Dimensiones éticas
de la crítica agroecológica a la biotecnología
agrícola
El objetivo del presente trabajo
es cuestionar las falsas promesas hechas por la industria de la ingeniería
genética agrícola, al prometer que los cultivos producidos
mediante esta tecnología generarían una agricultura
menos dependendiente en insumos químicos, aumentarían
la productividad y ayudarían a reducir los problemas ambientales
Este artículo también
analiza las críticas ambientalistas a la biotecnología,
expresadas en la preocupación por sus efectos sobre las condiciones
sociales y económicas, y los valores culturales, religiosos
y morales de las diferentes culturas, que han sido ignorados reiteradamente
en el desarrollo tecnológico de los OvGM. El autor concluye
afirmando que ha llegado el momento de enfrentar socialmente el reto
y la realidad de la ingeniería genética. Las compañías
de biotecnología deben sentir el impacto de los movimientos
ambientalistas, laborales y campesinos, de modo que reorienten su
trabajo para el beneficio de toda la sociedad y de la naturaleza.
Introducción
El problema del hambre y la pobreza
en el mundo, cuyas raíces se asientan en la desigual distribución
de los recursos productivos y en la injusticia social que prevalecen
principalmente en los países del Sur, pretendió ser
enfrentado hace cincuenta años mediante las innovaciones tecnológicas
de la Revolución Verde. Sin embargo, aun cuando se incrementaron
los rendimientos de determinados cultivos, éstos se concentraron
en productos de exportación y agroindustriales bajo sistemas
de monoproducción a gran escala, sin un impacto significativo
en la pequeña agricultura y, por ende, en la pobreza rural.
A inicios del tercer milenio,
el hambre y la pobreza mundial se han incrementado, a pesar de que
los excedentes alimenticios acumulados en los países desarrollados
servirían para enfrentar decididamente este problema. Sin tomar
en cuenta esta realidad, los grupos económicos que estuvieron
detrás de la Revolución Verde (empresas de semillas
y agroquímicos) argumentan, una vez más, que el problema
está en el incremento de la productividad agrícola y
promueven una Segunda Revolución Verde, basada en la biotecnología
y en la ingeniería genética. Las corporaciones de agroquímicos,
las cuales controlan cada vez más la orientación y las
metas de la innovación agrícola, sostienen que la ingeniería
genética mejorará la sostenibilidad de la agricultura
al resolver los muchos problemas que afectan a la agricultura industrial
y librará al Tercer Mundo de la baja productividad, la pobreza
y el hambre.
Comparando mito y realidad, el
objetivo de este artículo es cuestionar las falsas promesas
hechas por la industria de la ingeniería genética. Ellos
han prometido que los cultivos producidos por ingeniería genética
harán la agricultura menos dependendiente en insumos químicos,
aumentarán la productividad, disminuirán los costos
de insumos y ayudarán a reducir los problemas ambientales.
Al cuestionar los mitos de la biotecnología, aquí se
muestra a la ingeniería genética como lo que realmente
es: otra ronda tecnológica o "varita mágica"
destinada a entrampar los problemas ambientales de la agricultura
sin cuestionar las raíces causales que ocasionaron los problemas
la primera vez(1). La biotecnología desarrolla soluciones monogénicas,
diseñadas sobre modelos industriales de eficiencia, para problemas
que derivan de sistemas de monocultivo ecológicamente inestables.
Se ha probado ya que, en el caso de los plaguicidas, tal enfoque unilateral
no fue ecológicamente confiable. Este enfoque, unilateral y
reduccionista, que utilizó el paradigma "un químicouna
plaga" y que llevó a problemas de resistencias de plagas
y contaminación ambiental, no difiere del enfoque biotecnológico
que ahora enfatiza un paradigma comparablemente reduccionista de "un
genuna plaga" y el cual conlleva a las mismas falacias ecológicas.
La agricultura industrial moderna,
hoy caracterizada por el modelo de la biotecnología, se basa
en una premisa filosófica que es fundamentalmente errónea
y que necesita ser expuesta y criticada para avanzar hacia una agricultura
verdaderamente sostenible. Esto es particularmente relevante en el
caso de la biotecnología, donde la alianza de la ciencia reduccionista
y la industria multinacional monopolizadora lleva a la agricultura
por un camino equivocado. La biotecnología percibe los problemas
agrícolas como deficiencias genéticas de los organismos
y trata a la naturaleza como una mercancía y, en el camino,
hace a los agricultores más dependientes de un sector de agronegocios
que concentra cada vez más su poder sobre el sistema alimentario.
Esto es preocupante, especialmente hoy en que son las motivaciones
económicas, más que las preocupaciones sobre el medio
ambiente, las que determinan el tipo de investigación y las
modalidades de producción agrícola que prevalecen en
todo el mundo(2).
Cuestionamiento Ético
de la Biotecnología
Las críticas ambientalistas
a la biotecnología cuestionan las suposiciones de que la ciencia
de la biotecnología está libre de valores y que no puede
estar equivocada o ser mal utilizada, y piden una evaluación
ética de la investigación en ingeniería genética
y sus productos(3). Se considera que quienes promueven la biotecnología
tienen una visión utilitaria de la naturaleza y favorecen el
libre intercambio (tradeoff) de las ganancias económicas por
el daño ecológico, manteniéndose indiferentes
ante las consecuencias que acarrea para los seres humanos. En el corazón
de la crítica están los efectos biotecnológicos
sobre las condiciones sociales y económicas y los valores culturales,
religiosos y morales que se han ignorado. Todo esto ha llevado a una
serie de científicos y filósofos a plantearse una serie
de preguntas que abordan temas tales como:
Los propósitos de la tecnología:
¿Cuál es la real necesidad de esta tecnología?
¿A qué necesidades responde la biotecnología?
¿Quién dice qué se necesita y por qué?
¿Qué problemas va a solucionar? ¿Cuál
es la causa de estos problemas y acaso la biotecnología realmente
los enfrenta de raíz? ¿Cómo afecta la tecnología
a lo que se está produciendo? ¿Cómo, para qué
y para quién se está produciendo? ¿Cuáles
son las metas sociales y los criterios éticos que guían
la investigación biotecnológica?
Definiciones de riesgo: ¿Se
han considerado los efectos ambientales, sociales, económicos
y políticos? ¿Quién ha definido el alcance y
significancia de estos efectos? ¿Son los efectos irreversibles?
¿Se están midiendo estos efectos en comparación
con tecnologías más blandas existentes? ¿Cómo
se determina la aceptabilidad del riesgo y quién lo hace? ¿Acaso
la biotecnología cierra opciones para el futuro? ¿O
se promueve a expensas de otros enfoques? ¿Cuáles han
sido las alternativas ignoradas? ¿Cómo se estiman los
beneficios?
Distribución de riesgos
y beneficios: ¿Cómo se distribuyen los costos y beneficios?
¿Quién se beneficia de la biotecnología? ¿Quién
pierde? ¿Cómo se determina y por quién que la
distribución es aceptable? ¿Acaso la biotecnología
concentra poder y en manos de quién?
Alternativas: ¿Se han explorado
a fondo alternativas para solucionar problemas que la biotecnología
dice solucionar? ¿Esta exploración examina una serie
de intereses e incluye la participación de todos los grupos
sociales? ¿Está el proceso abierto al escrutinio público?
¿Se distribuyen equitativamente los fondos de investigacion
para las alternativas? ¿Existen alternativas ambientalmente
menos nocivas y socialmente más justas?
Biotecnología y
Hambre
Las compañías de
biotecnología sostienen que los organismos genéticamente
modificados (GMOs en inglés) –específicamente
las semillas genéticamente alteradas– son hallazgos científicos
necesarios para alimentar al mundo y reducir la pobreza en los países
en desarrollo. La mayoría de las organizaciones internacionales
encargadas de la política y de la investigación para
el mejoramiento de la seguridad alimentaria en el mundo en desarrollo
hacen eco de este punto de vista. Este punto se basa en dos suposiciones
críticas: que el hambre se debe a una brecha entre la producción
de alimentos y la densidad de la población humana o la tasa
de crecimiento; y que la ingeniería genética es la única
o la mejor forma de incrementar la producción agrícola
y por lo tanto de cubrir las futuras necesidades de alimento.
Un punto inicial para aclarar
estas falsas concepciones es entender que no hay una relación
entre la presencia del hambre en un país determinado y su población.
Por cada nación hambrienta y densamente poblada como Bangladesh
o Haití, hay un país escasamente poblado y hambriento
como Brasil o Indonesia. El mundo produce hoy más alimentos
por habitante que nunca antes. Hay suficiente alimento disponible
para proveer 4,3 libras por persona cada día; 2,5 libras de
granos, frijoles y nueces; alrededor de una libra de carne, leche
y huevos y otra de frutas y verduras(4).
En 1999 se produjo suficiente
cantidad de granos en el mundo para alimentar una población
de ocho mil millones de personas (seis mil millones habitaron el planeta
en el 2000), si éstos se distribuyeran equitativamente o no
se dieran como alimento a los animales. Siete de cada diez libras
de granos se usan para alimentar animales en Estados Unidos. Países
como Brasil, Paraguay, Tailandia e Indonesia dedican miles de acres
de tierras agrícolas a la producción de soya y yuca
para exportar a Europa como alimento para el ganado. Canalizando un
tercio de los granos producidos en el mundo hacia la población
hambrienta y necesitada, el hambre cesaría instantáneamente(4).
El hambre también ha sido
creada por la globalización, especialmente cuando los países
en desarrollo adoptan las políticas de libre comercio recomendadas
por agencias internacionales (reduciendo los aranceles y permitiendo
el flujo de los productos de los países industrializados).
La experiencia de Haití, uno de los países más
pobres del mundo, es ilustrativa. En 1986 Haití importó
sólo 7 000 toneladas de arroz, porque la mayor parte se producía
en la isla. Cuando abrió su economía al mundo, los inundó
un arroz más barato proveniente de los Estados Unidos, donde
la industria del arroz es subsidiada. En 1996, Haití importó
196 000 toneladas de arroz foráneo al costo de US$ 100 millones
anuales. La producción de arroz haitiano se volvió insignificante
cuando se concretó la dependencia en el arroz extranjero. El
hambre se incrementó(5).
Las causas reales del hambre son
la pobreza, la desigualdad y la falta de acceso a los alimentos y
a la tierra. Demasiada gente es muy pobre (alrededor de dos mil millones
sobreviven con menos de un dólar al día) para comprar
los alimentos disponibles (a menudo con una pobre distribución)
o carecen de tierra y los recursos para sembrarla(4). Porque la verdadera
raíz del hambre es la desigualdad, cualquier método
diseñado para reforzar la producción de alimentos, pero
que agudice esta desigualdad, fracasará en reducir el hambre.
Por el contrario, sólo las tecnologías que tengan efectos
positivos en la distribución de la riqueza, el ingreso y los
activos, que estén a favor de los pobres, podrán en
realidad reducir el hambre. Afortunadamente, tales tecnologías
existen y pueden agruparse bajo la disciplina de la agroecología(6,7).
Atacando la desigualdad por medio
de reformas agrarias se mantiene la promesa de un aumento de la productividad
que sobrepasa el potencial de la biotecnología agrícola.
Mientras que los defensores de la industria hacen una promesa de 15,
20 e incluso 30% de aumento de los rendimientos por la biotecnología,
los pequeños agricultores producen hoy de 200 a 1 000% más
por unidad de área que las grandes fincas a nivel mundial(8).
Una estrategia clara para tomar ventaja de la productividad de las
pequeñas fincas es impulsar reformas agrarias que reduzcan
las grandes propiedades ineficientes e improductivas a un tamaño
pequeño óptimo y, así, proporcionar las bases
para el incremento de la producción en fincas de pequeños
agricultores, incrementos ante los cuales se diluiría la publicitada
promesa productiva de la biotecnología.
Es importante entender que la
mayor parte de innovaciones en la biotecnología agrícola
se orientan a las ganancias más que a las necesidades. El verdadero
motor de la industria de la ingeniería genética no es
hacer la agricultura más productiva, sino generar mayores ingresos(2).
Esto se ilustra revisando las principales tecnologías del mercado
de hoy: (i) cultivos resistentes a los herbicidas, tales como la Soya
Ready Roundup de Monsanto, semillas que son tolerantes al herbicida
Roundup de Monsanto, y (ii) los cultivos Bt (Bacillus thuringiensis)
que han sido desarrollados por ingeniería genética para
producir su propio insecticida. En el primer caso, la meta es ganar
más participación del mercado de los herbicidas para
un producto exclusivo y, en el segundo, aumentar las ventas de semillas
aun a costa de dañar la utilidad de un producto clave para
el manejo de plagas (el insecticida microbiano a base de Bt) en el
que confían muchos agricultores –incluyendo a la mayoría
de agricultores de cultivos orgánicos– como una poderosa
alternativa a los insecticidas.
Estas tecnologías responden
a la necesidad de las compañías de biotecnología
de intensificar la dependencia de los agricultores de semillas protegidas
por la llamada "propiedad intelectual", lo que entra en
conflicto directamente con los antiguos derechos de los agricultores
a reproducir, compartir o almacenar semillas(9). Cada vez que pueden,
las corporaciones obligan a los agricultores a comprar una marca de
insumos de la compañía y les prohíben guardar
o vender la semilla. Si los agricultores de los Estados Unidos adoptan
soya transgénica, deben firmar un acuerdo con Monsanto. Si
siembran soya transgénica al año siguiente, la multa
es de unos US$ 3 000 por acre, dependiendo del área. Esta multa
puede costarle al agricultor su finca, es decir, su hogar. Controlando
el germoplasma, desde la producción de semillas hasta su venta,
y obligando a los agricultores a pagar precios inflados por paquetes
de semillasquímicos, las compañías están
decididas a extraer el máximo beneficio de su inversión(3).
La Biotecnología
responde: El Arroz Dorado, solución ciega a la ceguera
Los científicos que apoyan
la biotecnología y están en desacuerdo con la afirmación
de que la mayor parte de la investigación en biotecnología
está basada en el lucro más que en la necesidad, usan
como parte de su retórica humanitaria el recientemente desarrollado
arroz dorado, todavía no comercializado. Este arroz experimental
es rico en betacaroteno, el precursor de la vitamina A, que es un
producto nutritivo importante para millones de niños, especialmente
en Asia, quienes sufren de deficiencia de Vitamina A, lo que puede
conducir a la ceguera.
Quienes han creado el arroz dorado
dicen que este nuevo cultivo fue desarrollado con fondos públicos
y que una vez que se demuestre su viabilidad en campos de cultivo,
será distribuido gratuitamente entre los pobres. La idea de
que un arroz genéticamente alterado es la forma apropiada de
tratar la condición de dos millones de niños en riesgo
de ceguera –inducida por deficiencia de Vitamina A–, revela
una tremenda ingenuidad sobre las causas reales de la malnutrición
por falta de vitaminas y micronutrientes. Si nos remitimos a los patrones
de desarrollo y nutrición humanos, rápidamente nos damos
cuenta de que la deficiencia de Vitamina A no está caracterizada
como un problema sino como un síntoma, una señal de
alerta. Nos alerta sobre mayores deficiencias asociadas tanto con
la pobreza como con el cambio en la agricultura (desde sistemas de
cultivo diversificados hacia monocultivos) promovido por la Revolución
Verde.
La gente no presenta deficiencia
de Vitamina A porque el arroz contiene muy poca Vitamina A, o betacaroteno,
sino porque su dieta se reduce solamente a arroz y a casi nada más,
y sufren de otras enfermedades nutricionales que no se pueden tratar
con betacaroteno, pero que podrían ser tratadas, junto con
la deficiencia de Vitamina A, con una dieta más variada. El
arroz dorado debe ser considerado un intento unidimensional de reparar
un problema creado por la Revolución Verde: el problema de
la disminución de la variedad de cultivos y la diversidad en
la dieta.
Una solución de "varita
mágica" que coloca betacaroteno en el arroz –con
potencial daño ecológico y a la salud–, al tiempo
que deja intacta a la pobreza, las dietas pobres y el monocultivo
extensivo, no puede hacer ninguna contribución duradera al
bienestar. Usando la frase de Vandana Shiva, "un enfoque de esa
naturaleza revela ceguera ante las soluciones sencillas disponibles
para combatir la ceguera inducida por la deficiencia de Vitamina A,
que incluye a muchas plantas que, cuando son introducidas (o reintroducidas)
en la dieta, proporcionan el beta caroteno y otras vitaminas y micronutrientes".
Aunque los vegetales silvestres
han sido considerados periféricos en los hogares campesinos,
su recolección, tal como se practica actualmente en muchas
comunidades rurales, constituye un aditivo significativo a la nutrición
y subsistencia de las familias campesinas. Dentro y fuera de la periferia
de las pozas de arroz hay abundantes vegetales de hoja verde, silvestres
y cultivados, ricos en vitaminas y nutrientes, muchos de los cuales
son eliminados cuando los agricultores adoptan el monocultivo y los
herbicidas asociados(10).
Los biotecnólogos del arroz
no entienden las profundas tradiciones culturales populares que determinan
las preferencias de alimentos entre la población asiática,
especialmente el significado social e incluso religioso del arroz
blanco. Es altamente improbable que el arroz dorado reemplace al arroz
blanco que por milenios ha jugado variados papeles en aspectos nutricionales,
culinarios y ceremoniales. No cabe duda de que el arroz dorado sacudirá
las tradiciones asociadas con el arroz blanco en la misma forma en
que lo harían las papas fritas verdes o azules en las preferencias
de la gente de los Estados Unidos.
Pero incluso si el arroz dorado
ingresa en los platos de los pobres de Asia, no hay una garantía
de que ello beneficiará a la gente pobre que no come alimentos
ricos en grasas o aceites. El betacaroteno es soluble en grasas y
su ingestión por el intestino depende de la grasa o aceite
de la dieta. Aún más, las personas que sufren de desnutrición
proteica y carecen de dietas ricas en grasas no pueden almacenar bien
la Vitamina A en el hígado ni pueden transportarla a los diferentes
tejidos corporales donde se requiere. Debido a la baja concentración
de betacaroteno en el arroz milagroso (aproximadamente 1,5 microgramos
por gramo de peso fresco) habría que comer más de un
kilogramo de arroz diario para obtener la ración diaria recomendada
de Vitamina A. Cualquier planta silvestre comestible y que abundaba
en los arrozales antes de que los herbicidas de la revolucion verde
los eliminara, contiene sobre 100 microgramos de betacaroteno.
Los Mitos de la Biotecnología
Mito 1: La biotecnología
beneficiará a los agricultores de Estados Unidos y del mundo
desarrollado.
La mayoría de las innovaciones
en biotecnología agrícola son motivadas más por
criterios económicos que por necesidades humanas. Por lo tanto,
la finalidad de la industria de la ingeniería genética
no es resolver problemas agrícolas, sino obtener ganancias.
Más aún, la biotecnología busca industrializar
en mayor grado la agricultura e intensificar la dependencia de los
agricultores de los insumos industriales, ayudados por un sistema
de derechos de propiedad intelectual que legalmente inhibe los derechos
de los agricultores a reproducir, intercambiar y almacenar semillas(2).
Al controlar el germoplasma desde la semilla hasta la venta y forzar
a los agricultores a pagar precios inflados por los paquetes de semillaquímica,
las compañías están dispuestas a obtener el mayor
provecho de su inversión.
Debido a que las biotecnologías
requieren grandes capitales, continuarán condicionando el patrón
de cambio de la agricultura en los Estados Unidos, aumentando la concentración
de la producción agrícola en manos de las grandes corporaciones.
Como en el caso de otras tecnologías que ahorran mano de obra
al aumentar la productividad, la biotecnología tiende a reducir
los precios de los bienes y a poner en marcha una maquinaria tecnológica
que deja fuera del negocio a un número significativo de agricultores.
En Estados Unidos quiebran alrededor de 211 agricultores por día.
El ejemplo de la hormona de crecimiento bovino, confirma la hipótesis
de que la biotecnología acelerará la desaparición
de las pequeñas fincas lecheras(3). En Argentina, la comercializacion
de la soya transgénica resistente al Roundup abrió las
puertas para la expansión de la labranza mínima de 7
mil hectáreas en 1992 a un millón en el año 2000,
cuando el uso de Roundup alcanzó los 100 millones de litros.
Pero lo trágico fue que, en la medida que se expandía
el área bajo soya transgénica, el número de agricultores
decreció de 170 a 116 mil, mientras el tamaño de la
finca se incrementó. Como la soya transgénica facilita
el manejo de malezas, permite a los agricultores con más capital
expandir su área pues, en economías neoliberales, la
única fórmula de sobrevivir es "hacerse grande
o fracasar" (get big or get out). Claramente la biotecnología
en este caso sirve de instrumento de concentración de tierras.
Mito 2: La biotecnología
beneficiará a los pequeños agricultores y favorecerá
a los hambrientos y pobres del tercer mundo.
Si la Revolución Verde
ignoró a los pequeños agricultores y a los de escasos
recursos, la biotecnología exacerbará aún más
la marginación porque tales tecnologías, que están
bajo el control de corporaciones y protegidas por patentes, son costosas
e inapropiadas para las necesidades y circunstancias de los grupos
indígenas y campesinos. Ya que la biotecnología es una
actividad principalmente comercial, esta realidad determina las prioridades
de qué investigar, cómo se aplica y a quién beneficiará.
Mientras el mundo carece de alimentos y sufre de contaminación
por plaguicidas, el foco de las corporaciones multinacionales es la
ganancia, no la filantropía. Esta es la razón por la
cual los biotecnólogos diseñan cultivos transgénicos
para nuevos tipos de mercado o para sustitución de las importaciones,
en lugar de buscar mayor producción de alimentos. En general,
las compañías de biotecnología ponen énfasis
en un rango limitado de cultivos para los cuales hay mercados grandes
y seguros, dirigidos a sistemas de producción de grandes capitales.
Como los cultivos transgénicos son plantas patentadas, esto
significa que los campesinos pueden perder sus derechos sobre su propio
germoplasma regional y no se les permitirá, según la
Organización Mundial de Comercio (OMC), reproducir, intercambiar
o almacenar semillas de su cosecha. Es difícil concebir cómo
se introducirá este tipo de tecnología en los países
del tercer mundo de modo que favorezca a las masas de agricultores
pobres.
Si los biotecnólogos estuvieran
realmente comprometidos en alimentar al mundo, ¿por qué
los genios de la biotecnología no se vuelcan a desarrollar
nuevas variedades de cultivos más tolerantes a las malezas
en vez de a los herbicidas? ¿O por qué no se desarrollan
productos de biotecnología más promisorios, como plantas
fijadoras de nitrógeno o tolerantes a la sequía? Los
productos de la biotecnología debilitarán las exportaciones
de los países del tercer mundo, especialmente de los productores
de pequeña escala. El desarrollo, por medio de la biotecnología,
del producto "Thaumatin" es apenas el comienzo de una transición
hacia edulcorantes alternativos que, en el futuro, reemplazarán
al mercado del azúcar del tercer mundo. Se estima que alrededor
de 10 millones de agricultores de caña de azúcar en
el tercer mundo podrían enfrentar la pérdida de su sustento
cuando los edulcorantes procesados en laboratorio comiencen a invadir
los mercados mundiales. La fructosa producida por la biotecnología
ha capturado ya cerca del 10% del mercado mundial y ha causado la
caída de los precios del azúcar, dejando desempleados
a cientos de miles de trabajadores. Pero tal limitación de
las oportunidades rurales no se reduce a los edulcorantes. Unos 70
000 agricultores productores de vainilla en Madagascar quedaron en
la ruina cuando una firma de Texas produjo vainilla en sus laboratorios
de biotecnología(2).
La expansión de las palmas
aceiteras clonadas por Unilever incrementará de manera sustancial
la producción de aceite de palma con dramáticas consecuencias
para los agricultores que producen otros aceites vegetales (de maní
en Senegal y de coco en Filipinas).
Mito 3: La biotecnología
no atentará contra la soberanía ecológica del
tercer mundo.
Desde que el norte se dio cuenta
de los servicios ecológicos que proporciona la biodiversidad,
de los cuales el sur es el mayor repositorio, el tercer mundo ha sido
testigo de una "fiebre genética", en la medida en
que las corporaciones multinacionales exploran los bosques, campos
de cultivos y costas en busca del oro genético del sur. Protegidas
por la OMC, estas corporaciones practican libremente la "biopiratería",
la cual cuesta a las naciones en desarrollo, según la Fundación
para el Avance Rural (RAFI), unos US$ 4 500 millones al año
por la pérdida de regalías de las compañías
productoras de alimentos y productos farmacéuticos, las cuales
usan el germoplasma y las plantas medicinales de los campesinos e
indígenas.
Está claro que los pueblos
indígenas y su diversidad son vistos como materia prima por
las corporaciones multinacionales, las cuales han obtenido miles de
millones de dólares en semillas desarrolladas en los laboratorios
de EE.UU. a partir de germoplasma que los agricultores del tercer
mundo mejoraron cuidadosamente por generaciones(9). Por el momento,
los campesinos no son recompensados por su milenario conocimiento,
mientras las corporaciones multinacionales empiezan a obtener regalías
de los países del tercer mundo estimadas en miles de millones
de dólares. Hasta ahora las compañías de biotecnología
no han recompensado a los agricultores del tercer mundo por la expropiación
de sus semillas y recursos genéticos.
Mito 4: La biotecnología
conducirá a la conservación de la biodiversidad.
Aunque la biotecnología
tiene la capacidad de crear nuevas variedades de plantas comerciales
y de esta manera contribuir a la biodiversidad, es difícil
que esto suceda. La estrategia de las corporaciones multinacionales
consiste en crear amplios mercados internacionales para la semilla
de un solo producto. La tendencia es formar mercados internacionales
de semillas uniformes. Aún más, las medidas dictadas
por las corporaciones multinacionales sobre el sistema de patente
que prohíbe a los agricultores rehusar la semilla que rinden
sus cosechas, afectará las posibilidades de la conservación
in situ y el mejoramiento de la diversidad genética a nivel
local. Los sistemas agrícolas desarrollados con cultivos transgénicos
favorecerán los monocultivos que se caracterizan por niveles
peligrosos de homogeneidad genética, los cuales conducen a
una mayor vulnerabilidad de los sistemas agrícolas al estrés
biótico y abiótico(11). Conforme la nueva semilla producida
por bioingeniería reemplace a las antiguas variedades tradicionales
y a sus parientes silvestres, se acelerará la erosión
genética(9). De este modo, la presión por la uniformidad
no sólo destruirá la diversidad de los recursos genéticos,
sino que también romperá la complejidad biológica
que condiciona la sustentabilidad de los sistemas agrícolas
tradicionales(12).
Los recientes hallazgos de contaminación
de variedades locales de maíz con transgénicos en Oaxaca,
México, plantean un dilema de inmensas proporciones ecológicas
para los campesinos. El problema es que la dispersión vía
flujo genético de características transgénicas
a variedades locales, puede diluir la sustentabilidad natural típica
de estas variedades criollas. Al expresar la característica
transgénica, las variedades criollas lo pueden hacer a expensas
de características claves para subsistir en ambientes marginales,
tales como resistencias a sequías, heladas o plagas.
Mito 5: La biotecnología
no es ecológicamente dañina y dará origen a una
agricultura sustentable libre de químicos.
La biotecnología se está
desarrollando para "resolver" los problemas causados por
las anteriores tecnologías con agroquímicos (resistencia
a los plaguicidas, contaminación, degradación del suelo,
etc.), los cuales fueron promovidos por las mismas compañías
que ahora son líderes de la biorrevolución. Los cultivos
transgénicos desarrollados para el control de plagas siguen
fielmente el paradigma de los plaguicidas: usar un solo mecanismo
de control que ha fallado una y otra vez con insectos, patógenos
y malezas(13). Los cultivos transgénicos tienden a incrementar
el uso de los plaguicidas y a acelerar la evolución de "super
malezas" y plagas de razas de insectos resistentes(14). El enfoque
"un gen resistenteuna plaga" ha sido superado fácilmente
por las plagas, las cuales se adaptan continuamente a nuevas situaciones
y sus mecanismos de destoxificación evolucionan(11). Hay muchas
preguntas ecológicas sin respuesta respecto al impacto de la
liberación de plantas y microorganismos transgénicos
en el medio ambiente. Entre los principales riesgos asociados con
las plantas obtenidas por ingeniería genética está
la transferencia no intencional de los "transgenes" a parientes
silvestres de los cultivos y los efectos ecológicos impredecibles
que esto implica(14). Además, se sabe que las toxinas del maíz
Bt, por ejemplo, impactan a otros insectos benéficos que ejercen
control biológico sobre plagas y que, además, se acumulan
en el suelo afectando la fauna edáfica que descompone la materia
orgánica y regula el reciclaje de nutrientes. La eliminación
de esta biodiversidad puede ser de alta significación para
los campesinos que dependen de los servicios ecológicos de
la biodiversidad.
Por las consideraciones mencionadas,
la teoría agroecológica predice que la biotecnología
exacerbará los problemas de la agricultura convencional y,
al promover los monocultivos, también socavará los métodos
ecológicos de manejo agrícola, tales como la rotación
y los policultivos(1). Como está concebida en la actualidad,
la biotecnología no se adapta a los amplios ideales de una
agricultura sustentable.
Mito 6: La biotecnología
mejorará el uso de la biología molecular para beneficio
de todos los sectores de la sociedad.
La demanda por la nueva biotecnología
no surgió como un resultado de demandas sociales, sino de cambios
en las leyes de patentes y de los intereses de lucro de las compañías
de químicos para enlazar semillas y plaguicidas. La tecnología
surgió a partir de los sensacionales avances de la biología
molecular y de la disponibilidad de capitales aventureros para arriesgar,
como resultado de leyes de impuestos favorables. El peligro está
en que el sector privado está influyendo en la dirección
de la investigación del sector público en una forma
sin precedentes. En la medida en que más universidades e institutos
públicos de investigación se asocian con las corporaciones,
aparecen cuestiones éticas más serias sobre quién
es dueño de los resultados de la investigación y qué
investigaciones se realizan. La tendencia de los investigadores universitarios
involucrados en tales asociaciones a guardar el secreto, trae a colación
preguntas sobre ética personal y sobre conflictos de intereses.
En muchas universidades, la habilidad
de un profesor para atraer la inversión privada es, a menudo,
más importante que las calificaciones académicas, eliminando
los incentivos para que los científicos sean responsables ante
la sociedad. Las áreas que no atraen el apoyo corporativo,
como el control biológico y la agroecología, están
siendo dejadas de lado y esto no favorece el interés público.
Lo trágico es que, dados los regímenes existentes de
propiedad intelectual controlados por corporaciones, las instituciones
públicas no pueden liberar cultivos transgénicos que
ellos desarrollen porque la mayoría de las tecnologías
adyuvantes (vectores, marcadores, etc.) estan patentadas. Para liberar
un producto las instituciones tendrían que pagar millones de
dólares por "royalties" a corporaciones que poseen
las varias patentes.
Agroecología: alternativa
real
Los defensores de la Revolución
Verde sostienen que los países de América Latina deberían
optar por un modelo industrial basado en variedades mejoradas y en
el creciente uso de fertilizantes y pesticidas, a fin de proporcionar
una provisión adicional de alimentos a sus crecientes poblaciones
y economías. El problema es que la biotecnología no
reduce el uso de agroquímicos ni aumenta los rendimientos.
Tampoco beneficia a los consumidores ni a los agricultores pobres.
Dado este escenario, un creciente número de agricultores, ONGs
y otros propulsores de la agricultura sostenible propone que, en lugar
de este enfoque intensivo en capital e insumos, los países
de la región deberían propiciar un modelo agroecológico
que da énfasis a la biodiversidad, el reciclaje de los nutrientes,
la sinergia entre cultivos, animales, suelos y otros componentes biológicos,
así como a la regeneración y conservación de
los recursos.
Una estrategia de desarrollo agrícola
sostenible que mejora el medio ambiente debe estar basada en principios
agroecológicos y en un método participativo en el desarrollo
y difusión de tecnología. La agroecología es
la ciencia que se basa en los principios ecológicos para el
diseño y manejo de sistemas agrícolas sostenibles y
de conservación de recursos, y que ofrece muchas ventajas para
el desarrollo de tecnologías más favorables para el
agricultor. La agroecología se erige sobre el conocimiento
indígena y tecnologías modernas selectas de bajos insumos
para diversificar la producción. El sistema incorpora principios
biológicos y los recursos locales para el manejo de los sistemas
agrícolas, proporcionando a los pequeños agricultores
una forma ambientalmente sólida y rentable de intensificar
la producción en áreas marginales.
Se estima que, a nivel global,
aproximadamente 1,9 a 2,2 mil millones de personas aún no han
sido tocadas directa o indirectamente por la tecnología agrícola
moderna. En América Latina la proyección es que la población
rural permanecería estable en 125 millones hasta el año
2000, pero el 61% de esta población es pobre y la expectativa
es que aumente. La mayor parte de la pobreza rural (cerca de 370 millones)
se centra en áreas de escasos recursos, muy heterogéneas
y predispuestas a riesgos. Sus sistemas agrícolas son de pequeña
escala, complejos y diversos. La mayor pobreza se encuentra con más
frecuencia en las zonas áridas o semiáridas, y en las
montañas y laderas que son vulnerables desde el punto de vista
ecológico. Tales fincas y sus complejos sistemas agrícolas
constituyen grandes retos para los investigadores.
Para que beneficie a los campesinos
pobres, la investigación y el desarrollo agrícolas deberían
operar sobre la base de un enfoque "de abajo hacia arriba",
usando y construyendo sobre los recursos disponibles –la población
local, sus conocimientos y sus recursos naturales nativos. Deben tomarse
muy en serio las necesidades, aspiraciones y circunstancias particulares
de los pequeños agricultores, por medio de métodos participativos.
Esto significa que desde la perspectiva de los agricultores pobres,
las innovaciones tecnológicas deben:
- Ahorrar insumos y reducir costos
- Reducir riesgos
- Expandirse hacia las tierras marginales frágiles
- Ser congruentes con los sistemas agrícolas campesinos
- Mejorar la nutrición, la salud y el medio ambiente
Precisamente, debido a estos requerimientos
la agroecología ofrece más ventajas que la Revolución
Verde y los métodos biotecnológicos. Las características
promisorias de las técnicas agroecológicas son que:
- Se basan en el conocimiento
indígena y la racionalidad campesina
- Son económicamente viables, accesibles y basadas en recursos
locales
- Son sanas para el medio ambiente y sensibles desde el punto de vista
social y cultural
- Evitan el riesgo y se adaptan a las condiciones del agricultor
- Mejoran la estabilidad y la productividad total de la finca y no
sólo de cultivos particulares
Hay miles de casos de productores
rurales que, en asociación con ONGs y otras organizaciones,
promueven sistemas agrícolas y conservan los recursos manteniendo
altos rendimientos y cumpliendo con los criterios antes mencionados.
Aumentos de 50 a 100% en la producción son bastante comunes
con la mayoría de estos métodos de producción.
En ocasiones, los rendimientos de los cultivos que constituyen el
sustento de los pobres –arroz, frijoles, maíz, yuca,
papa, cebada– se han multiplicado gracias al trabajo y al conocimiento
local más que a la compra de insumos costosos, y capitalizando
sobre los procesos de intensificación y sinergia. Más
importante tal vez que sólo los rendimientos, es posible aumentar
la producción total en forma significativa diversificando los
sistemas agrícolas, usando al máximo los recursos disponibles.
Muchos ejemplos sustentan la efectividad
de la aplicación de la agroecología en el mundo en desarrollo.
Se estima que alrededor de 1,45 millones de familias rurales pobres
que viven en 3,25 millones de hectáreas han adoptado tecnologías
regeneradoras de los recursos, incluyendo en Brasil 200 000 agricultores
que usan abonos verdes y cultivos de cobertura duplicando el rendimiento
del maíz y el trigo, y en GuatemalaHonduras donde 45 000 agricultores
usaron la leguminosa Mucuna como cobertura para la conservación
del suelo, triplicando los rendimientos del maíz en las laderas.
En México, aproximadamente 100 000 pequeños productores
de café orgánico aumentaron su producción en
un 50%.
Conclusiones
A fines de la década de
los años 80, una publicación de Monsanto indicaba que,
en el futuro, la biotecnología revolucionaría a la agricultura
con productos basados en los métodos propios de la naturaleza,
haciendo que el sistema agrícola fuera más amigable
para el medio ambiente y más provechoso para el agricultor(15).
Más aún, se proporcionarían plantas con defensas
genéticas autoincorporadas contra insectos y patógenos.
Desde entonces, muchos otros han prometido varias otras recompensas
que la biotecnología puede brindar a través del mejoramiento
de cultivos. El problema ético reside en que muchas de estas
promesas son infundadas y muchas de las ventajas o beneficios de la
biotecnología no han podido ser o no han sido hechos realidad.
Aunque es claro que la biotecnología
puede ayudar a mejorar la agricultura, dada su actual orientación
la biotecnología promete más bien daños al medio
ambiente, una mayor industrialización de la agricultura y una
intrusión más profunda de intereses privados en la investigación
del sector público. Hasta ahora la dominación económica
y política de las corporaciones multinacionales en la agenda
del desarrollo agrícola ha tenido éxito a expensas de
los intereses de los consumidores, los campesinos, las pequeñas
fincas familiares, la vida silvestre y el medio ambiente.
Para la sociedad civil es urgente
tener una mayor participación en las decisiones tecnológicas,
para que el dominio que ejercen los intereses corporativos sobre la
investigación científica sea balanceado por un control
público más estricto. Las organizaciones públicas,
nacionales e internacionales, tales como FAO, CGIAR, etc., tendrán
que monitorear y controlar que los conocimientos aplicados no sean
propiedad del sector privado, para proteger que tal conocimiento continúe
en el dominio público y en beneficio de las sociedades rurales.
Deben desarrollarse regímenes de regulación controlados
públicamente y emplearlos para monitorear y evaluar los riesgos
sociales y ambientales de los productos de la biotecnología.
Finalmente, la tendencia hacia
una visión reduccionista de la naturaleza y de la agricultura,
promovida por la biotecnología contemporánea, debe ser
revertida por un enfoque más holístico, para asegurar
que las alternativas agroecológicas no sean ignoradas y que
sólo se investiguen y desarrollen aspectos biotecnológicos
ecológicamente aceptables. Ha llegado el momento de enfrentar
efectivamente el reto y la realidad de la ingeniería genética.
Como ha ocurrido con los plaguicidas, las compañías
de biotecnología deben sentir el impacto de los movimientos
ambientalistas, laborales y campesinos, de modo que reorienten su
trabajo para beneficio de toda la sociedad y la naturaleza. El futuro
de la investigación con base en la biotecnología estará
determinado por relaciones de poder y no hay razón para que
los agricultores y el público en general, si se organizan y
logran suficiente poder, no puedan influir en la dirección
de la biotecnología, de modo que cumpla con las metas de la
sustentabilidad.
Miguel A. Altieri
Profesor de Agroecología,
División Biología de los Insectos, Universidad de California,
Estados Unidos
Correspondencia: agroeco3@nature.berkeley.edu
Referencias
1. Hindmarsh R. The flawed "sustainable"
promise of genetic engineering. The Ecologist 1991; 21: 196-205.
2. Busch L, Lacy WB, Burkhardt
J, et al. Plants, Power and Profit. Oxford: Basil Blackwell; 1990.
3. Krimsky S, Wrubel RP. Agricultural
Biotechnology and the Environment: Science, Policy and Social Issues.
Urbana: University of Illinois Press; 1996.
4. Lappé FM, Collins J,
Rosset P. World hunger: twelve myths. New York: Grove Press; 1998.
5. Aristide JB. Eyes of the heart:
seeking a path for the poor in the age of globalisation. Monroe ME:
Common Courage Press; 2000.
6. Altieri MA, Rosset P, Thrupp
LA. The potential of agroecology to combat hunger in the developing
world. (2020 Brief N° 55). Washington DC: International Food Policy
Research Institute; 1998.
7. Uphoff N, Altieri MA. Alternatives
to conventional modern agriculture for meeting world food needs in
the next century. Report of a Bellagio Conference. Ithaca, NY: Cornell
International Institute for Food, Agriculture and Development; 1999.
8. Rosset P. The Multiple Functions
and Benefits of Small Farm Agriculture in the Context of Global Trade
Negotiations (Food First Policy Brief N° 4). Oakland, CA: Institute
for Food and Development Policy; 1999.
9. Fowler C, Mooney P. Shattering:
Food, Politics and the Loss of Genetic Diversity. Tucson: University
of Arizona Press; 1990.
10. Greenland DJ. The sustainability
of rice farming. Wallingford, UK: CAB International; 1997.
11. Robinson RA. Return to Resistance:
Breeding Crops to Reduce Pesticide Resistance. Davis: Ag Access; 1996.
12. Altieri MA. Biodiversity and
pest management in agroecosystems. New York: Haworth Press; 1994.
13. National Research Council.
Ecologically Based Pest Management. Washington DC: National Academy
of Sciences; 1996.
14. Rissler J, Mellon M. The Ecological
Risks of Engineered Crops. Cambridge: MIT Press; 1996.
15. Office of Technology Assessment.
A New Technological Era for American Agriculture. Washington DC: USA
Government Printing Office; 1992.
Bibliografía
Altieri MA. Agroecology: the science
of sustainable agriculture. Boulder: Westview Press; 1996.
Altieri MA. The ecological impacts
of transgenic crops on agroecosystem health. Ecosystem Health 2000;
6:13-23.
Altieri MA. Developing sustainable
agricultural systems for small farmers in Latin America. Natural Resources
Forum 2000; 24: 97-105.
Conway GR. The doubly green revolution:
food for all in the twenty first century. London: Penguin Books; 1997.
Darmancy H. The impact of hybrids
between genetically modified crop plants and their related species:
introgression and weediness. Molecular Ecology 1994; 3: 37-40.
Donnegan KK, Seidler RJ. Effects
of transgenic plants on soil and plant microorganisms. Recent Research
Developments in Microbiology 1999; 3: 415-424.
Goldberg RJ. Environmental concerns
with the development of herbicidetolerant plants. Weed Technology
1992; 6: 647-652.
Gould F. Potential and problems
with highdose strategies for pesticidal engineered crops. Biocontrol
Scienceand Technology 1994; 4: 451-461.
Hilbeck A, Moar WJ, Putzai Carey
M, et al. Preymediated effects of Cry1Ab toxin and protoxin on the
predator Chrysoperla carnea. Entomologia Experimentalis et Applicata
1999; 91: 305-316.
Holt JS, Powles SB, Holtum JAM.
Mechanisms and agronomic aspects of herbicide resistance. Annual Review
Plant Physiology Plant Molecular Biology 1993; 44: 203-229.
Jordan CF. Genetic engineering,
the farm crisis and world hunger. BioScience 2002; 52: 523-529.
Lappé FM, Bailey B. Against
The Grain: Biotechnology And The Corporate Takeover Of Food. Monroe,
Maine: Common Courage Press; 1998.
Losey JJE, Rayor LS, Carter ME.
Transgenic pollen harms Monarch larvae. Nature 1999; 399: 214.
Lutman PJW, ed. Gene flow and
agriculture: relevance for transgenic crops. Staffordshire: British
Crop Protection Council, Symposium Proceedings N° 72; 1999: 43-64.
Obrycki JJ, Losey JE, Taylor OR,
et al. Transgenic insecticidal corn: beyond insecticidal toxicity
to ecological complexity. BioScience 2001; 353-361.
Palm CJ, Schaller DL, Donegan
KK, et al. Persistence in soil of transgenic plant produced Bacillus
thuringiensis var. Kustaki dendotoxin. Canadian Journal of Microbiology
1996; 42: 1258-1262.
Paoletti MG, Pimentel D. Genetic
engineering in agriculture and the environment: assessing risks and
benefits. BioScience 1996; 46: 665-671.
Persley GJ, Lantin MM, eds. Agricultural
biotechnology and the poor. Washington DC: Consultative Group on International
Agricultural Research; 2000.
Pretty J. Regenerating agriculture:
policies and practices for sustainability and self reliance. London:
Earthscan; 1995.
Pretty J, Hine R. Feeding the
world with sustainable agriculture: a summary of new evidence. Final
report from SAFE-World Research Project. Colchester, UK: University
of Essex; 2000.
Saxena D, Flores S, Stotzky G.
Insecticidal toxin in root exudates from Bt corn. Nature 1999; 40:
480.
Snow AA, Moran P. Commercialization
of transgenic plants: potential ecological risks. BioScience 1997;
47: 86-96.
Thrupp LA. Cultivating biodiversity:
agrobiodiversity for food security. Washington DC: World Resources
Institute; 1998.
USDA. Genetically Engineered Crops
for Pest Management. Washington DC: United States Department of Agriculture
Economic Research Service; 1999.
Publicado en Acta Bioethica 2003;
9(1)
Fuente: SciELO Chile