Maíz
transgénico termina con el maíz orgánico
Por Silvia Ribeiro*
Las trasnacionales de los transgénicos
pretenden hacernos creer que los transgénicos son solamente una
opción de quien los elige. Debido a la inevitable contaminación
–sea por polen en los campos, por mezcla en el almacenado, distribución
o venta y hasta por granos que caen durante el transporte– los
transgénicos son los cultivos más imperialistas de la
historia. A la contaminación biológica, se suman los juicios
por patentes que sufren los agricultores contaminados y la indefensión
legal de los contaminados. Al contrario de lo que dicen las empresas,
si hay transgénicos, todo el resto sufrirá.
Un reciente estudio científico conducido por
Rosa Binimelis, de la Universidad Autónoma de Barcelona (publicado
en 2008 en el Journal of Agricultural and Environmental Ethics), concluye,
luego de analizar la situación del maíz en Cataluña
y Aragón, que la siembra de maíz transgénico llevará
al fin de la producción de maíz orgánico. Desde
1998, cuando comenzó la siembra de maíz transgénico
en la región, hasta ahora, hay una reducción drástica
de la producción de maíz orgánico. Esto se debe
tanto a la contaminación transgénica, que inhabilita la
venta del producto como orgánico, como a las múltiples
dificultades técnicas y burocráticas que deben enfrentar
quienes pretenden defender sus cultivos de la contaminación,
lo que finalmente los hace abandonar la producción.
La contaminación ya es una violencia para quien
siembra orgánicos y semillas tradicionales. Además, debido
a la pesada influencia y corrupción que ejercen las transnacionales,
las leyes que acompañan los transgénicos, colocan la carga
de la prueba en la víctima, que debe lidiar primero con los aspectos
técnicos de las pruebas de contaminación, cargar con el
costo que significan y con la incertidumbre de este tipo de pruebas,
que se basan en información de las propias empresas. A esto sigue
el proceso legal, que es complicado y costoso.
En México todo esto sería aún peor,
porque la Ley Monsanto (mal llamada de bioseguridad), no prevé
ninguna protección a las víctimas ni permite responsabilizar
a los contaminadores.
Agrobio México (organización de fachada
de las transnacionales de transgénicos) esgrime un estudio de
la biotecnóloga Joaquima Messeguer, del Instituto de Investigación
y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), España, que sostiene
que la contaminación transgénica del maíz se puede
evitar con 20 metros de separación entre campos y una diferencia
de siembra de 12 días en la siembra entre los transgénicos
y otros tipos de maíz. Messeguer declaró a la prensa mexicana,
que “los temores de que el cultivo mexicano “se contamine”
de los transgénicos es una falacia (sic)” (Notimex, 26/7/2008).
Al parecer, Messeguer aún no se entera que la contaminación
transgénica del maíz mexicano no es un “temor”,
sino una triste realidad comprobada por instituciones del propio gobierno
mexicano hasta por pruebas que han realizado cientos de campesinos e
indígenas de todo el país. Como el cultivo de maíz
transgénico hasta ahora es ilegal en México, seguramente
hubieron no 20 metros, sino miles de kilómetros del campo de
transgénicos en Estados Unidos a los campesinos mexicanos, y
aún así se contaminaron.
Ya en el 2007, investigadores independientes de la Universidad
de Exeter, Reino Unido, mostraron que la contaminación del polen
de maíz transgénico puede alcanzar cientos de kilómetros,
dependiendo del viento, la ubicación y altitud de los campos
entre sí, la temperatura, etcétera. Existen muchos otros
estudios que llegan a conclusiones parecidas, además de que la
contaminación por polen es apenas uno de los muchos factores
de contaminación.
Pero a los tecnócratas del IRTA, institución
que cuenta entre sus “clientes y colaboradores” a Monsanto,
Syngenta, Novartis, Pioneer, Basf y Dow, dueños de la producción
de agrotransgénicos en el mundo, este tipo de pensamiento complejo
y análisis de la realidad fuera del computador, no les interesa.
¿Para qué ser objetivos, si nadie les paga por ello?
Ante esta realidad de contaminación inevitable,
la reciente declaración de Felipe Calderón sobre “proteger
el maíz criollo” es demagogia perversa e ignorante (para
empezar, el maíz en México es nativo, no criollo), dictada
probablemente por algún “asesor” transnacional.
Es criminal que el gobierno mexicano insista en abrir
la experimentación con maíz transgénico, y que
invente “polígonos” que serían los únicos
centros de origen del maíz –que de todas maneras se contaminarán
tarde o temprano si se planta maíz transgénico. Como afirma
la Red en Defensa del Maíz Nativo, todo México es centro
de origen y diversidad del maíz, porque en todo México
hay pueblos del maíz. Pueblos que saben que más allá
de lo que digan políticos, científicos y agricultores
comprados, la contaminación del maíz no será impune.
*Investigadora del Grupo ETC
http://www.jornada.unam.mx/2008/08/02/index.php?section=opinion&article=022a1eco