PLAGUICIAS
EN LÁCTEOS, ALTO RIESGO PARA BEBÉS Y NIÑOS
Por Amalia Beatriz Dellamea
Centro de Divulgación Científica - Facultad de Farmacia
y Bioquímica
1 de Abril 2006
Plaguicidas que fueron prohibidos hace ya tiempo en la Argentina, siguen
"apareciendo" en productos de origen animal, especialmente
en lácteos, como leches maternizadas, yogures y postres que consumen
de modo privilegiado bebés y niños, señalan estudios
realizados por toxicólogos de la Facultad de Farmacia y Bioquímica
de la UBA. Pero, afortunadamente, dicen los investigadores, hay solución
para este problema.
"Analizamos 50 muestras de leches maternizadas y 51 muestras de
yogures y postres disponibles en el mercado. Hallamos que solo el 10
por ciento de ellas estaba libre de los plaguicidas cuya presencia queríamos
detectar, dada su peligrosidad, especialmente para los bebés
y niños", explicó la doctora Edda Villaamil Lepori,
profesora asociada de la cátedra de Toxicología y Química
Legal y directora del equipo de científicos.
Los investigadores buscaban detectar la presencia de residuos de plaguicidas,
algunos de los cuales fueron prohibidos ya hace tiempo en la Argentina,
y de otras sustancias tóxicas cuyo uso se halla estrictamente
restringido. "Si bien estudiamos un conjunto amplio de componentes
de diversos plaguicidas, centramos la atención en los plaguicidas
organoclorados, conocidos por las siglas POC, puesto que son extremadamente
persistentes y se acumulan en la cadena alimentaria", relató
Villaamil.
Téngase en cuenta que el DDT, prohibido en la Argentina hace
más de una década por el Servicio Nacional de Sanidad
y Calidad Agroalimentaria (SENASA) sigue dejando rastros en diversos
alimentos, pero principalmente en la leche humana y la vacuna. Los POC
son tan persistentes que pueden seguir apareciendo en alimentos aun
40 años después de que ya no se utilicen.
"La leche es una vía de eliminación de los POC, pero
es también, y primordialmente, una vía de exposición
de los bebés y niños a estos potentes tóxicos.
De hecho, el grupo más sensible son los recién nacidos
y los niños de corta edad, y recién después los
adultos", señaló la especialista de la UBA.
Los lactantes y niños consumen más calorías por
unidad de peso corporal que los adultos. Pero, más grave aún,
consumen una variedad muy restringida de alimentos. Tanto es así
que, para los lactantes, la única fuente de nutrientes es la
leche materna o las fórmulas infantiles elaboradas sobre la base
de leche vacuna. Para los chicos de seis meses en adelante, que comienzan
a consumir dietas mixtas, la leche y otros productos lácteos,
como yogures y "postrecitos" siguen siendo componentes mayoritarios
de la dieta. Entonces, si se considera que la leche materna y de vaca
constituyen vías de eliminación privilegiadas de plaguicidas
organoclorados, puede comprenderse cabalmente la gravedad del problema.
"Los bebés y niños están expuestos 10 veces
más que los adultos a los efectos de estos residuos tóxicos",
recalcó Villaamil.
El International Life Science Institute (ILSI) advirtió en 2001
que la exposición prenatal y de niños pequeños
a los POC está relacionada con deficiencias en el desarrollo
neurológico y con la frecuencia de bajo
peso corporal.
Si bien los residuos de plaguicidas detectados con mayor frecuencia
en las muestras de lácteos que estudiaron los investigadores
argentinos eran el heptacloro y su metabolito el epóxido de heptacloro
--presentes en el
57,4 por ciento de las muestras-- no fueron los únicos tóxicos
residuales. "Otras sustancias persistentes detectadas fueron: en
el 53,3 por ciento el grupo del HCH (hexaclrociclohexano); en el 31,7,
DDT total y aldrin-dieldrin; en el 28,7, clordano; en el 18,8, endrin;
y en el 9,9, endosulfán y HCB (Hexaclorobenceno)", explicó
Villaamil.
Pero, afortunadamente, postulan los investigadores, existe solución:
si alrededor del 10 por ciento de las muestras estudiadas no exhibió
la presencia de plaguicidas, quiere decir que los productores de lácteos
destinados a bebés y niños, y en especial de leches infantiles,
deberán tener la cautela de seleccionar partidas de materias
primas libres de tóxicos para elaborar productos infantiles.
"Con lo que -concluyó la especialista-- estaríamos
seguros de no exponer a los chicos a estas peligrosas sustancias tóxicas".