Sobre
fumigaciones y otros milagros políticos de Monsanto
Por Verónica Akle (1) y Julián Arévalo (2)
A raíz de las fumigaciones,
los índices de cáncer y defectos de nacimiento en las
personas expuestas y en sus descendientes han escalado exponencialmente
desde 1961. Sin embargo, los productores del químico y el gobierno
estadounidense continúan negando que éste sea el causante
de tales problemas, argumentando falta de evidencia científica
sobre los efectos en la salud, del agente naranja.
Lo enseñado sin conciencia
natural es aprendido en la ignorancia, la vida que construye paz es
la que ama y respeta la libertad.
Manu Chao y Doctor Krápula
Más de 30 años después
de finalizada la guerra de Vietnam el Daily China aún publica
en sus portadas y páginas principales fotos de niños con
todo tipo de malformaciones congénitas; las paredes de los hospitales
de Hanoi se encuentran tapizadas por frascos con restos de fetos humanos
deformados, mientras especialistas a nivel mundial atribuyen estos y
otros problemas al efecto del agente naranja -nombre común del
herbicida usado por Estados Unidos para destruir indiscriminadamente
las plantaciones que servían de alimento y refugio a los vietnamís-.
A raíz de las fumigaciones, los índices de cáncer
y defectos de nacimiento en las personas expuestas y en sus descendientes
han escalado exponencialmente desde 1961. Sin embargo, los productores
del químico y el gobierno estadounidense continúan negando
que éste sea el causante de tales problemas, argumentando falta
de evidencia científica.
Claramente en ese momento la “ciencia”
falló. O más bien, sólo existían contados
estudios que mostraban que el herbicida no tenía consecuencias
nocivas sobre los humanos; estudios contra los cuales científicos
ambientalistas de la Agencia de Protección del Ambiente (EPA)
encontraron múltiples discrepancias. Irónicamente, estas
investigaciones fueron conducidas o financiadas por la principal compañía
productora de agente naranja en el mundo: Monsanto.
Este caso puede parecer para muchos
la trama de una película de horror o, acaso, unos hechos desafortunados
que ocurrieron en otro momento y en un lejano lugar del planeta. Sin
embargo, el contexto colombiano actual de fumigaciones con glifosato
nos obliga a pensar que tal película puede ser más real
de lo que creemos si una serie de aspectos son tenidos en cuenta: Primero,
el inconformismo mostrado por amplios sectores acerca de la inofensividad
del químico. Segundo, la manipulación de la información
científica pertinente para obtener conclusiones definitivas por
parte del único productor: Monsanto (sí, el mismo del
agente naranja) y, tercero, la existencia de otras motivaciones y fuerzas,
quizá no tan evidentes, que pueden constituir el motor detrás
de las fumigaciones. Este artículo busca precisamente llegar
al verdadero origen de tales motivaciones. Para esto recurrimos a la
evidencia científica en el tema de las fumigaciones y la situación
generalizada de desinformación al respecto que, así como
en otros casos que veremos más adelante, ha tenido consecuencias
desastrosas para muchos y favorecido los intereses de unos pocos.
El tema del manejo de la información
sobre las fumigaciones es bastante delicado, más aún si
se tiene en cuenta que en la actualidad buena parte de la opinión
pública y los medios oficiales declaran abiertamente la inocuidad
del glifosato; ciudadanos corrientes que participan en los foros de
El Tiempo y el Presidente de la Republica comparten esta opinión.
Este último, por ejemplo, en una reciente declaración
a La W - a raíz del inconformismo ecuatoriano frente a las fumigaciones
en la frontera - el pasado 15 de diciembre afirmaba “...existen
estudios científicos que demuestran que la mezcla (glifosato)
no es dañina para el ser humano...” La pregunta natural
que surge es ¿a qué estudios se refieren aquellos que
defienden esta posición? Una búsqueda detallada de la
literatura en el tema identifica numerosos estudios independientes,
sin embargo solo tres de ellos constituyen las principales fuentes de
información y la base para las decisiones de política;
la primera es la posición de la agencia de protección
de ambiente de Estados Unidos, EPA; la segunda, un estudio del Departamento
de Estado de ese mismo país, y la tercera -y más importante-
un estudio del Ministerio de Defensa colombiano para la OEA.
La posición de la EPA y del
Departamento de Estado de los Estados Unidos, según la cual el
glifosato es de rápida degradación y baja toxicidad, y
que sirvió como base para la recomendación al Congreso
de ese país de continuar las fumigaciones en Colombia, tiene
un sustento científico cuestionable. Las fallas de tal reporte
son explícitas en una carta de la organización global
por el medio ambiente (World Wild Fund, WWF) destinada al Senado de
EU en donde afirma que “los análisis de salud y ambiente
en el reporte no son suficientes para concluir que los químicos
usados en la fumigación aérea de coca no presentan ningún
riesgo o efecto adverso en los humanos y el medio ambiente”. Seguido
a esto la carta explica cada una de las fallas, las cuales incluyen
la extrapolación de estudios en el exterior bajo condiciones
diferentes a las enfrentadas en Colombia, el análisis de reportes
médicos usados para caracterizar la salud humana basados en información
obsoleta, y la utilización de una formulación del químico
diferente al usado actualmente en Colombia, entre otros.3
A nivel nacional, el estudio más
significativo fue elaborado por el Ministerio de Defensa de Colombia
para la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de
Drogas (CICAD), subdivisión de la OEA4 por petición de
los gobiernos de Colombia, EU y Reino Unido. A diferencia de otros estudios
en el tema, éste incluye la formulación del herbicida
que es usada en Colombia, razón por la cual constituye la referencia
oficial para el gobierno y los medios de comunicación.
El estudio se puede dividir en dos
partes interrelacionadas a lo largo del texto. En una de ellas se encuentra
una revisión de la literatura científica disponible acerca
de los efectos del glifosato, mientras que la otra consta de observaciones
directas en los campos colombianos. Antes de entrar en detalle, vale
la pena aclarar que el glifosato es comercializado mundialmente por
Monsanto a través de una mezcla llamada Roundup.
Sin embargo, la formulación
que se usa para la fumigación de las plantas de coca y amapola
consta de una mezcla de Roundup y otro adyuvante llamado CosmoFlux 411,
por lo cual la composición del herbicida para Colombia es única
en el mundo y sólo disponible en el país. Como consecuencia
de esto, la literatura que estudia los efectos del químico se
basa en estudios con Roundup o glifosato únicamente y no con
la mezcla que se utiliza en Colombia. Este hecho limita considerablemente
las conclusiones que se puedan obtener ya que, como los autores reconocen,
en ciertos casos la toxicidad del herbicida se ha atribuido a los adyuvantes
y no al glifosato aislado. Además, los aditivos son añadidos
al herbicida para aumentar su efectividad y por consiguiente pueden
aumentar también su toxicidad.
En términos de la revisión
bibliográfica, la investigación del Ministerio de Defensa
menciona un amplio número de estudios en mamíferos, que
muestran daños esqueléticos en fetos, cambios de peso
drásticos, fluctuaciones en el sistema endocrino y hasta mortalidad
a niveles crónicos de exposición. Aun más significativa
es la sección de salud humana, en la cual se exponen casos de
intoxicación, irritación cutánea y ocular severa,
probables daños neurológicos e incidencia de cambios genéticos
en células humanas que pueden conllevar a cáncer. No obstante,
resulta curioso que todos estos estudios sean nombrados e inmediatamente
descartados por los autores y que la única referencia en la cual
fundamentan sus conclusiones sobre la no-toxicidad del glifosato estén
basadas en una sola fuente: Williams et al. (2000). En este punto ya
no resulta sorprendente conocer que este trabajo contó con la
cooperación de Monsanto, que incluyó sus propios estudios
y bases de datos.
Pasando a las observaciones directas
en Colombia, cabe destacar que estas son de gran validez ya que la formulación
del herbicida y las concentraciones de exposición son exactas
a las observadas empíricamente. No obstante, el grupo del CICAD
optó por realizar sólo un estudio de reproducción
humana, mientras que otras posibles repercusiones sobre la salud como
cáncer o daños neurológicos e inmunológicos
fueron extraídos directamente de la literatura, con los problemas
presentes que ya hemos mencionado. Adicionalmente, este estudio muestra
notables deficiencias metodológicas.
Por ejemplo, la respuesta de un
grupo de mujeres a la pregunta “¿Durante cuántos
meses sostuvo relaciones sexuales antes de que quedara embarazada por
vez primera?” determinó la variable para definir los efectos
del herbicida en la fertilidad humana. Sobra mencionar que esta pregunta
no logra investigar la extensión del daño que el herbicida
puede tener en la reproducción humana ya que, como los mismos
autores encontraron, el tiempo que una pareja demora en procrear depende
de numerosos factores como el consumo de alcohol, café, cigarrillo
y el sobrepeso materno. Más aún, si el herbicida es dañino
para la reproducción humana, el hecho que afecte el tiempo es
de menor importancia en relación a otros problemas como el número
de abortos, las complicaciones en el embarazo y las deficiencias en
la salud de los niños. Preguntas directamente relacionadas con
estos problemas debieron haber sido el centro de la investigación.
Finalmente, otras secciones del
estudio realizado por el CICAD contienen similares fallas en su organización
y presentación, haciéndolo un manuscrito de dudosa validez.5
Los casos anteriores, en los que se muestra cómo Monsanto - o
sus científicos “cercanos” – han ocultado información,
suministrado información falsa o manipulado evidencia científica
en contra del bienestar de millones de personas, pueden parecernos sorprendente
a muchos; sin embargo, para Monsanto son sólo dos casos más
de tantos otros a los que ha tenido que acostumbrarse la compañía
a lo largo de su historia. Evidencia de esto es la serie de cargos criminales
por falsificación que ha tenido que enfrentar recientemente a
consecuencia de la adulteración de muestras y la omisión
de“detalles” respecto a la toxicidad de los componentes
del agente naranja.6 De forma similar, se encuentra la reciente demanda
por 1.5 millones de dólares que la empresa debió pagar
en junio de 2005 por soborno a una compañía de consultoría
Indonesa para evitar estudios referentes al impacto ambiental de su
algodón modificado genéticamente.7
La lista de este tipo de casos para
la compañía podría continuarse de manera interminable.
De hecho en EU -país de origen de Monsanto- el desempeño
de la compañía no es muy diferente a lo que hemos visto.
Los casos más destacados son, seguramente, aquellos relacionados
con la administración de Ronald Reagan. Bajo tal gobierno se
encubrieron numerosos estragos ambientales causados por algunos de los
productos provenientes de Monsanto; éste es, por ejemplo, el
caso de la contaminación del pueblo Times Beach en el estado
de Missouri con dioxinas incluidas en químicos que habían
sido utilizados para limpiar sus calles, y por lo cual se ordenó
su evacuación.8 En otro caso similar, los residentes de Anniston
(Alabama) en 2002, elevaron una demanda a Monsanto por contaminar las
fuentes de agua del pueblo con el químico PBC, posteriormente
prohibido por sus efectos tóxicos.9 Igualmente, en 2004 Monsanto
enfrentó una demanda por 350 millones de dólares por el
uso de aspartame en sus endulzantes a pesar de su efecto tonico para
el cerebro.10
Este caso es de particular interés
ya que la licencia para el uso de aspartame - conocido comercialmente
como NutraSweet - estuvo revocada por varios años hasta que en
1981 el director de la compañía y en su momento ex-secretario
de Defensa de EU, Donald Rumsfeld -que ahora conocemos por dirigir la
invasión de Irak y los escándalos en la prisión
de Abu Ghraib- obtuvo la adjudicación de la misma con el favor
del gobierno de Reagan.
Volviendo al Roundup, en California
se encontró que este es el principal responsable por los problemas
de salud de los agricultores y trabajadores de mantenimiento de obras
públicas (Cox, 1995a,b). Asimismo, en 1997 la empresa tuvo que
pagar una multa millonaria y cambiar la etiqueta del químico
ya que se lo calificaba como biodegradable y sano para la salud. Desde
entonces la empresa ha seguido enfrentando múltiples demandas
en varios estados de EU por las mismas razones.
Pasando a otro terreno, actualmente
se estudia la abolición de algunas patentes que Monsanto ha recibido
en los últimos años y que - de acuerdo a la fundación
para patentes públicas, que las califica como inmerecidas - le
han servido para “acosar, intimidar, demandar e incluso llevar
a la quiebra” a campesinos en los Estados Unidos y Canadá.
Como resulta claro de lo anterior, si bien Monsanto se ha caracterizado
por enfrentar un entorno bastante adverso hacia sus “innovadoras”
propuestas, en general ha sabido poner la balanza a su favor. Esto a
partir de la labor de su bien remunerado ejército de abogados
y de su influencia en el aparato político estadounidense, el
cual ha sido ampliamente permisivo a sus intereses. Así, encuentra
sentido el hecho de que importantes figuras políticas como secretarios
de Defensa, Agricultura y Salud del actual gobierno de EU sean los presidentes
y miembros de las juntas directivas de compañías con estrechos
vínculos con Monsanto.
De esta manera, las características
de Monsanto, varios de los productos que ofrece y muchas de las prácticas
en las que incurre, permiten considerarlo como un particular ejemplo
de aquello conocido por los economistas como búsqueda de rentas;
es decir, situaciones en las que se destinan recursos para obtener beneficios
especiales del proceso político, siendo estos beneficios menores
que el daño causado a la sociedad. Tal vez la frase que mejor
ejemplifique tal concepto sea: “los gobiernos usualmente no establecen
aranceles en ausencia de grupos de interés haciendo lobby a favor
de tales instrumentos de protección” (Tullock, 1967). De
igual forma, la posición favorable de empresas como Monsanto
es utilizada para “perseguir rentas” por medio de presión
política, lobby y, de ser necesario, “donaciones voluntarias
al legislativo” para que,dependiendo del caso, las leyes que interesan
a sus objetivos financieros sean aprobadas o no.
No es gratuito ser una de las diez
empresas químicas más grandes de EU desde 1940 y reportar
ingresos anuales alrededor de los seis mil millones de dólares
(la sexta parte de estos provenientes del negocio del glifosato). De
igual forma, Monsanto es el líder mundial en la producción
de alimentos y semillas modificados genéticamente, segundo productor
mundial de agroquímicos y cuenta con cerca de 17.500 empleados
alrededor del mundo11 así como compañías filiales
en varios de los países donde opera; Compañía Agrícola
Colombiana es el nombre de su filial en Colombia.
Todo este poderío económico
se traduce en poder político y, tal como es de esperar, las injerencias
de este gigante de los químicos en la política estadounidense
no han sido pocas. Como vimos, las mismas demandas por parte de los
ciudadanos estadounidenses han sucumbido en múltiples ocasiones
y estos han tenido que ser víctimas en carne propia de las siempre
dudosas prácticas llevadas a cabo por esta multinacional.
Consciente de su desgastada imagen,
la empresa complementa sus actividades sobre el legislativo con “generosas
contribuciones por el progreso” como las que hace por Walt Disney
World o el Museo de Historia Natural de Nueva York, e incluso por una
fundación de apoyo educativo para los niños en Brazil.
Desde luego estas publicitadas contribuciones representan un porcentaje
mínimo de sus ingresos, aunque son suficientes para comprar las
mentes ingenuas de aquellos que desconocen el oscuro origen de los mismos.
Cabe la pregunta acerca de la responsabilidad
del gobierno de EU y de su sistema legal respecto a la protección
de la salud y el bienestar de sus ciudadanos y, presumiblemente, acerca
de cómo estos han importado poco o nada frente a las presiones
y el poderío económico y político de Monsanto.
Sin embargo, una pregunta que puede resultar más incómoda
es acerca de la preocupación del gobierno de EU por la salud
y bienestar de la población indígena y campesina a 3.000
kilómetros de distancia. Población que se ve afectada
por las prácticas de la misma multinacional a la que el mismo
gobierno no ha logrado impedir que continúe perjudicando a sus
propios ciudadanos. La respuesta es tan incómoda como la pregunta
y preferimos dejarla a la imaginación del lector.
Muy lamentable, sí, es la
situación del gobierno y buena parte de la opinión pública
colombiana que, tal vez sin darse cuenta, defiende los intereses de
una multinacional de pésima reputación y con un muy pobre
historial, ubicándolos por encima de los de la propia población
e, incluso ahora, los del vecino.
Así, a la hora de responder
la pregunta de por qué continuar con las fumigaciones a pesar
de la evidencia científica adversa, el inconformismo de amplios
sectores de la sociedad colombiana y de la región así
como de grupos ambientalistas y defensores de derechos humanos alrededor
del mundo, es necesario volver a pensar los argumentos. Actualmente
la respuesta que se ofrece se fundamenta en la prioridad de acabar con
los cultivos ilícitos y la inconveniencia de la erradicación
manual a causa de los campos minados. Sin embargo, los pobres resultados
del Plan Colombia en materia de erradicación con glifosato, la
pérdida de la soberanía que tanto nos gusta promulgar
ante los vecinos pero que poco o nada defendemos ante EU, y el negocio
multimillonario que existe detrás de las fumigaciones, hacen
pensar que otras razones prevalecen por encima de aquellas que los medios
alimentan a todas voces. Razones que, desde luego, involucran varios
miles de millones, y una triste tradición de dependencia.
Al parecer la historia se repite
y sólo cambian los nombres de los personajes: cuando los grandes
negocios provenían de la extracción de frutas tropicales,
las balas se hacían sentir para defender los intereses de las
multinacionales de este negocio frente a los intereses de los trabajadores
colombianos. Hoy, que la biotecnología y la industria agroquímica
han ocupado tan privilegiado lugar, las avionetas esparciendo glifosato
ocupan su papel histórico atacando y destruyendo fauna, cultivos,
población indígena y campesina, subordinados, como siempre,
a las jugosas ganancias de la industria ajena. Queda sólo preguntarnos
si la sociedad civil -desconocida por quienes toman las decisiones,
pero la única con la capacidad de generar un cambio- permitirá
presenciar este lamentable destino...
Referencias
Cox, C. (1995) Glyphosate, Part 1: Toxicology. Journal of Pesticide
Reform. Vol. 15, No 3.
Cox, C. (1995) Glyphosate, Part 2: Human Exposure and Ecological Effects.
Journal of
Pesticide Reform. Vol. 15, No 4.
Tullock, G. (1967) The Welfare Costs of Tariffs, Monopolies and Theft.
Western Economic Journal, 5:224-232.
Williams GM, Kroes R, Munro IC. (2000) Safety evaluation and risk assessment
of the herbicide Roundup and its active ingredient, glyphosate, for
humans. Regulatory Toxicology and Pharmacology; 31:117-65.
* Las opiniones que aparecen
en este artículo son responsabilidad única de los autores
y no comprometen de forma alguna a la Universidad de Boston. Agradecemos
a Patricia Alvarez, Jasson Cruz, Jorge Gallego y Carolina Manosalva
por sus comentarios sobre una versión preliminar del documento.
Notas
1 Estudiante de Doctorado en Neurociencia, Universidad de Boston
2 Estudiante de Doctorado en Economía, Universidad de Boston.
3 Carta de David B. Sandalow, Vicepresidente de la WWF al Juez Joseph
B. Biden del Senado de Estados Unidos en Septiembre 27 de 2002. Ver:
http://www.amazonalliance.org/scientific/wwf.pdf
4 Efectos del Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos
mediante la aspersión aérea con herbicida Glifosato (PECIG)
y de los cultivos ilícitos en la salud humana y en el medio ambiente.
Ver:http://www.mindefensa.gov.co/dayTemplates/Glifosato/informe$\_$glifosato.htm
5 El Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de
Colombia expone un numero de criticas adicionales al mismo documento.
Para los lectores interesados este documento se encuentra disponible
en http://www.idea.unal.edu.co/publicacionesfr.html
6 Monsanto Corporation Criminal Investigation. Cover-up of Dioxin Contamination
in Products. Falsification of Dioxin Health Studies USEPA. Noviembre
15 1990. United States Environmental Protection Agency Washington D.C.
20460 Office of Solid Waste and Emergency Response.
7 BBC, UK: Monsanto fined \$1.5m for bribery. Enero de 2005. Ver: http://news.bbc.co.uk/2/hi/business/4153635.stm
8 New York Times, Abril 27, 1983: Around the Nation; Times Beach, Mo.,
Board Moves to Seal Off Town.
9 BBC, UK. US drugs giant faces lawsuit. Enero de 2002. Ver: http://news.bbc.co.uk/2/hi/americas/1747350.stm
10 United States Federal District Court, court case \# C 04 3872, against
the NutraSweet Corporation, Monsanto Corporation.
11 Fuente: marketwatch.com