Un
maíz con ocho genes ajenos
Por
Stephen Leahy
BERLÍN,
29 jul (IPS) - El uso de la variedad más compleja de
maíz transgénico fue aprobado en Canadá y Estados
Unidos sin investigar sus potenciales riesgos para la salud y el ambiente,
alertaron activistas.
Ni los funcionarios
de salud de Estados Unidos ni los de Canadá han evaluado la seguridad
del nuevo maíz genéticamente modificado SmartStax, resultado
de una colaboración entre las empresas Monsanto y Dow AgroSciences,
señaló la Red Canadiense de Acción Biotecnológica
(CBAN, por sus siglas en inglés), una organización no
gubernamental con sede en Ottawa.
Dow AgroSciences
es una subsidiaria de The Dow Chemical Company.
En el ADN
(ácido desoxirribonucleico) de este maíz se introdujeron
ocho nuevos genes, agregó.
Health Canada,
el departamento (ministerio) canadiense de salud "ni siquiera autorizó
oficialmente su liberación en el sistema alimentario", dijo
a IPS Lucy Sharratt, coordinadora de la CBAN.
"Se
están ignorando los cuestionamientos sobre los riesgos",
añadió.
Según
Sharratt, los reguladores canadienses no realizaron las evaluaciones
correspondientes simplemente porque las ocho nuevas características
introducidas fueron aprobadas antes de modo individual. Aunque ésta
es la primera vez que una variedad de maíz las combina todas,
las autoridades le confirieron una suerte de pase libre.
"Esto
constituye una falta crucial de comprensión de la biología
y la complejidad de la biotecnología", dijo Sharratt. Y
también revela una falla clave en el sistema regulatorio canadiense.
"Health
Canada ha abdicado de su responsabilidad y ha hecho caso omiso de los
potenciales riesgos sanitarios de ingerir en un solo maíz ocho
alteraciones genéticas", sostuvo.
SmartStax
combina por primera vez genes para tolerar herbicidas (glufosinato y
glifosato), y resistentes a insectos en una sola variedad de semillas.
Esto permite el más amplio control de insectos y malezas, según
un comunicado de prensa de Monsanto.
"Éste
es un paso clave y temprano para ayudar a los agricultores a duplicar
sus rendimientos de modo sostenible para 2030, a fin de satisfacer la
creciente demanda de granos para alimentos y combustible", dijo
Robb Fraley, jefe de tecnología y vicepresidente ejecutivo de
Monsanto.
El lanzamiento
del producto el año próximo "representará
la mayor introducción de una semilla biotecnológica de
maíz en la historia de la agricultura", argumentó
la compañía.
En 2010 podrían
plantarse hasta 1,6 millones de hectáreas con semillas SmartStax
en Canadá y Estados Unidos.
La CBAN dijo
que Canadá debe retirar inmediatamente la autorización
de la semana pasada para la venta de la nueva semilla transgénica,
porque la evaluación de seguridad de los cultivos con múltiples
características genéticas introducidas forma parte de
las normas del Codex Alimentarius, establecidas por la Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
"Combinar
muchos atributos transgénicos a la vez puede conducir a efectos
no buscados y perjudiciales para la salud, por ejemplo creando nuevas
alergias o toxinas, o exacerbando alergias existentes", dijo el
experto Michael Hansen, de Consumers Union, una organización
no gubernamental con sede en Estados Unidos.
"Este
cultivo transgénico debería haber pasado por una nueva
evaluación de seguridad, tal como recomienda el Codex",
dijo Hansen en una entrevista.
Sin embargo,
las regulaciones estadounidenses no requieren ninguna evaluación
en materia de salud y seguridad porque los cultivos genéticamente
modificados se consideran del mismo modo que los comunes, aunque se
combinen genes nuevos, explicó.
"La
Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos
ni siquiera le echó una mirada a SmartStax", destacó
Hansen.
En Estados
Unidos, cualquier estudio sobre seguridad y nutrición hecho por
Monsanto y Dow no tiene por qué hacerse público ni mostrarse
a los reguladores, a quienes apenas les corresponde ver un resumen.
Además, no pueden realizarse estudios independientes sin permiso
de las compañías.
"Es
ilegal que un agricultor dé semillas a los investigadores sin
permiso de las empresas", dijo Hansen.
En mayo,
la Academia Estadounidense de Medicina Ambiental (AAEM, por sus siglas
en inglés) reclamó una moratoria inmediata a este tipo
de productos.
El documento
de la AAEM concluyó que existe "más que una asociación
casual entre los alimentos genéticamente modificados y los efectos
adversos en la salud", y que "los alimentos transgénicos
plantean un serio riesgo sanitario en las áreas de toxicología,
alergias y función inmunológica, salud reproductiva y
salud metabólica, fisiológica y genética".
"Múltiples
estudios en animales han mostrado que los alimentos transgénicos
causan daños a varios sistemas de órganos en el cuerpo.
Con esta evidencia creciente, es imperativo adoptar una suspensión
de la distribución de alimentos genéticamente modificados,
por la seguridad de la salud de nuestros pacientes y del público",
dijo Amy Dean, integrante de la directiva de la AAEM.
Además,
según las normas internacionales de intercambio, sin una nueva
evaluación de seguridad para este maíz transgénico
otros países pueden rechazar la variedad SmartStax sin infringir
las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), señaló
Hansen a IPS.
Tampoco parece
que las autoridades canadienses hayan evaluado el riesgo ambiental.
"Esto confirma que el maíz pasó por encima de los
procesos existentes de evaluación científica que ya habían
sido juzgados como insuficientes por el Panel (de Expertos) de la Sociedad
Real de Canadá en 2001", dijo Sharratt. Se refería
al panel de científicos constituido por dicha Sociedad para evaluar
la regulación y la seguridad de los nuevos productos transgénicos.
Se trató de la primera evaluación independiente realizada
en este país.
Cinco años
después de que los cultivos y alimentos transgénicos aparecieran
en el mercado de Canadá, ese informe de 2001 asestó un
duro golpe a las autoridades sanitarias y de la Agencia Canadiense de
Inspección Alimentaria, que permitieron cultivar variedades genéticamente
modificadas.
Poco cambió
desde entonces, y la Agencia no pudo explicar su decisión de
no pedir evaluaciones del riesgo ambiental para SmartStax, dijo Sharratt.
"Este
escándalo expone el más profundo y peligroso descuido
de Health Canada ante los riesgos de los alimentos transgénicos",
concluyó.
Miércoles,
12 de agosto 2009