Una firma de
EE UU anuncia el primer arroz modificado con genes humanos
El cultivo transgénico genera
dos proteínas que ayudan a rehidratar a niños con diarrea
EMILIO DE BENITO - Madrid -
EL PAÍS - Sociedad - 16-05-2006
Una pequeña empresa de EE
UU, Ventria Bioscience, ha anunciado su intención de comercializar
una variante de arroz transgénico que incorpora dos genes humanos.
Es la primera vez que se produce una de estas plantas modificadas con
la inclusión de material genético que proviene de personas.
El resultado, según los experimentos llevados a cabo en Perú,
es una planta que genera dos proteínas que sirven para frenar
la deshidratación en niños con diarrea. Los genes incorporados
son los encargados de producir las proteínas llamadas lactoferrina
y lisozima.
Por primera vez, una compañía
de biotecnología ha fabricado plantas en las que se incorporan
genes de origen humano, según los resultados que ha presentado
Nelly Zavaleta, del Instituto Especializado de Salud del Niño
de Lima (Perú), en el último congreso de las Sociedades
Académicas de Pediatría celebrado en San Francisco (California).
Hasta ahora, las plantas transgénicas utilizaban genes de otras
plantas.
Los genes son el código que
da a las células la instrucción para fabricar proteínas.
Con su inclusión en plantas de arroz se pretende que la planta
fabrique la lactoferrina y la lisozima, para luego utilizarlas en sueros
de rehidratación oral. Estas proteínas se encuentran de
manera natural en la leche, saliva y lágrimas de las mujeres.
Las diarreas infantiles causan unos
dos millones de muertes de niños en el mundo anualmente. El estudio
realizado en Perú con 135 niños ha demostrado que el tiempo
medio de recuperación pasa de 5,21 días de media a 3,67
si el suero se enriquece con las proteínas fabricadas por el
arroz, según la web de la compañía (www.ventriabio.com
).
Regla no escrita
El anuncio rompe con una regla no
escrita de las mayores compañías fabricantes de cultivos
transgénicos: no introducir genes humanos en plantas (Monsanto
ha hecho ese compromiso por escrito, y lo ha extendido a todos los genes
de origen animal). Pero en este caso, la industria farmacéutica
que ha producido el arroz es una pequeña empresa con 16 empleados
y un único campo de arroz de 335 acres (135,57 hectáreas)
en Carolina del Norte.
Hasta ahora, las más de 30
variedades de estas cosechas que se obtienen en el mundo están
formadas por plantas a las que se les ha transferido la capacidad de
producir toxinas que envenenan plagas o dan mayor resistencia a la sequía
o los herbicidas. En el mundo se cultivan 90 millones de hectáreas
de transgénicos al año, según el Servicio Internacional
para la Adquisición de Aplicaciones Biotecnológicas (ISAAA,
en inglés). Estos datos son discutidos por los ecologistas, que
afirman que están inflados. En España, por ejemplo, Los
Verdes afirmaron la semana pasada que la superficie de maíz transgénico
plantada es de 52.000 hectáreas, mientras que los datos del ISAAA
hablan de 100.000. Pero esta divergencia es el menor de los reparos
puestos por los ecologistas. Más preocupante para ellos es el
riesgo para la salud de los consumidores (algo no demostrado científicamente)
y, sobre todo, la posibilidad de que los genes pasen a plantas vecinas.
Ello contaminaría las plantas salvajes y los cultivos. Esto último
es visto como una amenaza por los agricultores que no usan semillas
transgénicas, ya que ello supondría que perderían
el mercado formado por los consumidores que rechazan los transgénicos,
como son la mayoría de los europeos y de los japoneses.
Este arroz modificado no es el primero
que se crea con fines médicos. En 2001 se anunció la comercialización
del llamado arroz dorado, de aspecto anaranjado. Este color se debía
a la introducción de genes de otras plantas para que produjera
beta-caroteno (vitamina A). El objetivo de sus creadores era paliar
la falta de este nutriente en los países cuya dieta se basa en
el arroz.
La diferencia con la planta de Ventria
Bioscience es que ésta sólo se utiliza -de momento- como
fábrica de proteínas, no para su consumo. Pero algunos
críticos afirman que esta presentación es sólo
el primer paso. La compañía ha pedido su autorización
como un alimento con propiedades médicas, no como un fármaco,
lo que permitirá que en un futuro se use directamente para tratar
a niños con diarrea.
Los productores temen perder la confianza del consumidor
E. DE B. - Madrid - EL PAÍS
- Sociedad - 16-05-2006
Si la producción de plantas
modificadas genéticamente es polémica, su uso como fuente
de medicamentos (los llamados biofármacos) lo es más aún.
El anuncio de Ventria Biosciences de que ha preparado un cultivo de
arroz para producir proteínas humanas ha levantado las protestas,
no sólo de los ecologistas, sino también del sector agrícola
y de sus máximos representantes. "Simplemente, queremos
que se vayan", ha dicho el representante de la Asociación
Estadounidense de Productores de Arroz, Bob Papanos.
La causa de esta hostilidad no es
la competencia. Con apenas 135 hectáreas de cultivo, la plantación
de Ventria es una ínfima parte de la producción de EE
UU, que posee el 50% de la superficie mundial destinada a transgénicos.
Además, el pequeño laboratorio ha escogido para implantarse
una localidad (Greenville, en Carolina del Norte) alejada de las zonas
arroceras del sur del país en las costas del Caribe y del Pacífico.
El problema es, sobre todo, de imagen:
Estados Unidos exporta casi la mitad de los 1.180 millones de dólares
(unos 920 millones de euros) que producen de arroz. Los dos mercados
principales son Japón y la Unión Europea. Y en ninguna
de estas dos zonas los transgénicos están muy bien vistos.
Cada anuncio de una nueva variedad es recibida con protestas por las
organizaciones de consumidores y ecologistas. Por eso, "esta pequeña
compañía puede traernos problemas", insiste Papanos.
Sistema de contención
El peligro es que algún análisis
muestre que se ha producido contaminación del arroz no transgénico
con polen del modificado. El presidente de Ventria, Scott Deeter, lo
descarta: "Usamos un sistema de contención. El arroz es
una planta que se autopoliniza [la fecundación se realiza la
mayoría de las veces por la propia planta o dentro del mismo
cultivo]", señala.
Pero estas explicaciones no tranquilizan
a los ecologistas. "Establecer distancias de seguridad no sirve.
La legislación española establece una distancia de seguridad
de 50 metros, cuando el polen puede viajar centenares de metros",
indica Greenpeace. Un informe de esta organización en España,
la mayor potencia en biocultivos de la UE, señala que en Cataluña
y Aragón se han dado al menos seis casos de contaminación
de cultivos en 2005.
El miedo aumenta ante la posibilidad
de que el arroz no se use sólo como fábrica de proteínas
-lo que implicaría un tratamiento posterior-, sino que se incluya
directamente en la dieta de los niños. El mercado de alimentos
infantiles mueve 10.000 millones de dólares (7.800 millones de
euros) sólo en Estados Unidos. Un negocio que se resentiría
de los recelos de los consumidores.