Con la marraqueta
!!NO!! - trigo transgénico ad portas
Chilenas
y chilenos consumimos en 2014, en promedio, 98 kg de pan al año,
la mayor parte marraquetas (1) pero también hallullas y pan de
molde, según la Federación Chilena de Industriales Panaderos.
Todos se hacen con harina de trigo. Argentina comenzará a producir
trigo transgénico. Nuevo trabalenguas, “triste trigo transgénico
trillado en un trigal” con destino a Chile, entre otros. El país
andino es el origen del 43% del trigo que importa nuestro país.
Argentina se convirtió en diciembre de 2018 en el primer y único
país del mundo en aprobar el trigo transgénico, lo cual
genera enorme preocupación en quienes estamos por una alimentación
sin transgénicos.
Chile
también importa trigo de Canadá y de Estados Unidos, hasta
ahora grano convencional. Ni Chile ni Argentina cuentan con etiquetado
(o rotulado) de estos alimentos, por lo que en la práctica será
imposible diferenciar una marraqueta o un pan de molde de otro transgénico.
El problema se presentará con la primera cosecha de trigo temprano
que se importe desde allá en 2020. Es posible que a esa fecha
también esté vigente el nuevo Tratado de Libre Comercio
con Argentina, ya aprobado en Chile por la Cámara de Diputados
y en Argentina ratificado legislativamente, facilitando aún más
el tema de las importaciones. Como se ve, los tratados internacionales
también se meten con nuestra comida, en este caso nada menos
que con la marraqueta.
Pan tóxico y espermatozoides
El pan elaborado con trigo transgénico puede contener residuos
de glufosinato de amonio, el poderoso herbicida utilizado en ese cultivo,
los cuales pueden repercutir en el feto y en la fertilidad masculina.
Meriel Watts, científica de la Red de Acción en Plaguicidas
de Asia Pacífico, PANAP sostiene en una monografía sobre
el glufosinato de amonio que “esta sustancia química presenta
riesgos inaceptables para los seres humanos, especialmente para el desarrollo
neurológico del feto, la biodiversidad y el ambiente.”
El Reglamento 1272/2008/EC de la UE y el SGA, la Unión Europea
y el Sistema Global Harmonizado de Clasificación de Plaguicidas
lo clasifica como tóxico para la reproducción humana.
Integra así la lista de Plaguicidas Altamente Peligrosos elaborada
por PAN, Pesticide Action Network, la Red de Acción en Plaguicidas
global, a partir de estas clasificaciones.
El estudio realizado en 2017 por científicos de la Universidad
Autónoma de Guerrero - México, El
glufosinato de amonio altera la calidad y el ADN de los espermatozoides
de ratón (Cecilia González), concluye que la exposición
subaguda a GLA en ratones causa “alteraciones sobre los parámetros
de calidad, ADN y cromatina espermática, afectando dos etapas
de la espermatogénesis (espermátida temprana y espermatozoide
maduro), lo cual podría impactar negativamente en la capacidad
fértil masculina”.
Además del riesgo proveniente de los plaguicidas, la alteración
del ADN de la semilla de trigo mediante la inserción de segmentos
de ADN de girasol puede generar efectos indeseados como alergias u otras
patologías severas, y constituyen un riesgo agravado por el masivo
consumo de harina por el conjunto de la población. Son estos
aspectos –además de la resistencia de los consumidores
- los que en parte han detenido a nivel global otros intentos de aprobar
el trigo transgénico, por una elemental norma de precaución
ante la posibilidad de generar efectos incontrolables.
Quienes toman decisiones sobre aprobar o no un alimento están
influidos por Bayer/Monsanto y otras corporaciones fabricantes de transgénicos.
No hacen análisis de toxicidad actual o futura y sostienen que
los alimentos transgénicos son sustancialmente iguales a los
no transgénicos, omitiendo los posibles daños en el tracto
digestivo y los efectos crónicos de los residuos de herbicidas
usados en los cultivos transgénicos.
Empresa francesa involucrada
Trigall Genetics, un consorcio argentino- francés integrado por
Bioceres junto a la semillera francesa Florimond Desprez produjo el
Trigo HB4, un transgénico que se promociona como tolerante a
la sequía y al herbicida Prominens cuyo principio activo es el
glufosinato de amonio, que se puede aplicar a destajo, como ocurre con
los cultivos tolerantes al glifosato. En Argentina tampoco fue bien
recibida socialmente la noticia, según
informa el diario argentino Página 12.
Una declaración de la cátedra de Soberanía Alimentaria
de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, junto
a Acción por la Biodiversidad y Naturaleza de Derechos sostuvo
que los transgénicos son una amenaza para la biodiversidad, para
el ambiente y la salud aprobados en Argentina en forma poco seria. Se
sabe que los estudios secretos de “inocuidad” los realizan
las mismas empresas productoras de. En nuestro país, la campaña
Yo No Quiero Transgénicos en Chile y las organizaciones ligadas
a la defensa de la semilla y la agroecología así como
Chile Mejor sin TLC estudian los pasos a dar para que las mesas de los
chilenos cuenten con un pan más sano y para difundir los riesgos
de la alimentación que el llamado “libre comercio”
nos quiere imponer.
El TLC con Argentina contempla un mecanismo de defensa de las inversiones
que faculta a los inversores a demandar a quienes generen “obstáculos
al comercio”. Esto significa por ejemplo, que si una rebelión
de defensa de una marraqueta libre de transgénicos lograra imponer
en Chile una modificación del Reglamento del Trigo orientada
a saber qué molineros importan trigo transgénico, Chile
podría ser demandado por los grandes exportadores transandinos.
Porque ¿quién va a querer pan transgénico? Se les
arruinaría el negocio. El reglamento vigente desde 2014 busca
que haya una mayor transparencia en el mercado, pero los análisis
actuales de INIA (Instituto de Investigaciones Agrarias) y COTRISA (Comercializadora
de Trigo S.A.), que son los organismos del Estado que intervienen en
la regulación de las importaciones del trigo, se refieren a otros
aspectos de calidad del grano. El reglamento no faculta a los laboratorios
para detectar transgénicos.
Inseguridad alimentaria y dependencia
Chile produce cada vez menos trigo, aunque las cifras no lo reflejan
en forma exacta, porque los rendimientos por hectárea han aumentado,
ocultando el hecho de que en promedio, cada año se está
sembrando un 2,9% menos de hectáreas de trigo. Los tratados de
libre comercio han afectado los cultivos tradicionales, determinando
una baja de los precios debido a que ingresan a Chile trigo y maíz
a precios con los que generalmente los pequeños agricultores
no pueden competir. Por lo mismo, han aumentado progresivamente las
importaciones de trigo a fin de contar con el grano, ya que nuestro
consumo anual promedio aparente asciende aproximadamente a 2.000.000
de toneladas del grano, según ODEPA y casi la mitad de esos dos
millones se importa.
Lo
que ocurre hoy con el trigo deja en evidencia que Chile depende del
mercado externo para alimentar a su población. Estamos lejos
de alcanzar la soberanía alimentaria, es decir el derecho a producir
los alimentos de acuerdo a nuestras tradiciones y necesidades y no según
lo que decreten las empresas o los gobiernos o los Tratados de Libre
Comercio. Tampoco en Chile hay “seguridad alimentaria”,
un lema que por décadas ha sido el objetivo que FAO propone alcanzar
en América Latina y el mundo.
De acuerdo a información entregada por COTRISA en Análisis
del sector triguero 2018, Argentina fue la fuente de origen de un
42,1% de las 949.871 toneladas de trigo importado para harina entre
enero y noviembre de 2017, seguida por Canadá, con un 32,9% y
Estados Unidos, un 25,1%.
Según ODEPA, las proyecciones del INE para la temporada 2017-2018
son que se producirían 1,2 millones de toneladas de trigo panadero
y candeal, en una superficie cultivada de 203.110 hectáreas.
En la temporada anterior, 2016-2017 la superficie nacional de cultivos
de trigo alcanzó a poco más de 225.042 hectáreas,
con una producción de 1.349.492 toneladas. Las Regiones del BioBio-Araucanía
tienen la mayor superficie de cultivos trigueros, según INE.
Pero el ya citado estudio de COTRISA postula que la tendencia es que
debido al tema precios, cada vez habrá menos pequeños
productores de trigo, y la industria molinera a su vez seguirá
aumentado su concentración. En la actualidad hay en el país
76 molinos, pero el 50% de la capacidad de molienda está en manos
de sólo 6 propietarios. Estos son los molinos que tienen mayores
facilidades para la importación de trigo, en tanto que hay 44
molinos que no estarían en condiciones de importar, por su tamaño
y localización geográfica. Entre ellos, dice COTRISA,
están los molinos de la Región de Los Lagos y la mayor
parte de los molinos del Maule.
La
llamada “revolución verde” con su carga de fertilizantes,
herbicidas y semillas modificadas en laboratorio para aumentar la presencia
de gluten, hizo prácticamente desaparecer las semillas tradicionales
de trigo. El trigo panadero cuya producción se detalla en el
cuadro de COTRISA, son variedades industriales, el llamado “trigo
fuerte” (con mucho gluten) y el “trigo suave”, incluye
entre otras la variedad Konde de INIA, Bakan de von Baer y don Manuel
de ANASAC. Variedades antiguas como el trigo linaza, mocho, siete cabezas,
colorado, milagro, linaza, barbudo, copihue, carda, del Carmen o diente
de perro casi se han dejado de cultivar. Sin embargo, investigadores
independientes junto a pequeños productores protagonizan un lento
pero importante proceso de recuperación en varias regiones. Esas
variedades, como toda semilla tradicional adaptada a su territorio,
ofrecen una mejor respuesta al cambio climático y pueden sustentar
una producción agroecológica y una alimentación
al alcance de todos, que esté libre de transgénicos, químicos
y patentes.
Nota: (1) marraqueta es un tipo de pan chileno
Lucía
Sepulveda Ruiz
Enero 2019