Pesticidas
y agrotóxicos. Veneno en la piel - Reproducido
de Suplemento Qué Pasa, El País, 1 abril de 2006
En Uruguay no hay un correcto control
en la aplicación de pesticidas y se conoce muy poco el grado
de contaminación de las frutas y verduras que se consumen.
“Yo le daba a un peón
un terrenito para que plantara acelgas, un día pasé por
ahí y sentí un olor espantoso, estaba echando un plaguicida
fosforado. Lo aplicaba todo el tiempo. Curaba el viernes, cortaba la
acelga el sábado
y el domingo la vendía en la feria. Cuando le dije que era un
disparate, que tenía que esperar más tiempo entre la aplicación
y la cosecha me dijo: ‘con razón, será por eso que
tengo todas las clientas con descompostura’",
contó un productor de manzanas de Rincón del Cerro, que
pidió que su nombre no se publicara.
En Uruguay no se controla correctamente
el uso de plaguicidas y se conoce muy poco sobre el grado de contaminación
de las frutas y verduras que se consumen. Hay productos altamente tóxicos
prohibidos en la Unión Europea que se siguen utilizando aquí.
Hay otros autorizados, que se aplican mal y contaminan. Hay poca información
y normas que no se cumplen. En consecuencia, hay trabajadores rurales
enfermos y alimentos con niveles de contaminación que superan
los límites sanitarios establecidos en el mundo.
Las primeras investigaciones sobre
residuos de plaguicidas en frutas y verduras no permiten hacer un diagnóstico
nacional, porque no tienen valor estadístico, dijo Fernando Gemelli,
jefe del área de producción y comercialización
del Mercado Modelo. "Las muestras utilizadas no dejan hacer proyecciones
estadísticas, son trabajos xploratorios. No tenemos los recursos
para realizar una muestra representativa y hacer cálculos a nivel
nacional".
"La muestra seleccionada puede
corresponder a un cajón de un productor que manejó mal
los plaguicidas. Quizá en el cajón de al lado los productos
no están contaminados o al revés".
En 2004 hubo 1.600 consultas por
intoxicaciones con plaguicidas al CIAT, Centro de Información
Toxicológica del Hospital de Clínicas. La mayoría
de los casos fueron por accidentes de niños con pesticidas, después
le siguieron los accidentes laborales, sobre todo de trabajadores rurales
y en tercer lugar los intentos de autoeliminación con estos productos,
dijo Mabel Burger, una de las médicas del CIAT, en un seminario
sobre contaminantes químicos y medio ambiente, en noviembre en
la Intendencia de Montevideo. Pero consultada después sostuvo
que "las intoxicaciones por alimentos con plaguicidas son excepcionales"
y que esa era toda la información que podía dar. Otros
funcionarios de los ministerios de Ganadería, Agricultura y Pesca
y de Salud Pública se negaron a informar
sobre el tema y cortaron intempestivamente el teléfono cuando
se pretendió conocer las razones de su negativa.
Desinformados
Desde 2001 se hicieron tres estudios sobre los residuos de pesticidas
en frutas y verduras, en un trabajo coordinado entre el Mercado Modelo,
el Instituto de Bromatología de la Intendencia de Montevideo
y la Facultad de Agronomía.
Las tres investigaciones dieron
resultados diferentes. La primera, realizada entre octubre de 2002 y
agosto de 2004 en 191 frutas y verduras, mostró que un 7% tenía
residuos que superaban el límite sanitario establecido por el
Codex Alimentarius, elaborado por la organización de la ONU para
la Agricultura y la Alimentación, FAO, y la Organización
Mundial de la Salud. El 65% tenía al menos un residuo de agroquímico
por debajo o en el límite máximo permitido y en 28% no
se detectaron residuos.
El estudio eligió las frutas
que pueden presentar un mayor riesgo para el consumidor: manzanas, duraznos,
frutillas, ciruelas, uvas y peras. En las hortalizas la investigación
se concentró en los tomates y en menor cantidad
en lechugas, papas, zapallos, zanahorias y espinacas.
Los resultados más preocupantes
se dieron en duraznos, tomates de invernáculo, lechugas y manzanas,
en los que se encontraron residuos de plaguicidas por encima del límite
establecido. De un total de 30 duraznos
analizados, en siete, un 23,3%, había más restos de los
permitidos; también los había en el 10,5% de los 38 tomates
de invernáculo elegidos, a diferencia de los cultivados en el
campo donde no se encontraron residuos
no permitidos. Tres de las 20 lechugas analizadas presentaron niveles
por encima del margen y también una de las 34 manzanas estudiadas.
El resto de las frutas y verduras no tenían residuos considerados
peligrosos.
La segunda investigación
se hizo entre setiembre de 2004 y mayo de 2005 en 129 frutas y verduras.
Las frutas que se priorizaron fueron manzanas, duraznos y frutillas,
peras, uvas, bananas, ciruelas y membrillos. En las hortalizas se analizaron
zanahorias, lechugas, tomates, morrones, choclos y berenjenas.
En el 3% del total se encontraron
restos de plaguicidas que superaban lo permitido, en el 70% había
residuos por debajo o en el límite y en el 27% restante no había
residuos. El 14% de los 21 duraznos elegidos y 3% de las
38 manzanas tenían niveles mayores que los permitidos. El resto
de las frutas y verduras no superaba el límite del Codex.
Después de la presentación
de estos dos estudios no hubo respuestas ni del Ministerio de Ganadería,
Agricultura y Pesca ni de Salud Pública, dijo Gemelli, del Mercado
Modelo. Y sintetizó: "hay muchos debes en el tema de
los plaguicidas".
La última investigación,
aún incompleta, analizó 181 frutas y verduras del Mercado
Modelo entre marzo y setiembre de 2005, y hasta el momento no se detectaron
residuos que superen el límite establecido. Pero los resultados
no son definitivos, porque todavía no hay datos sobre los duraznos
los más preocupantes.
Además se repitió
una situación que apareció en los estudios anteriores.
En algunas frutas y verduras se detectaron residuos de productos no
autorizados para ser utilizados en esos vegetales.
Gemelli prefirió no decir
en cuáles. Respecto a los estudios anteriores, Gemelli considera
un avance que por primera vez se estén analizando muestras durante
todo el año y que, además, se esté instrumentando
un
procedimiento con la Junta Nacional de la Granja, para procurar que
los productores a los que corresponden las muestras con residuos no
permitidos conozcan esa información. Antes, en general, el productor
no se enteraba.
Giovanni Gallietta, uno de los ingenieros
agrónomos que realizó las investigaciones, explicó
que es difícil establecer si realmente hubo mejorías en
el manejo de pesticidas. "Esa conclusión sólo te
la dan diez
años de estudio. Hay que pensar en varias posibilidades: que
efectivamente haya un mejor manejo, que estos estudios hayan alertado
a los productores y haya generado más cuidado y hasta más
conciencia. Pero también puede ser que el clima haya ayudado.
Por ejemplo, si no hay mucha lluvia y humedad, no hay tantos hongos
y en consecuencia disminuye el uso de fungicidas".
Pero donde no hay ningún
avance es en aquellas frutas y verduras que no pasan por el Mercado
Modelo. El 40% de lo que se consume en Uruguay no pasa por allí
y no recibe ningún tipo de control: "los que plantan para
el
propio consumo, los feriantes que venden lo que cultivaron o lo adquieren
en las chacras, los distribuidores del interior que compran en quintas
y los grandes supermercados que compran directamente a los productores,
con
la excepción de aquellas frutas y verduras cuyo productor pagó
los análisis y los certificó con una etiqueta. Tampoco
se controlan algunos productos importados que van directamente a los
supermercados", explicó Gemelli. "El único centro
comercial que realiza un control de las frutas y verduras es Multi Ahorro,
que analiza muestras en coordinación con el Mercado Modelo",
agregó.
Pelar o no pelar
En lo que todos los ingenieros agrónomos consultados coinciden
es en la importancia de lavar y pelar los alimentos. Si se pela una
manzana, se reduce entre 75 y 80% la concentración de dos plaguicidas
que se rocían
sobre la fruta después de la cosecha, difenilamina e iprodione,
según una investigación realizada en la Facultad de Agronomía
en 2004.
"Hay que lavar con agua corriente
para que arrastre los tóxicos. El hipoclorito mata bacterias
y microbios, pero no le hace nada a los residuos de plaguicidas, que
se disuelven y quedan adheridos en la cera de la piel
de las frutas. Yo lavo y enjuago todo lo que consumo", dijo Pedro
Mondino, ingeniero agrónomo y docente de fitopatología
de la Facultad de Agronomía.
En cambio, no parece haber mucha
información sobre pesticidas en la Escuela de Nutrición
y Dietética. Después de que la dirección del centro
ubicó a la docente idónea para hablar del tema, la licenciada
Estela Fernández, esta
respondió que la información que manejan se limita al
capítulo uno, anexo uno del Reglamento Bromatológico Nacional.
Pero en ese capítulo sólo
hay una lista con los distintos plaguicidas y los límites sanitarios
establecidos para cada fruta y verdura. Además, en algunos casos
dice que esos niveles son provisorios porque "las buenas
prácticas agrícolas no son lo suficientemente conocidas"
para proponer unos definitivos. Y más adelante, en otro capítulo,
se reglamenta que las frutas y verduras, no pueden "exceder el
límite máximo de residuos de plaguicidas
y de fertilizantes fijados".
Además, la especialista dijo:
"se supone que está controlado por los organismos competentes:
intendencias, Ministerio de Ganadería y otros, según corresponda".
También que aconsejan a los consumidores "lavar frutas
y verduras con abundante agua potable, desinfectar 15 minutos con agua
e hipoclorito y enjuagar bien". Pero no pelar las frutas.
Tampoco estaba informada sobre las
ventajas de pelarlas la nutricionista Sonia García: "a mis
pacientes les exijo que hagan una desinfección con hipoclorito
para que se eliminen los gérmenes y los virus y que enjuaguen,
pero no que pelen las frutas, porque allí están las fibras
y los nutrientes. Eso nos recomendaron en las jornadas para nutrición.
No está comprobado que las cantidades de plaguicidas afecten
la salud humana, si se
aplican bien, no hay ningún tipo de problema. El problema es
que no hay controles, aunque habría que comer mucho durante toda
la vida para que se generara un daño". El problema es que,
justamente, los nutricionistas
recomiendan comer frutas y verduras, todos los días, durante
toda la vida..
Lentamente
Según Leonardo de León, técnico del Departamento
de Agroecología de la Unión Internacional de Trabajadores
de la Alimentación, UITA, Uruguay está empezando a tomar
conciencia del problema de los plaguicidas. "Hay
convenios internacionales ratificados acá, hay un reconocimiento
mundial explícito del daño de estos productos tanto al
ambiente, la salud de los trabajadores y los consumidores. En Uruguay
estamos retrasados, pero
comenzamos a entender que existe el problema. Primero hay que capacitar
para minimizar los efectos, porque no hay un uso seguro de los agrotóxicos.
espués hay que eliminarlos".
Pero no todos opinan que haya que
eliminarlos: "entiendo que alimentar al mundo con producción
orgánica es imposible y menos en Uruguay", opinó
Gemelli, del Mercado Modelo.
Mientras tanto, las exportaciones
e importaciones de pesticidas siguen creciendo. En 2002 se importaron
9,5 millones de kilos y se gastaron 30,5 millones de dólares,
en 2003 fueron 14,5 millones de kilos y 40 millones de
dólares y en 2004 17,6 millones de kilos y 50,8 millones de dólares.
También las exportaciones mucho más pequeñas
crecieron: 481.000 kilos en 2002, por los que ingresaron a Uruguay 995.000
dólares, 953.000 kilos y dos millones de dólares en 2003,
y un millón de kilos en 2004 con un ingreso de 3,9 millones de
dólares, según datos oficiales.
En Uruguay se comercializan 43 plaguicidas
prohibidos o muy restringidos en otros países, según el
libro Agrotóxicos, remedios peligrosos. Análisis de la
situación de los plaguicidas más tóxicos en Uruguay,
del ingeniero agrónomo Sebastián Elola, de 2004. Entre
ellos: aldicarb, arsenito de sodio, azinfos metil, bromuro de metilo,
carbofuran, metamidofos, metomil, paraquat y paration metil, que tienen
distintos nombres comerciales y
corresponden a la categoría I de los plaguicidas, los más
tóxicos.
El grado de toxicidad se mide a
través de una dosis letal: el número de miligramos por
kilo de peso que se requiere para matar a la mitad de una población
de animales, en general ratas, expuestos al plaguicida en forma
oral en un laboratorio. La dosis letal de los plaguicidas de categoría
I es de 50 gramos o menos.
Mal uso
"No hay plaguicidas inocuos y deben tomarse precauciones en su
uso y en el consumo", dijo el ingeniero agrónomo Pedro Mondino.
Una de las razones de su mal uso es la falta de información en
las etiquetas de sus envases, que deben indicar cómo utilizarlo:
las precauciones en la aplicación, la dosis, la fruta o verdura
para la que sirve, el tiempo que debe transcurrir entre la aplicación
y la cosecha. "Conozco muchos casos de uso ilegal y sin control
de los pesticidas. El Ministerio de Ganadería y Agricultura y
Pesca debería dar toda la información en las etiquetas
y abarcar el uso en todas las frutas y verduras. La falta de información
hace que muchos los apliquen
al tanteo", dijo Mondino, que ha visto esos casos en los cultivos
de cebollas, espinacas y apio.
En 2002 el Ministerio de Ganadería,
Agricultura y Pesca prohibió los insecticidas con metamidofo,
salvo en los cultivos de papas. El metamidofo es una sustancia organofosforada,
perteneciente a un grupo de pesticidas
creados durante la Segunda Guerra Mundial como armas químicas.
En China hay registros de hombres expuestos al metamidofo con menos
espermatozoides. Además, es un potencial contaminador del medio
ambiente, altamente tóxico para mamíferos, pájaros
y abejas. Puede llegar a matar peces, anfibios, crustáceos y
zooplancton.
En la última investigación
que publicó el Mercado Modelo aparecieron restos de este plaguicida
en muestras de lechugas y morrones. Además, en la investigación
de Elola se reconoce que es muy usual su empleo en los
cultivos de zanahorias, cebollas, tomates, morrones y lechugas. Todavía
se sigue usando bromuro de metilo, aunque está prohibido por
el Protocolo de Montreal, que fue ratificado por Uruguay y que regula
el uso de compuestos que destruyen la capa de ozono, dijo de León,
de UITA. Uruguay se comprometió a eliminar su uso en 2005.
De León dijo que está
disminuyendo su empleo, pero que aún se utiliza en Salto. El
bromuro de metilo es un gas desinfectante que se inyecta en el suelo
para que elimine todas las plagas que puedan dañar las raíces.
De
León explicó que es altamente tóxico y que destruye
la capa de ozono. "Es ampliamente utilizado en silos con granos
almacenados y en invernáculos", afirma Elola en su libro.
Y explica que en intoxicaciones agudas, produce
la muerte por fallas respiratorias y no tiene antídoto. El bromuro
de metilo se utilizaba en los campos de exterminio nazis.
"No tenemos idea de qué
usamos en las naranjas, cosechamos pero no sabemos qué químicos
son. Los materiales que usamos no dicen ni los tiempos de espera después
de la aplicación, ni las dosis que hay que aplicar", dijo
Milton Núñez, que trabaja en los naranjales en Salto e
integra el Sindicato Único de Obreros Rurales y Agroindustriales,
Sudora, en un seminario sobre contaminación ambiental que se
realizó en noviembre en la Intendencia de
Montevideo.
Una investigación que el
MGAP y el Banco Mundial hicieron entre 2001 y 2003 en Juanicó
y en Ombúes de Lavalle reveló que en Uruguay las etiquetas
de los plaguicidas son muy básicas e insuficientes. Además,
que los
trabajadores rurales no siempre respetan los tiempos indicados, los
aplican siguiendo los calendarios establecidos, pero también
por "alarmas y por las dudas", dijo el ingeniero agrónomo
Alfredo Bruno, que realizó el estudio.
Por su parte, Mondino explicó
la importancia de respetar los tiempos establecidos para cosechar los
productos. El día que se aplica el plaguicida su concentración
es máxima, pero a medida que pasan los días, con el sol,
la lluvia y el propio crecimiento de la planta, el producto se va degradando
"hasta que es tan mínimo que no es peligroso. Por eso es
fundamental que se respeten los tiempos, para que el trabajador rural
no se contamine y para que el ciudadano consuma un producto que no lo
dañe".
Según el estudio de Bruno,
en el 38% de los predios de los fruticultores de Juanicó no se
leen las etiquetas. Y en 62% de los predios se hace una consulta parcial
de las indicaciones, es decir que leen solo una parte.
"Nadie o casi nadie lee toda la etiqueta". Por otra parte,
en Ombúes de Lavalle se consulta en forma parcial en 83% de los
casos y no se consulta en el 17% restante.
Pero ese no es el único problema.
Según Mondino, en Uruguay los plazos establecidos no siempre
coinciden con los del primer mundo. En Estados Unidos, por ejemplo,
se exigen 77 días de espera para la cosecha de
manzanas después de la aplicación del fungicida mancozeb,
mientras que en Uruguay se exigen apenas 12. "¿Eso quiere
decir que acá la degradación es más rápida?
No señor, es para poder venderlo y usarlo más".
Los precios también atentan
contra la salud humana. Los productos más tóxicos son
más baratos que los menos tóxicos. Por ejemplo, la dosis
para aplicar Tamarón en una hectárea, nombre comercial
de un insecticida
altamente tóxico metamidofos, cuesta tres dólares.
Y sus alternativas menos tóxicas cuestan entre 60 y 90 dólares
la hectárea.
"Es trágico que lo más
tóxico sea lo más barato y que no exista una política
de racionalización del uso de los agrotóxicos", dijo
Mondino.Según el ingeniero, esta realidad perjudica al agricultor
que procura
obtener un producto de calidad porque tiene que comprar el plaguicida
más caro, tiene que pagar a una certificadora que lo autentique,
tiene que pagar el análisis de residuo, tiene que esperar más
tiempo para tener su
mercadería sin residuos y además costear el logo. "Y
después llegar al mercado y competir con otro contaminado y encima
más barato. Todo se vuelve más costoso para el que hace
las cosas bien... Ese es el problema".
Otra de las normas del MGAP que
no se cumplen son las que establecen que no se pueden realizar fumigaciones
aéreas en un radio menor a 500 metros de los centros poblados
y de 300 metros en las terrestres. "No se ha respetado absolutamente
nada", afirma De León, de UITA. Según explicaron
varios expositores en el seminario de contaminantes químicos,
esa normativa es insuficiente, porque el viento desparrama los plaguicidas
hacia zonas más lejanas y las fumigaciones aéreas, que
suelen aplicarse en cultivos extensivos como el arroz, caen sobre otros
cultivos y los contaminan. "Si al lado hay una plantación
de tomates o de duraznos, te mata todo", dijo de
León.
Los efectos de los plaguicidas fueron
también estudiados en la Facultad de Ciencias. Gabriela Eguren,
licenciada en ciencias biológicas y doctora en ciencias ambientales,
investigó el impacto del plaguicida metyn azinfos en
varias cañadas de Melilla, donde su utiliza ese pesticida en
los frutales de hoja caduca: manzanos, durazneros, perales, ciruelos
y vid.
Eguren comparó los resultados
con los de una cañada de otra zona de Melilla donde no hay cultivos.
Y se encontraron "diferencias significativas". En las cañadas
rociadas con el plaguicida, los peces dieron señales de
intoxicación: nadaban en forma errática, no comían,
respiraban más rápido. Eguren dijo que los vecinos de
la zona no se bañan en esas cañadas ni consumen sus peces,
pero que los niños pescan mojarritas para jugar.
"Detectamos que hay un problema, ¿qué es lo que puede
pasar con estos metabolitos en las personas? No se sabe. Habría
que hacer nuevas investigaciones".
50 DENUNCIAS DESDE 2005
50 empresas en falta
Hugo Terrafini, de la Dirección
General de Servicios Agrícolas, dijo que desde 2005 el Ministerio
de Ganadería, Agricultura y Pesca realizó 12 denuncias
por mal uso de plaguicidas originadas en sus propias investigaciones.
Al mismo tiempo, se recibieron otras 38 denuncias de ciudadanos, sobre
todo de la zona del Litoral.
Además, informó que
las empresas que aplican pesticidas en forma aérea están
registradas, inspeccionadas y habilitadas. Pero no sucede lo mismo con
las empresas que hacen aplicaciones terrestres: 69 cumplen con los
requisitos y otras 50 están en falta, fueron avisadas y tienen
un plazo para legalizar su situación.
Terrafini dijo que el Ministerio
está organizando cursos para enseñar a usar los aplicadores
de pesticidas y dar un carné de aplicador.
OTRO PROBLEMA PARA BELLA
UNION
Zona contaminada
En Bella Unión y en las
localidades rurales de Portón de Fierro y Campodónico,
en Artigas, la neumopediatra Liria Martínez coordinó en
2004 la investigación Efectos crónicos sobre la salud
de los plaguicidas, financiada por UITA, Unión Internacional
de trabajadores de la Alimentación, Agricultura, Hoteles, Restaurantes,
Tabaco y Afines, y
presentada en marzo.
La población de esa zona
convive con los plaguicidas. Rodeados de plantaciones de arroz y caña
de azúcar reciben cada tres días fumigaciones aéreas,
que caen sobre sus casas, los huertos de donde comen y la escuela..
Además, los niños suelen jugar en los canales de los cultivos.
Muchos de los habitantes sufren
patologías respiratorias, por eso se eligió estudiar la
zona. Se hicieron estudios médicos y se analizaron 20 niños
de hasta 5 años, 20 hombres y 20 mujeres. Se concluyó
que la zona está
contaminada, que las mujeres y los niños son los que sufren daños
mayores y que hay una relación directa entre la contaminación
y la enfermedad.
Según la investigación,
el 60% de los niños sufren patologías respiratorias: 50%
asma, 38% neumonías a repetición no frecuentes en
la infancia y 32% problemas de piel. Entre los adultos, el 15%
padece males
respiratorios y el 15% afecciones cutáneas. Además, el
7,5% de las mujeres tienen dificultades en la concepción o sufren
abortos espontáneos.