Resultado
preocupante
Estamos en la
época propicia para la realización de balances. Si efectuamos
el de la política agropecuaria que lleva adelante el país,
el resultado es alarmante
Uso de agrotóxicos
En
paralelo con la extensión agrícola y forestal en nuestro
país ha habido un aumento del uso de los agrotóxicos y
dentro de ellos el glifosato. El uso de este herbicida supera el 50%
de los utilizados en Uruguay, no solo en los cultivos de secano como
la soja y otros, sino también en la forestación y la ganadería.
En
este balance hay que registrar que la Agencia Internacional para la
Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés),
organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud
(OMS), informó el 20 de marzo pasado de la clasificación
del glifosato en la categoría 2A, lo
que indica que se trata de un posible cancerígeno.
El
segundo herbicida más usado es el 2,4D, al que el 22 de Junio
pasado la IARC también lo clasificó como posiblemente
cancerígeno, para
los seres humanos.
El
uso del 2,4-D se ha incrementado en los últimos años,
debido a que las plantas silvestres se han hecho resistentes al glifosato.
Por esta razón, la industria biotecnológica recomienda
aumentar la dosis y mezclarlo con otros herbicidas como el 2,4-D, al
tiempo que experimenta con variedades transgénicas con el objetivo
de hacerlas tolerantes también a dicho herbicida.
O
sea: dos herbicidas ampliamente utilizados en nuestro país han
sido clasificados como posibles cancerígenos y ni siquiera se
analiza su prohibición. A los herbicidas se le agrega el uso
y abuso de insecticidas y funguicidas altamente tóxicos tanto
en la agricultura como en la forestación.
Cultivos
transgénicos
Distintas
variedades de soja y maíz transgénico con tolerancia a
distintos herbicidas y resistencia a insecticidas se cultivan en nuestro
país. El resultado es que mayores cantidades de agrotóxicos
contaminan suelos, agua y aire.
Nada
se ha corregido en el uso intensivo e incontrolado de agrotóxicos
y el aumento de la agricultura extensiva y de la forestación,
están entre las principales causas de pérdida de biodiversidad.
A
su vez, en los cultivos tolerantes a herbicidas (transgénicos)
hay una menor rotación de cultivos y diversificación,
junto a una lógica tendencia hacia el monocultivo. Como se verifica
un desarrollo de malezas resistentes a los herbicidas, los productores
recurren a mayores dosis de herbicidas y el uso de otros aún
más potentes, un claro ejemplo de esta situación es el
aumento del consumo del 2,4 D.
Frente
al cambio climático, ¿cómo responde Uruguay?
Desde
hace décadas nuestro país apuesta a un modelo forestal
y agrícola basado en grandes monocultivos, por un lado de eucaliptos,
con el objetivo de alimentar a las dos plantas de celulosa existentes
y por otro, a la producción de soja transgénica con destino
a la exportación sin ser sometida a la mínima industrialización.
Ambos monocultivos están provocado un desastre ambiental al sustituir
ecosistemas, como son el monte nativo y las praderas naturales, por
grandes monocultivos.
Respecto
al cambio climático, los monocultivos son parte importante del
problema. Mitigar sus impactos, sería proteger la biodiversidad
en los ecosistemas agrícolas con prácticas más
amigables para el medio ambiente y menos dependencia de los agrotóxicos.
Es
hora que nuestros gobernantes, en un acto de responsabilidad con la
gente y el medio ambiente, dejen de mirar para otro lado y adopten medidas
con respecto al uso masivo de estos venenos, impulsando el cambio del
actual modelo de producción. No hacerlo convertiría las
medidas antitabaco, de las cuales nuestro presidente es abanderado,
en una cruel ironía.
Exhortamos
al gobierno a actuar con la urgencia que el caso requiere prohibiendo
el uso de las sustancias posiblemente cancerígenas, como una
de las condiciones imprescindibles para detener la pérdida de
biodiversidad, impedir una mayor contaminación del agua, defender
la vida y ser responsable con las generaciones futuras.
María
Isabel Cárcamo
Diciembre
2015