“Debemos
pensar qué estamos haciendo con el territorio"
Daniel
Panario, doctor en Tecnología Ambiental y Gestión del
Agua, analizó por qué la frecuencia e intensidad de las
inundaciones es mayor que el incremento de las lluvias.
Nueve
mil evacuados, ocho mil personas sin electricidad, una situación
sanitaria grave y la constatación de que las últimas inundaciones
llegaron a lugares donde hacía más de 30 años que
no se registraban, era el resumen en los últimos días
de una nueva e inesperada catástrofe ambiental. Sin embargo,
no es que no se hayan previsto y que no se hayan tomado medidas.
Sudestada
entrevistó al ingeniero agrónomo Daniel Panario, Doctor
en Tecnología Ambiental y Gestión del Agua, director del
Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de
Ciencias de la Universidad de la República. Por sostener una
visión muy crítica de las políticas oficiales en
materia de suelos y aguas, comentó que le han puesto un nuevo
mote: “terrorista científico”, a pesar de que sus
premoniciones se han venido cumpliendo rigurosamente.
–
¿Cuáles pueden ser las causas de estos eventos?
– Los gobiernos siempre tratan de echarle la culpa al clima y
al cambio climático. Algo de eso es cierto, el cambio climático
en nuestro territorio implica un aumento de la temperatura y de las
precipitaciones. Pero la frecuencia e intensidad con que se están
desarrollando las inundaciones parece ser un problema bastante más
grande que el efecto del cambio climático y la intensificación
de los eventos extremos.
Hubo
inundaciones terribles como las del 50, pero luego pasaban unos cuantos
años sin evacuados. Volvía a ocurrir cinco o siete años
después. Ahora hay un año si, otro no, y a veces todos
los años. Las proporciones son más o menos las mismas,
andan por 8 a 12 mil personas evacuadas. Pero tengamos en cuenta que
las intendencias han ido relocalizando a la gente que vivía en
zonas inundables.
–
Justamente, la cantidad de evacuados puede hacer pensar que no se han
tomado las previsiones necesarias por los comités de emergencia.
– El problema es que cada vez las crecidas llegan más alto.
Se ha relocalizado a algo más de dos mil personas en Durazno,
pero tienen igual ocho mil y pico de evacuados. Ahora bien, cuando las
aguas empiezan a llegar al centro de la ciudad, habría que relocalizar
a casi toda la ciudad y esto no se puede. Entonces, efectivamente está
lloviendo más, es posible que las lluvias sean más intensas,
pero esto no alcanza para explicar el incremento en la frecuencia y
la severidad de las inundaciones. Hay que empezar a pensar qué
estamos haciendo con el territorio.
Causas
adicionales menos perceptibles
–
Hay cosas que vienen ocurriendo desde hace mucho tiempo. En general,
le echamos toda la culpa a la agricultura, que la tiene sin duda en
estos procesos, pero hay procesos silenciosos de los que nadie se percata,
pero que van ocurriendo y se van expandiendo como el cáncer.
Tal es el efecto del sobrepastoreo en zonas bajas, en las concavidades
de las nacientes de las cañadas.
Inundaciones
en Durazno.
Estas
concavidades en el pasado eran pajonales, que funcionaban como una esponja
por la cantidad de raíces que tenían, el mantillo, etcétera.
A este tipo de vegetación el ganado lo come poco, aunque al ganadero
le puede servir en una crisis invernal, porque ahí el ganado
come algo y al menos sobrevive, pero el ganadero sabe que se produce
pastura tierna si se elimina el pajonal. La producción forrajera
será muy buena por ser zonas muy húmedas, pero esto hace
que el agua, al no existir la vegetación natural que las protege,
se encauce en esas concavidades y entonces cuando llueve el agua va
directamente a los ríos.
Es
un proceso que vengo observando desde hace 50 años, cada vez
hay más cañadas encauzadas que antes eran pequeños
pajonales. Esto es una acumulación de pequeños casos pero
que abarca todo el territorio. Nadie lo ve, porque esos procesos que
son lentos se ven poco. Aparentemente creen que ganan una pastura más
tierna para el ganado, pero terminan perdiendo las capas fértiles
del suelo por erosión y no retienen el agua de lluvia en el lugar,
que se va rápidamente
cauce abajo.
Esto
viene ocurriendo de forma relativamente lenta pero irreversible y a
esto le agregamos la enorme escorrentía que producen las nuevas
técnicas de cultivo, la intensificación en el uso de cultivos
que son particularmente esquilmantes de las propiedades fisicoquímicas
del suelo como es la soja.
Impacto
del cultivo con siembra directa
–
El cultivo prolongado de soja, año tras año, entre otras
cosas, hace que se vaya perdiendo la materia orgánica del suelo,
que es su principal estructurador.
Cuando
se pierde materia orgánica, el suelo empieza a quedar con una
estructura más masiva. A su vez, las raíces de la soja
no son como las raíces de las gramíneas desde el punto
de vista de la porosidad que generan. Entonces, la consecuencia es que
el suelo se va impermeabilizando arriba, cada vez le cuesta más
infiltrar el agua. Por otra parte, los agregados orgánicos están
muy vinculados a la actividad biológica del suelo, las lombrices,
ácaros e insectos que pasan por su tracto digestivo al suelo,
en este proceso lo van estructurando. Pero por supuesto que el uso de
herbicidas disminuye muchísimo también la biodiversidad
y biomasa del suelo.
La
actual agricultura intensiva ha dejado de usar el laboreo del suelo,
por los costos fundamentalmente y a partir de una suposición
de que previene la erosión, utilizando lo que se denomina siembra
directa o cero laboreo. Se planta directamente la semilla sin mover
el suelo, pero cuando el suelo se mueve aumenta su capacidad de aceptar
agua. Entonces, con estas prácticas es como si le pusiéramos
techo al suelo y el agua tenderá a escurrir en mucha mayor proporción
que en el caso de un campo que tiene una pastura y por tanto mantiene
una mejor porosidad y puede absorber mejor las precipitaciones.
Aunque
la pradera esté sobrepastoreada, que en muchas situaciones lo
está, de todas formas, la agricultura es peor para la infiltración
del agua y para mantener la estructura del suelo. Y este estilo de agricultura
actual es aún mucho peor. A medida que vamos ampliando el área
de soja y repitiendo cultivo de soja sobre soja, estamos poniéndole
el “techo” a un millón de hectáreas del territorio.
Eso es agua que escurre y agua que escurre rápido es agua que
produce inundaciones.
Obstáculos
para estudiar temas polémicos
Con
respecto a la forestación, Panario piensa que no ha tenido incidencia
en estas inundaciones, pero lo considera un tema no bien estudiado porque
el eucalipto, según las circunstancias, puede favorecer o mitigar
el efecto de las inundaciones.
–
El eucalipto favorece la proliferación de microorganismos que
impermeabilizan la superficie del suelo en períodos de alta temperatura
y escasas lluvias, y cuando luego estas se producen en forma torrencial
ocurre lo que los productores rurales le han dado en llamar crecientes
sorpresivas. Es
que ellos tienen experiencia de cuánto debe llover para que se
produzca una creciente y han observado que cuando la alta cuenca se
ha forestado, algunas veces los cursos se desbordan inesperadamente,
aunque no nos consta que este haya sido el caso actual, es un tema que
debiera ser estudiado en profundidad.
El
docente relató a Sudestada que hubo un proyecto
de investigación sobre este aspecto que iba a ser financiado
por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC)
de Canadá, pero alguien de Uruguay viajó expresamente
al país del Norte para impedirlo.
“Es
un tema extremadamente complicado, no lo hemos podido estudiar de acuerdo
con su complejidad. Ni vamos a poder estudiarlo fácilmente, me
doy por vencido de tratar de obtener fondos nacionales para temas polémicos”,
dijo Panario.
El
investigador advirtió que cuando ocurren estas inundaciones,
obligan a abrir las compuertas de los embalses y, dependiendo de la
temperatura del agua, podría reeditarse el fenómeno de
las cianobacterias del verano último en las costas del Río
de la Plata. “Estas son las consecuencias de un estilo de
desarrollo que el sistema político y las agencias multilaterales
han elegido para Uruguay”, concluyó.
Sudestada
Víctor
L. Bacchetta
25
de junio 2019