Las
consecuencias de los agrotóxicos se transmiten a las futuras
generaciones
por
Enildo Iglesias
© Rel-UITA, noviembre de 2007
Hace siete años,
con relación a los agrotóxicos, la XII Conferencia Latinoamericana
de la UITA denunciaba que nuestros afiliados en la agricultura deben
escoger “entre morir de hambre o morir envenenados”. Y entre
otras medidas resolvió dirigirse a la Organización Mundial
de la Salud (OMS) solicitándole que en la misma forma que recomendaba
que en las cajillas de cigarrillos figuraran fotos con las posibles
consecuencias del hábito de fumar, también en los envases
de los agrotóxicos figuraran fotos con las lesiones que el producto
puede ocasionar, con la finalidad de orientar tanto al trabajador como
al médico tratante
La OMS, posiblemente
presionada por el hecho de que algunas compañías productoras
de agrotóxicos también producen medicamentos y tienen
gran peso en la organización, no atendió la solicitud.
Con el paso del
tiempo el tema adquiere cada vez mayor vigencia. Recientes investigaciones
muestran que, al contrario de lo que se pensaba anteriormente, el comportamiento
y las condiciones ambientales pueden programar el ADN de los niños.
Este nuevo descubrimiento sobre como los genes interactúan con
el ambiente, sugiere que muchos productos químicos pueden ser
más peligrosos de lo que hasta ahora se creía. Está
cada vez más claro que los efectos de la exposición tóxica
pueden transmitirse a través de las generaciones, de una manera
que todavía no se entiende completamente. “Esto introduce
el concepto de la responsabilidad en genética y herencia”,
afirmó el Dr. Moshe Szyf, investigador de la Universidad McGill
de Montreal, Canadá. “Esto puede revolucionar la medicina.
Usted no sólo come bien y se ejercita para sí mismo, sino
para su descendencia”, comentó el científico.
El nuevo campo de
investigación genética, llamado epigenética, estudia
lo que ciertos investigadores están denominando como “segundo
código genético”, un sistema que influye en el comportamiento
de los genes en el cuerpo. Si el ADN es el hardware de la herencia,
el sistema epigenético sería el software. Dicho de otra
forma, si comparamos la herencia genética con una computadora
(hardware) el sistema epigenético serían los programas
(software) que le permiten realizar distintas tareas. El sistema epigenético
posee una suerte de conmutador que determina cuáles genes actúan
(“on”) y cuáles no (“off”) y que cantidad
de cierta proteína pueden producir.
Este sistema de
conmutación determina qué material genético de
cada célula influye en la creación de proteína,
cuáles proteínas serán manufacturadas, en qué
secuencia y en qué cantidad. Las proteínas, que son los
bloques del edificio de nuestro cuerpo, también son los productos
químicos y las hormonas de nuestro organismo que determinan,
en gran parte, cómo miramos, cómo nos sentimos, incluso
cómo actuamos.
Ahora, parece que
el sistema químico de conmutación también puede
actuar al revés. En la mayoría de los casos, los cambios
epigenéticos (cambios de ADN por las actuales condiciones ambientales)
no pasan de los padres a sus descendientes. Los científicos todavía
no están seguros cómo, pero los genes al parecer emergen
“limpios” después que el esperma fertiliza al huevo.
Sin embargo, de acuerdo a datos recientes, la noción que cautiva
a algunos investigadores es que los cambios genéticos influidos
por nuestra dieta, nuestro comportamiento o nuestro ambiente, pueden
traspasarse de generación en generación.
En promedio, cada
año el gobierno de los Estados Unidos registra 1.800 nuevos químicos
y cerca de 750 de éstos son productos que apenas pasaron las
pruebas relacionadas con la salud o los efectos ambientales. En 2005,
la Unión Europea respondió a esta situación aprobando
una ley llamada Registro, Evaluación y Autorización de
Productos Químicos (REACH por sus siglas en inglés) que
exige que los productos químicos estén debidamente comprobados
antes de ponerlos en venta. “Ningún dato, ningún
mercado”, razonan, con toda lógica en Europa. La industria
de productos químicos de Europa y Estados Unidos -a los que se
sumó la Casa Blanca- comenzó a cabildear para derrocar
la REACH, hasta ahora sin éxito.
El pasado mayo,
un grupo de 200 científicos provenientes de todo el mundo redactaron
un documento (“Declaración de Islas Feroe”) donde
previenen que la exposición temprana a los productos químicos
comunes, permite que los bebés tengan mayores probabilidades
futuras de desarrollar enfermedades serias más adelante en su
vida, incluyendo diabetes, trastorno de déficit de atención
(ADD por su sigla en inglés), ciertos cánceres, desórdenes
de la tiroides y obesidad, entre otras.
Lo importante es
que los científicos están urgiendo a los gobiernos a no
esperar por una mayor certeza científica, sino a tomar ahora
una acción preventiva para proteger a fetos y a niños
contra exposiciones tóxicas. Mientras, la mafia de los agrotóxicos
sigue embolsando dinero.
Basado en el artículo: “Some Chemicals are
More Harmful Than Anyone Ever Suspected”, de Peter Montague. En
Rachel’s Democracy & Health News