¿Quién
gana cuando comemos veneno?
El glifosato fue diseñado para matar plantas, pero como es un
veneno afecta también insectos, animales y humanos. Al igual
que otros agrotóxicos, para hacer más digerible su misión
biocida, la industria le llama herbicida. El glifosato es el más
usado en el mundo, principalmente porque más de 85 por ciento
de cultivos transgénicos sembrados fueron diseñados para
ser tolerantes a éste, lo que permitió usar grandes volúmenes.
Monsanto
lo patentó en 1974 y desde entonces sostuvo que no es muytóxico
y que solamente afecta las hierbas. Pero la empresa sabía desde
hace décadas, advertida por sus propios investigadores, que tiene
efectos dañinos en humanos y animales, incluso cancerígenos.
Tomó 41 años para que la Organización Mundial de
la Salud declarara, a partir del trabajo de un equipo interdisciplinario
de 17 expertos en cáncer de 11 países, que efectivamente
el glifosato es cancerígeno en animales y probable cancerígeno
en humanos. El equipo analizó cientos de estudios científicos
y llamó el glifosato probable cancerígeno en humanos porque
no es posible hacer pruebas de laboratorio con humanos para confirmar
la hipótesis. Se hicieron en células humanas, in vitro.
Revisaron gran cantidad de evidencias en países escandinavos,
que muestran una relación entre exposición a glifosato
y surgimiento de cáncer linfoma no Hodgkin.
Que
Monsanto, ahora propiedad de Bayer, sabía de la alta peligrosidad
del glifosato se demostró en cortes de Estados Unidos, donde
a la fecha hay más de 100 mil juicios contra la compañía
iniciados por personas afectadas por cáncer debido al uso de
glifosato. Tres cortes sentenciaron cifras multimillonarias a favor
de cuatro demandantes –antes de las apelaciones, más de
2 mil millones de dólares. La Corte reconoció una cantidad
abrumadora de evidencias de que Monsanto sabía de los daños
y lo ocultó intencionalmente para seguir vendiendo el tóxico.
Según la primera sentencia a favor de Dewayne Johnson, Monsanto
actuó con "malicia" y "negligencia". Todo
para seguir obteniendo ganancias a expensas de la salud de la gente
y la contaminación de agua, alimentos y naturaleza (https://tinyurl.com/juicio-Monsanto).
Es
la misma lógica que defiende el Consejo Nacional Agropecuario
(CNA) en México cuando reclama que se debe seguir usando este
tóxico, así como defiende también el uso de otros
agrotóxicos altamente peligrosos y prohibidos en otros países,
como paraquat. Los afectados por glifosato, en particular los agricultores
que lo usan y sus familias, deberían guardar las evidencias de
estas declaraciones y las de Bayer-Monsanto y otras compañías
que siguen vendiendo el glifosato sin advertir sobre sus altos riesgos.
Podrían ser útiles si deciden seguir el camino de más
de 100 mil agricultores estadunidenses afectados por cáncer y
otras enfermedades causadas por el uso de glifosato bajo falsas advertencias
de baja toxicidad.
No
es extraño que el CNA defienda el glifosato y el uso de venenos
pese a las muchas evidencias que existen sobre sus riesgos y a despecho
de la salud de los trabajadores agrícolas y los consumidores.
Muchos de sus socios, hacendados y empresarios, rara vez pisan el campo:
los fumigados con glifosato y otros agrotóxicos son sus peones
y jornaleros, a quienes consideran materia descartable, abundante y
remplazable. Además, en su directiva, a través de la Asociación
Mexicana de Semilleros, están representadas Bayer-Monsanto y
otras trasnacionales de agrotóxicos y semillas transgénicas,
que son las que más ganan con la venta de agrotóxicos,
controlan casi la totalidad de ese mercado en México y el mundo.
El
argumento de que sin glifosato se afectará "la autosuficiencia
de México" es falaz en muchos sentidos. Para empezar, lamentablemente
hay muchos otros agrotóxicos en el mercado, también de
alta peligrosidad, como documenta Rapam, que también deberían
ser prohibidos (https://tinyurl.com/rapam-pap).
Con
la prohibición de agrotóxicos y cambio de forma de producción
agrícola, lo que más se afectará no son las necesidades
alimentarias de la población en México, que sobre todo
se atienden desde la producción campesina y en menor escala,
sino las ganancias de las trasnacionales que dominan la venta de agrotóxicos
y semillas, la producción de forrajes para la gran industria
pecuaria y unos pocos productos más de exportación. Como
explica Ana de Ita, estas actividades se han convertido en jugoso negocio
de unas cuantas empresas que producen para sus propias ganancias y cínicamente
le llaman "autosuficiencia de México" (https://tinyurl.com/autosufi-AnadeIta).
También
hay campesinos y agricultores chicos que usan glifosato para desyerbar,
en parte por no conocer el alto riesgo en que ponen su vida, familia
y comunidad. El cambio en estas parcelas es viable, posible y juega
en su favor. Requiere información y apoyo sólido a las
formas de agricultura campesina, sin químicos y desde sus propios
conocimientos y formas de organización.
Está
en juego la salud de todas y todos con modelos de agrolimentación
contrapuestos: sistemas campesinos y locales de alimentación
sana, que afirman la diversidad cultural, dan trabajo a muchos y cuidan
la naturaleza o sistemas industriales para seguir engordando las ganancias
de las trasnacionales, a costa de la salud de la gente y el ambiente.