Argentina:
el pseudo-granero contaminado
08-09-10 Por Dra Graciela Gomez
Lo
bio, orgánico, sano jamás podrá coexistir rodeado
de monocultivos transgénicos al igual que las casas, escuelas
y cursos de agua. Una manzana podrida pudre al resto, la contaminación
es inevitable. ¿Qué debemos hacer para que se den cuenta?
Sembrar amaranto alrededor de cada huerta como zona de resguardo ambiental?
¿Alambrar escuelas, rutas y ríos como las plazas cárceles
de Capital Federal? ¿Enviar todas las colmenas al planeta Marte
para preservar las pocas abejas que nos quedan?
Lejos
de los deseos e iniciativas de países como Canadá y
la Unión Europea, Argentina sólo piensa en destruir
más, envenenar más y regalar más recursos en
detrimento del futuro del país. Mientras los wordshops de los
envenenadores se multiplican, los agroshopings se destacan por los
insultos que desde los palcos propinan sus mayores exponentes, sin
esconder que sus deseos son menores retenciones y más subsidios
para sus vacas obesas de feedlot sin regulación. Lo bio y lo
magro para ellos es una utopía de soñadores y el estado
el enemigo. Cada campo es una nación un estado aparte donde
todo se puede. En este sentido experimentar con la genética,
regar de químicos, desviar cursos de agua, inundar, desforestar,
y principalmente matar al vecino. El verde dólar es la finalidad
a toda costa y algunos gobiernos los acompañan con un guiño
en un ojo y un látigo en la mano.
Una
especie de encuentro sadomasoquista del granero del mundo. Las complicidades,
omisiones y falta de programas sustentables sumergen las palabras
de la primer mandataria al olvido y a carteras que deambulan. Crear
insumos y milanesas de soja con pesticidas difícilmente puedan
pasar los controles de cualquier organismo serio y mucho menos llegar
al puerto.
Pero
el soplo bio se está haciendo oír con más fuerza.
El Sector biológico de Quebec en Canadá, desea que la
producción se eleve a las 50.000 hectáreas cultivadas
de modo biológico al 2013. Para ese año se quiere no
sólo duplicar la oferta de productos bio, sino estimular la
confianza de los consumidores y disminuir los riesgos de contaminación
por los organismos genéticamente modificados (OGM).
También
ambicionan crear "cadenas de valor", a la imagen de la que
se desarrolló en el trigo bio, transformado en harinas, luego
en panes y en pastelerías. Una decena de productos a alto valor
añadido podría ser desarrollada así, según
Alain Rioux, director general bio del Sector, cuyas oficinas están
situadas en Lévis.
Los
productores bio de Quebec colman apenas el 30% de las necesidades
interiores, los grandes minoristas, que tendían a privilegiar
la cantidad más bien que la calidad, están ahora en
la búsqueda activa de productos locales sanos. El primer plan
de acción del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación
(MAPAQ) se conoció a finales de julio. Los objetivos son aumentar
en casi un 20% las zonas sin abonos químicos ni plaguicidas
y en un 26% el número de empresas agrícolas debidamente
certificadas en 2013 para superar las 50.000 hectáreas y 1.300
empresas ecológicas.
En
la Argentina sucede otra cosa. “La Nación no está
formada por una sola realidad, sino por un conjunto de diversidades
que debemos priorizar”, señaló el titular de Agricultura
Julián Dominguez. “El desafío es lograr mayor
producción con más productores en los campos, por eso
el rol de las economías regionales resulta fundamental”.
Linda frase, tardía para mi gusto, cuando las economías
regionales han casi desaparecido o mutaron al poroto estrella.
Seguramente
al decir la frase no pensó que lo bio, orgánico, sano
jamás podrá coexistir rodeado de monocultivos transgénicos
al igual que las casas, escuelas y cursos de agua. Una manzana podrida
pudre al resto, la contaminación es inevitable. ¿Qué
debemos hacer para que se den cuenta? Sembrar amaranto alrededor de
cada huerta como zona de resguardo ambiental? ¿Alambrar escuelas,
rutas y ríos como las plazas cárceles de Capital Federal?
¿Enviar todas las colmenas al planeta Marte para preservar
las pocas abejas que nos quedan?
Los
productores de ésos países esperan controles más
severos de las semillas para evitar perder mercados de exportación
tan lucrativos como rigurosos. Para realizarlo el Sector biológico
de Quebec podrá contar con un presupuesto de 250.000 dólares
anuales destinado por el MAPAQ por los tres próximos años.
Dado
que esta aplicación depende de la confianza del consumidor
en la designación orgánica, la organización tiene
la intención de darla a conocer.
Ningún
pasquín local publicó que el 26 de agosto pasado en
Ginebra, se añadieron nueve nuevos productos químicos
en el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes
(COPs) sustancias bioacumulativas y tóxicas químicos
que se encuentran en algunos productos de consumo común en
la actualidad. "La inclusión de estos 9 COPs del Convenio
de Estocolmo demuestra que los gobiernos de todo el mundo se comprometieron
a reducir y finalmente eliminar los productos químicos en toda
la comunidad mundial, a fin de impulsar la salud pública, contribuir
al desarrollo sostenible y aumentar las ganancias de la economía
verde", dijo el Sub-Secretario General y Director Ejecutivo del
PNUMA, Achim Steiner.
El
Convenio de Estocolmo determinó que son los plaguicidas y productos
químicos industriales los que pueden matar a personas, dañar
el sistema nervioso e inmunológico, provocar cáncer
y desórdenes reproductivos e interferir con el normal crecimiento
de los bebés y alterar el desarrollo infantil.
Los
nueve nuevos productos químicos enumerados en los anexos A,
B y C del Convenio de Estocolmo son: hexaclorociclohexano alfa (un
subproducto del lindano, potencialmente cancerígena para los
humanos y fauna silvestre); beta hexaclorociclohexano (comparte las
características de alfa hexaclorociclohexano); clordecona (un
plaguicida clasificado como un posible carcinógeno humano tóxico
para los organismos acuáticos); hexabromobifenilo (clasificado
como un posible carcinógeno humano); hexabromodifenilo éter
y éter de heptabromodifenilo (éter de octabromodifenilo
de calidad comercial); lindano (un insecticida usado en semillas,
suelo, tratamiento de la madera utilizado en forma farmacéutica
para el tratamiento de la pediculosis y la sarna); pentaclorobenceno
(muy tóxico para los organismos acuáticos); el ácido
sulfónico de perfluorooctano, sus sales y fluoruro de sulfonilo
perfluorooactane (usado en componentes eléctricos y electrónicos,
imágenes fotográficas, fluidos hidráulicos y
los textiles), éter de tetrabromodifenilo y éter de
pentabromodifenilo (éter de pentabromado-difenil) (producto
químico industrial, tóxico para la vida silvestre).
Recientemente,
en Bruselas, la Comisión Europea trató de hacer caso
omiso de lo que se ha demostrado en varias ocasiones: la abrumadora
oposición de la población de la Unión Europea
a la propagación de organismos genéticamente modificados
(OGM) en su agricultura.
Antes
de que las cosas vayan demasiado lejos, sería bueno examinar
más de cerca los OMG. Allí, los cultivos transgénicos
están muy lejos de ser beneficioso. Es más bien lo contrario.
Contrariamente a los mitos de las relaciones públicas dadas
en su propio interés por los gigantes de la alimentación,
no hay una semilla de OMG que proporcionan un rendimiento superior
a los cultivos convencionales, o que tiene menos necesidad de herbicidas
químicos tóxicos. Por esta sencilla razón, no
hay posibilidad de obtener beneficio.
El
Dr. Mae-Wan Ho, es un genetista y biofísico de renombre. Según
el Dr. Ho, la bomba de tiempo ecológico asociado con los OMG
está a punto de estallar. Tras varios años de constante
aplicación de herbicida glifosato patentados, como el famoso
Roundup de Monsanto, la naturaleza ha respondido desarrollando “super
malas hierbas" resistentes a los herbicidas, lo que exige mucho
más y no menos, a los herbicidas. ABC Televisión, ha
producido un nuevo documental titulado "El súper de los
pobres no puede ser destruido. "y Marie Monique Robin anuncia
su nuevo documental sobre COPs para fin de año.
Como
detalla el libro "Semillas de destrucción" de F.
William Engdahl, los cultivos transgénicos y las semillas se
han patentado y desarrollado en los años 70, gracias al importante
apoyo financiero de una organización pro-eugenesia, la Fundación
Rockefeller, principalmente por las empresas químicas, productos
químicos de Monsanto, DuPont y Dow Chemicals. Los tres estuvieron
implicados en el escándalo del altamente tóxico Agente
Naranja usado en Vietnam, y las dioxinas en los años 70. Al
ser interrogado, el director de desarrollo técnico para Monsanto
Rick Cole, dijo que esos problemas eran "manejables". Aconsejó
a los agricultores usar diferentes marcas de herbicidas producidos
por Monsanto y anima a los agricultores a mezclar el glifosato con
otros herbicidas como el 2,4-D, prohibido en Suecia, Dinamarca y Noruega
por sus vínculos con el cáncer, daños reproductivos
y neurológicos. 2,4-D es un componente del Agente Naranja producido
por Monsanto para su uso en Vietnam en los años 60.
Por
tal motivo muchos gobiernos de la UE aconsejan a los agricultores
a volver a los cultivos tradicionales no modificados genéticamente.
Según el Ministerio de Agricultura, los alimentos orgánicos
han aumentado de 3,6 mil millones de dólares en 1997 a 21,1
mil millones dólares en 2008. El mercado es tan floreciente
que las fincas orgánicas están luchando para proveer
una oferta adecuada ante el rápido aumento de la demanda de
consumo que conduce a la escasez periódica de los productos
ecológicos.
Un
estudio reciente de la Universidad de Iowa y el Departamento de Agricultura,
para evaluar el rendimiento de las explotaciones agrícolas
durante los tres años de transición necesarias para
pasar de la producción convencional a orgánica certificada,
demostró los enormes beneficios de la agricultura orgánica
por sobre las OMG. El experimento que duró cuatro años,
mostró que, aunque los rendimientos fueron menores al principio,
a partir del cuarto año la cantidad producida por cultivos
orgánicos fueron superiores.
Por
otra parte, la Evaluación Internacional de Ciencia y Tecnología
Agrícola para el Desarrollo (IAASTD) después de tres
años de deliberaciones de 400 participantes científicos
y representantes no gubernamentales de 110 países concluyeron
que la agricultura ecológica es la manera en pequeña
escala para hacer frente al hambre, las desigualdades sociales y los
desastres ambientales.
América
del sur no escapa a los resultados cada vez más beneficiosos
de la agricultura tradicional, que no es fomentada ni desde el gobierno
ni desde las altas casas de estudios que sólo promueven el
agronegocio. Un dato revelador me lo brinda el Dr Ingeniero agrónomo
Walter Pengue: “El Instituto de Mato Grosso de Economía
Agrícola de Brasil, demuestra que el coste de producción
de la soja convencional en Mato Grosso para la cosecha 2010/11 es
de 4,0% menor que la de soja transgénica. En promedio entre
los distintos municipios, el IMEA estima una diferencia de R $ 60.88/ha
a favor de la soja convencional.
Un
dato que nuestros científicos venidos a menos, nuestras Universidades
promotoras del agrocidio y el Senasa que hace las veces de ñoqui
de un Estado, donde todos observan pero nadie actúa, deberían
tener en cuenta. Es un resultado de agosto 2010, un mes concluido,
para dar lugar al genocidio de los próximos meses, cuando se
abren las puertas de la cámara de gas a cielo abierto y donde
lo único importante será la cosecha record. www.ecoportal.net
Dra
Graciela Gomez, Septiembre de 2010, Argentina
http://ecos-deromang.blogspot.com:80/
Foto apaisada: Percy Schmeiser, demandó a
Monsanto.