Cuidar
el suelo
por
- GRAIN
Sabemos
más sobre el movimiento de los
cuerpos celestes que del suelo que pisamos
Leonardo da Vinci
Cuida
el suelo y todo el resto se cuidará a sí mismo
Proverbio campesino
Las
cosas no han cambiado mucho desde los tiempos de Leonardo da Vinci.
Para muchas personas, el suelo es una mezcla de minerales y polvo.
En realidad, los suelos son uno de los ecosistemas vivos más
asombrosos de la Tierra, donde millones de plantas, hongos, bacterias,
insectos y otros organismos vivientes —la mayoría invisibles
al ojo humano— están en un cambiante proceso de constante
creación, composición y descomposición de materia
orgánica y vida. Son también el punto de partida inevitable
para cualquiera que quiera cultivar alimentos.
Los
suelos contienen también enormes cantidades de carbono, sobre
todo en la forma de materia orgánica. A escala mundial, los
suelos retienen más del doble del carbono contenido en la vegetación
terrestre. El surgimiento de la agricultura industrial en el siglo
pasado, por su dependencia de los fertilizantes químicos, ha
provocado un desprecio generalizado por la fertilidad natural del
suelo y una pérdida masiva de la materia orgánica presente
en éste. Mucha de la materia orgánica que se pierde
termina en la atmósfera, en forma de dióxido de carbono
—el más importante gas con efecto de invernadero.
La
forma en que la agricultura industrial ha tratado los suelos, es un
factor crucial que ha provocado la actual crisis climática.
Sin embargo, los suelos pueden ser parte de la solución. Según
nuestros cálculos, si pudiéramos regresarle a los suelos
agrícolas del mundo la materia orgánica perdida a causa
de la agricultura industrial, podríamos capturar al menos un
tercio del exceso de dióxido de carbono que actualmente se
halla en la atmósfera. Si continuáramos incorporando
materia orgánica al suelo durante los próximos 50 años,
dos tercios de todo el actual exceso de dióxido de carbono
podría ser capturado por los suelos mundiales. En el proceso
podríamos formar suelos más sanos y productivos y seríamos
capaces de abandonar el uso de fertilizantes químicos que ahora
son otro potente productor de gases de cambio climático.
Vía
Campesina ha argumentado que la agricultura basada en modos de cultivo
de pequeña escala, que utilice métodos agroecológicos
de producción y se oriente a los mercados locales, puede enfriar
el planeta y alimentar a la población. Esta afirmación
es correcta y las razones las hallamos, en gran medida, en el suelo.
|
El
creciente problema de los fertilizantes industriales
Un
factor importante en la destrucción de la fertilidad
del suelo ha sido el tremendo aumento mundial de los fertilizantes
químicos en la agricultura, con un consumo actual que
es más de cinco veces el de 19611. La
gráfica 1 muestra el incremento del consumo mundial de
nitrógeno por hectárea, siete veces mayor que
en la década de 19602. Sin embargo,
buena parte de todo este nitrógeno extra no es utilizado
por las plantas y termina en las aguas subterráneas o
en el aire. Mientras más nitrógeno aplican los
agricultores como fertilizante, menos eficiente resulta. En
la gráfica 2 se muestra la relación entre rendimiento
y consumo de fertilizante nitrogenado en el maíz, trigo,
soya y arroz, los cuatro cultivos que cubren casi un tercio
de toda la tierra cultivada. Para todos ellos, el rendimiento
por kilogramo de nitrógeno aplicado es un tercio de los
que era en 1961, cuando el uso de fertilizantes químicos
empezó a expandirse mundialmente.
La
ineficacia cada vez mayor de los fertilizantes industriales
no debería sorprender a nadie. Muchos expertos en suelos
y crecientes números de agricultores saben hace tiempo
que los fertilizantes químicos destruyen la fertilidad
del suelo al destruir la materia orgánica. Cuando se
aplican fertilizantes químicos, los nutrientes solubles
quedan inmediatamente disponibles en grandes cantidades y provocan
una oleada de actividad y multiplicación microbiana.
La mayor actividad microbiana, por su parte, acelera la descomposición
de materia orgánica y libera CO2 a la atmósfera.
Cuando los nutrientes de los fertilizantes ya se vuelven escasos,
la mayoría de los microorganismos muere y el suelo tiene
ahora menos materia orgánica. A medida que este proceso
ocurre durante años y décadas, y es acelerado
por la labranza, la materia orgánica del suelo finalmente
se agota. El problema se agrava porque el mismo enfoque tecnológico
que promueve los fertilizantes químicos señala
que los residuos de cultivos deben retirarse o quemarse y no
deben ser integrados al suelo.
A
medida que los suelos pierden materia orgánica, se hacen
más compactos, absorben menos agua y tienen menor capacidad
para retener nutrientes. Las raíces crecen menos, los
nutrientes del suelo se pierden más fácilmente
y hay menos agua disponible para las plantas. El resultado es
que el uso de los nutrientes presentes en los fertilizantes
será cada vez más ineficiente, y la única
forma de contrarrestar la ineficiencia es aumentando las dosis
de fertilizantes, como muestran las tendencias mundiales. Pero
las mayores dosis sólo agravarán los problemas,
aumentando la ineficiencia y la destrucción de los suelos.
No es raro escuchar de agricultores orgánicos que se
transformaron en tales una vez que sus rendimientos colapsaron
después de años de uso intensivo de fertilizantes
químicos.
Los
problemas con los fertilizantes industriales no terminan allí.
Las formas de nitrógeno presentes en los fertilizantes
químicos se transforman rápidamente en el suelo,
emitiendo óxidos nitrosos al aire. Los óxidos
nitrosos tienen un efecto de invernadero que es más de
doscientas veces más potente que el efecto del CO23,
y son responsables de más del 40% del efecto invernadero
actualmente provocado por la agricultura. Los óxidos
nitrosos además destruyen la capa de ozono.
Fertilización
nitrogenada: de un promedio mundial
de
8.6 kg/ha en 1961 a 62.5 kg/ha en 2006.4
Inefiencia
de los fertilizantes nitrogenados
Por
cada kilo de nitrógeno aplicado, se obtuvieron 226 kg
de maíz en 1961, pero sólo 76 kg en 2006. Las
cifras son respectivamente 217 y 66 kg para el arroz y 131 and
36 kg para la soya, y 126 y 45 kg para el trigo.5
1.
http://www.fertilizer.org/ifa/Home-Page/STATISTICS
2.
Cifras obtenidas por GRAIN con base en estadísticas de
la International Fertilizer Industry Association (http://www.fertilizer.org/ifa/Home-Page/STATISTICS)
y por FAO (http://faostat.fao.org/default.aspx)
3.
Forster, P., V. Ramaswamy, P. Artaxo, T. Berntsen, R. Betts,
D.W. Fahey, J. Haywood, J. Lean, D.C. Lowe, G. Myhre, J. Nganga,
R. Prinn, G. Raga, M. Schulz and R. Van Dorland, 2007: "Changes
in Atmospheric Constituents and in Radiative Forcing" en:
Climate Change 2007: The Physical Science Basis. Contribution
of Working Group I to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental
Panel on Climate Change [Solomon, S., D. Qin, M. Manning, Z.
Chen, M. Marquis, K.B. Averyt, M.Tignor and H.L. Miller (eds.)].
Cambridge University Press, Cambridge, Reino Unido y Nueva York,
NY, EUA, p. 212
4.
http://www.fertilizer.org/ifa/Home-Page/STATISTICS
5.
Cifras obtenidas por GRAIN con base en estadísticas de
la International Fertilizer Industry Association (http://www.fertilizer.org/ifa/Home-Page/STATISTICS)
y por FAO (http://faostat.fao.org/default.aspx)
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Los
suelos como ecosistemas vivos.
Los
suelos son una delgada capa que cubre más del 90% de la superficie
terrestre del planeta Tierra. Contrariamente a lo que mucha gente
cree, los suelos no son sólo polvo y minerales. Son ecosistemas
vivos y dinámicos. Un suelo sano bulle con millones de seres
vivos microscópicos y visibles que ejecutan muchas funciones
vitales. Lo que hace a este sistema vivo algo diferente del polvo
es que es capaz de retener y proporcionar lentamente los nutrientes
necesarios para que crezcan las plantas. Pueden almacenar agua y la
liberarla gradualmente en ríos y lagos o en los entornos microscópicos
que circundan las raíces de las plantas, de modo que los ríos
fluyan y las plantas puedan absorber agua mucho después de
que haya llovido. Si los suelos no permitieran este proceso, la vida
en la Tierra, como la conocemos, simplemente no existiría.
Un
componente clave que permite la función de los suelos es la
llamada materia orgánica del suelo, que es una mezcla de sustancias
que se originan de la descomposición de materiales animales
y vegetales. Incluye sustancias excretadas por hongos, bacterias,
insectos y otros organismos. En la medida que el estiércol,
los restos de cosecha y otros organismos muertos se descomponen, liberan
nutrientes que pueden ser tomados por las plantas y usados en su crecimiento
y desarrollo. Al mezclarse todas estas sustancias en el suelo, forman
nuevas moléculas que dan al suelo características totalmente
nuevas. Las moléculas de materia orgánica absorben cien
veces más agua que el polvo y pueden retener y luego liberar
hacia las plantas una proporción similar de nutrientes1.
La materia orgánica contiene también moléculas
que mantienen unidas las partículas del suelo protegiéndolo
contra la erosión y volviéndolo más poroso y
menos compacto. Son estas características que permiten al suelo
absorber la lluvia y liberarla lentamente a los ríos, lagos
y plantas. Esto también permite a las raíces de las
plantas crecer. Conforme crecen las plantas, más restos vegetales
llegan o permanecen en el suelo y más materia orgánica
se forma, creando entonces un ciclo continuo de acumulación
de materia orgánica en el suelo. Este proceso ha tenido lugar
por millones de años y la acumulación de materia orgánica
en los suelos fue uno de los factores clave en la disminución
de CO2 en la atmósfera millones de años atrás,
haciendo posible así la emergencia de la vida en la tierra
tal como la conocemos.
La
materia orgánica se encuentra sobre todo en la capa superior
del suelo, que es la más fértil. Por ello es propensa
a la erosión y necesita ser protegida por una cubierta vegetal
que sea, a su vez, una fuente permanente de materia orgánica
adicional. La vida vegetal y la fertilidad del suelo son entonces
procesos que se propician mutuamente, y la materia orgánica
es el puente entre ambos. Pero la materia orgánica es también
alimento de las bacterias, hongos, pequeños insectos y otros
organismos que viven en el suelo. Ellos son los que convierten el
estiércol y los tejidos muertos en nutrientes y en las increíbles
sustancias descritas más arriba, pero también necesitan
alimentarse y descomponer así la materia orgánica del
suelo. Entonces, la materia orgánica debe ser repuesta constantemente
si no, desaparece lentamente del suelo. Cuando los microorganismos
y otros organismos vivos en el suelo descomponen la materia orgánica,
producen energía para ellos mismos y liberan minerales y CO2
en el proceso. Por cada kilogramo de materia orgánica que es
descompuesta, se libera a la atmósfera 1.5 kilogramos de CO2.
Los
pueblos rurales alrededor del mundo tienen un profundo entendimiento
de los suelos. Mediante la experiencia han aprendido que el suelo
hay que cuidarlo, cultivarlo, alimentarlo y dejarlo descansar. Muchas
de las prácticas comunes de la agricultura tradicional reflejan
estos saberes. La aplicación de estiércol, residuos
de cultivos o compost nutre el suelo y renueva la materia orgánica.
La práctica de barbecho, en especial el barbecho cubierto,
tiene como fin que el suelo descanse, de modo que el proceso de descomposición
pueda realizarse en buena forma. La labranza reducida, las terrazas,
el mulch y otras prácticas de conservación protegen
el suelo contra la erosión, de forma que la materia orgánica
no sea arrastrada por el agua. A menudo, se deja intacta la cubierta
forestal, se altera lo menos posible o se imita, de forma que los
árboles protejan el suelo contra la erosión y provean
de materia orgánica adicional. Cuando a lo largo de la historia,
se han olvidado estas prácticas o cuando se han dejado de lado,
se pagó un alto precio por ello. Esto parece haber sido una
causa importante de la desaparición del reino maya en América
Central y pudo haber estado detrás de varias crisis del Imperio
Chino y ciertamente, es una causa principal de las tormentas de polvo
en Estados Unidos y Canadá.
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La
mentalidad NPK: suelos malos, alimentos malos
Sabemos
que las plantas absorben de suelos saludables entre 70 y 80
minerales diferentes, mientras que los fertilizantes químicos
no suministran más que unos cuantos. A mediados del siglo
XIX, el científico alemán Justus von Liebig condujo
experimentos en los que analizó la composición
de las plantas para comprender qué elementos eran esenciales
para su crecimiento. Su primitivo equipo le permitió
identificar únicamente tres: nitrógeno, fósforo
y potasio, conocidos por sus simbolos químicos, N-P-K.
Aunque más tarde von Liebig reconoció que hay
muchos otros elementos presentes en las plantas, sus experimentos
sentaron las bases para una lucrativa industria agroquímica,
que vende fertilizantes NPK a los agricultores con la promesa
de aumentos milagrosos en los rendimientos. Los fertilizantes
NPK ciertamente han revolucionado la agricultura, pero al costo
de una trágica degradación de la calidad del suelo
y nuestros alimentos.
En
1992, el informe oficial de la Cumbre Mundial de la Tierra de
Río concluyó: "hay una gran preocupación
por la importante caída continua del contenido de minerales
en los suelos cultivados y de pradera en el mundo entero".
Esta declaración tuvo su base en datos que muestran que
en los últimos cien años, los niveles promedios
de minerales en los suelos agrícolas han bajado a nivel
mundial --72% en Europa, 76% en Asia y 85% en América
del Norte. El mayor culpable es el uso masivo de fertilizantes
químicos artificiales en vez de métodos más
naturales de mantener la fertilidad del suelo. Además
del agotamiento directo que la mentalidad NPK provoca, los fertilizantes
químicos tienden también a acidificar el suelo
matando así muchos organismos del suelo que juegan un
papel importante en la conversión de los minerales del
suelo a formas químicas utilizables por las plantas.
Los pesticidas y herbicidas pueden también reducir la
absorción de minerales por las plantas en la medida que
matan ciertos hongos del suelo que viven en simbiosis con las
raíces (llamadas micorrizas). Esta simbiosis permite
que las plantas tengan acceso a un sistema de extracción
de minerales mucho mayor del que es posible sólo con
sus propias raíces.
El
resultado neto de todo ésto es que la mayoría
del alimento que comemos es también deficiente en minerales.
En 1927, investigadores del Kings College de la Universidad
de Londres empezaron a estudiar el contenido nutricional de
los alimentos. Desde entonces, sus análisis se han repetido
con regularidad, y nos brindan una cuadro único de cómo
ha cambiado la composición de nuestros alimentos durante
el último siglo. El cuadro siguiente muestra los alarmantes
resultados: nuestro alimento ha perdido entre 20% y 60% de los
minerales que acostumbraban tener.
|
Reducción
del contenido promedio de minerales en frutas y hortalizas
en el Reino Unido entre 1940 y 1991 |
| Mineral |
Hortalizas |
Frutas |
| Sodio |
-49% |
-29% |
| Potasio |
-16% |
-19% |
| Magnesio |
-24% |
-16% |
| Calcio |
-46% |
-16% |
| Fierro |
-27% |
-24% |
| Cobre |
-76% |
-20% |
| Zinc |
-59% |
-27% |
Un
nuevo estudio publicado en 2006, muestra que los niveles de
minerales en los productos animales han sufrido una baja similar.
Comparando niveles medidos en 2002 con aquellos presentes en
1940, el contenido de hierro en la leche fue 62% menor, el calcio
y el magnesio en el queso parmesano tuvieron una caída
de 70% cada uno y el cobre en los productos lácteos se
ha desplomado en un 90%, nada menos.
Fuente:
Marin Hum, "Soil mineral depletion", en: Optimum
nutrition, otoño de 2006, vol. 19.3. Institute for
Optimum Nutrition, Reino Unido.
|
La
industrialización de la agricultura y la pérdida de
materia orgánica del suelo.
La
industrialización agrícola, que empezó en Europa
y Norteamérica y luego fue replicada con la Revolución
Verde en otras partes del mundo, partió del supuesto de que
la fertilidad del suelo puede mantenerse y mejorarse con el uso de
fertilizantes químicos. Se ignoró y menospreció
la importancia de contar con materia orgánica del suelo. Décadas
de industrialización de la agricultura y la imposición
de criterios técnicos industriales en la pequeña agricultura,
debilitó los procesos que aseguran que los suelos obtengan
nueva materia orgánica y que protegen la materia orgánica
almacenada en el suelo de ser arrastrada por el agua o el viento.
No se notaron de inmediato los efectos de aplicar fertilizantes y
de no renovar la materia orgánica puesto que en los suelos
había importantes cantidades de materia orgánica almacenada.
Pero al paso del tiempo, conforme se agotaron estos niveles de materia
orgánica tales efectos se han hecho más visibles —con
devastadoras consecuencias en algunas partes del mundo. A nivel mundial,
en la era pre-industrial, el equilibrio entre aire y suelo era de
una tonelada de carbono en el aire por unas 2 toneladas depositadas
en el suelo. La relación actual ha bajado, aproximadamente,
a 1.7 toneladas en el suelo por cada tonelada que presente en la atmósfera
2.3.
La
materia orgánica del suelo se mide en porcentaje, Uno% significa
que por cada kilogramo de suelo, 10 gramos son materia orgánica.
Según sea la profundidad del suelo, ello puede equivaler a
una relación de entre 20 y 80 toneladas por hectárea.
La cantidad de materia orgánica necesaria para asegurar la
fertilidad del suelo varía ampliamente según haya sido
su proceso de formación, qué otros componentes posee,
las condiciones climáticas locales, etcétera. Se puede
decir que, en general, un 5% de materia orgánica en el suelo
es, en la mayoría de los casos, un mínimo adecuado de
suelo saludable, aunque para algunos suelos las mejores condiciones
para el cultivo se consiguen cuando el contenido de materia orgánica
supera el 30%.
Según
una amplia gama de estudios, los suelos agrícolas en Europa
y Estados Unidos han perdido, en promedio, de 1 a 2% de materia orgánica
en los 20 a 50 centímetros superiores.4 Este
dato puede ser una subestimación ya que casi siempre el punto
de comparación es el nivel de materia orgánica de principios
del siglo xx, cuando muchos suelos ya estaban sometidos a procesos
de industrialización y por tanto podrían haber perdido,
ya entonces, importantes cantidades de materia orgánica. Algunos
suelos del Medio Oeste agrícola de Estados Unidos, que en los
años cincuenta solían contener un 20% de carbono, en
la actualidad, llegan apenas a 1 o 2%.5 Estudios
de Chile, Argentina6, Brasil7,
Sudáfrica8 y España9
reportan pérdidas de hasta 10%. Datos proporcionados por investigadores
de la Universidad de Colorado indican que la pérdida promedio
mundial de materia orgánica en las tierras de cultivo es de
7 puntos porcentuales.10
Soluciones
climáticas mediante la agricultura orgánica
Desde
hace más de 50 años, el Instituto Rodale (de Pennsylvannia,
Estados Unidos) ha llevado a cabo investigaciones sobre agricultura
orgánica. Datos acerca del carbono en el suelo de casi
30 años muestran sin lugar a dudas que mejores formas
de cuidar el planeta --específicamente aquéllas
que incorporen prácticas agrícolas de regeneración
orgánica-- pueden ser la estrategia más efectiva
de todas las actualmente disponibles para mitigar las emisiones
de CO2. A continuación se resumen algunas de sus impresionantes
conclusiones.
"Durante
la década de los noventa, los resultados del Compost
Utilization Trial [Ensayo sobre Utilización de Compost]
en el Instituto Rodale --un estudio de 10 años que compara
el uso de compost, estiércol y fertilizantes químicos
sintéticos-- demuestran que el uso de compost y rotaciones
de cultivos en sistemas orgánicos puede dar como resultado
la captura de hasta 2 mil libras de carbono/acre/año.
Por el contrario, los campos con labranzas normales que dependen
de los fertilizantes químicos, pierden casi 300 libras
de carbono/acre/año. Almacenar --o secuestrar-- hasta
2 mil libras/ acre/año significa que más de 7
mil libras de dióxido de carbono se extraen del aire
y se retienen en ese suelo."
"Se
calcula que en 2006, las emisiones de dióxido de carbono
de Estados Unidos fueron cercanas a los 6 500 millones de toneladas.
Si se lograra capturar 7 mil libras de CO2/acre/año en
los 434 millones de acres cultivados de los Estados Unidos,
cerca de 1 600 millones de toneladas de dióxido de carbono
podrían capturarse cada año, mitigando casi una
cuarta parte del total de emisiones por combustibles fósiles
del país".
"La
captura de carbono mediante la agricultura tiene la capacidad
potencial de mitigar sustancialmente los impactos del calentamiento
global. Cuando se utilizan prácticas regenerativas de
base biológica, este dramático benéfico
puede lograrse sin una disminución de los rendimientos
o de los márgenes de ganancia. Aunque el clima y los
tipos de suelo afectan la capacidad de capturar carbono, diversas
investigaciones comprueban que la agricultura orgánica,
si se practicara en los 3 500 millones de acres arables del
planeta, podría capturar cerca del 40% de las emisiones
de C02 actuales"
Tomado
de: Tim J. LaSalle and Paul Hepperly, Regenerative Organic
Farming: A Solution to Global Warming, Rodale Institute, 2008
|
El
cálculo climático.
Supongamos,
en una estimación cautelosa, que, en promedio, los suelos a
nivel mundial han perdido de 1 a 2% de materia orgánica en
los 30 centímetros superiores desde el inicio de la agricultura
industrial. Esto podría significar una pérdida de entre
150 mil y 205 mil millones de toneladas de materia orgánica.
Si lográramos recuperarle al suelo esta materia orgánica
significaría poder capturar entre 220 mil y 330 mil millones
de toneladas de CO2 desde el aire. ¡Esto representa, por lo
menos, un notable 30% del actual exceso de CO2 en la atmósfera!
El cuadro 1 resume los datos.
Cuadro
1: Captura de carbono mediante la recuperación de la
materia orgánica del suelo
CO2
en la atmósfera 11 - 2 billones 867
500 millones de toneladas
Exceso de CO2 en la atmósfera 12 -
717 800 millones de toneladas
Superficie agrícola en el mundo 13
- 5 mil millones de hectáreas
Superficie
cultivada del mundo 14 - 1 800 millones de
hectáreas
Pérdida
típica de materia orgánica en suelos cultivados,
de acuerdo a informes técnicos - 2 puntos porcentuales
Pérdida
típica de materia orgánica en praderas y suelos
no cultivados de acuerdo a informes técnicos - 1 %
Pérdida
de materia orgánica de los suelos a nivel mundial - 150
mil – 205 mil millones de toneladas
Cantidad
de CO2 que sería capturado si se recuperan estas pérdidas
- 220 mil – 330 mil millones de toneladas
Fuente:
Cálculos de GRAIN
|
En
otras palabras, la recuperación activa de materia orgánica
del suelo podría enfriar efectivamente el planeta y el potencial
de enfriamiento podría ser significativamente superior a los
cálculos que aquí presentamos, en la medida que muchos
suelos podrían recuperar más de 1-2 puntos porcentuales
de materia orgánica y beneficiarse de ello.
¿Puede
hacerse esto? Devolverle materia orgánica al suelo.
En
los países desarrollados, el proceso de industrialización
de los métodos de cultivo que ha destruido la materia orgánica
del suelo ha continuado por más de un siglo. Sin embargo, el
proceso global de industrialización empezó con la Revolución
Verde en la década de los sesenta. La cuestión es, entonces,
cuánto tomaría contrarrestar los efectos de, digamos,
50 años de deterioro del suelo. Para recobrar un 1% de la materia
orgánica del suelo se requeriría incorporar y retener
en el suelo unas 30 toneladas de materia orgánica por hectárea.
Pero, en promedio, cerca de dos tercios de la materia orgánica
recién añadida al suelo será descompuesta por
los organismos del suelo, liberando así los minerales que nutrirán
los cultivos. Por lo tanto, para que 30 toneladas de materia orgánica
permanezcan en el suelo, se necesitarían 90 toneladas por hectárea.
Esto no puede realizarse rápidamente. Se requiere un proceso
gradual.
¿Qué
cantidad de materia orgánica podrían incorporar al suelo
los agricultores del mundo entero? La respuesta varía ampliamente
según el lugar, el sistema de cultivo y el ecosistema local.
Un sistema de producción que se base exclusivamente en cultivos
anuales no diversificados puede entregar al suelo entre 0.5 y 10 toneladas
de materia orgánica por hectárea al año. Si el
sistema de cultivos es diversificado e incorpora praderas y abono
verde, esta cifra puede ser fácilmente duplicada o triplicada.
Si se incorporan animales, la cantidad de materia orgánica
no aumentará necesariamente, pero permitirá que el cultivo
de praderas y abonos verdes sea factible y rentable. Es más,
si se manejan árboles y plantas silvestres como parte del sistema
de cultivo, no sólo aumentará la producción,
sino que habrá más materia orgánica disponible.
En la medida que la materia orgánica aumente en el suelo, la
fertilidad mejorará y habrá más materia para
incorporar al suelo. Muchos agricultores orgánicos han empezado
con menos de 10 toneladas por hectárea al año, pero
luego de pocos años, pueden producir y aplicar hasta 30 toneladas
de materia orgánica por hectárea al año.
Entonces,
si se definieran políticas y programas agrícolas que
activamente promovieran la incorporación de materia orgánica
en el suelo, las metas iniciales podrían ser bastante modestas
pero, progresivamente, podrían definirse otras más ambiciosas.
El cuadro 2 ejemplifica el impacto de metas progresivas y factibles
de incorporación de materia orgánica al suelo.
Cuadro
2. Impacto de la progresiva incorporación de materia
orgánica del suelo (mos) a suelos agrícolas
| Periodos |
1-10
años |
11-20
años |
21-30
años |
31-40
años |
41-50
años |
| Toneladas
de materia orgánica por hectárea incorporadas
al año |
1.5 |
3 |
4 |
4.5 |
5 |
| Total
de materia orgánica incorporada al fin del periodo.
(acumulativo, en millones de toneladas) |
75
mil |
225
mil |
425
mil |
650
mil |
900
mil |
| Acumulación
promedio de materia orgánica en el suelo, en porcentajes,
al final del periodo |
0.15 |
0.50 |
0.94 |
1.4 |
2.0 |
| Total
de CO2 capturado por año (en millones de toneladas) |
3 750 |
7 500 |
10
mil |
11
250 |
12
500 |
| Total
de CO2 capturado durante el periodo (acumulativo, en millones
de toneladas) |
37
500 |
112
500 |
212
500 |
325
mil |
450
mil |
Fuente:
Cálculos de GRAIN |
El
ejemplo es totalmente posible. Hoy día, la agricultura de todo
el mundo en total produce anualmente por lo menos 2 toneladas de materia
orgánica utilizable por hectárea. Los cultivos anuales
producen más de 1 tonelada por hectárea 15
y si se reciclaran los residuos y las aguas residuales urbanas se
podría añadir 0.2 toneladas por hectárea.16
Si la recuperación de materia orgánica del suelo se
tornara un factor central de las políticas agrícolas,
un promedio de 1.5 toneladas por hectárea podría ser
un punto de partida posible y razonable. El nuevo escenario requeriría
de enfoques y técnicas como los sistemas diversificados de
cultivos, la mejor integración entre cultivos y producción
animal, una mayor incorporación de árboles y vegetación
silvestre, etcétera. La mayor diversidad aumentaría
el potencial de producción y la incorporación de materia
orgánica mejoraría progresivamente la fertilidad del
suelo creando círculos virtuosos de mayor productividad y mayor
disponibilidad de materia orgánica a lo largo de los años.
La capacidad de retención de agua de los suelos mejoraría
y por ende, se reduciría el impacto del exceso de lluvias;
las inundaciones y las sequías serían menos frecuentes
y menos intensas. La erosión del suelo sería un problema
menos frecuente. La acidez y alcalinidad disminuirían progresivamente,
reduciendo o eliminando los problemas de toxicidad que han llegado
a ser el principal problema en suelos tropicales y áridos.
Adicionalmente, el aumento de actividad biológica en el suelo
protegería a las plantas de plagas y enfermedades. Cada uno
de estos efectos implica mayor productividad y por tanto mayor materia
orgánica disponible para el suelo, posibilitando así
metas más altas de incorporación de materia orgánica
a medida que pasen los años. En el proceso, se producirían
más alimentos.
Pero
incluso metas inicialmente modestas tendrían un impacto de
gran importancia. Como se muestra en el cuadro 2, si el proceso comenzara
con la incorporación anual de 1.5 toneladas por año
durante 10 años, se estarían capturando 3 750 millones
de toneladas de CO2 cada año. Esto equivale a un 9% de todas
las emisiones anuales de gases con efecto de invernadero producidas
por los humanos.17
Ocurrirían
además otros dos mecanismos de reducción de los gases
con efecto de invernadero. Primero, en los suelos agrícolas
mundiales quedarían capturados nutrientes equivalentes a más
de todo lo aportado por los fertilizantes químicos 18.
La eliminación de la producción y uso de fertilizantes
químicos tendría el potencial de reducir la emisión
de óxidos nitrosos (que equivale a un 8% de todas las emisiones
y que, después de la deforestación es, por mucho, la
mayor causa de gases con efecto de invernadero producidos por la agricultura),
y el CO2 emitido por la producción y el transporte de fertilizantes
(equivalente al 1% de las emisiones mundiales 19).
Segundo, si los residuos orgánicos urbanos fuesen incorporados
a los suelos agrícolas, las emisiones de CO2 y metano de los
rellenos sanitarios y las aguas negras que equivalen a un 3.6% de
las emisiones totales 20, podrían reducirse
de manera significativa. En resumen, incluso las modestas metas iniciales
tendrían la capacidad de reducir las emisiones anuales mundiales
por cerca de un 20%.
Esto
tan sólo en los primeros diez años. El cuadro 2 muestra
que si continuamos con un aumento gradual de devolución de
materia orgánica al suelo, en el periodo de 50 años
se habrá podido aumentar la materia orgánica del suelo
en un 2% a nivel mundial. En primer lugar, este tiempo es similar
al que se tomó para destruirla. ¡En el proceso habremos
capturado 450 mil millones de toneladas de CO2, casi dos tercios del
exceso existente actualmente en la atmósfera!
|
Recuperación
de la materia orgánica: los hongos en acción
Los
investigadores están desentrañando los mecanismos
mediante los cuales se captura el carbono en el suelo. Uno de
los descubrimientos más significativos es la alta correlación
existente entre niveles altos de carbono en el suelo y gran
cantidad de hongos que forman micorrizas. Estos hongos ayudan
a hacer más lenta la degradación de la materia
orgánica. "A partir de nuestro sistema de ensayos
de campo, realizados en colaboración con el Servicio
de Investigación Agrícola del del Departmento
de Agricultura de Estados Unidos, y encabezados por el doctor
David Douds, es posible demostrar que el sistema de soporte
biológico de las micorrizas es más prevalente
y diverso en sistemas manejados orgánicamente que en
suelos tratados con fertilizantes y pesticidas sintéticos.
Estos hongos ayudan a conservar la materia orgánica formando
agregados de materia orgánica, arcilla y minerales. En
estos agregados el carbono se hace más resistente a la
degradación que cuando está libre y por lo tanto
hay mayores posibilidades de que se conserve. Estos descubrimientos
demuestran que los hongos que forman micorrizas producen una
sustancia llamada glomalina que actúa como un poderoso
pegamento y que estimula una mayor agregación de las
partículas del suelo. El resultado es una mayor capacidad
del suelo para retener carbono.
Tomado
de: Tim J. LaSalle and Paul Hepperly, Regenerative Organic
Farming: A Solution to Global Warming. Rodale Institute,
2008Â
|
Se
puede hacer, pero se necesitan las políticas correctas.
Al
presentar estos datos, GRAIN no está presentando un plan de
acción. Tampoco estamos diciendo que la recuperación
de materia orgánica al suelo por sí misma resolverá
la crisis climática. Si no ocurren cambios fundamentales en
los patrones de producción y consumo a nivel mundial, el cambio
climático continuará acelerándose. Pero los datos
que presentamos muestran que la recuperación de la materia
orgánica del suelo es posible, factible y beneficiosa para
el enfriamiento de la Tierra. También queremos mostrar lo absurdo
de considerar la materia orgánica como desperdicio o —lo
que escuchamos más y más— como biomasa para hacer
combustible. Cómo puede recuperarse un nivel saludable de materia
orgánica en el suelo es un problema que requiere respuestas
a nivel político, siendo necesarios muchos grandes cambios
sociales y económicos para hacerlo posible.
Devolver
la materia orgánica al suelo no será posible si continúan
las actuales tendencias a una mayor concentración de la tierra
y a la homogenización del sistema alimentario. El objetivo
abrumador de devolverle al suelo más de 7 mil millones de toneladas
de materia orgánica cada año, sólo será
posible si lo llevan a cabo millones de campesinos y comunidades agrícolas.
Se requieren reformas agrarias radicales, de forma que los pequeños
agricultores —que son la gran mayoría de los agricultores
del mundo— tengan acceso a la tierra necesaria para hacer posible
económica y biológicamente las rotaciones de cultivos,
los barbechos cubiertos y la formación de pastizales. Se necesita
detener y desmantelar las actuales políticas anti-campesinas,
que están reduciendo a una velocidad alarmante el número
de fincas y comunidades agrícolas, que corren a la gente de
sus tierras, que cuentan con leyes que fomentan la monopolización
y privatización de la semillas y con regulaciones y criterios
que protegen a las corporaciones pero aniquilan los sistemas alimentarios
tradicionales. Los ecosistemas locales necesitan ser protegidos. Se
requiere promover y apoyar las tecnologías basadas en saberes
y culturas locales. Se debe liberar a las semillas de cualquier forma
de monopolización y privatización, y se debe promover
los sistemas locales de intercambio y mejoramiento de ellas. No deberían
imponerse estándares industriales en la agricultura. La producción
industrial e hiperconcentrada de animales, que literalmente crea montañas
de estiércol y lagunas de orines, enviando millones de toneladas
de metano y óxido nitroso al aire, necesita ser reemplazada
por la crianza de animales descentralizada e integrada a la producción
de cultivos. Nuestros hábitos de consumo necesitan ser re-examinados.
Es necesaria una revisión total del sistema alimentario internacional
que es, actualmente, una de las causas centrales tras la crisis climática.
Si esto se hace, entonces la crisis climática tiene una solución
posible: el suelo.
Referencias
1.
C.C. Mitchell and J.W. Everest. "Soil testing and plant analysis".
Dept. Agronomy & Soils, Auburn University. http://www.clemson.edu/agsrvlb/sera6/SERA6-ORGANIC_doc.pdf
2.
Y.G. Puzachenko et al. "Assessment of the Reserves of Organic
Matter in the World’s Soils: Methodology and Results".
Eurasian Soil Science, 2006, vol. 39, núm. 12, pp. 1284–1296.
http://www.springerlink.com/content/87u0214xr8720v45/
3.
Rothamsted Research, uno de los principales centros de investigación
de Reino Unido, calcula que en el suelo hay dos a tres veces el carbono
que hay en la atmósfera. http://www.rothamsted.ac.uk/aen/somnet/intro.html
4.
R. Lal and J.M. Kimble "Soil C Sink in us Cropland", http://www.cnr.berkeley.edu/csrd/.../Soil_C_Sink_in_U.S._Croplan.pdf
y P.Bellamy. "UK losses of soil carbon —due to climate
change?", http://ec.europa.eu/environment/soil/pdf/bellamy.pdf
5.
Tim LaSalle et. al, "Regenerative Organic Farming: a solution
to global warming", Rodale Institute, 2008.
6.
I. Gasparri, R. Grau, E. Manghi. "Carbon Pools and Emissions
from Deforestation in Extra-Tropical Forests of Northern Argentina
Between 1900 and 2005", http://cat.inist.fr/?aModele=afficheN&cpsidt=20955915
y J. Galantini. "Materia Orgánica y Nutrientes en Suelos
del Sur Bonaerense. Relación con la textura y los sistemas
de producción", http://www.fertilizando.com
7.
Carlos C. Cerri. "Emissions due to land use changes in Brazil".
http://ec.europa.eu/environment/soil/pdf/cerri.pdf
8.
C. S. Dominy, R. J. Haynes, R. van Antwerpen, "Loss of soil organic
matter and related soil properties under long-term sugarcane production
on two contrasting soils". Biol Fertil Soils (2002) 36:350–356.
http://www.springerlink.com/content/jyn1e6lv8qjm5tpk/
9.
E. Noailles, A. de Veiga. "Pérdida de Fertilidad de un
Suelo de Uso Agrícola".
10.
K. Paustian, J. Six, E.T. Elliott and H.W. Hunt, "Management
options for reducing CO2 emissions from agricultural soils".
Biogeochemistry. volume 48, number 1, enero 2000. http://www.springerlink.com/index/MV0287422128426T.pdf
11.
Carbon Dioxide Information Analysis Center. http://cdiac.ornl.gov/pns/graphics/c_cycle.htm
12.
Cálculos en base a cambios de la concentración de CO2
en el aire
13.
FAOSTAT . http://faostat.fao.org/site/377/default.aspx#ancor
14.
Ibidem.
15.
Cálculos de GRAIN con base en la producción mundial
de cultivos anuales. De acuerdo a datos de Holm-Nielsen hay por lo
menos el doble de residuos vegetales cada año. (www.dgs.de/uploads/media/18_Jens_Bo_Holm-Nielsen_AUE.pdf
) y al Oak Ridge National Laboratory del Departamento de Energía
de los Estados Unidos (http://bioenergy.ornl.gov/papers/misc/energy_conv.html).
Cifras similares se obtienen utilizando los datos de la Universidad
de Michigan en el sitio http://www.globalchange.umich.edu/globalchange1/current/lectures/kling/energyflow/energyflow.html
16.
Los cálculos están basados en las cifras proporcionadas
por wri. http://www.wri.org/publication/navigating-the-numbers
17.
Cálculos hechos con datos del Greenhouse Gas Bulletin núm.
4, http://www.wmo.int/pages/prog/arep/gaw/ghg/GHGbulletin.html
18.
Cálculos basados en los siguientes contenidos de nutrientes
de la materia orgánica y los siguientes niveles de eficiencia
de recuperación: Nitrógeno: 1.2-1.8%, 70% eficiencia;
Fósforo: 0.5-1.5%, 90% eficienca; Potasio: 1.0-2.5%, 90% eficiencia
19.
Ibid, nota 16
20.
Ibid.