Agroquímicos
como aspirinas: maniobrando contra la agroecología
Está amenazado el proyecto de ley para apoyar la agroecología,
un modo de producir alimentos más sanos sin químicos y
protegiendo el ambiente. El Ministerio de Agricultura se presentó
en el senado con una larguísima presentación pero cortísima
argumentación sobre el tema. Apelando a metáforas como
comparar un controvertido agroquímico con un analgésico,
asoma un intento de trabar esa ley.
Sabemos que el país tiene un serio problema de contaminación
en el medio rural. También sabemos que uno de los factores causantes
es una agropecuaria muy intensiva y que utiliza grandes volúmenes
de químicos, muchos de ellos señalados por ser potencialmente
peligrosos para la salud y el ambiente.
Lo que es
menos sabido es que existe en Uruguay un conjunto importante de productores
rurales dedicados a los agroecología: obtener alimentos sanos,
cuidando la tierra y el agua, y por ello dejando de lado los químicos.
No aplican, por ejemplo, pesticidas para enfrentar las plagas sino que
usan un control biológico. Son el ejemplo de alternativas posibles
para recuperar la calidad de nuestros suelos y aguas.
En el país
funciona una red de agroecología que nuclea a unos doscientos
productores. Pero además, hay una enorme área ganadera
que se presenta como “orgánica” para poder acceder
a distintos mercados de exportación. Esos dos tipos de producción
muestran su viabilidad económica.
Después
de mucho trabajo, se presentó un proyecto de ley de un Plan Nacional
para el Fomento de la Producción con Bases Agroecológicas.
Es una propuesta modesta pero necesaria y contó con la firma
de muchos legislados del Frente Amplio (1).
Pero a pesar
de la modestia de la iniciativa y del respaldo de esos legisladores
frentistas, de todos modos no parece ser aceptable para el Ministerio
de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). La sorpresa es todavía
mayor cuando se conocen los dichos del ministro Enzo Benech y de las
autoridades que le acompañaban al presentarse en una comisión
del senado que trata el tema, ya que casi no hay argumentos sustantivos
(2).
En efecto,
ante los senadores, el ministro Benech indicaba que le importaba proteger
el ambiente, reconoció que se usaban químicos a lo “loco”,
pero… Apareció ese clásico “pero” bajo
el cual se colocan las objeciones.
Aunque la
delegación del MGAP debía analizar ante los senadores
esa ley, en los hechos presentó una larga y compleja sucesión
de recuentos históricos, algunos comenzando en la década
de los años sesenta del siglo pasado, condimentadas sobre viejas
anécdotas y relatos sobre actividades actuales. Se dieron muchas
vueltas, y hasta un legislador cordialmente se quejó. Pero entre
esa nebulosa de dichos asomaba un mensaje: al ministerio no le gusta
el proyecto de ley sobre agroecología.
En las exposiciones
del MGAP hay muchas afirmaciones que deben ser revisadas. Por ejemplo,
el actual director del área de recursos naturales, Fernando García,
sostuvo que la crisis de contaminación en la cuenca del Rio Santa
Lucía surgió “posteriormente” al boom sojero.
Esto es claramente incorrecto, ya que se ha alertado del deterioro de
toda esa área por lo menos desde la década de 1990. Lo
que han hecho ciertas prácticas, como la soja o los tambos, es
acelerar y agravar el problema. Pero esa conexión entre el tipo
de práctica productiva y la contaminación no es explicitada
a los senadores. Es más, la presentación se vuelve confusa
al vincular problemas como el arrastre de sedimentos en el río.
Este es un indicador más que existe un problema en cómo
el ministerio diagnostica la crisis de contaminación en el país
y eso afecta al diseño de los planes para superarla.
Otra vuelta
de tuerca en la presentación a los senadores ocurre cuando la
directora del área encargada de promover la granja, Zulma Gabard,
compara un agrotóxico como el glifosato con la aspirina. Afirma
que nadie “desayuna” el herbicida gflifosato ni aspirinas,
pero cuando hay un problema se usa uno u otro, y la cuestión
es usarlo correctamente. La imagen que se da es que el glifosato es
como una medicina de uso cotidiano, que se vende sin receta, y que se
aplica para aliviar un dolorcito. Pero en realidad, a ese herbicida
se le indican severos impactos ambientales y sanitarios. La comparación
ministerial es barroca y simplista, y otra vez es un indicador que no
entienden los riesgos ambientales en juego. El glifosato nada tiene
que ver con un analgésico, y si se forzara una comparación,
tendría que venderse bajo receta médica controlada y solamente
para ciertos casos por todos las contraindicaciones que involucra.
Tampoco es
posible descartar que no desayunemos glifosato o alguno de sus derivados.
Los datos de los países vecinos muestran que esos químicos
se cuelan en nuestros alimentos, en el agua, y hasta en objetos de uso
cotidiano. En otra nota en esta columna alertaba del hallazgo en otro
país de esos derivados hasta en la leche maternizada que se le
daba a bebés. No sabemos bien que ocurre en Uruguay, y el MGAP
tiene parte de responsabilidad en ello.
Tampoco es
menor que la comparación entre productos peligrosos o cuestionados
con las aspirinas o incluso el agua, haya sido una estrategia repetida
por años por las empresas en todo el planeta. Escuchar esas metáforas
desde las compañías vendedoras de químicos a nadie
sorprendería, y en cambio, uno esperaría que el MGAP le
dijera a los senadores que existe una enorme controversia sobre el glifosato,
que una agencia de Naciones Unidas la calificó como cancerígeno,
que se descubrieron mecanismos de manipulación corporativa de
la información sobre esos químicos especialmente en Estados
Unidos, y que está en marcha un enorme juicio contra su principal
manufacturador. Nada de eso se les explicó a los senadores. Se
les retaceó información clave directamente relacionada
con la ley de agroecología.
Estos son
apenas dos ejemplos que muestran que los técnicos del MGAP tendrían
que ser más precavidos, estar más al tanto de las informaciones
sobre riesgos ambientales, y proveer de mejores análisis a los
senadores.
Está
claro que la agroecología apunta a una estrategia muy diferente
a la que repetidamente defiende el MGAP. Los sucesivos ministros han
apostado por la intensificación, especialmente de monocultivos,
creciente aplicación de químicos, crear un mercado de
servicios de riego, y anular o debilitar los controles ambientales,
amordazar los estudios científicos sobre el agua, y apoyarse
en guías de buenas prácticas o planes de uso del suelo.
La agroecología camina en sentido contrario, desandando el uso
intensivo de químicos, apelando a métodos naturales para
fertilizar o controlar las plagas, y rechaza los transgénicos.
El MGAP quiere un campo que produzca mercadería, y la agroecología
quiere lograr alimentos sanos; el MGAP mira las exportaciones y la agroecología
no reniega del comercio exterior pero le interesa asegurar empleo y
estabilidad a la familia rural.
Como es muy difícil encontrar argumentos de peso para atacar
a la agroecología, en la presentación del MAGP a los senadores
parecería que todo se reduce a que hay un “problema de
definiciones” y a que no desean que la Dirección General
de Desarrollo Rural se encargue del asunto porque ya tiene mucho trabajo.
En efecto,
la presentación de García indica que hay muchas definiciones
y que la FAO (el organismo de Naciones Unidas encargado de la agricultura
y los alimentos) tampoco tiene una definición consensuada. Y
no hay mucho más argumentos explícitos en la postura ministerial.
Permítanme una analogía: estamos en una situación
como si el médico que fuera Ministro de Salud estuviera en la
comisión del Senado y dijera que no está de acuerdo con
una campaña de alimentos sanos sin contaminantes porque hay muchas
definiciones de “salud”.
El ministro
Benech, por su parte afirma que no desea que la Dirección General
de Desarrollo Rural sea la agencia que se encargue de la agroecología.
Su fundamentación: ya tiene mucho trabajo.
Resumiendo
lo observado, la ley de agroecología evidentemente está
en peligro. No hay argumentos de peso. Se insiste en mostrar como estrategia
de salida a la crisis ambiental a un conglomerado de actividades formativas
e instrumentos como los planes para manejar los suelos. Entretanto persisten
los problemas ambientales en el medio rural. Se apela a metáforas
alejadas de la ciencia como la de comparar glifosato con aspirinas,
o a resistencias que es escudan en reclamar una definición mágica,
y paralizarnos hasta no contar con ella.
Al final
de cuentas, tal vez sea lo mejor cumplir con el deseo del MGAP de no
manejar esta ley de agroecología, ya que si estuviera bajo su
responsabilidad posiblemente la paralizarían. Es una cartera
totalmente volcado a otro tipo de agricultura, parecería que
su visión de convivencia es convertir a la producción
orgánica en algo mínimo o testimonial, mientras se repiten
advertencias que no escucha o entiende las alertas ambientales de algunos
grupos de productores. Como es imperiosa una reforma sustancial ambiental
de todo el MGAP, merecería pensarse si entre las áreas
que deben retirársele no debería estar la promoción
de la agroecología.
Pero al margen
de todo eso, el Poder Legislativo debería persistir en aprobar
esta ley en la presente legislatura. Es necesario contar con un marco
en agroecología para fortalecer sobre todo a esas familias rurales
que luchan por otro modo de entenderse con la tierra (3). Es además
importante para constituir alternativas viables que reducen la presión
sobre el ambiente y permitirían recuperar la calidad ambiental
en nuestra campaña. Finalmente, es moralmente indispensable porque
es un modo cristalino de asegurar que nuestros alimentos sean sanos.
Notas
(1) Plan
nacional para el Fomento de la Producción con Bases Agroecológica.
Se declara de interés general y se crea una comisión honoraria
nacional. Agosto de 2016. Proyecto de ley con exposición de motivos
de las señoras Senadoras Patricia Ayala, Ivonne Passada, Daniela
Payssé, Lucía Topolansky y Mónica Xavier y los
señores Senadores Ernesto Agazzi, Saúl Aristimuño,
Marcos Carámbula, Leonardo de León, Rubén Martínez,
en
https://legislativo.parlamento.gub.uy/temporales/751331.PDF
(2) Comisión
Ganadería, Agricultura y Pesca, Senado, sesión con el
ministro Enzo Benech, subsecretario A. Castelar, y su equipo, 5 julio
2018, en
http://planagroecologia.uy/wp-content/uploads/2018/07/Distr.-N%C2%BA-1967-2018_5-julio-2018.pdf
(3) Para
saber más sobre agroecología en Uruguay:
http://redagroecologia.uy/
Eduardo
Gudynas