Vivir
fumigados
Desde hace
dos años ésta es la realidad de quienes vivimos rodeados
por plantaciones de soja en la 8ª. Sección Judicial del
departamento de Durazno, Establecimiento “Don Angel” Ruta
19, a 45 kms de Sarandí del Yí y a 30 kms de Cerro Chato.
En todo
este tiempo hemos ido constatando la muerte repentina y sin explicación
de animales domésticos jóvenes, dos perros labradores
de dos y cuatro años, un gato de cinco años que murieron
súbitamente en la casa sin enfermedad previa. Estos hechos
llamaron la atención, pero no tuvimos la precaución
de investigar más. En el campo donde habitaron padres y abuelos,
estábamos acostumbrados a que los animales con los que nos
encariñamos siempre, cumplieran su ciclo natural de vida. Hoy
lamentablemente ya no ocurre esto.
A principio
de este año denunciamos la situación telefónicamente
al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) porque
una persona había sido rociada con el producto de la fumigación
mientras trabajaba detrás de la casa y cerca del alambrado.
Tomaron nuestros nombres y el nombre de la Empresa fumigadora, Gustavo
Kent con sede en Sarandí del Yí. En el Ministerio nos
informaron que ya tenían conocimiento de “las desprolijidades"
de dicha empresa. Esa fue nuestra primera denuncia.
El domingo
19 de mayo de 2013, en horas de la mañana, comenzó una
nueva fumigación terrestre, el aire se hacía irrespirable.
En esta oportunidad se detuvo al conductor de la máquina para
pedirle que detuviera el trabajo por estar fumigando a unos 5 metros
de las ventanas de la casa y sobre el alambrado lindero, pero el mismo
continuó haciéndolo, con la aclaración de que
trasladaría la queja a sus empleadores. Ante tal actitud llamamos
por teléfono al propietario del campo quien hizo detener la
fumigación.
Además
de las personas afectadas con síntomas como malestar y náuseas,
el tanque de agua de consumo familiar situado arriba de la casa, por
su proximidad también queda comprometido, así como los
árboles frutales vegetales y animales domésticos como
gallinas y otros .
La empresa
de fumigación trabaja en la zona con la misma proximidad en
otros establecimientos cercanos, no respetando distancias de las poblaciones,
ni teniendo en cuenta el derecho más elemental de todo ser
humano a poder respirar, alimentarse y beber agua sin intoxicarse.
El 27 de
mayo presentamos denuncia por escrito a la Dirección General
de Servicios Agrícolas del MGAP adjuntando fotografías
y video probatorios de tales hechos y el 28 de mayo recibimos llamado
telefónico de dicha Dirección para marcar una visita
al establecimiento con el fin de sacar muestras. El jueves 30 de mayo
se sacaron las muestras de dos árboles, once días después
de realizada la fumigación y luego de lluvias intensas. Hay
que esperar los resultados de los análisis y estaremos siguiendo
el expediente hasta que se hayan tomado medidas porque hay una responsabilidad
de la empresa que conoce la toxicidad del producto que maneja y las
consecuencias sobre la salud humana de estas fumigaciones.
Nos interesa
contar nuestra experiencia para que sirva para muchos otros que están
sufriendo situaciones similares. Es importante denunciar inmediatamente
para contar con las pruebas y fundamental informarse y exigir respuesta
de las autoridades porque no alcanza con las sanciones. Hay que tomar
conciencia y evaluar en qué país queremos vivir. Se
está hipotecando la salud de nuestros hijos y nietos que es
lo mismo que perder el futuro.
¿Qué
Uruguay nos espera si impunemente envenenamos el aire que respiramos,
el agua que tomamos y el suelo que nos alimenta?
Existe
un vacío legal que hay que cubrir, no hay normativa vigente
con respecto a las casas rurales donde habitan familias enteras con
niños, mujeres jóvenes embarazadas. Es la vida, la salud
humana la que está en juego y también la flora y la
fauna, la naturaleza de la cual somos parte.
Agrotóxicos,
plaguicidas prohibidos en otros países se siguen usando en
el Uruguay. Recordemos que los cursos de agua también sufren
la contaminación .Denunciemos. No esperemos a sufrir las consecuencias
porque habrá sido tarde.
Colaboración
de Rosina Mascheroni
Mayo 2013