El
siguiente artículo describe los impactos de la forestación
en el sur de Chile, muy similares a los que esta actividad ha provocado
en nuestro país.
En
los distintos países del mundo donde se ha instalado el modelo
de grandes monocultivos forestales los impactos en la población
aledaña y en el medio ambiente se repiten, dejando como resultado
los mismos impactos negativos: desplazamientos de poblaciones locales,
promesas de trabajo que no se cumplen, uso masivo de agrotóxicos,
fuentes de agua agotadas, deforestación de montes nativos y destrucción
de ecosistemas como la pradera en el caso de Uruguay.
Acorralados
por las forestales
por Patricia Bravo
Interminables filas
de pinos y eucaliptos que se empinan hasta la punta de las colinas es
el monótono paisaje que reemplazó los trigales y bosques
nativos de robles, raulíes y lingues que alguna vez reinaron
en la comuna de Los Sauces. Ubicada en los faldeos de la cordillera
de Nahuelbuta, en la provincia de Malleco, IX Región, esta comuna
predominantemente rural y con un 20% de población mapuche tentó
a las grandes empresas de la madera. Allí están las forestales
Mininco, Arauco, Cautín, Comaco, Casino y Tierra Chilena, entre
otras. Las plantaciones forestales ocupan casi dos tercios de los suelos
cultivables de la comuna y continúan avanzando. Como ocurre en
muchas otras zonas del sur del país, las enormes ganancias de
las empresas de la industria maderera se traducen en pérdidas
en calidad de vida para quienes viven en las localidades y comunidades
mapuche aledañas.
El 33,8% de la población
vive entre la pobreza y la indigencia. En la época del año
de mayor demanda de mano de obra, Mininco –a través de
contratistas- sólo da trabajo a 19 personas de la comuna, con
salarios que oscilan entre los 100 mil y 150 mil pesos mensuales (1).
La actividad agrícola descendió en 22% en los últimos
10 años, forzando a poco más de 1.400 personas a emigrar
a las ciudades (Censos 1992 -2002). La población rural bajó
en 16,4%. Una de las razones es la falta de agua, provocada por las
plantaciones de pinos y eucaliptos. La escasez ha llegado al extremo
que cada verano la municipalidad debe distribuir agua en camiones aljibe
en varios sectores donde ni siquiera tienen para beber, menos aún
para mantener huertas familiares.
Así lo ha
denunciado la Agrupación Nguallen Pelu Mapu (Protectores de la
Tierra), de Los Sauces, advirtiendo que el problema puede extenderse
en corto plazo a la zona urbana ya que las plantaciones rodean los humedales
del sector. “El nivel de agua de los humedales disminuirá
con el paso de los años hasta desaparecer, afectando la biodiversidad
propia del lugar”, señala la organización ambiental.
La presidenta de esta agrupación, Norma Cancino –profesora
de historia y geografía-, varios de sus miembros, el concejal
José Caballieri y una representante de la Red de Acción
en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL),
fueron invitados a participar en una reunión informativa con
dirigentes y miembros de las juntas de vecinos de los sectores rurales
Porvenir Bajo y Porvenir Alto para tratar el problema de la falta de
agua y las consecuencias de las fumigaciones efectuadas por la forestal
Comaco, perteneciente al empresario democratacristiano Italo Zunino.
Los agrotóxicos,
principalmente herbicidas, son esparcidos en forma mecánica o
manual en forma periódica, antes de plantar y durante toda la
primera etapa de crecimiento de los árboles. A los vecinos no
sólo no se les avisa con anticipación, al menos para que
intenten tomar algún resguardo, sino que los plaguicidas han
contaminado ríos, esteros y acequias. Algunos vecinos han visto
a empleados de la empresa forestal vaciando restos de plaguicidas en
las aguas de un estero para luego dejar los envases tirados en cualquier
parte.
Angustiada, María
Martínez, quien vive con su marido en una pequeña propiedad
colindante con las plantaciones de pinos, explicó que la única
fuente de aprovisionamiento de agua que ellos tienen es la proveniente
de ese estero. La ocupan para el consumo familiar, para dar de beber
a los animales y para regar sus sembrados. “Yo he sentido dolores
de estómago”, señaló ella con preocupación.
Diez de sus doce ovejas murieron recientemente y está convencida
que se envenenaron con plaguicidas, “porque la empresa ha fumigado
a la orilla del estero”.
En la reunión
también se denunció la aplicación de agrotóxicos
hasta el borde del camino público. Una acequia que corre paralela
al camino arrastra aguas turbias de sospechoso color blancuzco. “Pudimos
observar que la vegetación de las orillas del camino está
quemada debido a los químicos, y que se han plantado pinos hasta
el borde de los cercos, lo que vulnera las reglas vigentes”, comentó
Norma Cancino. Los vecinos agregaron que en el verano los camiones de
la empresa que van y vienen a todas horas levantan nubes de polvo de
la orilla del camino que ingresa en grandes cantidades en sus casas,
daña el pasto del que se alimentan sus animales e inutilizan
los productos que cultivan en las huertas familiares.
INQUIETANTES PRECEDENTES
Hay razones para
temer a los venenos químicos. Los lugareños recuerdan
que en 1997 murieron una mujer de 70 años y un niño de
14, intoxicados con fumigaciones efectuadas en la comuna por la empresa
forestal Bosques Arauco. En esa ocasión se utilizó un
raticida anticoagulante (Bromadiolona), que también causó
intoxicaciones en otras personas, muerte de animales domésticos
y ganado.
Posteriormente murió
un niño tras haber comido hongos silvestres que su familia, como
muchas otras, recolectaba en el cerro Trenten y consumía con
frecuencia sin haber padecido antes ningún malestar. También
el padre del menor resultó intoxicado, aunque logró salvarse.
Como se desató una polémica respecto de la causa, la municipalidad
encargó un estudio a la Universidad Austral de Valdivia, donde
se indica que “la dispersión incontrolada de grandes cantidades
de sustancias tóxicas como pesticidas (herbicidas, insecticidas,
fungicidas, etc.), empleados en la agricultura, puede convertir en venenosos
hongos silvestres que normalmente son comestibles”. Sin embargo,
hasta hoy en el consultorio de Los Sauces se afirma que no hubo una
conclusión clara de esa investigación. En un cartel colgado
en la pared se le recomienda al público abstenerse de consumir
hongos silvestres “porque es muy difícil diferenciar un
hongo comestible de un hongo venenoso”. Lo que queda claro es
que autoridades locales y jefes de servicios públicos miran para
otro lado ante cualquier indicio de cuestionamiento que lleve a enfrentarlos
al gran poder de las empresas forestales.
Los problemas planteados
en Porvenir son generalizados en la comuna. Y también las sospechas
nunca despejadas. En la comunidad Lorenzo Quilapi Cabetón, en
el sector de Queuque, la mayoría de los jóvenes ha emigrado
en busca de trabajo. “Sufrimos mucho por las forestales”,
dice Pilar Antileo. Su familia ya no tiene huerto, “no se puede
plantar sin agua”. Llegaron a tener 150 aves que les producían
huevos “para el gasto y algo para la venta, pero ahora no se puede
porque los zorros que soltaron las forestales para que se comieran a
los conejos, también se comen a las gallinas”. Después
de una fumigación aérea se intoxicaron varias personas
que consumieron hongos silvestres. “Murió una señora,
Margarita Espinoza. Y un niño de 13 años encontró
unos conejos muertos y los llevó a su casa. Se los comieron y
se enfermaron todos. El niño se murió y su mamá
ha seguido enfermiza hasta hoy. Otra mujer, Mercedes Huenchuleo, fue
al cerro a ver los animales y sintió un olor malo. Se enfermó
y falleció. Dijeron que tuvo un ataque cardiaco”, señala
Pilar. Hay otros casos de muerte dudosa que la gente asocia a los plaguicidas.
En el sector Guadaba
Abajo comenzaron a fumigar con aviones hace tres años, en plantaciones
de la Forestal Cautín. Ireni Polma, de la comunidad Antonio Pailaqueo,
dice que a su familia se les murieron las abejas y que ella desde entonces
padece de una alergia permanente en el rostro.
LLUVIA VENENOSA
Los herbicidas más
utilizados en Los Sauces son simazina y glifosato (conocido por nombres
comerciales como Rango y Roundup). Aunque el primero de ellos se vende
en Chile con etiqueta “verde” (indicativo de una supuesta
baja toxicidad) y sólo se señala que es “ligeramente
tóxico para las abejas”, está prohibido en la Unión
Europea desde 2002. Diversos estudios científicos han demostrado
que se acumula en el agua (es de muy lenta disolución) y que
el consumo prolongado del agua contaminada podría tener efectos
perjudiciales para el ser humano (posibles efectos cancerígenos)
. En España, la simazina se aplicó durante muchos años
en los olivares, pero fue prohibida en 2005 después de haber
provocado una masiva mortandad de peces y de detectar que aguas subterráneas
cercanas a embalses destinados al abastecimiento de la población
estaban contaminadas.
El glifosato, de
menor costo que otros herbicidas, se usa profusamente en América
Latina, en especial en cultivos transgénicos con resistencia
a este agrotóxico. Eso significa que elimina todas las especies
vegetales, excepto aquella que se ha deseado proteger mediante manipulación
genética.
“A las empresas forestales les interesa que los pinos y eucaliptos
crezcan rápido, sin competencia de otras especies vegetales y
sin plagas. No les importa que de paso se elimine la diversidad biológica”,
señala María Elena Rozas, coordinadora nacional de RAP-AL.
Recuerda que los herbicidas se usaron ampliamente en la guerra de Vietnam
para eliminar los bosques y facilitar así los bombardeos a la
población. “Ahora se usan ampliamente en las plantaciones
forestales, sin preocuparse por la contaminación de las fuentes
de agua y los enormes daños que los herbicidas provocan a la
salud de las personas y de los animales que habitan en las proximidades”,
agrega.
La especialista
de RAP-AL explica que “para que el glifosato sea efectivo se debe
usar combinado con otros químicos que traspasan la superficie
de las plantas, penetran en el organismo de seres humanos y animales,
y potencian su acción tóxica. Un veneno como el glifosato
puede provocar severos daños en la piel, abortos, daños
oculares, lesiones genéticas e incluso la muerte. Silvino Talavera,
un niño campesino de Paraguay murió después de
recibir un baño con un cóctel de plaguicidas cuando transitaba
por un camino aledaño a plantaciones de soya. Era principalmente
glifosato, según se estableció en los análisis
de laboratorio que sirvieron de prueba en el juicio que entabló
y ganó su familia”.
En su opinión, el Estado debe establecer estrictas regulaciones
para las fumigaciones aéreas y terrestres a nivel nacional, fiscalizar
que se cumplan, y cancelar el registro de sustancias químicas
tóxicas. “No hay excusas para permitir el uso de estos
venenos si existen alternativas viables económicamente y sustentables
en lo ambiental para el manejo de suelos, hierbas, insectos y enfermedades
que pueden convertirse en plagas. Las autoridades de los ministerios
de Agricultura, de Salud y del Trabajo, que son las encargadas de reglamentar
y fiscalizar las actividades de las forestales, no pueden seguir desconociendo
esta situación y actuando con debilidad mientras las comunidades
padecen cada vez más”, enfatiza María Elena Rozas.
NO MAS SUBSIDIOS
En Los Sauces, la
Agrupación Nguallen Pelu Mapu, junto a las organizaciones vecinales
de los sectores más afectados, plantea demandas muy concretas
a las autoridades locales. Entre ellas, normas estrictas para el uso
de plaguicidas; retirada de las empresas forestales a un mínimo
de 400 metros de las fuentes de agua y a 200 metros de linderos y caminos;
creación de una Comisión Ambiental Comunal, e incentivos
para la plantación de especies nativas. Y algo más: “Que
se terminen los subsidios forestales a las plantaciones exóticas;
y se estimulen otros modos de recuperación de suelos, como el
cultivo de plantas alternativas a la producción de madera (castaño,
avellanos, murilla, rosa mosqueta, olivos u otros)”.
Desde 1975 y durante
casi 20 años, bajo la dictadura y durante gobiernos de la Concertación,
el Estado subsidió a la empresas forestales con rebaja de impuestos
y una bonificación del 75% del costo de las plantaciones, manejo
y administración. Todo, por virtud del DL Nº 701. Sólo
en los últimos años se modificó este decreto ley,
traspasando los beneficios a medianos y pequeños propietarios
agrícolas como una forma de “recuperar suelos erosionados”
y “apoyar el desarrollo económico y social de las comunidades
rurales”.
En la práctica
ha significado sumar numerosas pequeñas plantaciones de eucaliptos
y pinos a las ya existentes, incluyendo fertilizantes y plaguicidas
en el paquete de subsidios bajo la complaciente mirada de CONAF, INDAP
y municipalidades. La falta de recursos para destinarlos a inversión
no ha permitido a estos productores desarrollar –como se anunció-
nuevas líneas de producción para darle valor agregado
a la madera y obtener un mayor rendimiento. En vez de fabricar muebles,
o puertas y ventanas, han tenido que conformarse con vender su producto
a las grandes empresas que continúan exportando exitosamente
toneladas de astillas y rollizos.
PATRICIA
BRAVO
(1) Tesis de título
“Principales ámbitos de influencia de la actividad forestal
en territorios locales: el caso de la comuna Los Sauces en el Cluster
Forestal de la Araucanía”, de Carmen Fuentes Viveros y
Patricio Contreras Fuentes, 2006. Fundación para la Superación
de la Pobreza, Programa Servicio País. Universidad de Chile,
Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Escuela de Geografía.
Artículo publicado en la revista Punto Final, octubre 2006.