Las curadoras
de semillas
Contribución del conocimiento
tradicional al manejo descentralizado de la biodiversidad
Por Red CBDC-Latinoamérica
(*)
Prólogo
Este artículo refleja de
manera clara y precisa la esencia del enfoque de trabajo de la Red
Latinoamericana de Conservación de la Biodiversidad con Comunidades
Tradicionales, Red CBDC. En él se destaca el papel que grupos
de productores y productoras de comunidades locales han venido desempeñando
en relación con el uso, manejo, conocimiento, desarrollo y
conservación de la biodiversidad a lo largo y ancho del continente.
Los conservacionistas de las comunidades
quechuas y aimaras de alto andino peruano, los campesinos experimentadores
del sur del Brasil, los custodios y custodias de semillas en Colombia
y las curadoras (1) de comunidades tradicionales del sur de Chile
son en gran medida los responsables históricos de que las actuales
generaciones puedan acceder a una amplia y variada oferta de materiales
genéticos y al cúmulo de conocimientos a ellos asociados.
A lo largo del texto se profundiza
en el caso de las "curadoras" chilenas; se destaca el aporte
que desde la perspectiva de género han venido desarrollando
las mujeres de comunidades locales.
Finalmente se resalta la importancia
que en el proceso de re-conocimiento y re-valoración de la
capacidad de las comunidades tradicionales para conservar la biodiversidad
especialmente relacionada con los alimentos ha significado el trabajo
con los chef de alta cocina chilenos.
I. La biodiversidad amenazada
Una de las mayores amenazas que
hoy enfrenta la sobrevivencia del planeta es la pérdida de
la biodiversidad en sus diferentes expresiones. Las causas de esta
pérdida pueden ser resumidas en el uso de un modelo de desarrollo
no sustentable y en el fomento de una cultura que promueve un modo
de consumo que favorece la concentración a través de
la privatización, la homogenización a través
de las nuevas tecnologías (2) y la desacralización de
la naturaleza.
El hecho de que en la actualidad
el 90% de las tierras con mayor biodiversidad en el mundo sean manejadas
por comunidades agrícolas y pueblos indígenas indica
que la estrecha relación entre cultura, modos de consumo y
concepciones de desarrollo, característica de las culturas
rurales, ha sido más efectiva y beneficiosa para la humanidad
de lo que comúnmente pudiera haberse pensado; y que existen
prácticas, saberes y formas de relación con el hábitat
que las sociedades modernas y urbanas deben aprender de las agro-culturas
y aplicarlas para preservar la biodiversidad.
| Bases del protocolo
campesino de intercambio de semillas
El respeto por la vida, la naturaleza y el conocimiento que
va reflejado en las semillas o en las plantas.
Compartir el conocimiento
en torno a lo que se intercambia y legar este pequeño
tesoro a personas que estén dispuestas asumir un compromiso
con estos principios.
Aclarar que no es una
feria y que hay prohibición de venta en estos intercambios;
existen otros lugares y momentos para comercializar.
Honestidad en torno
a lo que se intercambia; que sea realmente lo que se explica.
La reciprocidad de dar
y recibir algo a cambio, y donde la semilla posee un valor simbólico
que no tiene precio, no tiene un valor económico y por
sobre todo no tiene propiedad.
Este Protocolo ha sido
elaborado por las comunidades campesinas y mapuches de la VIII,
IX y X Región, Red de Agricultura Urbana y curadoras
de semillas de Chile. |
Otro hecho importante es que sólo aproximadamente un 5% de
la diversidad de plantas clasificadas hasta ahora fueron consumidas
como alimentos hasta el siglo recién pasado y todas ellas fueron
domesticadas en momentos de la historia humana en las que la ciencia
y la tecnología no existía como la que conocemos en
la actualidad. Esta constatación ha concentrado las discusiones
políticas, filosóficas y económicas relativas
a la manipulación del genoma del planeta, a las formas de reconocer
y validar conocimientos y sobre todo, a las concepciones de tipo ético,
cultural y genético que han facilitado la existencia de las
actuales semillas comestibles y de los alimentos de origen vegetal
que consumimos hasta el día de hoy.
La relación entre alimentación
y biodiversidad se ha hecho más que evidente y ha modificado
las concepciones empleadas hasta hace algunos años en seguridad
alimentaria, incorporando a los conceptos de alimentación saludable
y alimentación natural la concepción política
de soberanía alimentaria.
Se ha constatado que la actual
dieta de la humanidad está compuesta por un 2,6% de especies
del total de especies existentes y sólo once contribuyen al
75% del consumo global de calorías (plátano, poroto,
mandioca, maíz, mijo, papas, arroz, sorgo, caña de azúcar,
camote y trigo). Por otra parte, más del 95% del consumo global
de proteínas proviene del ganado vacuno, gallinas y cerdos
y habiendo más de 1000 especies de peces solamente doce componen
el tercio de la pesca del mundo.
Los once cultivos mencionados
proporcionan proteína y energía en exceso, pero son
deficientes tanto en nutrientes como en fibra, hierro, vitamina A,
yodo, tiamina, riboflavina, calcio, vitamina C y zinc.
La mayor parte de estos minerales
y proteínas se encuentran en vegetales y tubérculos
silvestres, presentes en áreas boscosas o de selva y en las
zonas de transición hacia ellas Por ello la conservación
y desarrollo de la biodiversidad alimentaria traspasa las fronteras
de lo que conocemos como actividad agrícola e involucra ecosistemas
forestales y acuícolas, incluso ecosistemas urbanos en los
que se realizan actividades de preservación o restauración
de la biodiversidad con fines alimentarios. Tal es el caso de la agricultura
urbana.
La pérdida de opciones
futuras de alimentación no es, por lo tanto, sólo una
cuestión de especies y de producciones sino de diversidad al
interior de las especies, de diversidad de ecosistemas que albergan
distintos tipos de especies con distintas concentraciones de nutrientes
y de diversas culturas que pueden definir distintas formas de preparación
de plantas y animales que permiten mantener la diversidad biológica
y por otra parte asegurar la diversidad de consumos.
Una de las conclusiones más
relevantes de estas discusiones es que no se trata de mantener o conservar
sólo semillas como objetos o productos sino, de generar aprendizajes
y formas de conocer que han generado semillas y plantas con características
distintas adecuadas a realidades diversas.
Una de las maneras de interpretar
el mundo es la llamada científica (positivista), pero existen
otras que se clasifican bajo el término común de conocimiento
tradicional o conocimiento nativo. Sea cual fuere el término
empleado, las estrategias actuales de manejo y conservación
de la biodiversidad reconocen el empleo de al menos dos concepciones:
La centralizada, ex-situ, y la descentralizada in-situ.
La primera tiene como protagonistas
a científicos y genetistas convencionales agrupados en los
centros de recursos genéticos. La segunda y sobre la cual trata
este enfoque, tiene como protagonistas a los campesinos y a sus especialistas
en crianza de semillas, las llamadas curadoras de semillas. En el
primer caso hablamos de recursos, en el segundo caso nos referimos
a patrimonio porque el valor de la semilla no está separado
de su uso, su origen y el saber vinculado a ella.
La FAO, finalmente, también
ha reconocido esta realidad y la importancia del aporte y saber de
los agricultores en ella. Además, también ha reconocido
la existencia de al menos dos formas de conocimiento participantes
en los actuales flujos de abastecimiento de la biodiversidad cultivada,
especialmente de semillas: el manejo in-situ, o en finca, realizado
por los agricultores y el manejo ex-situ realizado por los centros
de investigación y las compañías productoras
de semillas para el comercio mundial. El primero abastece al 90% de
los agricultores del mundo.
El sistema in-situ de manejo campesino
ha emergido a la luz pública en la última década
al surgir acuerdos globales y legislaciones internacionales que han
intentado abordar la creciente pérdida de biodiversidad o regular
su uso y acceso. Tales son los casos del Convenio de Biodiversidad
que surge a partir de Río ´92; las leyes UPOV; el Tratado
de las Semillas promulgado en noviembre del 2000; y las actuales discusiones
y negociaciones en torno al patentamiento.
Teniendo presente la estrecha
relación existente entre diversidad biológica y diversidad
cultural es que el conocimiento, difusión y revalorización
de los sistemas de conocimientos llamados tradicionales _entre los
que se consideran los sistemas campesinos_ se torna relevante y pertinente
no sólo porque aportan al diseño de estrategias de desarrollo
sustentable para el fortalecimiento de los propios campesinos y sus
sistemas de autonomía alimentaria sino también por el
aporte que pueden realizar a la resolución de los actuales
problemas de pobreza y pérdida de biodiversidad generalizada.
II. Las curadoras de semillas: un aprendizaje
desde el conocimiento tradicional
La curadora de semillas es parte
del sistema de abastecimiento de semillas de las comunidades: su papel
es de una especialista tradicional. Las curadoras no son multiplicadoras
de semillas. Su objetivo es mantener la diversidad de plantas, no
la producción masiva de semillas como hacen los multiplicadores.
"Una curadora es la guardiana
de las semillas ya que protege plantas que le han sido encargadas
por personas que le han traspasado ese conocimiento, sobre todo en
lo que se refiere a medicina y alimentación, y comparte estos
conocimientos como las plantas y semillas con otros para asegurar
la continuidad de éstas en la tierra entregando responsablemente
a personas que sí la van a conservar y mantener para que perduren
en el tiempo (3)."
Como especialista comparte su
trabajo y función con el de la producción agrícola,
la crianza de hijos y la participación en la organización
comunitaria al igual que cualquier otra mujer. Su especialidad es
el conocimiento de las semillas y su forma de reproducirlas y mejorarlas.
Su habilidad es considerada un don divino. Su mandato es la crianza
y la manutención de las semillas. Las curadoras no son las
personas más pobres o de mayores carencias materiales al interior
de una comunidad rural.
Las curadoras no tienen una organicidad
propia ni forman parte de ningún tipo de instancia formalizada
a nivel institucional. Se articulan como una red, instancia que les
permite interactuar y socializar distintas temáticas entre
ellas, de esta forma las curadoras influyen e irradian sus conocimientos
desde sus comunidades a distintas localidades.
La vulnerabilidad del sistema de curatoría tradicional
de biodiversidad
En la actualidad los sistemas
tradicionales comunitarios liderados por las curadoras o custodios,
se han debilitado debido a los procesos modernizadores de carácter
monocultural que ha masificado el uso homogéneo de semillas
y plantas en la agricultura y forestería en las últimas
décadas.
La migración rural-urbana
y la asalarización industrial de las mujeres campesinas también
han influido en la erosión de conocimientos y pérdida
de semillas. Cultivos alimentarios como el maíz, trigo, cebada,
papas y porotos de uso múltiple y variado, asociados a diversas
tradiciones, han sido homogeneizados por la introducción de
especies modernas y genéticamente mejorados con un solo propósito,
el alto rendimiento y la comercialización para mercados internacionales.
Por otra parte, plantas y raíces silvestres de uso alimenticio
y medicinal complementarios en la dieta, los rituales, la artesanía
y la vida social han desaparecido como consecuencia a las políticas
ya mencionadas.
Son las mujeres las que han desarrollado
un minucioso y silencioso trabajo que ha permitido conservar y recrear
el uso de semillas y plantas las que transformadas en remedios, artefactos
de uso diario, artesanía, platos y guisos forman parte del
patrimonio cultural y ecológico de los pueblos y grupos campesinos.
Sin embargo, a través de las políticas implementadas
en el sector rural se han generado cambios en el papel e importancia
de las mujeres en la agricultura, la salud y la alimentación.
La creación de plantas
alimenticias es uno de los papeles históricos de las agricultoras
más afectados y debilitados por los procesos modernizadores,
y sus efectos comienzan a expresarse en una población rural
y urbana mal nutrida y menos informada respecto de los valores de
la alimentación saludable, perdiendo cada vez más la
soberanía alimentaria.
La erosión cultural
Insistiendo en la estrecha relación
existente entre diversidad biológica y diversidad cultural
es que la difusión y revalorización de los sistemas
de conocimientos llamados tradicionales _entre los que se consideran
los sistemas campesinos_ se torna relevante y pertinente no sólo
porque aportan al diseño de estrategias de desarrollo sustentable
para el fortalecimiento de los propios campesinos y sus sistemas de
autonomía alimentaria sino también por el aporte que
pueden realizar a la resolución de los actuales problemas de
pobreza y pérdida de biodiversidad generalizada globalmente.
Sin embargo, los procesos de transmisión
de conocimientos tradicionales han sido afectados a tal punto que
en la actualidad es posible encontrar más bien fragmentos o
pedazos de éstos en determinadas personas y comunidades pero
que distan por el momento de ser un corpus transmisible y replicable
en el ámbito territorial u organizacional. De allí la
importancia de reunir a los especialistas tradicionales que mantienen
estas porciones de conocimientos y de prácticas con el fin
de socializar, compartir y reconstruir saberes que permitan el fortalecimiento
del sistema in situ no sólo a nivel de producción de
especies vegetales sino también de los conocimientos y prácticas
que permitieron su restauración y desarrollo.
En este último aspecto
se aprecia una posible colaboración o aporte desde las ciencias
ecológicas (4) y sociales que son de tipo sistémico
y más amigable con el conocimiento tradicional que las llamadas
ciencias duras. Las ciencias de base ecológica pueden hacer
un especial aporte a estos procesos de reconstrucción de conocimientos
contribuyendo a la idea del llamado diálogo de saberes y a
la reactivación de prácticas específicas de mejoramiento
genético de base conceptual campesino-indígena (5).
Pautas para
la organización de un "Encuentro de intercambio
de semillas"
Aquí se plantean
algunas consideraciones para orientar los encuentros de intercambio
de semillas.
La estrecha relación
entre cultura y biodiversidad implica que lograr recuperar la
biodiversidad no puede ser independiente de recuperar y revalorizar
la diversidad cultural y los sistemas de conocimientos campesinos
y de culturas indígenas. Esto es más relevante
aún puesto que a pesar de los procesos de erosión
de la biodiversidad y el debilitamiento de estos sistemas de
conocimiento por los modelos tecnológicos convencionales
aún existen las bases y condiciones para su protección,
recuperación y reactivación. Ello, fundamentado
en la existencia de eficientes sistemas de intercambio de semillas
y materiales reproductivos, en especial las plantas medicinales,
productos forestales no maderables y algunos cultivos como porotos,
papas, hortalizas y flores.
En este aspecto la reactivación
del trafkintu como una práctica social y cultural representa
una instancia colectiva donde ese potencial de conocimiento
y sabiduría campesina se pone en acción en un
evento en que la participación de hombres y mujeres es
un hecho concreto.
Para que los trafkintu
sean esencialmente eventos sociales y culturales tanto los principios
sobre los cuales deben desarrollarse así como la metodología
son aspectos claves que no deben desatenderse.
Para fomentar los principios
de vida relacionados con el intercambio de semillas las comunidades
organizan eventos culturales durante el otoño y la primavera,
de manera de hacer coincidir las fechas de las temporadas de
siembra con el aporte de nuevas semillas procedentes de distintos
lugares.
El trafkintu es una
práctica ancestral Mapuche en el que además del
intercambio de productos se cambiaban semillas cuando se considera
que las semillas están "cansadas" y se requiere
cambiarlas para "refrescarlas". El trafkintu como
evento sociocultural permite mantener o fortalecer una instancia
y una práctica colectiva donde el conocimiento y sabiduría
campesina se ponen en acción en forma diferenciada entre
varones y mujeres. Podemos señalar que se aprecian relaciones
de complementariedad en los conocimientos y prácticas
asociadas a distintos ecosistemas, así como diferencias
relacionadas con el género. Mientras las mujeres concentran
su participación en la huerta, en la chacra y en la recolección
en el bosque, los varones son los que conocen los árboles,
especialmente los madereros, y plantas que alimentan al ganado.
Dado el actual deterioro del ecosistema forestal nativo, el
conocimiento sobre el sotobosque y las huertas y chacras coloca
a las mujeres en el primer plano de los intercambios y de los
conocimientos especializados en conservación de plantas
y semillas. Ello, sumado a su papel de dueñas de casa,
hace que sean mayoritariamente las mujeres las que cumplen el
papel de especialistas en crianza de semillas y en tradiciones.
Para realizar el intercambio la metodología puede plantearse
como un conjunto de etapas sucesivas.
Etapa 1. Recepción
y bienvenida
En la recepción
es donde se expresa el rol importante de los campesinos que
van a participar en el encuentro, puesto que ellos serán
los protagonistas que intercambian el conocimiento y las semillas.
Si participan autoridades es conveniente que saluden a las personas
que participarán en el evento.
Un coordinador del intercambio
entrega las pautas del evento y explica como se va a realizar
la actividad entre todos. Las personas que participan tienen
que presentarse para que exista un conocimiento personal que
es valioso.
Etapa 2. Definición
de objetivos
En esta etapa se realiza
una introducción de parte de la organización que
recibe a los invitados, en la que se plantean dos objetivos
en forma de preguntas:
a) ¿Cuál
es la importancia de intercambiar las semillas?; y
b) ¿Cómo
el intercambio forma parte de las estrategias de manejo descentralizado
de la biodiversidad?
Etapa 3. Desarrollo
del evento
Durante el desarrollo
del evento se tiene en cuenta:
a) Identificar a los
participantes con una tarjeta.
b) Un elemento importante
es la ambientación del lugar para que las personas se
sientan en confianza y en un ambiente familiar; debe procurarse
que la participación sea fluida y en un marco de horizontalidad.
c) Debe plantearse a
los distintos participantes el protocolo y las dinámicas
de los intercambios.
d) Usar y coordinar
con los medios de comunicación local y organismos públicos
ligados al sector rural.
e) Respetar los tiempos
que requieren las relaciones de intercambio.
Etapa 4. Evaluación
y conclusiones
Al finalizar la actividad
se evaluará con los participantes intentando saber su
opinión y recoger sugerencias de estrategias de intercambio.
Para la evaluación
es importante que exista un equipo grande de seguimiento que
registre el intercambio. Para esto, es necesario consignar el
número y tipo de semillas o plantas intercambiadas (hortalizas,
flores, medicinas, chacras, árboles), personas que participan
en el intercambio, localidades.
También se debe
poder identificar posibles curadoras con el fin de devolver
esta información por la cantidad de especies que se intercambian
y así ir generando insumos de información para
el trabajo futuro.
Deben plantearse formas
para poder seguir el desempeño de las especies intercambiadas
a nivel predial.
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La privatización del conocimiento. ¿Leyes internacionales
versus Protocolos campesinos?
Un problema complejo y de limitadas
capacidades de resolución por parte de las instituciones políticas
es la privatización del conocimiento, reflejada en los tratados
de propiedad intelectual y en las formas de apropiación del
genoma planetario que se han desencadenado durante las últimas
décadas.
La privatización a través
de diversas expresiones de vida (una de ellas, las semillas) ha generado
problemas de difícil comprensión y manejo por parte
de los afectados. Las esperanzas puestas en el llamado Tratado de
las Semillas (Tratado Internacional
de las Plantas y los Recursos Genéticos para la Comida y la
Agricultura (6)) son insuficientes si no se definen y aplican los
reglamentos para la conservación del libre acceso a los recursos
genéticos para todos los campesinos y los pueblos indígenas.
Así los campesinos parecen estar atrapados en una maraña
de tipo legal y política que amenaza no sólo su libre
acceso a las semillas sino que su capacidad de producción,
conservación y desarrollo in situ en el futuro.
El tratado reconoce los derechos
de los agricultores pero es ambiguo en materia de propiedad intelectual
y del papel de las compañías productoras. Por ello,
la protección del conocimiento tradicional de acuerdo con los
valores, las necesidades y sistemas legales tradicionales de los pueblos
y comunidades indígenas y campesinas pasa a constituir un aspecto
relevante de cualquier programa de conservación de biodiversidad
in situ en la actualidad ya que las semillas son inseparables de sus
criadores.
Las organizaciones campesinas
de representación mundial, informadas y concientes de las implicancias
que tiene para el mundo campesino el actual sistema de privatización
y los apoyos adicionales que requiere el "Tratado de las semillas"
sobre Derechos de los Agricultores, han impulsado la elaboración
de códigos de intercambio definidos por campesinos bajo sus
propios valores ético-culturales regulando las formas de abastecimiento
y mantención del sistema in situ (ver recuadro).
Esto significa definir, por la
vía de los hechos, formas de protección del germoplasma
campesino. Detrás de ello está el concepto de las semillas,
patrimonio de la humanidad y no productos privatizables mediante una
patente.
Se entiende que un Código
campesino asumirá de manera pública y masiva las Pautas
de intercambio de semillas (7) que hasta ahora han practicado las
curadoras y curadores de semillas que siguen, entre otros, los principios
de reciprocidad, respeto y compromiso.
La descapitalización cultural
La pérdida de la biodiversidad
genera distinto tipo de efectos. Uno de ellos se aprecia en la gastronomía,
como expresión de patrimonio cultural. En un contexto de globalización,
de inserción económica y de uso del turismo como actividad
económica emergente, la gastronomía nacional se ve afectada
por su pobreza conceptual, la falta de diversidad y la escasa originalidad
que presenta en su elaboración y presentación. El enriquecimiento
de la gastronomía e identidad alimentaria pasa por el conocimiento,
difusión y educación de los consumidores sobre los diversos
usos de los distintos tipos de cultivos y de plantas de recolección
que son alimenticios y que constituyen la base identitaria de nuestros
lugares y de las culturas que los habitan. Mucha de las tradiciones
olvidadas, o producciones alimentarias declinantes, cobran nuevas
fuerzas al ser re-conceptualizadas y difundidas como nuestro patrimonio,
conservados en la memoria histórica del pueblo. Sin embargo,
en la actualidad la homogenización genética de semillas
limita el ya escaso rango de posibilidades en los que se mueve la
cocina nacional; y el desconocimiento de plantas y semillas, y sus
preparaciones, afecta las posibilidades de su uso y demanda.
Principios de una curadora
1. Una curadora sabe que lo que
la naturaleza nos da es para descubrirla, cuidarla, mantenerla y compartirla.
2. Una curadora es la guardiana
de las semillas ya que protege plantas que le han sido encargadas
por personas que le han traspasado ese conocimiento, sobre todo en
los que se refiere a medicina y alimentación y, comparte estos
conocimientos como las plantas y semillas con otros para asegurar
la continuidad de estas en la tierra entregando responsablemente a
personas que si la van a conservar y mantener para que perduren en
el tiempo.
3. Una curadora conoce el significado
y uso de las plantas que conserva.
4. Una curadora mejora la calidad
de sus semillas, reproduce, cosecha, selecciona y almacena con sabiduría
y conocimiento que ha ido adquiriendo.
5. Una curadora debe relacionarse
profundamente con ellas; es una vinculación en torno a los
ciclos de la vida.
6. Una curadora trabaja con amor
y cariño con sus plantas y semillas para que estas den un buen
fruto.
7. Una curadora debe ser solidaria
ya que sabe que le fue heredado un conocimiento a través del
compartir y por lo tanto tiene valores morales que están presentes
en el compartir y no en coleccionar.
8. Una curadora debe saber que
su misión es la continuación de la vida en la tierra.
(*) Declaración sistematizada
de los Talleres de Formación de Curadoras de semillas en el
sur de Chile, "Cultura de Semillas" y taller técnico
en "Mejoramiento Participativo".
III. Aprendizajes para compartir
El conocer, revalorizar y difundir
los sistemas de conocimientos llamados tradicionales, entre los que
se incluyen los sistemas campesinos, se torna relevante y pertinente
para la construcción de nuevos diseños de estrategias
para localidades sustentables. El fortalecimiento de los propios campesinos
y sus sistemas de autonomía alimentaria hace que se transformen
en nuevos referentes para la resolución de los actuales problemas
de pérdida de biodiversidad. La reactivación del flujo
de semillas a través de los intercambios o ferias de semillas,
como evento sociocultural, ha permitido fortalecer una instancia y
una práctica colectiva donde el conocimiento campesino se pone
en acción en forma diferenciada entre varones y mujeres. Las
curadoras son las protagonistas del flujo de conocimientos y tradiciones
asociadas a semillas y plantas, lo que las convierte en un eslabón
importante, junto a otros especialistas, en el soporte de la biodiversidad.
Esta labor es compartida con muchas redes comunitarias o locales de
intercambio de nuevas técnicas y prácticas, el desarrollo
de diversos usos de las plantas o semillas, y, un compartir de conocimientos
y de valores éticos asociados a ellas.
Paradójicamente, un aprendizaje
muy valioso correspondió a la experiencia de diálogo
de saberes entre curadoras de semillas y especialistas de alta cocina,
los "chefs", mucho más que con genetistas o mejoradores
nacionales. Tal vez la motivación fue reunirse en torno a la
huerta y las ollas, lo que resultó ser más atractivo
para el diálogo de ambos que el laboratorio o el campo experimental.
En cierta forma, la conexión cotidiana entre huerta y olla
pasó a ser en sí misma una actividad y una forma de
mirar la biodiversidad cultivada y no cultivada, evitando la discusión
agronómica y pasando a la alimentación y el arte.
Esta experiencia _que permite
abrir el camino para desarrollar una difusión de la biodiversidad
y su valor como patrimonio y aporte del mundo campesino_, constituye
un avance para iniciar una discusión política respecto
a la condición de las culturas mapuches y campesinas frente
al actual enfoque de desarrollo de las localidades.
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Notas y referencias bibliográficas
1- Curadoras se definen en Chile,
custodios en Colombia, conservacionistas en Perú o campesinos
experimentadores en Brasil.
2- Fowler,C., Mooney, P. 1990.
Shattering: Food politics, and loss of genetic diversity. University
of Arizon Press, Tucson, Texas, USA.
3- Extracto de "Principios
de una Curadora".
4- Teoría de los sistemas
vivos; ver Fritjof Capra.
5- Entre las prácticas
detectadas que ya han sido consignadas en la experiencia de la red
CBDC están: el casamiento del maíz; el refrescamiento
de la semilla; y los cruzamientos entre parientes silvestres y parientes
cultivados o domesticados.
6- Su sigla es ITPGRFA; Chile
aún no ratifica el Tratado.
7- Ver el recuadro "Pautas
para la organización de eventos de intercambio de semillas
o trafkintu".
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(*) Red de Conservación
de la Biodiversidad Campesina /CBDC-Network (www.cbdcprogram.org).
Coordinador Regional, Luis Eugenio Cifuentes. C.e.: eugeniorgcofee@yahoo.com