El glifosato:
mucho peor de lo que se dice
El glifosato es un herbicida de
amplio espectro, no selectivo, utilizado para eliminar malezas indeseables
(pastos anuales y perennes, hierbas de hoja ancha y especies leñosas).
El producto es aplicado en forma líquida sobre la hoja y es absorbido
por ésta, para luego circular por la planta hasta llegar a la
raíz, matando a la planta en pocos días.
El glifosato ha sido ampliamente
promovido en el mundo como el agroquímico sin impacto ambiental.
Hemos escuchado personalmente a diferentes técnicos en diversas
partes del mundo referirse al mismo como siendo “menos nocivo
que la sal de mesa”.
La misma visión ha sido publicitada
en nuestro país. De acuerdo a la revista del Plan Agropecuario
(mayo–junio 2001) “el uso del glifosato no afecta al medio
ambiente ... No contamina las aguas ni el suelo ya que se inactiva en
contacto con el mismo. Su toxicidad para animales de sangre caliente
y para insectos benéficos es prácticamente nula. Además
no penetra por raíces por lo cual su efecto residual es nulo.
La toxicidad oral es baja (menor a la sal común de mesa, la aspirina
o la vitamina A). La irritación que causa a los ojos es totalmente
reversible siendo menor a la que causa el champú. En cuanto a
la toxicidad dérmica, provoca una irritación leve en la
piel. Estudios realizados en ratas han demostrado que no causan efectos
mutagénicos (cambios genéticos en la descendencia) ni
efectos reproductivos (dificultades para concebir ni deformaciones de
fetos)” (Marchesi y Pauletti 2001).
Sin embargo, de acuerdo con Kaczewer
(2002), recientes estudios toxicológicos conducidos por instituciones
científicas independientes parecen indicar que los herbicidas
en base a glifosato pueden ser altamente tóxicos para animales
y humanos. Estudios de toxicidad revelaron efectos adversos en todas
las categorías estandarizadas de pruebas toxicológicas
de laboratorio en la mayoría de las dosis ensayadas: toxicidad
subaguda (lesiones en glándulas salivales), toxicidad crónica
(inflamación gástrica), daños genéticos
(en células sanguíneas humanas), trastornos reproductivos
(recuento espermático disminuido en ratas; aumento de la frecuencia
de anomalías espermáticas en conejos), y carcinogénesis
(aumento de la frecuencia de tumores hepáticos en ratas macho
y de cáncer tiroideo en hembras).
Kaczewer (2002), enfatiza que quienes
inicialmente realizaron en EE.UU. los estudios toxicológicos
requeridos oficialmente para el registro y aprobación de este
herbicida, han sido procesados legalmente por el delito de prácticas
fraudulentas tales como falsificación rutinaria de datos y omisión
de informes sobre incontables defunciones de ratas y cobayos, falsificación
de estudios mediante alteración de anotaciones de registros de
laboratorio y manipulación manual de equipamiento científico
para que éste brindara resultados falsos.
A ello se agrega que el glifosato
no es utilizado por si solo, sino que el herbicida contiene, además
del glifosato, otras sustancias (llamadas surfactantes), que sirven
para facilitar la aplicación y la absorción del producto
por parte de la planta. Es decir, que el producto debe ser analizado
en su conjunto (glifosato más surfactantes) para evaluar sus
impactos sobre el ambiente y la salud humana.
Su nombre comercial más conocido
es Roundup, de Monsanto, del cual existen varias formulaciones que se
caracterizan comúnmente por contener sal de glifosato y el surfactante
POEA (polioxietil amina).
De acuerdo a Nivia (2001) el surfactante
POEA en dicha formulación causa daño gastrointestinal
y al sistema nervioso central, problemas respiratorios y destrucción
de glóbulos rojos en humanos. POEA está contaminado con
1-4 dioxano, el cual ha causado cáncer en animales, y daño
a hígado y riñones en humanos.
Todo parece entonces indicar que
el glifosato, tanto individualmente como en sus formulaciones comerciales,
es infinitamente más nocivo que la sal de mesa.
Fuente: Carrere, Ricardo y Cárcamo
María Isabel (2004).
Hormigas agrotóxicos y forestación.
Montevideo, Nordan- Páginas 26-27-28