Los
nuevos BIO gángsters
por
Silvia Ribeiro*
La Jornada,
México D.F. Martes 1 de junio de 2004
La Organización
de la Industria Biotecnológica (BIO, por sus siglas en inglés)
se prepara para su reunión anual en San Francisco, Estados Unidos,
del 7 al 9 de junio próximos. Se vanagloria de volver a sus orígenes,
ya que se encuentran en el área de la bahía de San Francisco
las sedes de más de 800 de las mil 457 empresas biotecnológicas
estadounidenses, muchas de las cuales son las transnacionales que dominan
los mercados de semillas, transgénicos, farmacéutico,
químico, genómico.
Con más exactitud
se puede decir que vuelve a sus orígenes porque en esa bahía
está lo que fue la tristemente famosa prisión de Alcatraz.
En 1894, 19 indios hopis fueron encarcelados, poco antes de que el gobierno
decidiera atacar militarmente a los hopis para "civilizarlos".
Su crimen fue, además de negarse a ser "educados" en
escuelas del gobierno, donde eran azotados por hablar su idioma o hacer
cualquier mención de su propia cultura, negarse a practicar la
agricultura tal como el gobierno les imponía: en lotes individuales,
en lugar de sus formas tradicionales comunales.
Más de un siglo
después empresas biotecnológicas de BIO se empeñan
en cambiar las formas de vida y agricultura, ya no sólo de los
hopis, sino de todos los campesinos e indígenas del planeta,
privatizando sus semillas y contaminando sus campos con sus genes transgénicos
patentados. En lugar de llevarlos a Alcatraz, llevan a juicio a los
agricultores contaminados, como Percy y Louise Schmeiser en Canadá,
por "uso ilegal de sus patentes", y en Chiapas, Monsanto amenaza
a los campesinos indígenas con que podrán sufrir multas
y prisión si descubren sus genes patentados en sus campos. Aconsejan
la delación de "cualquier situación irregular"
para "evitar convertirse en cómplices".
Frente a la contaminación,
el gobierno de Canadá comenzó hace un tiempo a aconsejar
a los agricultores que no usen sus propias semillas. Lo más seguro,
dicen, es usar las semillas certificadas de las empresas para evitarse
problemas legales (y garantizar el pago de regalías por patente
en la propia compra). Quienes dominan el mercado de semillas certificadas
en todo el mundo son los mismos gigantes genéticos que producen
los transgénicos.
Este concepto de "seguridad"
que van dejando para agricultores y campesinos es igual a la seguridad
que ofrecían los gángsters de Chicago en los años
20: para estar seguro, hay que pagar... ¡a los mismos que crean
la inseguridad!
Los representantes de BIO
llegan a San Francisco con una sensación de victoria: la Corte
Suprema de Canadá les acaba de regalar la sentencia en el caso
Schmeiser, afirmando la patente de Monsanto. En la práctica quiere
decir que en cualquier lugar que se encuentre un gen patentado por los
magnates de la privatización de la vida, sean plantas, animales
o hasta humanos, podrán reclamar pago por uso de sus "propiedades".
También la Organización
de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)
publicó recientemente un informe, plagado de silogismos y errores
fácticos, que más bien parece un panfleto de la industria
biotecnológica, afirmando que el único problema de la
biotecnología es que no llega a los pobres. Para resolverlo,
la FAO sostiene que se necesitaría más investigación
pública, pero, como esto es difícil y quienes tienen la
tecnología son las transnacionales del agro, hay que garantizarles
su propiedad intelectual "por mwdios legales o biológicos",
por ejemplo usando la tecnología Terminator,para hacer semillas
suicidas y garantizando que nadie usará sus semillas sin pagarles.
¿Qué más puede pedir BIO?
Pese a la inmensa maquinaria
de propaganda y las decenas de millones de dólares que invierten
anualmente para convencer al mundo de que los transgénicos y
la contaminación son buenos para nosotros, y que hasta agencias
de Naciones Unidas les hagan el trabajo sucio para legitimar su apropiación
de los bienes comunes y públicos, no han conseguido sus objetivos.
Como muestra de ello en
San Francisco se prepara una importante movilización de miles
de activistas y campesinos para recibir a los delegados de BIO. Las
actividades se agrupan bajo el nombre Reclaim the commons (Reclaman
los comunes). Antes de la conferencia de BIO, organizan una serie de
talleres en los que no sólo se hablará de transgénicos
y su impacto: es una manifestación multicolor y diversa en la
cual se esperan, entre muchos otros, a delegados de movimientos de los
sin techo, trabajadores inmigrantes y rurales, agricultores orgánicos,
activistas contra la guerra en Irak, artistas, intelectuales, feministas...
La diversidad de la respuesta
es reflejo de la amplitud del ataque:quizá más claramente
que otras industrias igualmente nocivas, la biotecnológica, con
la manipulación genética y el patentamiento de la vida,
con sus métodos gangsteriles de tratar a los campesinos, es la
más clara insignia de los modernos "cercamientos de los
comunes", similares a los que en la Inglaterra de 1700 se apropiaron
y privatizaron los terrenos comunales de miles de campesinos, llevándolos
a la miseria.
Al igual que los hopis,
muchos movimientos sociales, urbanos y rurales, indígenas y campesinos
por todo el mundo, que realizan desde pequeñas acciones locales
y cotidianas hasta encuentros colectivos más amplios donde se
comparten resistencias y propuestas, lo que se reclama es el derecho
a la propia cultura y a la diversidad, al acceso y comunalidad de bienes
y, en definitiva, a decidir sobre nuestras propias condiciones de vida.
Sin esperar a que los nuevos gángsters den su permiso, lo que
se teje al reclamar los comunes es la dignidad de todos.
* Investigadora del Grupo
ETC