Revista del Tercer
Mundo - Nº 160 - abril-junio 2005
Europa adopta
medidas frente al maíz transgénico no aprobado
por Lim Li Ching
Europa ha adoptado
medidas correctivas para impedir la importación del maíz
transgénico experimental Bt10, no aprobado para uso comercial,
después que Syngenta lo lanzara “inadvertidamente”
entre 2001 y 2004.
Países miembros
de la Unión Europea aprobaron el 15 de abril de 2005 la restricción
de embarques estadounidenses de maíz sospechoso de contener maíz
transgénico experimental Bt10, no aprobado y confundido con el
Bt11, que sí está autorizado en algunos países.
Sólo se permitirán las importaciones de productos de maíz
certificados como libres de Bt10, de acuerdo con la política
de “tolerancia cero” de la Unión Europea hacia los
organismos transgénicos no aprobados.
La empresa multinacional de biotecnología Syngenta produjo y
distribuyó maíz Bt10 “inadvertidamente” entre
2001 y 2004.
El 31 de marzo, la Comisión Europea (órgano ejecutivo
de la Unión Europea), confirmó que España y Francia
importaron hasta diez kilogramos de semillas de Bt10 confundidas con
Bt11, para fines de investigación, pero que fueron destruidos.
Además, unas mil toneladas de productos alimenticios para consumo
humano y animal pudieron haber ingresado en la Unión Europea
a través de importaciones de Bt11 desde 2001. Es posible que
otros países que importan maíz de Estados Unidos también
hayan recibido Bt10.
La Comisión Europea dijo entonces que “deplora que se haya
importado un organismo transgénico no autorizado por el amplio
marco legal de la Unión Europea para dichos organismos, ni por
ningún otro país”.
Medidas de emergencia
El Comité Permanente
de la Unión Europea sobre la Cadena Alimentaria y la Salud Animal
consideró un proyecto de decisión de la Comisión
Europea para establecer obligatoriamente la certificación de
las importaciones de granos cerveceros y pienso a base de gluten de
maíz procedentes de Estados Unidos como “libres de Bt10”.
Éstos son los productos importados con mayores probabilidades
de estar contaminados con Bt10.
Los países miembros de la Unión Europea aprobaron el proyecto
casi por unanimidad. Veintidós de los veinticinco integrantes
del bloque votaron a favor, mientras que Hungría se abstuvo,
y Lituania y Malta estuvieron ausentes.
Ahora, los embarques de alimento animal y granos de cervecería
de Estados Unidos sólo podrán entrar al mercado europeo
acompañados de un informe de análisis en origen, emitido
por un laboratorio acreditado, asegurando que el producto no contiene
Bt10. En ausencia de tal informe, la empresa importadora debe analizar
el maíz. De lo contrario, éste no puede ingresar al mercado.
Cumpliendo con la OMC
Dado que ni Syngenta
ni las autoridades estadounidenses proveyeron los datos necesarios para
una plena evaluación de seguridad del Bt10, tales “medidas
de emergencia” son necesarias para “alcanzar el alto nivel
de protección sanitaria elegido en la Comunidad”.
Las medidas aprobadas también exhortan a los países miembros
a realizar análisis en el acto de sus importaciones de maíz
transgénico. Sin embargo, para ello se precisaba que Syngenta
liberase información completa sobre la caracterización
molecular del Bt10, su forma de distinción del Bt11 y el método
de detección específico. El 22 de abril la empresa presentó
una prueba de detección del Bt10 que fue aprobada por las autoridades
de la Unión Europea.
La Unión Europea reconoce que las medidas “no deben restringir
el comercio más de lo necesario” y por eso las limita al
pienso a base de maíz y a los granos de cervecería, dado
que, aparte de esos productos, la Unión Europea no importa ni
maíz transgénico en grano ni ningún producto derivado
de Estados Unidos. Además, en ningún proceso de producción
de alimentos dentro de la Unión Europea se utiliza maíz
transgénico estadounidense. Ese reconocimiento de la Unión
Europea está de acuerdo con las normas de la Organización
Mundial de Comercio (OMC), que serán revisadas a fines de octubre.
En cuanto se anunciaron las medidas, todas las importaciones de pienso
a base de maíz estadounidense se detuvieron en puertos británicos,
y los embarques en tránsito fueron analizados en los puertos.
Exportadores estadounidenses envían cada año a la Unión
Europea 3,5 millones de toneladas de pienso a base de gluten de maíz,
por un valor de 350 millones de euros (449 millones de dólares).
Japón reacciona
Japón, otro
gran importador de maíz estadounidense, también aprobó
normas que exigen a los importadores destruir los embarques de maíz
estadounidense o enviarlos de vuelta a Estados Unidos si están
contaminados con Bt10. Japón importa cada año de 14 a
16 millones de toneladas de maíz, 90 por ciento de Estados Unidos.
El Ministerio de Salud de Japón anunció que las oficinas
de inspección en los puertos del país comenzarán
a analizar muestras de embarques de maíz estadounidense para
determinar si contienen Bt10. No está claro si Japón posee
los métodos de detección necesarios para esas pruebas.
Importadores japoneses casi dejaron de comprar maíz estadounidense
por temor a que los embarques contengan Bt10. Algunos procuraron proveedores
no estadounidenses de maíz, en especial para el mercado alimentario.
Cuatro años
tarde
El 22 de marzo la revista
científica Nature publicó que Syngenta había producido
y distribuido Bt10 en forma inadvertida.
Entre 2001 y 2004 se vendieron unos 14.000 sacos de semillas de Bt10,
suficientes para plantar 14.800 hectáreas, principalmente a agricultores
de Estados Unidos, pero también a Canadá y Argentina.
A partir de esa superficie, los agricultores podrían haber producido
unas 150.000 toneladas de maíz.
Es especialmente preocupante la demora en dar a conocer esa filtración,
casi cuatro meses después de que el gobierno estadounidense comenzara
sus conversaciones con Syngenta, en diciembre de 2004, y luego de cuatro
años de comercio.
También es preocupante que hayan pasado cuatro años antes
de que Syngenta se diera cuenta de esa filtración. El incidente
pone en evidencia las dificultades para controlar los organismos transgénicos.
Como el Bt10 no ha sido aprobado, los países que lo hayan recibido
no realizaron las pruebas de evaluación de riesgo adecuadas ni
poseen los materiales de referencia necesarios para facilitar la detección
y la identificación.
Además, aunque las autoridades estadounidenses informaron a la
Comisión Europea el 22 de marzo sobre la filtración de
Bt10, olvidaron mencionar que ese producto contiene el gen que otorga
resistencia contra la ampicilina. Sólo el 31 de marzo Syngenta
ofreció esta información a la Comisión.
Resistencia a la ampicilina
Aparentemente, el Bt10
fue confundido con el Bt11, que ha sido aprobado en algunos países.
Cuando la filtración se conoció públicamente, Jeff
Stein, jefe de asuntos regulatorios de Syngenta, afirmó que “el
Bt10 y el Bt11 son físicamente idénticos y sus proteínas
son idénticas”.
Sin embargo, Syngenta admitió posteriormente que el Bt10 contiene
un gen marcador que le confiere resistencia a la ampicilina, un antibiótico
de amplio uso para tratar infecciones en seres humanos y animales. El
Bt11 no contiene ese gen.
La presencia de un gen de resistencia a antibióticos plantea
graves problemas de bioseguridad debido al riesgo de que dicho gen se
transfiera horizontalmente a microorganismos patógenos, que en
tal caso se volverían resistentes a la ampicilina.
Tanto es así que la Directiva 2001/18 de la Unión Europea
sobre el lanzamiento deliberado al ambiente de organismos transgénicos
exigió la eliminación gradual de los genes marcadores
de resistencia a antibióticos en aquellos organismos que pudieran
perjudicar la salud humana y el ambiente, en plazos específicos
(31 de diciembre de 2004 para los transgénicos ya colocados en
el mercado; 31 de diciembre de 2008 para aquellos organismos transgénicos
lanzados con fines diferentes a su colocación en el mercado,
por ejemplo pruebas de campo).
En 2004, el Panel Científico sobre Organismos Genéticamente
Modificados de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria emitió
una Opinión sobre el uso de genes marcadores de resistencia a
antibióticos en plantas transgénicas. Recomendó
que el gen que confiere resistencia a la ampicilina sea restringido
a fines experimentales y sea excluido de “plantas transgénicas
a colocar en el mercado”.
Segregación,
detección, identificación y trazabilidad
Las medidas de emergencia
de la Unión Europea para impedir la entrada del Bt10 a los países
miembros son necesarias para prevenir riesgos de salud pública
y ambientales. Actualmente, en ausencia de una certificación
de “libre de Bt10”, la empresa importadora de la Unión
Europea debe analizar muestras del embarque o lanzarlo al mercado sin
análisis. Para muchos países en desarrollo resulta muy
difícil y costoso analizar todos los embarques sospechosos procedentes
de Estados Unidos.
Al exigir al exportador un informe emitido por un laboratorio acreditado
indicando que el embarque no contiene Bt10, la carga de la prueba recae
sobre el exportador. Además, los países deberían
insistir en que Syngenta establezca un fondo de compensación
para pagar por los análisis de productos de maíz en todo
el mundo.
En todo caso, la norma internacional debería ser la segregación
y el análisis de los productos transgénicos antes de la
exportación, por parte de los productores y exportadores, para
asegurar el mantenimiento de embarques libres de transgénicos
y la detección de cualquier organismo transgénico no aprobado
antes de su embarque.
Además, debe establecerse claramente un sistema de trazabilidad
para garantizar el monitoreo y permitir la retirada del mercado de un
producto transgénico no aprobado, si es necesario. Los creadores
de los transgénicos deberían proveer de métodos
de detección y de los materiales de referencia necesarios.
La segregación también facilitaría una identificación
clara y detallada de organismos transgénicos en los documentos
de embarque, como desea la mayoría de los países importadores.
Este asunto está planteado en el párrafo 2, literal a
del Artículo 18 del Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de
la Biotecnología. Por otra parte, los productores y exportadores
de transgénicos pretenden que los documentos sólo establezcan
que el embarque “puede contener organismos vivos modificados”,
el término utilizado en el Protocolo. Esta identificación
ambigua no requeriría segregación ni serviría de
nada en caso de que un organismo transgénico no aprobado ingresara
en los canales del comercio internacional.
Una identificación clara a través de documentos que establezcan
que un embarque contiene organismos transgénicos e información
completa sobre su identidad, incluso nombres comunes, científicos
y comerciales, códigos de transformación y códigos
únicos de identificación, implicaría que la carga
de la segregación y el análisis de dichos organismos recayera
sobre los países exportadores, no los importadores, y que cualquier
organismo transgénico no aprobado fuera detectado antes de su
exportación.
Mientras, por un acuerdo alcanzado con el Departamento de Agricultura
y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, Syngenta
pagó una multa de 375.000 dólares por el incidente. El
Departamento de Agricultura también exigió a Syngenta
que desarrollara un programa de capacitación para prevenir nuevas
confusiones de semillas y enseñara a sus empleados “la
importancia de cumplir con todas las reglas”.
Para todos aquellos preocupados por la bioseguridad, esta medida gubernamental
parece apenas un débil rezongo.
Lim Li Ching es
investigadora de la Red del Tercer Mundo.