El glifosato
estimula la muerte de las células de embriones humanos
Por Darío Aranda
Domingo, 21 de Junio de 2009
ENTREVISTA A GILLES-ERIC SERALINI, REFERENTE EUROPEO EN EL ESTUDIO DE
AGROTOXICOS
Confirmó los efectos letales del herbicida en células
humanas de embriones, placenta y cordón umbilical. Alertó
sobre las consecuencias sanitarias y ambientales, y exigió la
realización de estudios públicos sobre transgénicos
y agrotóxicos. Cuando dio a conocer sus investigaciones, recibió
críticas y desacreditaciones.
Gilles-Eric Seralini es especialista en biología
molecular, docente de la Universidad de Caen (Francia) y director del
Comité de Investigación e Información sobre Ingeniería
Genética (Criigen). Y se ha transformado en un dolor de cabeza
para las empresas de agronegocios y los defensores a ultranza de los
OGM (Organismos Genéticamente Modificados –transgénicos–).
En 2005 descubrió que algunas células de la placenta humana
son muy sensibles al herbicida Roundup (de la compañía
Monsanto), incluso en dosis muy inferiores a las utilizadas en agricultura.
A pesar de su frondoso currículum, fue duramente cuestionado
por las empresas del sector, descalificado por los medios de comunicación
y acusado de “militante verde”, entendido como fundamentalismo
ecológico. Pero en diciembre pasado volvió a la carga;
la revista científica Investigación Química en
Toxicología (Chemical Research in Toxicology) publicó
su nuevo estudio, en el que constató que el Roundup es letal
para las células humanas. Según el trabajo, dosis muy
por debajo de las utilizadas en campos de soja provocan la muerte celular
en pocas horas. “Aun en dosis diluidas mil veces, los herbicidas
Roundup estimulan la muerte de las células de embriones humanos,
lo que podría provocar malformaciones, abortos, problemas hormonales,
genitales o de reproducción, además de distintos tipos
de cánceres”, afirmó Seralini a Página/12
desde su laboratorio en Francia. Sus investigaciones forman parte de
la bibliografía a la que hace referencia el Comité Nacional
de Etica en la Ciencia en su recomendación para crear una comisión
de expertos que analice los riesgos del uso del glifosato.
El investigador había decidido estudiar
los efectos del herbicida sobre la placenta humana después de
que un relevamiento epidemiológico de la Universidad de Carleton
(Canadá), realizado en la provincia de Ontario, vinculara la
exposición al glifosato (ingrediente base del Roundup) con el
riesgo de abortos espontáneos y partos prematuros. Mediante pruebas
de laboratorio, en 2005, Seralini confirmó que en dosis muy bajas
el Roundup provoca efectos tóxicos en células placentarias
humanas y en células de embriones. El estudio, publicado en la
revista Environmental Health Perspectives, precisó que el herbicida
mata una gran proporción de esas células después
de sólo dieciocho horas de exposición a concentraciones
menores que las utilizadas en el uso agrícola.
Señalaba que ese hecho podría
explicar los abortos y nacimientos prematuros experimentados por trabajadoras
rurales. También resaltaba que en soluciones entre 10 mil y 100
mil veces más diluidas que las del producto comercial ya no mataba
las células, pero bloqueaba su producción de hormonas
sexuales, lo que podría provocar en fetos dificultades en el
desarrollo de huesos y el sistema reproductivo. Alertaba sobre la posibilidad
de que el herbicida sea perturbador endocrino y, por sobre todo, instaba
a la realización de nuevos estudios. Sólo obtuvo la campaña
de desprestigio.
En 2007 difundió nuevos avances. “Hemos
trabajado en células de recién nacidos con dosis del producto
cien mil veces inferiores a las que cualquier jardinero común
está en contacto. El Roundup programa la muerte de las células
en pocas horas”, había declarado Seralini a la agencia
de noticias AFP. Resaltaba que “los riesgos son sobre todo para
las mujeres embarazadas, pero no sólo para ellas”.
En diciembre último, la revista norteamericana
Investigación Química en Toxicología (de la American
Chemical Society –Sociedad Química Americana–) le
otorgó a Seralini once páginas para difundir su trabajo,
ya finalizado. Focalizó en células humanas de cordón
umbilical, embrionarias y de la placenta. La totalidad de las células
murieron dentro de las 24 horas de exposición a las variedades
de Roundup. “Se estudió el mecanismo de acción celular
frente a cuatro formulaciones diferentes de Roundup (Express, Bioforce
o Extra, Gran Travaux y Gran Travaux Plus). Los resultados muestran
que los cuatro herbicidas Roundup, y el glifosato puro, causan muerte
celular. Confirmado por la morfología de las células después
del tratamiento se determina que, incluso a las más bajas concentraciones,
causa importante muerte celular”, denuncia en la publicación,
que precisa que aun con dosis hasta diez mil veces inferiores a las
usadas en agricultura el Roundup provoca daño en membranas celulares
y muerte celular. También confirmó el efecto destructivo
del glifosato puro, que en dosis 500 veces menores a las usadas en los
campos induce a la muerte celular.
Gilles-Eric Seralini tiene 49 años,
nació en Argelia, vive en Caen, investiga la toxicidad de variedades
transgénicas y herbicidas, es consultor de la Unión Europea
en OGM y es director del Consejo Científico del Comité
de Investigación e Información sobre Ingeniería
Genética (Criigen). “He publicado tres artículos
en revistas científicas norteamericanas de ámbito internacional,
junto con investigadores que hacían su doctorado en mi laboratorio,
sobre la toxicidad de los herbicidas de la familia del Roundup sobre
células humanas de embriones, así como de placenta, y
sobre células frescas de cordones umbilicales, las cuales llevaron
a los mismos resultados, aunque fueran diluidas hasta cien mil veces.
Confirmamos que los herbicidas Roundup estimulan el suicidio de las
células humanas. Me especializo en los efectos de los OGM y sabemos
que el cáncer, las enfermedades hormonales, nerviosas y reproductivas
tienen relación con los agentes químicos de los OGM. Además,
estos herbicidas perturban la producción de hormonas sexuales,
por lo cual son perturbadores endocrinos”, afirma Seralini.
“El glifosato es menos tóxico
para las ratas que la sal de mesa ingerida en gran cantidad”,
señalaba hace una década la publicidad de Monsanto, citada
en la extensa investigación periodística El Mundo según
Monsanto, de Marie-Monique Robin. En el capítulo cuatro, llamado
“Una vasta operación de intoxicación”, Seralini
es contundente: “El Roundup es un asesino de embriones”.
Hecho confirmado con la finalización de sus ensayos, en diciembre
de 2008.
La contundencia y difusión del trabajo
provocaron que la compañía de agrotóxicos más
poderosa del mundo rompiera su silencio –a pesar de que su política
empresarial es no responder estudios o artículos que no le sean
favorables–. Mediante un comunicado, y ante la agencia de noticias
AFP, Monsanto Francia volvió a deslegitimar al científico.
“Los trabajos efectuados regularmente por Seralini sobre Roundup
constituyen un desvío sistemático del uso normal del producto
con el fin de denigrarlo, a pesar de que se ha demostrado su seguridad
sanitaria desde hace 35 años en el mundo.”
La antigüedad del producto en el mercado
es el mismo argumento utilizado en la Argentina por los defensores del
modelo de agronegocios. Las organizaciones ambientalistas remarcan que
esa defensa tiene su propio callejón sin salida. El PCB (químico
usado en transformadores eléctricos y producido, entre otros,
por Monsanto) también se utilizó durante décadas.
Recibió cientos de denuncias y se lo vinculó con cuadros
médicos graves, pero las empresas continuaban defendiendo su
uso basado en la antigüedad del producto. Hasta que la presión
social obligó a los Estados a realizar estudios y, con los resultados
obtenidos, se prohibió su uso. “Con el glifosato pasará
lo mismo”, retrucan las organizaciones.
–Luego de una investigación
en la Argentina del doctor Andrés Carrasco, en la que confirmó
el efecto devastador en embriones anfibios, las empresas del sector
reaccionaron con intimidaciones, amenazas y presiones. ¿Le suena
familiar?
–Sí, y mucho. Con mis investigaciones
las empresas también reaccionaron muy mal. En lugar de criticar
a los investigadores, una gran empresa responsable que no tiene ninguna
capacitación en toxicología tendría que ponerse
en duda e investigar. En diciembre de 2008, cuando se publicó
nuestro último artículo, el Departamento de Comunicación
de Monsanto dijo que estábamos desviando el herbicida de su función,
ya que no fue hecho para actuar sobre células humanas. Este argumento
es estúpido, no merece otro calificativo. Es muy sorprendente
que una multinacional tan importante admitiera, con ese argumento, que
no conduce ensayos de su herbicida con dosis bajas sobre células
humanas antes de ponerlo en el mercado. Se debiera prohibir el producto
nada más que por ese reconocimiento corporativo.
–¿Cuál fue el papel de
los medios de comunicación en sus descubrimientos?
–Diarios y televisiones han hablado
de nuestros estudios, dan cuenta de que el mundo está deteriorándose
a causa de estos contaminantes y que muchas enfermedades desencadenadas
por productos químicos ya se ven también en los animales
y reducen dramáticamente la biodiversidad. Pero también
hay que tener presente que el lobby de las empresas es muy fuerte, hacen
llegar a los medios de comunicación informaciones contradictorias
que finalmente desinforman a la opinión pública e influyen
en gobiernos.
En 1974, Monsanto había sido autorizada
a comercializar el herbicida Roundup, “que pasaría a convertirse
en el herbicida más vendido del mundo”, se ufana la publicidad
de la empresa. En 1981 la compañía se estableció
como líder en investigación biotecnología, pero
recién en 1995 fue aprobada una decena de sus productos modificados
genéticamente, entre ellos la “Soja RR (Roundup Ready)”,
resistente al glifosato. Monsanto promocionaba el Roundup como “un
herbicida seguro y de uso general en cualquier lugar, desde céspedes
y huertos hasta grandes bosques de coníferas”. También
sostenía que el herbicida era biodegradable. Pero en enero de
2007 fue condenada por el tribunal francés de Lyon a pagar multas
por el delito de “publicidad engañosa”. Los estudios
de Seralini fueron utilizados como prueba, junto a otras investigaciones.
La Justicia de Francia hizo eje en la falsa propiedad biodegradable
del agrotóxico y hasta dio un paso más: afirmó
que el Roundup “puede permanecer de forma duradera en el suelo
e incluso extenderse a las aguas subterráneas”.
Frente a la campaña de desprestigio,
Seralini recibió el apoyo de la Procuración General de
Nueva York (que había ganado otro juicio contra Monsanto, también
por publicidad engañosa). La revista científica Environmental
Health Perspectives publicó un editorial para destacar sus descubrimientos
y la revista Chemical Research in Toxicology propuso publicar el esquema
completo del modo de acción toxicológico. “Monsanto
siempre entregó estudios ridículos sobre el glifosato
solo, mientras el Roundup es una mezcla mucho más tóxica
que el glifosato solo. El mundo científico lo sabe, pero muchos
prefieren no ver o atacar los descubrimientos. Sin embargo, la empresa
sostenía que era inocuo. Hemos confirmado que los residuos de
Roundup representan los principales contaminantes de las aguas de los
ríos o de superficie. Por otro lado, recibimos apoyo de parte
de investigadores que encontraron efectos similares, explicando así
abortos naturales y desastres en las faunas autóctonas”,
explica Seralini.
Con un mercado concentrado y una facturación
sideral, la industria transgénica es denunciada por su poder
de incidencia con quienes deben controlarla. Hasta la Agencia de Protección
Ambiental (EPA) de Estados Unidos (el ámbito de control competente)
es acusada de haber cedido a sus presiones. En agosto de 2006, líderes
sindicales de la EPA acusaron a las autoridades del organismo de ceder
ante la presión política y permitir el uso de químicos
perjudiciales. “Se corren graves riesgos en fetos, embarazadas,
niños y ancianos”, denunciaban. La EPA había omitido
estudios científicos que contradecían los patrocinados
por la industria de los pesticidas. “La dirección de la
EPA prioriza la industria de la agricultura y los pesticidas antes que
nuestra responsabilidad para proteger la salud de nuestros ciudadanos”,
finalizaba el comunicado.
Seralini remarca el poder económico
de las agroquímicas y recuerda que las ocho mayores compañías
farmacéuticas son las ocho mayores compañías de
pesticidas y de OGM, entre las que Monsanto tiene un papel protagónico.
Por eso reclama la realización urgente de test sobre animales
de laboratorio durante dos años, como –según explica–
sucede con los medicamentos en Europa. “Hay un ingrediente político
y económico en el tema, claramente, donde las compañías
están detrás”, denuncia. Se reconoce un obsesivo
del trabajo, advierte que desde hace una década analiza a diario
todos los informes europeos y estadounidenses de controles sanitarios
de OGM. Y no duda: “Los únicos que hacen test son las propias
compañías, porque son ensayos carísimos. Las empresas
y los gobiernos no dejan ver esos trabajos. Esos estudios debieran ser
realizados por universidades públicas y debieran ser públicos”.
“Llevo 25 años trabajando sobre
las perturbaciones de los genes, de las células y de los animales
provocadas por medicamentos y contaminantes. Advertimos el peligro existente
y proponemos estudios públicos. Pero en lugar de profundizar
estudios y reconocernos como científicos nos quieren restar importancia
académica llamándonos ‘militante ambientalista’.
Tenemos claro que el ataque proviene de empresas que, si se hacen los
estudios, deberán retirar sus productos del mercado”, denuncia
Seralini, que en la actualidad advierte sobre el efecto sanitario no
ya de los agrotóxicos, sino de los alimentos transgénicos
y sus derivados. Recuerda que con el maíz transgénico
(también tratado con Roundup) se alimentan los animales que luego
come la población (pollos, vacas, conejos y cerdos) y explica
que todos los productos que contienen azúcar de maíz (salsas,
caramelos, chocolates y gaseosas, entre otros) deben ser objeto de urgentes
estudios.
“Llevamos años trabajando sobre
la toxicidad de los principales contaminantes. Hemos confirmado que
el Roundup es también el principal contaminante de los OGM alimentarios,
como la soja o el maíz transgénico, lo que puede conllevar
a un problema de intoxicación de los alimentos a largo plazo.”
La afirmación de Seralini va en sintonía con las denuncias
de centenares de organizaciones sociales, urbanas y rurales, y movimientos
internacionales como la Vía Campesina (colectivo internacional
de campesinos, indígenas, sin tierra y trabajadores agrícolas),
que exigen alimentos sanos.
Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elmundo/4-126983-2009-06-21.html