MONSANTO Y LOS SUICIDIOS
AGRARIOS EN INDIA
Alejandro Nadal
(La Jornada 20.12.06)
Alejandro Nadal escribe sobre los efectos humanos de la destrucción
de las economías naturales operada en la India por las actividades
de la empresa transnacional Monsanto. Su artículo, publicado
el pasado 20 de diciembre en el diario mexicano de izquierda La Jornada,
fue inmediatamente replicado desde el departamento de relaciones públicas
que la transnacional estadounidense tiene en México. Reproducimos
aquí también esa réplica, y a continuación,
la contrarréplica de Nadal.
La revolución verde ha muerto. Sus híbridos y variedades
de alto rendimiento permitieron aumentos significativos en la producción
de cultivos como el trigo. Pero su secuela de efectos negativos no sólo
no se extingue todavía, sino que se hace más intensa.
El paquete tecnológico de la revolución verde provocó
una fuerte salinización de suelos, el agotamiento y sobrexplotación
de acuíferos y una intensa contaminación con plaguicidas
de todo tipo. Lo más grave es que sembró la semilla de
una crisis económica, social y ambiental en la vida de campesinos
pobres que cobra más vidas cada año. Un ejemplo es el
de Anil Khondwa Shinde, pequeño agricultor del distrito de Vidarba,
estado de Maharashtra (en la parte centro occidental de India). Hace
dos meses se suicidó ingiriendo un potente insecticida. Tenía
31 años y murió en pocos minutos. La desproporción
entre costos de producción y precio de venta no le permitieron
pagar el crédito extendido por los proveedores de insumos.
¿Un caso aislado? Para nada. El Ministerio de Agricultura de
India reconoce las siguientes cifras: entre 1993 y 2003 ocurrieron 100
mil suicidios de campesinos. Y entre 2003 y 2006 (octubre) se han presentado
unos 16 mil suicidios de campesinos cada año. En total, entre
1993 y 2006 hubo alrededor de 150 mil suicidios de campesinos, ¡30
diarios durante 13 años!
El propio gobierno de Maharashtra acepta la cifra de mil 920 campesinos
suicidados en Vidarba entre enero 2001 y agosto 2006. Las organizaciones
campesinas de ese distrito afirman que entre junio 2005 y agosto 2006
ocurrieron 782 suicidios de productores agrícolas. Para los últimos
tres meses, los datos indican que en promedio hubo un suicidio cada
ocho horas.
¿Bajo qué condiciones se presenta una tasa de suicidios
de unos 30 campesinos diarios? Se dice que la causa radica en el endeudamiento,
pero la razón última está en la imposición
de una tecnología agrícola completamente inadecuada, tanto
desde el punto de vista económico, como ambiental.
Anil Shinde había decidido sembrar algodón Bt, un transgénico
producido por Monsanto, que supuestamente reduce la necesidad de plaguicidas
y aumenta la rentabilidad del productor. Shinde no es una excepción.
Cientos de campesinos que han sembrado algodón transgénico
en los estados de Maharashtra, Andra Pradesh y Karnataka han buscado
la salida del suicidio frente a una situación económica
desesperada que empeora año con año.
Un elemento importante en esta historia es que el algodón Bt
de Monsanto ofrece algo de protección frente al llamado gusano
del fruto (Helicoverpa zea), pero no frente a otras plagas (por ejemplo,
Spodoptera) que afectan este cultivo comercial en India. Así
que los productores que, como Shinde, recurrieron al algodón
de Monsanto buscando reducir el costo en plaguicidas, se llevaron una
sorpresa, pues han tenido que seguir aplicando estos insumos de todas
maneras. Peor aún: la trampa del endeudamiento se les vino encima
más rápidamente porque las semillas del algodón
de Monsanto son más caras.
En muchos distritos los prestamistas locales de antaño han sido
remplazados por la red de concesionarios y vendedores de insumos de
las grandes compañías, y sus métodos de cobranza
han sido denunciados con frecuencia. Cuando los suicidios se agudizaron,
el gobierno lanzó un programa de "ayuda" que aseguraba
el pago de unos 2 mil dólares para los familiares sobrevivientes,
pero ese dinero va directo a los bolsillos de los acreedores y, de hecho,
se ha convertido en un incentivo perverso para que muchos productores
se quiten la vida.
Pero los políticos son iguales en todos lados. El ministro de
Agricultura Sharad Pawar se regodea viviendo en el pasado, hablando
todos los días sobre los triunfos de la revolución verde.
El mensaje al final de sus alocuciones es siempre el mismo: India necesita
los cultivos genéticamente modificados para ayudar a los campesinos
pobres a salir de la pobreza y resolver el "problema del hambre".
Gracias a la política de apertura neoliberal promovida por el
gobierno, la superficie dedicada al algodón transgénico
en Vidarba pasó de 0.4 por ciento a 15 por ciento en tan sólo
tres años. En ese lapso también aumentó la tasa
de suicidios agrarios, lo que convierte a Monsanto en el peor asesino
serial de la historia. O si queremos jugar con las palabras, tal como
esta compañía juega con las vidas de millones de campesinos,
podemos describir a Monsanto como el peor asesino cereal del planeta.
Miles de campesinos cuya forma de vida ha sido destruida al caer en
las garras de sus acreedores han recurrido al suicidio como única
escapatoria. En el proceso han puesto al descubierto el fracaso de un
proyecto agrícola basado en "soluciones" tecnológicas
con múltiples efectos negativos y relaciones sociales disfuncionales.
¿Por qué no corregir los daños de la revolución
verde en lugar de saltar a abrazar la tecnología de los OGM?
Las semillas de la destrucción quieren decirnos algo. Pero este
invierno, Nueva Delhi parece más preocupada por la contaminación
atmosférica que por la tragedia que se desenvuelve diariamente
en el campo.