Publicación
de ONU recomienda una “transición agroecológica”
para enfrentar crisis global alimenticia y de degradación de
la tierra
“El
Estado tiene un rol clave para jugar en la regulación y promoción
de dinámicas yprocesos agroecológicos”, afirmó
Federico Bizzozero, autor del trabajo.
“El
concepto de agroecología incluye varias dimensiones: social,
cultural, política, económica, comercial, científica
y tecnológica. Estas dimensiones establecen conjuntamente un
marco teórico o paradigma para impulsar transiciones hacia
sistemas agroalimentarios sostenibles”, dice la publicación
“Lineamientos y recomendaciones de políticas para el
desarrollo de la Agroecología en Uruguay”, del segundo
número de la serie Ideas para Agendas Emergentes, editada por
el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Uruguay.
Federico
Bizzozero, autor de la publicación y coordinador del Programa
de Agroecología del Centro Uruguayo de Tecnologías Apropiadas
(Ceuta), comentó en la presentación del texto que su
objetivo es contribuir a la “promoción de ideas y acciones
para la producción y el escalamiento de la producción
agroecológica. Además de ayudar a sostener el sistema
agroalimentario uruguayo” Bizzozero dijo que nos enfrentamos
ante una crisis global “que afecta a un sector de la población
que sufre hambre crónica, déficit de micronutrientes
o aumento de la obesidad”, y al mismo tiempo hay una degradación
de la tierra con un área cada vez más reducida para
la producción de alimentos. “Por supuesto que estamos
atravesando puntos dramáticos en términos de pérdida
de biodiversidad”, subrayó.
Desde
el punto de vista económico dijo que hay una concentración
de grandes capitales y empresas corporativas transnacionales, “esto
presiona sobre la desaparición de agricultores familiares,
campesinos e indígenas”. “Todo esto se expresa
en un aumento sostenido de la huella ecológica de los sistemas
agroalimentarios. Hay un correlato de este modelo a nivel nacional
y lo podemos ver en la erosión del suelo, en la eutrofización
de aguas por excesos de nutrientes y moléculas tóxicas
derivadas de la práctica agrícola”, aseguró.
Sobre los agroquímicos afirmó que aumentan la inseguridad
de los trabajadores rurales y tienen efectos en el consumidor, además
de haber impuesto barreras en las exportaciones uruguayas.
Todos los problemas identificados, “sumados a las oportunidades”,
dieron origen a algunas ideas para la promoción de la agroecología
que se expresan en la publicación.
“Es
necesario un cambio del sistema, porque si seguimos haciendo lo mismo
vamos a tener los mismos resultados negativos; para eso es la transición
agroecológica”, dijo.
Bizzozero
explicó que una de las estrategias es unificar el campo y la
ciudad a través del consumidor, que es “cada vez más
consciente, responsable e incidente en los sistemas agroalimentarios”.
Una
de las necesidades identificadas por el PNUD es la trazabilidad y
certificación de los productos que son instrumentos que pueden
ser aplicados a través de políticas públicas.
“El Estado tiene un rol clave para jugar en la regulación
y promoción de dinámicas y procesos agroecológicos”,
expresó. Además, comentó que es posible una transición
de una producción convencional hacia otra más sostenible
“optimizando los insumos, sustituyéndolos y después
generando un prediseño predial que incorpore manejos agroecológicos
y que tienda a mayores grados de sostenibilidad”.
Los
resultados de la investigación presentada este martes incluyen
la creación de una base teórica y la definición
de lo que es la producción agropecuaria sostenible, denominada
agroecología. Además, se caracterizaron las experiencias
prediales productivas sostenibles y su transición, se creó
un mapa de actores y se propusieron 42 recomendaciones para políticas
públicas. Se realizaron 32 entrevistas a referentes nacionales
y regionales; se hicieron 10 consultas a técnicos locales y
especialistas de distintos sectores; se efectuaron 12 visitas prediales
con entrevistas y caracterización predial; y el diseño
de las recomendaciones se basó en las conclusiones de las consultas,
las leyes y planes de otros países, se realizó un intercambio
con el grupo de trabajo Agro del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento
Territorial, y además con los grupos de trabajo de la Comisión
Honoraria del Plan Nacional de Agroecología.
En
un planeta que es finito la economía deja de crecer
Alberto
Gómez, integrante del grupo asesor de la Red de Agroecología
del Uruguay, que participó de la ponencia a título personal,
dijo, citando a Herman Daly, el economista ecológico estadounidense,
que “no puede haber una economía que crezca infinitamente
en un planeta que es finito, y que tiene sus límites para lidiar
con los contaminantes que generamos. Este tema es un objeto de debate
y un tabú porque en realidad todos aportamos y vivimos en un
paisaje en el que todo se resuelve con crecimiento; incluso las Naciones
Unidas todavía continúan teniendo como uno de sus objetivos
el crecimiento económico sostenido; yo creo que el tiempo del
crecimiento económico pasó, no va a ser posible”.
Para Gómez no hay 50 años para resolverlo; “vamos
a tener que encarar mucho antes”.
Sobre
la publicación dijo que hay elementos con los que se puede
polemizar, como por ejemplo la gran cantidad de actores que se tuvieron
en cuenta para el estudio; “conviene diferenciar lo que puede
ser la agricultura familiar, lo que puede ser un empresariado medio
rural nacional, de lo que puede ser una transnacional. Conviene también
diferenciar la agroecología de lo que se llama el agronegocio
orgánico. En las políticas a veces se hacen recomendaciones
para sectores que son, por lo menos, discutibles. Todos van a tener
un rol si queremos tener una agricultura más sustentable, pero
las políticas deben ser diferentes según los sectores”.
Entre
los aportes, que Gómez calificó como interesantes, está
el avance sobre los desafíos de la institucionalidad, generar
indicadores para los sistemas y realizar estudios prospectivos. Una
de las coincidencias con la comisión es que en los territorios
hay que trabajar con gran transversalidad, “donde pueden jugar
un rol muy importante las intendencias y los municipios”. Además,
dijo que tiene potencial la creación de áreas de prioridad
agroecológica en el ordenamiento territorial.
Por
su parte, en su intervención, Laura González, directora
de la Agencia de Desarrollo Rural de la Intendencia de Canelones,
recordó que la Ley 19.717 (Plan nacional para el fomento de
la producción con bases agroecológicas), que creó
la Comisión Honoraria, “define como sujetos principales
a los productores familiares y los sistemas de producción urbanos
y suburbanos”. “Me parece importante rescatar que con
esa declaración no estamos siendo amplios, se habla de sistemas
agroalimentarios de base agroecológica, eso no es suponer que
cualquier técnica destinada a solucionar los desafíos
agroalimentarios que tenemos sean moralmente válidos”.
Agregó que en verdad cuando se habla de agroecología
también se “alude a romper los mecanismos de dependencia
sociopolítica a los que se mantienen sometidos a los productores.
La producción agroecológica integra varios tipos de
conocimiento, no sólo hablamos de una agronomía ambientalmente
amigable, sino también debe integrar otras áreas. Hablamos
de soberanía de equidad, de inclusión, necesitamos un
marco que integre otros conocimientos, de la sociología de
la economía, de la ecología y de los saberes populares
y tradicionales”.
González
dijo que no es necesario empezar a innovar de cero, ya que hay experiencias
en Uruguay que han demostrado que este tipo de producción es
posible, y también es importante tener en cuenta la adhesión
de la ciudadanía a la agroecología. “El mito de
que no se podía producir sin agrotóxico ha caído”,
sentenció. “La ciudadanía ya demanda este tipo
de productos y ya existen problemas en el ambiente”, como la
degradación del suelo o la contaminación del agua, y
“ya estamos teniendo problemas de acceso a los mercados”.
Por
su parte, Eduardo Blasina, flamante presidente de la Comisión
Honoraria del Plan Nacional de Agroecología, coincidió
con los demás conferencistas en que estamos viviendo una “crisis
global que no tiene precedentes en términos de cambio climático
y de colapso de la biodiversidad”.
“En
Uruguay tenemos que ver cómo potenciamos la agroecología
en la ganadería de carne, en la de leche, en la granja, y en
un montón de áreas”; para eso es necesaria la
investigación e innovación, que es una de las recomendaciones
del documento. Sin esa innovación va a ser muy difícil
el desarrollo del sector, porque “la producción orgánica
a muy pequeña escala es fácil, pero a medida que se
agranda los problemas se vuelven más difíciles”.
Además
aseguró que se pueden buscar nichos de mercado nacionales,
regionales e internacionales porque Uruguay tiene “una vocación
exportadora. Tenemos que soñar con exportar al mundo y plantearse
metas ambiciosas”, dijo. Del documento de Naciones Unidas también
destacó como positiva la posibilidad de hacer la trazabilidad
de los productos, así como la implementación de un sistema
de certificaciones, dos factores que ayudarán a exportar.
Como
aporte dijo que sería bueno generar una sinergia con el mundo
de la tecnología, de la información y la robótica.
“En ese punto Uruguay tiene mucho que ganar”, mirando
a los países que están a la vanguardia, como Holanda,
Dinamarca o California, en Estados Unidos. “Es sumamente importante
ver lo que hicieron los campesinos latinoamericanos y la producción
familiar, pero hay que ver también lo que están haciendo
los países que están en la frontera del conocimiento.
Tenemos que tener una mirada latinoamericana pero también global”,
afirmó.
“Uruguay
tiene una agricultura con un plan de uso del suelo muy valioso, con
empresas que están trabajado en control biológico que
ojalá nos permita exportar granos en gran escala por esta vía.
Ese carácter inclusivo tiene que ser también para no
separar distintos tipos de organizaciones de empresas ni fuentes de
información valiosa”, sentenció.
La
Diaria
16 de septiembre
de 2020