Sin
vuelta atrás
Por Amanda Muñoz
- La Diaria Canaria - 9 de junio de 2009
Apicultura y biodiversidad
en crisis
El 4 de febrero la apicultura fue declarada en situación de
emergencia nacional, pero el Ministerio de Ganadería, Agricultura
y Pesca (MGAP) poco ha hecho para salvaguardarla. El uso de agrotóxicos
permitido por éste ha matado miles de colmenas en los últimos
años. Lejos de asumir su responsabi-lidad, el organismo hace
oídos sordos a los reclamos y evidencias de los apicultores.
Lo peor de todo es que el deterioro no sólo se visualiza en
la apicultura: el modelo agrícola imperante contamina suelos,
tierras, aguas y seres vivos de toda especie y tamaño, mientras
los sucesivos gobiernos callan, y otorgan.
El jueves 4 de junio la Sociedad
Apícola Uruguaya (SAU) convocó a una movilización
en la que participaron más de trescientos apicultores y apicultoras
de todo el país, afiliados y no afiliados a esta gremial. Desde
hace tres meses solicitan una comunicación directa con el ministro
Ernesto Agazzi. En vehículos de trabajo que transportaban cajones,
vestidos con mamelucos y portando ahumadores, marcharon en caravana
desde el rosedal del Prado de Montevideo, circunvalaron el Palacio
Legislativo y se concentraron frente a la sede del MGAP, en pleno
centro capitalino. Un grupo voluminoso ingresó al hall del
organismo, donde fueron recibidos por funcionarios que dijeron que
el ministro estaba ocupado; ante la insistencia de los apicultores,
cedieron a que ingresaran algunos representantes. Presidente, vicepresidente
y secretario de la SAU, junto a los delega-dos de cada regional del
interior del país, fueron recibidos por Gustavo Morales, asesor
de Agazzi. Mantuvie-ron una conversación que duró alrededor
de una hora y media, en la que los apicultores explicaron la situa-ción;
el asesor escuchaba y cada tanto se dirigía hacia otro gabinete,
para consultar al ministro, que aparen-temente estaba reunido. Finalmente,
el secretario comunicó que Agazzi los recibiría en el
correr de esta se-mana. Ruben Riera, presidente de la SAU, dijo a
este medio que supieron que Agazzi manifestó no conocer en
forma debida la magnitud de los problemas y los reclamos.
Sin embargo, fue la Comisión
Honoraria de Desarrollo Apícola (CHDA) -que funciona en la
órbita del MGAP, presidida por un representante de este organismo-
quien declaró la situación de emergencia el 4 de febrero.
La declaración estampaba el gran descenso de apicultores y
de colmenas: en julio de 2007 había 4.011 api-cultores registrados
y 514.032 colmenas; en agosto de 2008 había 2.804 apicultores
y 432.993 colmenas. Y también indicaba un sucesivo descenso
de la rentabilidad: en ese momento la producción promedio a
nivel nacional se situaba en 10 kilos de miel por colmena en la mayoría
de los apicultores, en situaciones normales cada una produce entre
30 y 40 kilos de miel. Los costos por colmena se cubren recién
a partir de los 20 kilos de producción.
Causas
Por un lado, están los
fenómenos climáticos adversos, ocurridos desde diciembre
de 2006: sequía en el vera-no 2006-2007, exceso de lluvias
en el otoño siguiente, y prolongadas e intensas heladas en
el invierno poste-rior, determinaron que la producción de la
zafra 2007- 2008 fuera baja, y que muchas colmenas no contaran con
la suficiente provisión de miel y polen para la invernada de
2008 (algunos productores debieron alimentar artificialmente a sus
abejas con azúcar). La sequía de la primavera y el verano
pasado agudizó la problemáti-ca, se redujo la producción
y las reservas de alimento para esta invernada, en la que un mayor
número de apicultores deberán suministrar azúcar
a sus colmenas. Las escasas lluvias ocurridas hasta el momento, no
modifican la situación de sequía, y de ser así,
también estará comprometida la próxima cosecha.
A los factores climáticos
se le suma un problema sanitario mundial que padecen las abejas, que
es la parasi-tación provocada por un ácaro llamado varroa,
que se incrementa ante situaciones de stress y debilitamiento.
Pero además de estos dos problemas, se presentan otros, derivados
del modelo agropecuario impulsado en las últimas décadas,
basado en la agroquímica, que merecen una especial atención.
Monocultivos
“Yo creo que la muerte
de las abejas empezó en el año 89, con las grandes masas
forestales del país”, expli-có a este medio un
apicultor que participó de la manifestación. En 1989
se aprobó la ley de forestación, y desde entonces el
número de hectáreas destinadas a estas plantaciones
ha ido en ascenso, desplazando cultivos más fructíferos
para las abejas. El boom de la soja transgénica ocurrido en
nuestro país desde 2003 no hace más que acrecentar el
problema, como también lo incrementa la liberación de
transgénicos autoriza-da por el MGAP en julio de 2008. Los
monocultivos (y más si son transgénicos) requieren de
fuertes aplica-ciones de agrotóxicos, que eliminan otras floraciones
de las que se alimenta la abeja. Esto ha creado un pro-blema nutricional:
el polen es monofloral y su monotonía puede determinar carencias
de aminoácidos, que se traduce en un déficit proteico,
que finalmente acorta la expectativa de vida de las abejas.
Por otra parte, los monocultivos
excluyen los apiarios. En el comunicado de la movilización,
los apicultores señalaron la pérdida del acceso a los
campos a causa de la extranjerización de la tierra y de la
concentración de la propiedad. Denunciaron que: “el Estado
no hace cumplir ni implementa medidas que ya están legisla-das,
como el artículo 8º de la Ley 17.115 de 1999. El acceso
de colmenas a los predios forestales se logra sólo si se paga
en dólares por cada colmena”. Se refiere a la ley de
Desarrollo Apícola cuyo artículo 8º esta-blece
que “aquellos proyectos de explotación agrícola,
pecuaria o forestal que aspiren a ser beneficiados por subsidio público,
incluyendo crédito en condiciones preferenciales, exoneraciones
impositivas o arancelarias específicas, deberán incluir
una adecuada explotación del potencial apícola vinculada
al emprendimiento”.
Agrotóxicos
De la mano de los monocultivos,
llegó el incremento de los agrotóxicos. La Red de Acción
en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina en Uruguay
(RAPAL-Uruguay) elaboró, a partir de datos proporcionados por
la dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA- MGAP),
una tabla que muestra el incremento de las importaciones de insecticidas
tóxicos para las abejas - clorpirifos, endosulfán, cipermetrina,
imidacloprid, fi-pronil, malation- entre los años 2000 y 2008.
En 2000 Uruguay importó 40 toneladas de estos insecticidas,
en 2008 importó 651: “las importaciones de estos seis
insecticidas aumentaron un 1600% en los últimos ocho años,
o dicho de otro modo se multiplicaron por 16 en ese período”,
concluye RAPAL.
Si bien todos estos insecticidas
han causado muertes de abejas, uno de ellos se destacó en los
últimos dos años: el fipronil, cuya importación
pasó de los 300 kilos en 2003 a los 4.000 en 2008. Está
disponible en for-ma de cebo granulado, suspensión concentrada
y polvo mojable. El cebo granulado tiene un uso localizado (se deposita
al alcance de las hormigas), pero el polvo mojable y la suspensión
concentrada se utilizan foliar-mente, por aspersión, y su uso
es más perjudicial. Tiene un radio de acción de al menos
cuatro kilómetros a la redonda del sitio donde se aplica, tiene
acción sistémica sobre la planta (es decir que pasa
a la savia), perdu-ra en ella durante treinta días, y en suelos
y agua durante un año. Mata insectos, peces, aves y es nocivo
para la salud humana y animal en general, la agencia ambiental norteamericana
(EPA) lo identifica como un posible cancerígeno. Fue prohibido
en Francia en el año 2004 debido a la gran mortandad de abejas
que provoca, posteriormente fue prohibido en otros países europeos.
Las primeras muertes de abejas
por fipronil en Uruguay fueron comprobadas a partir de enero de 2008,
tras la fumigación de un cultivo de lotus en el departamento
de Flores, que derivó en la muerte de 2.700 colmenas. Sin embargo,
el 17 de diciembre de 2008 la DGSA autorizó la utilización
de fipronil para combatir la langosta en pasturas, praderas, soja,
maíz y áreas forestadas. Esta extensión del uso
fue letal. Los apicultores se re-unieron con el presidente de la DGSA,
Humberto Almirati para solicitarle que autorizara otros productos
me-nos nocivos para las abejas, mostrando las pruebas de los daños
que provoca el fipronil, como también lo hizo el Instituto
Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), que dispone
de pruebas científicas de los efec-tos mortales que el fipronil
tiene sobre las abejas. Recién el 15 de enero la DGSA habilitó
otros seis productos menos nocivos para combatir la langosta, pero
no prohibió el uso del fipronil, ni difundió debidamente
los pro-ductos alternativos. Recién el 27 de febrero, la DGSA
prohibió el uso de fipronil “en floración de cultivos
de praderas y campos naturales”, lo que es insuficiente, porque
no especifica cuánto antes de la floración puede utilizarse
(si el plazo es menor a treinta días, las abejas se contaminan
igual); tampoco hace referencia a los otros cultivos para los que
fue autorizado.
Miles de colmenas han muerto
y probablemente continúen muriendo, porque el fipronil continúa
presente en suelos, aguas y plantas. Ruben Riera, presidente de la
SAU, explicó a este medio que “en las plantaciones [de
eucaliptos] en el kilómetro 61 de la Ruta Interbalnearia se
debe ir por lo menos en la quinta aplicación de fipronil desde
agosto del año pasado; con una residualidad de un mes, el fipronil
esparcido termina yendo al suelo, a la tierra y al agua, en donde
la molécula persiste hasta un año. Pero hablamos de
una aplicación, lo que no estamos manejando es la sucesión
de aplicaciones, la concentración de fipronil en los suelos
va a ir en aumento y si tiene acción sistémica -si la
planta absorbe la sustancia a través de sus raíces sin
que haya aplicación de fipronil- el néctar y el polen,
particularmente el néctar, va a tener residuos de fipronil,
como ha ocurrido con el imidacloprid. ¿Qué va a pasar
con la vida de las abejas y de otros invertebrados? ¿Y los
pe-ces y las aguas? Los suelos se van a recargar de estos agrotóxicos.
No sabemos si las pocas plantas que hay en flor en este momento no
están segregando un néctar que pudiera tener residuos
de fipronil y en defini-tiva estar matando como si se le hubiera aplicado
foliarmente”.
Los apicultores solicitaron una
vez más la suspensión del uso foliar del fipronil, “que
el MGAP autorice la co-mercialización de agrotóxicos
previa consulta con los ministerios de Salud Pública y de Vivienda,
Ordena-miento Territorial y Medio Ambiente, con apicultores y demás
pobladores que recibirán el impacto de estas sustancias”.
Solicitaron que “se controle efectivamente la importación,
venta y uso de agroquímicos de alta toxicidad”. Una forma
puede ser, por ejemplo, que se venda bajo receta. Al estar disponible
el producto, pue-de usarse por libre albedrío (aunque esté
prohibido). La primavera pasada murieron colmenas en el entorno de
Sauce a causa del fipronil, utilizado por aspersión para combatir
hormigas en viñedos, esta forma es “más económica”
que recurrir a la tarea manual de colocar el cebo granulado (también
los forestales optan por la aspersión).
Sin protección
La Comisión Honoraria
de Desarrollo Apícola está integrada por un representante
del MGAP (que tiene voto doble), uno del Ministerio de Industria,
uno de la SAU, uno de la Comisión Nacional de Fomento Rural
y uno de la Asociación de Exportadores de Miel. En la declaración
de la situación de emergencia se afirmó: “para
que los apicultores superen la próxima invernada necesitarán:
un adecuado manejo sanitario (comprar medi-camentos), alimentar artificialmente
a las abejas, combustible para los desplazamientos y recambios de
rein-as, conseguido esto se podría entrar en buenas condiciones
de producción en la primavera 2009”. Si bien la Dirección
General de la Granja (Digegra) dispuso, a fines de febrero, la autorización
de un fondo reembolsa-ble de 690.000 dólares para comprar azúcar,
a un mes de comenzada la invernada, se desconoce cuándo se
efectivizará la compra. Ninguna empresa se presentó
a la licitación realizada, y esta semana se evaluará
si se llama a una segunda licitación. Se trata de un millón
y medio de kilos de azúcar que deben ser suministrados para
que las abejas sobrevivan la invernada, y ya hay apicultores que la
están necesitando.
Tampoco se han concretado los
créditos de la Corporación Nacional para el Desarrollo
y del Banco Repúbli-ca, anunciados por la CHDA a mediados de
febrero. En realidad, los apicultores no solicitan créditos,
sino una indemnización: que “el Estado disponga de recursos
para compensar a aquellos productores que han sido perjudicados por
la aplicación de medidas emanadas desde sus autoridades”.
Damián Blanco, presidente
de la Sociedad de Fomento Rural Apícola de Canelones (Sofrac)
dijo a este medio que “la cosecha fue desastrosa, una de las
peores en treinta años, los precios de la miel se mantuvieron
es-tables y ahora, por añadidura, tenemos una nueva caída
del dólar” que perjudica a los apicultores porque cobran
en dólares (el 95% de la miel que se produce se exporta). Por
otra parte, Blanco explicó que “aumen-taron los costos
de producción, una de las incidencias más importante
es la del combustible y de la mano de obra, porque aunque haya menos
producción a veces hay más actividad, porque un apiario
en malas condi-ciones hay que visitarlo más veces que uno que
está funcionando bien”. Debe sumársele, además,
el costo de los sucesivos traslados provocados por la huida de áreas
fumigadas; y el aumento en las exigencias para exportación,
entre las que se solicitan salas que tienen altos costos para los
productores.
Los fenómenos descriptos
van en detrimento de la calidad de la miel (polen monótono,
alimentación de abe-jas con azúcar, que tiene menos
propiedades que la miel), que posiblemente esté contaminada.
Los apiculto-res alertan del riesgo de perder los principales mercados
(Unión Europea). Por otra parte, la apicultura va mucho más
allá de la producción de miel, puesto que la abeja es
el principal agente polinizador de cultivos básicos para la
lechería y la ganadería, de la fruticultura y la horticultura,
y su efecto multiplicador de rendi-mientos en todos estos rubros está
más que comprobado.
Amanda Muñoz