¿Arboles transgénicos?
No, gracias
por Silvia Ribeiro *
La Jornada, México, 14 de octubre de 2006
Un estudio de investigadores de las universidades de
Umea y la Agraria de Suecia, publicado en septiembre pasado, concluye
que los árboles transgénicos presentarían nuevos
problemas y serios riesgos ambientales. Según Anders Wennstrom,
docente de ecología vegetal, "no se han hecho estudios de
los riesgos ecológicos -de los árboles transgénicos-
y qué consecuencias podrían tener. La mayor parte de los
recursos de investigación se invierten en el desarrollo de tecnología
para hacer árboles transgénicos, y una mínima parte
en estudiar los riesgos." (Svenska Dagbladet, Suecia, 28/9/2006)
El estudio de Wennstrom y su equipo encontró
que en álamos modificados genéticamente para producir
mayor cantidad de celulosa (efecto buscado por la industria maderera
y papelera), se produjeron cambios en el sistema químico de defensa
del árbol, haciéndolo más débil al ataque
de hongos y ciertos insectos y, al mismo tiempo, más resistente
a otros. Se trata de efectos colaterales de la modificación genética,
producto de la alteración del equilibrio natural del organismo.
Los investigadores señalan que todos estos factores tendrían
una cadena de impactos sobre muchas otras especies que viven en interrelación
con los árboles, como insectos, pájaros, mariposas, hongos,
líquenes, otros árboles y plantas.
Es apenas una pequeña parte de los múltiples
efectos negativos que podrían desplegar los árboles transgénicos.
Cualquier impacto que provenga de éstos, durará muchísimo
más que con los cultivos agrícolas manipulados, porque
los árboles viven como mínimo varias décadas, emitiendo
gran cantidad de polen a lo largo de su vida, a distancias que pueden
llegar hasta miles de kilómetros. En ese sentido, es la herramienta
perfecta para la impunidad de la industria: la contaminación
y otros impactos que produzcan -como los efectos en cadena sobre la
biodiversidad que describe Wennstrom- serían prácticamente
imposibles de rastrear hasta su origen. Esta es también una de
las razones por la cual los investigadores de este tipo de manipulación
no se han molestado en hacer estudios de impacto ambiental: el terreno
a cubrir para evaluar los impactos es demasiado grande, hasta para pensar
en hacerlo.
Esto mismo es un argumento contundente que debería
inhibir este tipo de desarrollo: si no se pueden medir las consecuencias,
y es lógicamente previsible que las tendrán, no deben
ser producidos. Pero en un mundo donde la lógica, la ética
y el bien común son frecuentemente aplastados por la dinámica
del dinero y la ganancia, esto no cuenta, salvo que se desarrolle un
fuerte movimiento de resistencia en su contra.
Hasta ahora, solamente China ha plantado árboles
transgénicos a gran escala, pero son una de las prioridades de
las grandes industrias madereras y papeleras a nivel global. Varias
han formado consorcios de investigación para desarrollar árboles
transgénicos, como ArborGen (Estados Unidos), GenFor (Chile),
o lo han incorporado a su investigación, como Aracruz Celulose
(Brasil), Nippon Paper Industries (Japón), entre otras. Sus líneas
de investigación tienen como objetivo lograr árboles con
menor contenido de lignina (sustancia gomosa que une las células
y hace fuerte al árbol) y mayor cantidad de biomasa (para facilitar
a la industria papelera el procesamiento, o para biocombustible); árboles
insecticidas y resistentes a agrotóxicos (similares a los transgénicos
agrícolas); árboles diseñados para absorber mayor
cantidad de carbono.
Estos últimos supuestamente
para mitigación del cambio climático, falacia que no se
sustenta realmente, ya que como ilustra el Movimiento Mundial de Bosques
en la publicación Arboles transgénicos: la amenaza definitiva
para los bosques (www.wrm.org.uy), "la
idea es que una tonelada de carbono emitida al quemar carbón
o petróleo es igual a una tonelada de carbono contenida en un
árbol, pero para que las plantaciones forestales puedan permanecer
como almacén de carbono, hay que impedir que se incendien, que
las plagas o enfermedades las destruyan o que se les tale, hay que evitar
que los árboles mueran y se pudran porque si no emiten más
carbono, hay que persuadir o combatir a las comunidades locales que
fueron desplazadas para que no intenten reclamar las tierras que las
plantaciones les hicieron perder cortando los árboles."
Todo esto se suma a los impactos sociales y ambientales tremendos que
ya tienen los monocultivos forestales en muchos países, por lo
que les llaman desiertos verdes (Brasil), cáncer verde (Sudáfrica)
o árboles egoístas (Tailandia), porque absorben toda el
agua y los nutrientes de los alrededores.
Las otras modificaciones también tendrán
fuertes impactos; por ejemplo, los árboles con menor contenido
de lignina serán más débiles, lo que sería
fatal si trasmiten esta propiedad -u otras como mayor susceptibilidad
a enfermedades- a los bosques nativos. Para "manejar" esta
contaminación inevitable, la industria propone entonces usar
la tecnología Terminator, que los haga estériles, lo cual
de paso les sirve para justificar la legalización de esta aberrante
tecnología. Según varios científicos, como Ricarda
Steinbrecher, Terminator de todos modos sólo tendría efectos
parciales de esterilización (igual existiría contaminación),
pero además, al ser una construcción genética altamente
complicada e inestable, provocaría aún más efectos
secundarios inesperados, del tipo que ya encontraron Wennstrom y su
equipo.
Frente a todo esto, varias organizaciones
han redactado una carta al Convenio de Diversidad Biológica,
demandando que este organismo prohíba los árboles transgénicos
por los impactos que tendrían sobre la biodiversidad. La carta
se puede leer y firmar en www.wrm.org.uy/temas/AGM/cartaCBD.html.
Es urgente ampliar el debate para impedir que la industria provoque
este nuevo desastre.
* Investigadora del Grupo ETC