, en oportunidad
de haber llegado a Líbaros por la denuncia de Marta Cian sobre
el hallazgo de tachos con agroquímicos en un arroyito. “Textuales
palabras, porque hay testigos, me dijo: “si ustedes hubiesen dejado
los tachos en ese arroyito y esta noche llovía, muere todo lo
que encuentra a su paso. Les pregunté si no iban a hacer nada,
entonces se llevaron copias y yo me quedé con los tarros en mi
campo porque no los vinieron a retirar, hasta que tuvo que venir el
municipio de Basavilbaso a retirarlos. ¿Y nosotros que hacemos?
Quemarlos no podés, enterrarlos no podés”, enfatizó.
En Líbaros, un pueblo de
220 habitantes, hoy se registran ocho enfermos de cáncer, según
el cálculo de Marta. “Tenemos 6 casos y una señora
de Santa Anita y otra señora con cáncer de mama que viene
de terapia”, contó. “Yo no soy médico, pero
para mí, están todos relacionados con fumigaciones. El
que no tenía los productos en la casa, los llevaba en la camioneta;
el otro se ponía de banderillero cuando fumigaban con avión
o con los mosquitos y era rociado por el producto se mojaba. No llegaron
ninguno a dos años, se atacaron de corazón. Entre las
enfermedades que Marta destaca como repetidas en Líbaros están
las dermatitis y enfermedades de la vista. “acá están
todos enfermos de la vista, tienen como arenilla, se le ponen los ojos
rojos, se les hinchan”, contó.
Hay un caso, según la mujer,
que es ‘excepcional’. “La mamá de Pepe, tendría
que ir a verla, eso es un caso excepcional… ya van dos con lo
mismo y nadie sabe decir que es. Esos son los diagnósticos que
tenemos, me dicen que son unos virus, que son enfermedades nuevas, que
no se sabe lo que tienen, pero la señora empezó para irse
para un costado. Ella cuidaba los pollos y vivía pegado a un
sembradío de soja. Ella vivía afuera trabajando, trabajo
duro de campo y un día la encontraron sobre un alambre toda lastimada.
Se había caído del lado que ella se iba y acá le
diagnosticaron que era un ataque de presión. La señora
se ponía cada vez peor, la seguían tratando, empezó
a perder las piernas y quedó paralítica, después
perdió el habla, y ahí la derivaron al Ramos Mejía”,
relató.
Cuando se le pregunta si ha solicitado
ayuda a las autoridades responde que el único que la ha escuchado
es el actual gobernador Jorge Busti. Que durante la última gestión
de Montiel, “una doctora que vino a hacer la residencia a Santa
Anita, se horrorizó con lo que encontró y empezó
a llamar a los medios. Vinieron y me lo dijeron en la cara: ‘traten
de no hablar porque les va a ir mal’, yo no me quedé callada
y la doctora les dijo lo mismo. Inclusive yo tengo cassettes grabados
donde ella salió por radio y dijo: ‘después de esto
que yo salí a decir a los medios, es probable que me tiren un
mosquito encima, es probable que me echen o que me quiten el título’.
Pues, esa doctora de Santa Anita desapareció, se la llevaron”
expresó.
Finalmente, cuando se le consultó
a Marta Cian a quien cree ella que le interesa tapar todo lo que se
denuncia, respondió, sin dudar: “Monsanto. Si la soja no
existe, es transgénica. Yo a eso lo fui aprendiendo a ‘guachazos’
-hablando en criollo-. Escuché una cifra alarmante por radio,
que Monsanto había facturado más de 200 mil millones de
ganancia en el año 2005”.
Pero, ¿por qué Marta
se queda allí y no se va de Líbaros en busca de una solución
a su salud, como se lo aconsejan sus amigos y, sobre todo, los médicos?
Porque estoy muy apegada a mis cosas, tengo mi mamá acá
y porque no quiero dejar esto. Acá hay gurises chicos que están
teniendo problemas no se sabe de qué y la doctora les dijo: ‘en
3, 4 ó 5 años ustedes van a ver las consecuencias…
y las están viendo”.
La Legislación Argentina,
como en la mayoría de los países desarrollados, ha prohibido
o restringido casi totalmente el uso de estos principios activos en
la Terapéutica Vegetal. Solamente está autorizado el Endosulfán.
Están prohibidos el Parathión y Monocrotofós.
La mayoría de los accidentes
fatales humanos producidos por plaguicidas se deben principalmente a
organofosforados.
Muchos de los productos que se
expenden en los comercios y que son caratulados como domésticos
u hogareño, tienen en su composición compuestos activos
de elevada toxicidad (por ej. presencia de Organofosforados u Organoclorados).
Lo aconsejable es que cuando se adquiera uno de estos plaguicidas, se
lea detenidamente en la etiqueta la composición de los mismos
y optar por aquellos que sean menos peligrosos (ej. Piretroides).
El glifosato es el herbicida más
usado en nuestro país. Recientes estudios realizados por prestigiosas
instituciones científicas, parecerían indicar que no se
trata, desde el punto de vista toxicológico de un producto inocuo
como se creía en un primer momento. Por estos motivos se trata
con mayor extensión y profundidad en Referencias Toxicológicas
de Agroquímicos.
El pozo de los Portillo
está altamente contaminado con escherichia coli
El agua del pozo situado en la
casa de la familia Portillo, en Las Masitas está altamente contaminado
y será cerrado con cal inmediatamente. Así lo confirmó
ayer a El Día el secretario de Medio Ambiente de la provincia,
Gabriel Moguilner, luego de conocer el resultado de los análisis
bacteriológicos practicados a la muestra de agua que se extrajo
del pozo en cuestión. La cercanía del mismo con el pozo
negro sería la causal de tamaña contaminación (120
en 100ml. de colifecales, cuando lo normal es 2,2).
Respecto a los resultados del exámen
de tóxicos en el agua, Moguilner adelantó que la próxima
semana podría haber novedades desde el laboratorio privado de
Paraná, especializado en este tipo de análisis, donde
fueron llevadas las muestras.