Cambiar
la pisada
Legisladores
se comprometieron a crear una comisión que elabore un plan
nacional de agroecología
En contraposición
al modelo industrial del agronegocio, la producción agroecológica
tiende a utilizar los productos con los que cuenta el predio y a prescindir
de insumos externos; cuida la tierra y el agua, el trabajo, las semillas
y la alimentación; e incluso logra producir más alimentos
por hectárea que el modelo que lo cerca. Sobre todo eso habló
ayer el chileno Miguel Altieri, profesor de Agroecología en
la Universidad de California (Berkeley, Estados Unidos), que vino
a dar una serie de conferencias en la Facultad de Agronomía
de la Universidad de la República y ayer disertó en
el anexo del Palacio Legislativo.
La actividad
de ayer fue organizada por la Sociedad Científica Latinoamericana
de Agroecología, la Red de Agroecología del Uruguay
y la Red de Semillas Nativas y Criollas del Uruguay: las tres organizaciones
que impulsan la creación de un plan nacional de agroecología.
A fin de año la Red de Agroecología y la de Semillas
entregaron cerca de 4.000 firmas al presidente de la República
en apoyo a un pedido de la implementación del plan. A la demanda
social se suma lo que prometió el programa de gobierno del
Frente Amplio (FA), que habla de “implementar un Plan Nacional
para la promoción de la Agroecología y la Agricultura
Orgánica”, además de los problemas de cuencas
que son fuentes de agua potable, como la del río Santa Lucía,
la Laguna del Sauce y la Laguna del Cisne. José Puigdevall,
productor que habló en nombre de las dos redes organizadoras,
expresó que el proceso hacia un plan de agroecología
va en avance, que la Red de Semillas nuclea a más de 400 productores
y que la Red de Agroecología a más de 200, y añadió
que los problemas con las cuencas de agua aceleraron ese proceso.
“Entre
tantos problemas que tenemos en Uruguay, este es un tema importante
y trascendente”, dijo el vicepresidente de la República,
Raúl Sendic, que acompañó la actividad, que fue
apoyada por la presidencia del Senado. Sendic se remontó a
la historia del Homo sapiens y a la supremacía que logró
sobre la Tierra, y manifestó la importancia de “que podamos
apoyar a todas las herramientas que nos ayuden a ser menos peligrosos
con la naturaleza y con el planeta”, y puntualizó que
esta es una de ellas. Sostuvo que una política de agroecología
“requiere que podamos prever todo: acceso al agua, a la tierra,
a sistemas de financiamiento, a la tecnología, respaldos, porque
estas cosas no nacen por generación espontánea, sino
que requieren un fuerte padrinazgo del Estado y de la sociedad”.
Choque
de paradigmas
Altieri
saludó la iniciativa que se está gestando y dijo que,
después de Brasil, Uruguay sería el segundo país
en contar con un plan de agroecología, “el único
camino para dar en plenitud el derecho a la alimentación”.
Consideró que no puede coexistir el modelo del agronegocio
con el agroecológico, y que hay un choque de paradigmas, porque
se trata de dos modelos que tienen lógicas muy diferentes.
Dijo que la agricultura industrial o convencional es la dominante
y que es responsable de 25% a 30% de las emisiones de gases de efecto
invernadero. Lamentó que la biosfera se haya vuelto “homogénea
genéticamente” porque tres especies -maíz, arroz
y trigo- dominan más de 50% del área agrícola,
a pesar de que “como humanidad nos podríamos estar alimentando
de 150.000 especies”.
Según
Altieri, la producción industrial es más vulnerable
al cambio climático. En cambio, planteó que la alternativa
agroecológica ofrece menor dependencia del petróleo
y de las variaciones climáticas, porque la diversidad y la
combinación de cultivos permiten una mayor cobertura del suelo
y mejor retención del agua. Planteó “desafiar
el derecho de la propiedad privada como algo absoluto e inviolable”
y reivindicó la función social de la tierra.
Detalló
un estudio inglés que calculó los costos que externaliza
la agricultura industrial y que son pagos por la sociedad (para bajarlo
a Uruguay mencionó que es la población la que financia
las estrategias para mejorar la calidad del agua potable). Altieri
había recogido la información del país; mencionó
la proliferación de monocultivos, el modelo agroexportador,
la concentración de la tierra, la desaparición de 40%
de los agricultores familiares en los últimos diez años
-1.200 por año- y el impacto que genera en las comunidades
rurales.
Dejó
en claro que “el sistema industrial alimentario solamente produce
30% de los alimentos que consume la humanidad, a pesar de que usa
70%, 80% de la tierra”; mencionó datos de la producción
de campesinos, que en menos tierra que el modelo agroindustrial produce
51% de las hortalizas que come la población chilena, o el caso
de Brasil, donde la agricultura familiar, con 24% de la tierra, da
empleo a tres veces más personas que el agronegocio y produce
87% de la yuca, 70% de los frijoles, 46% maíz y 50% de las
aves de corral en ese país. Subrayó que “después
de seis décadas de enormes olas de ciencia agrícola
e inversión en desarrollo tecnológico, la revolución
verde no solucionó los problemas del hambre y la pobreza, y
el costo social y ecológico fue tan grande que superó
los beneficios que mucha gente dice que tuvo”.
Altieri
reafirmó que el Estado tiene que dar incentivos a la producción
agroecológica, oportunidades de mercado, de investigación,
y proteger esa forma de producción contra los “precios
predatorios” de los mercados globales. Recordó que el
impulso “no tiene que venir de arriba”, sino que tiene
que haber participación de la comunidad en la planificación
y en la implementación del plan que se está gestando.
Por último,
enumeró que es necesario garantizar alimentos sanos para toda
la población; aumentar los ingresos de los pequeños
productores y de los sectores consumidores más pobres; y adoptar
estrategias productivas que garanticen alimentos para las futuras
generaciones.
En
construcción
Leonardo
de León, senador del FA, resumió que varios legisladores
-en la sala estaban, además, Nelson Larzábal, Andrés
Berterreche, José Querejeta y Macarena Gelman- estaban trabajando
en crear una comisión honoraria “que pueda laudar una
propuesta de un plan nacional de producción con bases agroecológicas”
y articular entre los diferentes organismos del Poder Ejecutivo para
que se implemente el plan que incluirá también a la
agricultura urbana y suburbana, comentó. Habló de que
en esa comisión participarán representantes de la sociedad
civil y de organismos del Estado, como los ministerios de Ganadería,
Agricultura y Pesca, de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio
Ambiente, de Desarrollo Social, el Instituto Nacional de Investigación
Agropecuaria y el Instituto Nacional de Colonización. Dijo
que el objetivo es implementar políticas “en un período
de corto plazo”, para que “no quede como un tema marginal”,
y concluyó: “Hay una riqueza enorme en Uruguay en relación
a la agroecología, la agricultura orgánica, los productores
convencionales que desarrollan muchas prácticas agrecológicas”.
Amanda
Muñoz