Bebés
como conejillos de Indias
La Jornada, México, 1 de julio de 2006
Empresa biotecnológica
hace de dos hospitales pediátricos peruanos su laboratorio
SILVIA RIBEIRO*
La empresa estadunidense Ventria
Biosciences patrocinó la experimentación de drogas derivadas
de arroz transgénico -manipulado con genes humanos- en bebés
y niños internados en dos instituciones pediátricas de
Perú.
El experimento, cuyos resultados
se dieron a conocer en mayo en Estados Unidos, fue realizado en el Instituto
Especializado de Salud del Niño y en el Instituto de Investigación
Nutricional en Lima, Perú. El público de esa nación,
sin embargo, se enteró por las denuncias de la Asociación
Pro Derechos Humanos del Perú y de la Red por una América
Latina Libre de Transgénicos.
Ventria es una empresa biotecnológica
especializada en producir farmacultivos, es decir, cultivos que son
manipulados genéticamente para obtener sustancias de uso farmacéutico.
Estas son aún más controversiales que los transgénicos
de uso agrícola que están en el mercado, por la posible
contaminación de cultivos aledaños y los riesgos a la
salud en caso de una filtración a la cadena alimentaria.
Ningún fármaco producido
en plantas transgénicas ha sido aprobado para consumo humano
en Estados Unidos ni en otras parte del mundo. Ventria comenzó
sus cultivos en California, pero tuvo que trasladarse a Missouri y luego
a Carolina del Norte por las demandas de asociaciones de productores,
consumidores y ambientalistas.
Debido al largo e incierto proceso
de aprobación de fármacos, en particular de este tipo,
la empresa decidió experimentar sus productos con niños
del Tercer Mundo, donde las regulaciones son más laxas y parece
más fácil encontrar instituciones con déficit de
financiamiento (y de ética).
En un reciente cambio de imagen,
Ventria llama ahora a sus productos "alimentos médicos",
seguramente para eludir las regulaciones más estrictas en la
aprobación de medicamentos.
Esa empresa produce experimentalmente
dos proteínas recombinantes humanas: la lactoferrina y la lisozima,
presentes en forma natural en leche materna, saliva, semen y otros fluidos
humanos. La producción se hace en arroz, al que se le insertan
secuencias sintetizadas de genes humanos responsables de la producción
de estas proteínas. Dos de éstas, ya extraídas
del cultivo, fueron usadas en el "estudio" con niños
peruanos.
El experimento afectó a 140
niños de cinco meses a 3 años que sufrían diarrea
aguda y estaban hospitalizados en las instituciones mencionadas. La
prueba duró 48 horas en hospital, con dos visitas de seguimiento
en los siguientes 15 días. Divididos en tres grupos, al primero
se le trató con un suero de rehidratación oral (SRO) de
glucosa; al segundo con SRO a base de arroz, y al tercero con el mismo
SRO a base de arroz, adicionándole lactoferrina y lisozima recombinantes.
Según el breve informe de
resultados publicado por la empresa, el grupo de niños que recibió
el suero adicionado con proteínas recombinantes se recuperó
en un promedio de 3.67 días, comparado con 5.21 en promedio en
el grupo testigo. Ventria presenta esos resultados obviando el hecho
de haber usado niños peruanos porque no lo podía hacer
en su país, para promover la aprobación comercial de su
producto, que ahora dice será fundamentalmente para el tercer
mundo.
Sin embargo, su mercado preferido
no son los niños del de países subdesarrollados que sufren
diarrea, sino el más lucrativo mercado de los nutracéuticos,
que incluyen bebidas deportivas y suplementos alimentarios, entre otros.
Para la empresa, el caso peruano es un recurso propagandístico.
Según Jim Diamond, pediatra
estadunidense, un aspecto sorprendente de los resultados publicados
por Ventria es que se haya utilizado como testigo un grupo de niños
al que se le dio solución oral con base en glucosa, cuando existe
abundante literatura médica desde hace décadas que muestra
que la solución a base de arroz (no transgénica) es mucho
más rápida y efectiva para tratar la diarrea aguda.
Eso significaría que la empresa,
con la complicidad de institutos peruanos, usó intencionalmente
un método menos efectivo para lograr resultados artificialmente
positivos. Por un lado, se expuso a un grupos de niños a drogas
transgénicas no aprobadas, y por otro se retrasó la curación
de otros para presentar mejores resultados comparativos.
Existen numerosos artículos
científicos -disponibles en la red electrónica- que presentan
casos en que el uso de proteínas transgénicas humanas,
tales como factores anticoagulantes, de crecimiento e insulina, han
provocado reacciones adversas en los pacientes, como alergias, creación
de anticuerpos y otras; inclusive algunas de gravedad, como ser origen
de hemorragias, caso éste por el que se retiró el producto
del mercado.
Durante el proceso de consulta pública
motivado por las solicitudes de Ventria en Estados Unidos, varias organizaciones,
entre ellas la Unión de Consumidores, el Centro de Seguridad
en Alimentos (Center for Food Safety) y Amigos de la Tierra de Estados
Unidos, presentaron a las autoridades de ese país amplios informes,
con referencias científicas, en los que describen en detalle
una lista de posibles efectos dañinos a la salud de la lactoferrina
y la lisozima recombinantes de Ventria. Entre otros, explica que las
proteínas recombinantes no son idénticas a las naturales,
por lo que existe la posibilidad de provocar desórdenes inmunológicos
y alergias. La lactoferrina y la lisozima pueden favorecer además
el crecimiento de agentes patógenos, como la bacteria helicobacter
pyloris, causante de gastritis y cáncer estomacal, de bacterias
causantes de meningitis y otras enfermedades de difícil tratamiento
por su resistencia a muchos antibióticos existentes.
La empresa, obviamente, conocía
esos informes pero decidió proceder colocando en riesgo niños
del tercer mundo. Si las instituciones peruanas conocían los
informes, su complicidad es criminal. Si no los buscaron, su negligencia
es del mismo tenor.
* Investigadora del Grupo ETC
www.etcgroup.org