Aire
tóxico: acusaciones cruzadas sobre plaguicidas
El debate
sobre los efectos de los plaguicidas en la salud humana se instaló
en Uruguay, donde aún no se hacen análisis clínicos
ni estudios epidemiológicos. La academia acusa a las autoridades,
las autoridades se reclaman entre sí, y las denuncias de los
vecinos se disparan.
Seguramente
no suceda con la manzana, la papa, la cebolla o el durazno. Pero tal
vez sí ocurra con el perejil, el tomate, la chaucha, el repollo,
la rúcula o la albahaca: en Uruguay, para muchos de los cultivos
"menores" no hay plaguicidas específicos registrados
porque las empresas que los comercializan no han tenido interés
en hacerlo. Como consecuencia, los productores no tienen otra que
aplicar plaguicidas avalados para otros cultivos. Estiman dosis y
tiempos de espera a su criterio. Si la plaga cede, siguen adelante.
Si no tienen resultados, prueban alternativas. La huella de esta experimentación
queda en las frutas y verduras que comemos. Es invisible, sí,
¿pero qué daño nos genera?
La voz
de alarma la dio el ingeniero agrónomo Pedro Mondino, docente
e investigador en el Departamento de Protección Vegetal de
la Facultad de Agronomía, durante un foro que se realizó
el viernes 14 entre académicos y autoridades. La actividad
se llamó "Impactos y análisis de plaguicidas en
humanos en Uruguay" y tuvo lugar en el Palacio Legislativo.
Allí
Mondino habló de un "uso ilegal" de productos no
autorizados. Dijo que el hecho de que haya residuos de agroquímicos
en lo que comemos, o no, "es una mera casualidad". Y para
este informe, agregó: "Es un uso temerario, a ciegas",
pero no por "maldad", sino más bien porque los productores
no ven otra "salida".
Mondino
puso la bomba pero no escuchó el estallido, porque en el foro,
que desarrolló el Núcleo Interdisciplinario Colectivo
TÁ junto a la senadora blanca Carol Aviaga, no hubo representantes
del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). De
la Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA),
que se ocupa entre otras cosas del registro y control de agroquímicos,
mandaron una carta excusándose de la ausencia por motivos de
agenda y saludando la actividad.
Con el
paso de los días comenzaron los ecos. "Sí, es así",
dijo el también ingeniero agrónomo Pablo Pacheco, especialista
en calidad de frutas y hortalizas del Mercado Modelo. La "característica
burocrática del registro", que depende de iniciativas
comerciales, se traduce en los hechos en "falta de información"
para los productores e "incumplimiento de la normativa".
Sin embargo, lo que le preocupa a Pacheco es que los residuos de plaguicidas
estén en el espectro de lo aceptado por el Codex Alimentario.
"Si la inocuidad no se altera, no me importa. No es problema
mío", planteó Pacheco.
Desde Roma,
donde participa de una actividad de la FAO, el ingeniero Federico
Montes, titular de la DGSA, rechazó que su ausencia se pueda
entender como un acto de "negligencia o desinterés".
"Por el contrario, reafirmamos nuestro compromiso con políticas
de intensificación sostenible que arrancan en los cuidados
de la salud y el medio ambiente", escribió.
Montes
también reconoció el problema que destapó Mondino:
"Es cierto que los productores de los llamados cultivos menores
necesitan contar con agroquímicos registrados para su uso.
Según el decreto 149/977, dichos registros solo los pueden
hacer empresas o personas jurídicas. Quiere decir que no es
el MGAP el responsable de registrar productos para determinados usos.
Insisto. Son las empresas las que deben presentar la solicitud".
El jerarca
mencionó que puede haber situaciones similares en otros rubros,
como el de un grupo de consumidores que quiere contar en el mercado
con un champú para controlar la caspa y no lo consigue porque
no está registrado. "En ese caso, ¿es obligación
del Ministerio de Salud (MSP) registrar el champú anticaspa,
con tal o cual marca comercial, sin que las empresas propietarias
de la marca estén de acuerdo?", se preguntó.
Es cierto:
este mismo problema se da con algunos medicamentos que son clave para
ciertas enfermedades, pero los laboratorios no muestran interés
en el mercado uruguayo. Amparado en decretos regulatorios, el MSP
ha tomado la misma postura que el MGAP. Sin embargo, en más
de una oportunidad la Justicia ha obligado a las autoridades sanitarias
a tomar una actitud proactiva para conseguir los medicamentos a como
dé lugar.
"No
es un tema fácil", concede Mondino, el disparador de la
polémica. "Uno no puede obligar a las empresas a vender
algo que no les resulta productivo". De todas formas, cree que
"habría que pensar en algún sistema de registro
diferente o hacer habilitaciones parciales para ciertos cultivos o
frente a determinada plaga".
Controles
y reclamos entre salud y ganadería
Los plaguicidas
y sus efectos (en su mayoría inciertos) para la población
dividen aguas incluso entre integrantes del gobierno. Carmen Ciganda,
directora de Salud Ambiental y Ocupacional de Salud Pública,
reclamó públicamente ser parte en el proceso de aprobación
de los agroquímicos. Pero desde el MGAP, el titular de la Dirección
General de Servicios Agrícolas (DGSA), Federico Montes, respondió
que la solicitud nunca fue formal y dijo a El País: "El
MGAP basa su trabajo en el marco legal vigente, que establece que
el registro y la autorización de venta de los productos fitosanitarios
de uso agrícola se gestionarán ante la DGSA". El
registro de un agroquímico pasa por etapas de evaluación
química, toxicológica y agronómica. La división
cuenta con 10 funcionarios para controlar a productores, aplicadores
y empresas vendedoras de agroquímicos.
Ansiados
datos
Entonces,
aquella huella invisible que tan difícil resulta borrar, ¿nos
está dañando o no? Sobre esto, desde la academia también
tiran dardos hacia los organismos involucrados.
"En
cuanto a alimentos, Bromatología de la Intendencia de Montevideo
toma muestras en el Mercado Modelo pero sus resultados no son públicos
ni claros. Nosotros pedimos información y nos dieron un informe
que era una vergüenza. Una fotocopia en blanco y negro en la
que no se especificaba de qué verdura se hacía la muestra.
Por uno o dos años, además, no había registro
de datos", aseguró para este informe Pablo Galeano, docente
de la Facultad de Química y miembro del Núcleo Interdisciplinario
Colectivo TÁ. "Mientras no haya monitoreos serios y sistematizados,
vamos a estar en la chiquita", agregó.
Galeano
sabe que "la industria dice que la presencia de residuos de plaguicidas
está dentro de lo permitido por el Codex". Pero estos
parámetros, establecidos por la FAO y la OMS y adoptados por
el MSP, no son los únicos, y las reglamentaciones de la Unión
Europea, por ejemplo, manejan otros valores.
Pablo Pacheco,
del Mercado Modelo, no suele hablar con los medios sobre este asunto
por los "prejuicios" que hay. Sin embargo, esta vez quiere
resaltar que el peligro que corren quienes se exponen directamente
a los plaguicidas es "mucho mayor" que el que enfrentan
quienes consumen un alimento con el residuo de un producto que fue
diluido en agua y que sufrió efectos ambientales varios —lluvia,
Sol— que degradaron su molécula.
"No
es que esté todo bien", aclara, y "por eso hay límites
establecidos". En ese sentido, procuró transmitir tranquilidad:
"En los últimos 386 análisis, realizados en 2017,
hubo una sola muestra no reglamentaria". Otros años ha
habido peores resultados. En esos casos, el protocolo indica que hay
que visitar la chacra e identificar la raíz del problema. Y
si hay una segunda muestra negativa, se comunica a la DGSA para que
aplique una sanción.
El Mercado
Modelo hace su análisis, las cadenas de supermercados también,
y a su vez Bromatología toma muestras en puntos de venta minoristas.
Los análisis son muy caros —en el mercado van de los
250 a los 600 dólares—, pero en el laboratorio de Bromatología
el Mercado Modelo los hace al costo. Allí es donde tienen la
mejor capacidad de respuesta a la demanda. Sin embargo, ahora hace
seis semanas que no se analizan muestras porque los equipos están
en mantenimiento.
Pacheco
contó que la toma de muestras se hace por iniciativa del Mercado
Modelo desde 2004 (con algunos períodos de interrupciones).
En aquel momento "no había mucha institucionalidad ni
información sobre el tema, y se quiso empezar a generarla".
Antes había un "absoluto desconocimiento" y reinaba
la percepción de que era "una cancha libre, sin juez":
qué producto usar, en qué dosis, todo quedaba sujeto
a la responsabilidad individual. A su juicio, se ha evolucionado mucho
en cuanto al control y las buenas prácticas agrícolas,
y la cantidad y el tipo de productos que se usan en frutas y verduras
conllevan una seguridad mucho mayor que 20 o 30 años atrás.
El proceso
que describe Pacheco coincide con otro que viene haciendo la DGSA.
A nivel mundial existen unos 900 principios activos registrados, dice
Montes, pero Uruguay cuenta con 300. "Y como estamos ocupados
en promover sistemas de producción sostenibles con la salud
y el ambiente, en diciembre de 2016 eliminamos del registro al 75%
de los principios altamente tóxicos para el ser humano. Hoy
quedan principalmente los que se usan para tratamientos de desinfección
requeridos por protocolos internacionales", aseguró.
Mientras
tanto, las denuncias por presunto uso indebido de agroquímicos
en la DGSA vienen en aumento sostenido desde 2011, con excepción
de 2016 cuando se registró una baja. En 2017, año récord
en cantidad de denuncias, hubo 166. Y en los primeros dos meses de
2018 se recibieron 23. Montes aclaró que solo el 10% de las
denuncias se confirman.
Ansiados
estudios
Carol Aviaga
no tiene formación en temas ambientales, pero recibió
la misión explícita de Luis Lacalle Pou de "preocuparse
y ocuparse" del asunto. Y así lo ha hecho. En los tres
años que lleva como senadora presentó tres proyectos
de ley: uno para prohibir el uso de herbicidas como controladores
de maleza, otro para regular las fumigaciones aéreas y ampliar
las zonas prohibidas, y un tercero sobre el etiquetado de alimentos
transgénicos, para conocer el "paquete tecnológico"
(inclusive el plaguicida) con el que se produjo. Los tres proyectos
llevan meses o años encajonados en la comisión de Medio
Ambiente.
Agrotóxicos,
trabajadores y forestación
Ahora Aviaga
tiene en proceso una ley nacional de plaguicidas —también
el gobierno se propuso hacer una— y planea presentar también
"un proyecto de agroecología como visión país".
"Voy a seguir en la lucha", anuncia, determinada.
Su derrotero
no ha sido fácil, porque además de que el oficialismo
la ignora, los colectivos como el TÁ, heterogéneos pero
con fuerte arraigo en el oficialismo, le han sido resistentes. Ella
asegura que siempre intentó convalidar sus proyectos con ellos
para que no se los "bombearan".
Una de
sus batallas es contra el MSP para que incorpore análisis de
glifosato en fluidos. En 2016 se reunió con Jorge Basso para
planteárselo. Según ella, en Argentina y Brasil son
baratos y de rutina. Al tiempo volvió a insistir con Basso,
que le terminó admitiendo que no era prioritario en el presupuesto.
Paso seguido, juntó 1.500 firmas y le presentó el pedido
al presidente Tabaré Vázquez. Nunca le contestó.
"Lo
que queremos es saber dónde estamos parados desde el punto
de vista epidemiológico; conocer el impacto del uso masivo
de plaguicidas en la salud humana, tanto de los que están expuestos
directa como indirectamente; y estimular alternativas productivas,
de las que hay experiencias acá y en otros países, y
planificar etapas de transición", resume.
Amalia
Laborde, directora del Centro de Información y Asesoramiento
Toxicológico (CIAT), expuso en el foro que el centro recibe
unas 300 denuncias por año vinculadas a cuadros de intoxicación
por agroquímicos. En la mayoría de los casos (83%) se
desarrollan cuadros leves, el 9% presenta una gravedad moderada y
el 6%, severa, de acuerdo a un relevamiento que si bien toma datos
entre 2002 y 2011, conserva vigencia según ella. El 2% de los
intoxicados por plaguicidas tuvo desenlace fatal, pero en todos estos
casos se comprobó intención suicida con el producto.
La especialista
añadió que la mayoría de las intoxicaciones se
producen por accidentes o manipulación indebida en el ámbito
laboral, por lo que sus víctimas son los funcionarios que aplican
los plaguicidas. Por "contaminación ambiental", el
CIAT ha recibido poco más 70 casos en 10 años y solo
dos presentaban gravedad moderada o severa. Laborde cree que puede
haber subdiagnóstico porque la población no tiene muy
claro a dónde recurrir o los médicos omiten reportar
los casos a CIAT.
Los estudios
en busca de efectos a largo plazo de la exposición a plaguicidas
en la salud humana son un debe en Uruguay, pero no en la región.
En el foro, el investigador argentino Damián Verzeñassi,
de la Universidad Nacional de Rosario, presentó los resultados
de un estudio de largo aliento en el que comprobó la relación
directa entre la exposición continuada a plaguicidas y enfermedades
crónicas como cáncer, hipertensión e hipotiroidismo.
El dato más llamativo refiere a lo oncológico: mientras
en el total de la población argentina la incidencia del cáncer
es de 217 cada 100.000 habitantes, en una muestra de 27 localidades
estrechamente vinculadas a la producción de soja y otros cultivos
que implican uso extensivo de agroquímicos, la tasa trepa a
397 cada 100.000 habitantes.
Tras la
jornada, los técnicos uruguayos y extranjeros acordaron seguir
en contacto. Dicen que es una alianza, no una guerra, aunque algo
está claro: el tema de los plaguicidas irrita, y mucho.
El dilema
en cuatro casos.
Lago
Merín
Denuncias,
temor e incertidumbre
Fernanda
iba en moto por Ruta 18 de Lago Merín a Río Branco (Cerro
Largo). Una avioneta fumigaba un cultivo de arroz lindero. Era el
12 de diciembre pasado cuando el piloto hizo una mala maniobra; tenía
el dispensador abierto y roció a Fernanda con herbicida. A
pesar del casco, la mujer sintió tos y mareos. Paró
y comenzó a vomitar. "Hasta ahora tengo dolores de cabeza
y ardor en el esófago", asegura. El 15 de febrero hubo
otra fumigación cerca del balneario. Beatriz Martínez
repartía la correspondencia y vio la avioneta o más
bien la sintió: "Había un olor a zorrillo espantoso",
recuerda. Algunos vecinos hicieron la denuncia y el MGAP determinó
que la fumigación se hizo respetando las normas. Disconformes,
los lugareños recurrieron a la bióloga Graciela Piñeiro,
quien tomó muestras y testimonios y presentó denuncia
a la Dinama. Fernanda estuvo 10 horas en observación. Su caso
fue denunciado al CIAT pero no hubo seguimiento. "No me hicieron
más estudios". La mujer, de 50 años, tiene temor.
"Dicen que lo que me pasó es grave, que me puede venir
un cáncer".
Guichón
Un pueblo
pionero contra "los mosquitos"
El grupo
"Vecinos de Guichón por los bienes naturales" denuncia
desde 2011 el uso inapropiado de plaguicidas. La ciudad sanducera
está rodeada de cultivos de soja y forestación. "Se
hacían fumigaciones aéreas sin respeto por las distancias",
asegura Marcelo Fagúndez, uno de sus referentes y exedil de
Paysandú. El colectivo recopila casos no solo de la localidad,
sino de otras zonas. En los últimos cuatro años presentó
14 denuncias. La última refiere a la escuela 34 de Zanja Honda
(San José), que tiene un cultivo de soja transgénica
(por lo tanto fumigada) a 20 metros, cuando debería estar a
500. "Tuvimos respuestas de algunos organismos, pero con otros
es imposible", dice Fagúndez, y carga contra la Dirección
General de Servicios Agrícolas, organismo del MGAP encargado
de fiscalizar el uso de plaguicidas. "Nos hacen ir a Montevideo
(400 kilómetros ida y vuelta) a firmar las denuncias. Hemos
intentado hablar con el director (Federico Montes) y es más
fácil comunicarse con el Papa. Nunca tuvimos suerte. Otros
funcionarios nos han destratado", dice.
Paso
Picón
El hombre
que se frotó glifosato (y vive)
Máximo Castilla,
médico y productor, estuvo en el centro de la polémica
tras haber sido denunciado por vecinos en Paso Picón (Canelones)
por uso indebido de plaguicidas en sus cultivos de soja. A tres años
de las primeras multas, hoy Castilla ha modificado su producción.
En 140 de sus 510 hectáreas no puede fumigar para respetar
las distancias reglamentarias con el centro poblado. "Perdí
el 30% de mi capacidad productiva. En esa zona sembré sorgo,
pero sin plaguicida es imposible", dice e insiste en que fue
víctima de una campaña. El caso sigue en la Justicia,
donde Castilla reclama que le levanten multas millonarias del MSP
y la intendencia. En 2016, una foto de Fernando Ponzetto (El País)
le puso rostro al problema: Castilla se frotó glifosato (el
herbicida más usado) en manos y cara. "Hice una demostración.
La gente de la ciudad ve el glifosato como si fuera bomba atómica.
Nosotros convivimos con él. Es de venta libre, se compra como
la lavandina. No digo que sea saludable, ni siquiera inocuo. Pero
tampoco es el monstruo que quieren vender", asegura.
Laguna
del Cisne
Denuncias
terminaron con los plaguicidas
En 2016,
vecinos de Laguna del Cisne (Canelones) se comunicaron con la senadora
blanca Carol Aviaga, que ha hecho bandera de los temas medioambientales.
Los vecinos decían que estaban intoxicados por fumigación
directa. Aviaga acompañó a una señora al médico
y escuchó cómo le diagnosticaba "infección
respiratoria" sin preguntarle sus antecedentes. La mujer tenía
los síntomas típicos que genera la exposición
al glifosato: dificultades respiratorias, alergia, vómitos.
Ante la insistencia de la senadora, el doctor pidió la historia
clínica de la paciente y comprobó que ya había
pasado por un estado similar luego de haber estado expuesta a plaguicidas.
Llamó al CIAT e hizo la denuncia. No se le pidió ningún
análisis, y la señora se volvió a su casa. Durante
2016, la zona, que fue declarada área protegida, acumuló
denuncias de vecinos por fumigaciones que afectaban el agua de la
cuenca. La tensión derivó en que a finales de ese año
la Intendencia de Canelones decidió profundizar las medidas
cautelares de protección y prohibir los plaguicidas allí.
Miguel
Bardesio/ Paula Barquet
22 abril
2018