Las Observaciones
sobre Agricultura de Pérez Castellano
Un ejemplo de agricultura moderna en 1813
En 1812, el primer gobierno patrio
con sede en Canelones le pidió al Presbítero Pérez
Castellano que escribiera unos apuntes para instruir a los agricultores
de la campaña, a lo cual accedió, dedicando un año
entero a tal tarea. Lamentablemente, los acontecimientos históricos
hicieron que su trabajo fuera recién publicado en 1848 por
el gobierno de Manuel Oribe, años después del fallecimiento
de su autor.
Tal como se le solicitó,
Pérez Castellano se esforzó en escribir "para los
labradores del Miguelete" y señala que pese a que "se
ha escrito mucho sobre esa materia", las obras existentes sobre
agricultura "son voluminosas, difusas y difíciles de manejar
a los que no tienen mucho ejercicio en los libros, como regularmente
acontece a los labradores". Más adelante agrega que "muchos
libros de agricultura más bien parecen escritos para espantar
labradores, que para instruirlos".
Su trabajo, fruto de la acumulación
de conocimientos a lo largo de cuarenta años de experiencias
en cultivos agrícolas de todo tipo, está entonces escrito
en lenguaje sencillo, sin que ello le quite el enorme valor científico
que sin duda tiene. Como bien dice al inicio del trabajo, "puedo
haberme engañado como hombre, sujeto al error; pero nunca he
dado por cierto sino lo que tengo por tal después de mis experiencias".
En 1968 el trabajo fue incluido
en la "Colección de Clásicos Uruguayos" de
la Biblioteca Artigas y los dos tomos que incluyen sus "Observaciones
sobre Agricultura" constituyen una fuente formidable de información
para un público muy diverso.
En efecto, pese a lo que su título
pudiera llevar a pensar, el trabajo contiene elementos de gran interés
no solo para agricultores -en particular orgánicos- sino también
para quienes se interesen en historia agrícola, control de
plagas, monte indígena, medicinas, cocina, procesamiento y
conservación de alimentos y muchos temas más.
Su enfoque podría ser hoy
definido como de agricultura orgánica. Por ejemplo cuando señala
que "aunque el arte hace en los árboles algunas cosas
que de suyo no obra en ellos la naturaleza, es menester que en nuestras
obras la sigamos e imitemos en cuanto nos sea posible, sin violentarla
demasiado", parecería más una cita de un ecologista
moderno que palabras de un agricultor de principios del siglo XIX.
Pero además, también
se destaca un enfoque que hoy se definiría como "holístico".
A modo de ejemplo, para definir la época de siembra de distintas
especies, no solo tiene en cuenta las necesidades de la planta, sino
también otros elementos como el suelo y las posibles plagas.
En el caso del poroto blanco, no solo recomienda sembrarlo "en
tierra baja y jugosa porque en ella las matas crecen mucho y echan
el poroto grande y lleno", sino que además toma en cuenta
la presencia de "algunos gusanos u orugas" que "suelen
picarlo en el tallo tierno y perderlos". Es por eso que estos
porotos deben ser sembrados "en los últimos días
de noviembre o principios de diciembre cuando con los soles fuertes
han desaparecido o se han disminuido esos bichos dañinos".
Menciona también casos
de especies que pueden acompañar a otras, así como casos
en que ello resulta inconveniente, tal como lo hace hoy la agricultura
orgánica. Por ejemplo, en el caso del naranjo, recomienda que
el suelo se mantenga libre de malas hierbas, aunque agrega que se
pueden sembrar "sin embarazarlos" algunas legumbres y hortalizas
como porotos, tomates, pimientos, etc. Al mismo tiempo advierte contra
"plantar cerca de ellos orégano, romero, alhucema o violetas;
porque esas plantas resecan mucho la tierra . y ofrecen en sus raíces
cómoda acogida a las hormigas, particularmente a unas hormiguillas
ligeras de color de pulga, que sin comer las hojas de los naranjos,
se alimentan de su jugo y las ensucian con una caspa negra como
hollín, que los aniquila y desluce".
Don Manuel distingue entre plantas
que empobrecen o que enriquecen la tierra. Por ejemplo, recomienda
que la cebolla y el ajo se siembren con estiércol porque "desustancian
mucho la tierra y es menester todos los años o a lo menos a
los dos años darle algún fomento". Por el contrario,
la col "es una planta que abona la tierra y la enriquece en vez
de empobrecerla".
Resultan muy interesantes los
casos en que describe al detalle de control de plagas con el uso de
métodos físicos. Por ejemplo, el caso de la "vaquilla"
en los tomates. Dice que la vaquilla, un "insecto con alas encerradas
en estuches de color gris o de ceniza" suele infestar las plantas
de tomate, "devorándoles en pocos días toda la
hoja". El remedio que aplica es sencillo: la vaquilla "se
mata por las mañanas o a puestas de sol, pues entonces no vuela,
y para matarla se sacuden las ramas, en que están pegadas,
recogiéndolas uno o dos hombres hacia el medio de la planta
y teniéndolas levantadas mientras que otros dos hombres con
azadas las arrastran como con rastrillo y las sepultan en los hoyos
que se practican entre mata y mata; se cubren con la tierra que
salió del hoyo, y dando algunos golpes encima con las mismas
azadas quedan sepultadas para no volver a salir".
Dedica varias páginas al
vital tema del control de la hormiga cortadora, pero quizá
lo más interesante sea su conclusión de que los agricultores
deben aprender a convivir con la hormiga. Al respecto dice que "el
matar hormigueros es en este país una tarea de todos los años
y de todas las estaciones". Al ser preguntado por un vecino si
las hormigas son infinitas responde: "No son infinitas; pero
por su multitud y por su prodigiosa fecundidad son inacabables".
También se refiere a la
importancia de la conservación del monte indígena y
dedica varias páginas a denunciar la tala destructiva de que
es objeto y a plantear soluciones al problema. Dice que "de ese
abuso proviene que unos bosques que ahora cincuenta años parecía
imposible que se acabasen en muchos siglos, se hallan ya tan apurados,
que en ellos no se ve al presente ni un palo de provecho que pueda
llamarse madera, y los van talando, o por mejor decir los destrozan
a tan gran prisa, que muy pronto va a quedarse la ciudad sin leña
para su consumo, si no se acude con prontitud y eficacia al remedio".
El trabajo hace descripciones
detalladas de algunas especies de árboles indígenas
como el ombú, el sauce criollo y el tala. Con respecto a este
último, no solo explica detalladamente como producirlo de semilla
o de estaca (para cercos), sino que agrega elementos de interés
como que su fruto "es una golosina muy gustosa para los pájaros
que se alimentan de granos", y que "cuando la frutilla está
madura, no necesitan las gallinas de otro alimento; porque sería
bastante para ellas el que hallasen debajo de las ramas del cerco
en las frutillas del tala".
La importancia de la correcta
ubicación de los distintos cultivos es también señalada
por Pérez Castellano. Entre los varios ejemplos que menciona,
dice que "los guindos, los membrillos y los manzanos, que se
crían en la ribera o sobre el borde mismo del Miguelete en
terrenos pingües y feraces, o no son atacados de gusanos, o lo
son incomparablemente menos que los que se crían en terrenos
altos, más secanos y de menos fertilidad".
El mejoramiento de suelos a través
del abono es también abordado. Por ejemplo, describe que en
el sitio donde edificó su casa la tierra era parda o blanquecina
y en ella "o no se veían hierbas, o solo se veían
algunas briznas claras y miserables". Sin embargo, "esa
pobreza aparente de la tierra, a los pocos años solo con el
estiércol de las aves, de los caballos, de los bueyes y otros
animales, y con las barreduras de la misma casa, se puso tan suave
y criadora de cuantas hierbas se producen en los contornos de las
casas de campo".
Más allá de su utilidad
concreta actual -que sin duda la tiene- el trabajo de Pérez
Castellano es un ejemplo en muchos sentidos. Por un lado, porque comparte
-sin exigir pago alguno- todo el conocimiento adquirido a lo largo
de una vida, para ponerlo al servicio de todos. Por otro lado, porque
es el resultado de innumerables experiencias y observaciones, donde
siempre intenta profundizar el conocimiento, reconociendo errores,
elaborando hipótesis y llevándolas a la práctica
para comprobar su validez. En definitiva, aplicando
el método científico.
Como comentario general, cabe
decir que hay obras que resultan muy valiosas en su momento y que
luego se convierten en meros referentes históricos al ser superadas
por el conocimiento posterior. En este caso se da la situación
inversa. El conocimiento agrícola tradicional, documentado
en esta obra "histórica", resurge como una escuela
mucho más avanzada que la de la Revolución Verde que
lo sustituyó a partir de la década de 1950. Los graves
impactos sociales y ambientales resultantes de la agricultura industrial,
basada en monocultivos de semillas "mejoradas" (y ahora
transgénicas y patentadas), unida al uso masivo de fertilizantes
químicos y agrotóxicos, vuelven hoy imprescindible un
cambio hacia lo que se llama "agricultura orgánica o agroecológica".
En tales condiciones, estas "Observaciones sobre Agricultura"
constituyen, para el caso de Uruguay, el cimiento básico para
comenzar a edificar una nueva agricultura, social y ambientalmente
sustentable.
Ricardo Carrere
Mayo 2007