Capa de ozono:
preocupación de muchos, pero no de todos
Día Internacional
de la Preservación de la Capa de Ozono
16 de septiembre de 2009
Existen numerosos acuerdos multilaterales relativos
al medio ambiente que los Estados han suscrito en los 40 últimos
años en relación a la preservación de la Capa de
Ozono, entre los que se destacan el Convenio de Viena y, en particular,
el Protocolo de Montreal.
Si bien existen estos acuerdos y se conocen los daños
que se está causando a la capa de ozono, aún no se toman
todas las medidas necesarias, tanto como para proteger la salud de la
gente como para asegurar la protección ambiental.
La capa de ozono tiene la capacidad de absorber la intensidad
de los rayos ultravioleta (UV). Esta delgada protección natural,
conocida también como Ozonósfera, forma una “capa
filtro” que evita el daño sobre los procesos fotoquímicos
y los seres vivos.
El continuo crecimiento del agujero en la capa de ozono
que se observa en la zona antártica ha sido causante de diversas
enfermedades visuales como cataratas y la aparición de mayor
incidencia de cáncer de piel; de igual manera, los animales,
plantas y microorganismos también han sufrido trastornos importantes.
El Protocolo de Montreal es un tratado internacional,
diseñado para proteger la capa de ozono a través del control
de la producción de sustancias que se cree responsables del agujero
de la capa de ozono, y para asegurar la preservación de la misma.
En este tratado los países partes se comprometen a disminuir
las emisiones de las Sustancias Agotadoras del Ozono (SAO). Esta iniciativa
mundial atiende la imperiosa necesidad de reducir el uso de Cloro Fluoro
Carbonos CFC (que contienen cloro), muy utilizados en heladeras, pulverizadores
y aparatos de aire acondicionado. También existe un agrotóxico
que se utiliza para desinfectar suelos, llamado bromuro de metilo, que
es altamente dañino para la capa de ozono.
El bromuro de metilo es un gas utilizado en la producción
hortícola para esterilizar suelos antes de plantar, ya que mata
insectos, nematodos, malezas y agentes patógenos. Se aplica inyectándolo
al suelo o a los almácigos, cubriéndolos luego con plástico
para que retengan el gas. Se emplea principalmente en cultivos como
tomates, morrones, pepinos y melones entre otros tantos. También
se lo utiliza para proteger granos almacenados contra insectos.
Aparte de dañar la capa de ozono, el bromuro
de metilo es extremadamente tóxico y ha sido clasificado por
la Organización Mundial de la Salud en la categoría I
(la de mayor toxicidad).
Este gas penetra especialmente por los pulmones causando
serios problemas, incluso la muerte. Puede atacar el sistema nervioso,
provocando mareos, dolor de cabeza, náusea, vómitos, sueño,
debilidad, visión borrosa, y en dosis y tiempos prolongados puede
provocar convulsiones y desmayos. Por lo general, después de
un contacto excesivo con el bromuro de metilo, se presentan daños
crónicos irreversibles en el hígado, riñones y
pulmones. Según investigaciones también existe la posibilidad
de que pueda causar cáncer y defectos de nacimiento.
En nuestro país las cifras de importación
del 2007 dadas por el MGAP fueron: 75.000 kilos de bromuro de metilo
formulado y 73.500 kilos de principio activo. En ambos casos, estas
sustancias fueron importadas para ser usadas como desinfectantes de
suelo.
Los daños que causa el bromuro de metilo son
conocidos mundialmente, tanto para el ambiente como para la salud de
las personas. Existen alternativas para eliminar el uso de este agrotóxico,
tales como la biofumigación y la solarización, técnicas
que a través de los procesos de degradación producen gases
capaces de controlar los patógenos de los vegetales. Solo falta
que los organismos competentes del estado las promuevan y que los agricultores
y productores las apliquen, para que finalmente se elimine esta sustancia
altamente contaminante.
RAPAL Uruguay
Setiembre 2009