Cuando
en el granero del mundo el hambre se generaliza
Es
el modelo, estúpido
Argentina
llega a estas elecciones con sus peores indicadores desde la crisis
de 2001-2002: más de la tercera parte de la población
en la pobreza, 8 por ciento de indigentes, salarios por el piso, alta
inflación, endeudamiento récord.
Luego que se conocieran, un par de meses atrás, los últimos
datos del Instituto de Estadísticas (Indec)
sobre la pobreza, Agustín Salvia, director del
Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica
Argentina (UCA), comentó que hacia fin de año habrá
seguramente en el país “entre 39 y 40 por ciento de pobres”.
“El
proceso no llegó todavía a su techo, porque la dinámica
actual es de aumento de la inflación con profundización
del estancamiento”, dijo.
Terminado
el primer semestre del año, el Indec había situado el
nivel de pobreza en 35,4 por ciento de la población y el de indigencia
en 7,7.
Las cifras
habían ido creciendo exponencialmente: del 25 por ciento de fines
de 2017 a 33 en el último trimestre del año pasado, 34
en el primer trimestre de 2019 y 36 en el segundo trimestre. “Por
eso el promedio es del 35. Hoy estaremos en 37 o 38 por ciento”,
dijo Salvia, que hizo estos comentarios en setiembre.
El 25 por
ciento de pobreza de 2017 era, además, una cifra artificial,
producto de “planes sociales” de última hora típicos
de año electoral.
Pero la política
de Macri se enunció claramente desde que asumió el gobierno,
a fines de 2015: “el país tendrá que sincerarse”,
dijo, y eliminó subsidios al gas y a la energía eléctrica,
comenzó a inclinar cada vez más la balanza hacia los empresarios
(el suyo fue y es un gobierno de CEO) e intentó aplicar una reforma
laboral similar a la brasilera y a otras que por el mundo pululan.
Si no la
pudo aplicar fue por la resistencia de los sindicatos, que salieron
a las calles y paralizaron el país en sucesivas jornadas de lucha
un par de años atrás.
La situación
hoy “es grave, por dos motivos”, afirmó Salvia: “no
deja respiro a los hogares, que ven devorados sus ingresos del mes anterior
y al mismo tiempo no logran compensar la pérdida con más
trabajo”.
“El
presupuesto no solamente no te alcanza sino que no podés planificar
para el futuro. Tenés que caer en endeudamiento, reducción
de la dieta, los gastos de salud, educación, vivienda. Te empobrecés
en materia de ingresos y en todas tus condiciones de vida”, completó
en una entrevista.
La
calesita de la pobreza
Sectores
medios y bajos que “habían conocido la pobreza en 2001”
en sus familias y que habían logrado salir de ella en 2004 o
2005, recayeron en ella.
“No
son sectores marginales. Los marginales cayeron en la indigencia, que
hoy estaría en un 8 o 9 por ciento. En promedio, del segundo
trimestre de 2018 al segundo trimestre de este año, el ingreso
real per cápita de cada argentino urbano cayó 12 por ciento.
Y en el 20 por ciento más pobre cayó casi un 20”.
Unos meses
antes del informe del Indec, a fines de marzo, la UCA había divulgado
su propia investigación sobre la pobreza multidimensional, a
partir no sólo de datos sobre el ingreso de la población
sino también por la satisfacción de derechos sociales
como el acceso a alimentación, salud, servicios básicos,
vivienda digna, medio ambiente, educación, empleo y seguridad
social.
La encuesta –realizada a partir de una muestra de 5.800 casos
de personas que habitan en hogares de núcleos urbanos de un mínimo
de 80.000 habitantes- arrojó que la pobreza multidimensional
había pasado de 26,6 por ciento de la población en 2017
al 31,3 en 2018.
Seis meses
atrás había pues en Argentina 12,7 millones de personas
viviendo con “carencias importantes”.
“Hoy
son seguramente muchas más”, comentó recientemente
Salvia.
Sólo
algunos datos: del tercer trimestre de 2017 al mismo lapso de 2018 la
población con inseguridad alimentaria severa trepó de
6,2 al 7,9 por ciento, y la que presentaba insuficiencias en los niveles
de atención médica, medicamentos y alimentos de 26,6 a
28,2 por ciento.
La caída
en los ingresos, en los salarios y la mayor precariedad laboral son
las causas principales del empeoramiento.
“La
falta de un trabajo formal y el aumento del desempleo de larga duración
explican también el aumento de la pobreza estructural”,
destacó el director del Observatorio.
Y agregó:
“El núcleo de la pobreza estructural en Argentina se agravó
en estos últimos tiempos porque hay más gente con una
o más carencias registradas y esto marca que la brecha social
cada vez se va ampliando más en el país”.
Con
tuppers a la escuela
A fines de
agosto pasado, el Observatorio difundió un nuevo informe centrado
en la inseguridad alimentaria en la provincia de Buenos Aires, la más
poblada de Argentina.
Encargado
por la Defensoría del Pueblo local, el documento reveló
que la población infantil y adolescente que se alimenta en comedores
comunitarios pasó de 17,4 por ciento en 2010 a 35,8 en 2017 y
a 40 en el tercer trimestre de 2018.
El 7,8 por
ciento de los niños, niñas y adolescentes (NNA) del Gran
Buenos Aires, el cinturón urbano que rodea a la capital, no consume
ningún nutriente esencial (carne, lácteos, frutas o verduras)
en su dieta diaria, afirma el documento, citado por el diario Clarín.
Los establecimientos
escolares son los únicos lugares en que buena parte de esa franja
de la población recibe algún tipo de alimentos. Fuera
de ellos, poco y nada y poco y malo.
Entre los
niños del Gran Buenos Aires que viven en hogares que no pueden
comprar alimentos, el 6,46 por ciento del total, algo menos de la mitad
no reciben ningún tipo de asistencia alimentaria.
“Que la alimentación principal gire en torno a la escuela
no sirve, porque los más pequeños y los adolescentes quedan
fuera, como las madres, y los padres, y los fines de semana tampoco
hay qué comer”, comentó Ianina Tuñón,
coordinadora del informe.
Son comunes
los casos de niños y niñas que van a la escuela con un
tupper para llevarles parte de la comida que se les da a ellos a sus
hermanos más pequeños.
La respuesta
de Macri ante estos datos que “no esperaba” fue decretar
la “emergencia alimentaria”, que se tradujo en concreto
en unas pocas migajas más de asistencialismo en algunos de los
barrios y poblaciones más carenciados del país.
Pero informes
periodísticos recientes demostraron que la situación cambió
muy poco y que la calidad de los alimentos repartidos en escuelas o
comedores asistidos era de mala a pésima, incluso peor que antes
del decreto de emergencia.
Remedos
no son remedios
“La
inseguridad alimentaria se disparó en el último año,
y seguramente seguirá subiendo porque la situación económica
está peor. La transferencia alimentaria no es suficiente, no
alcanza a solucionar la magnitud del problema”, comentó
Tuñón.
Lo que está
en acusación detrás de estas cifras vergonzosas para un
país que fue considerado el granero del mundo, dijo recientemente
a La RelJozéPihen, secretario general de la CGT Regional Córdoba,
es el conjunto de un modelo que amplios sectores del sindicalismo vienen
denunciando.
“Tenemos
las cifras de pobreza más altas de los últimos 17 años,
con 15 millones de personas que no logran superar los umbrales mínimos
para su desarrollo, y más de 3 millones de ellas con ingresos
inferiores a los necesarios mínimos para su manutención
alimentaria, entre las cuales 1,2 millones de niños”.
“Este
modelo de ajustes continuos en detrimento de los trabajadores y de los
sectores populares, de desindustrialización, venta del país,
que genera pobreza, hambre u discusión, hay que cambiarlo y ya”,
dijo por su lado el secretario general del Sindicato de Trabajadores
de la Industria de la Alimentación de la misma provincia, Héctor
Morcillo.
Morcillo
llamó a trabajadores y trabajadores a ser parte activa del cambio.
“Nos va la vida”, dijo.
Daniel Gatti
16 | 10 |
2019
Fuente:
Rel-UITA