Cuando los venenos
no son suficientemente venenosos
Alerta frente al ingreso
de una nueva variedad de soja al Uruguay
Soja 2,4 D en
Uruguay
En octubre de 2012, representantes
de la empresa DASAgro Uruguay S.A. solicitaron
al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca,
la liberación para producción y uso comercial, para
consumo directo o procesamiento de la soja DAS-44406-6.
La modificación
genética introducida en la soja DAS-44406-6 otorga al cultivo
tolerancia a los herbicidas a base de glufosinato de amonio, glifosato
y ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D). Las características
incorporadas se manifiestan en todas las etapas de desarrollo del
cultivo y en todos los tejidos de la planta.
De acuerdo a la solicitud,
el objetivo de la liberación comercial del evento es que
“el productor agropecuario disponga de una herramienta alternativa
y sustentable para la producción de soja, brindando distintas
opciones para la aplicación de herbicidas con varios modos
de acción y permitiendo un mejor control de malezas”.
La empresa también
hace una identificación y descripción de los posibles
efectos sobre el ambiente, argumenta que no existen en Uruguay especies
taxonómicamente (familias) relacionadas con la soja o especies
silvestres sexualmente compatibles. Continúa diciendo que
dado que la soja no presenta tendencia a comportarse como maleza
y no es una planta invasora en ecosistemas naturales, en caso de
aparecer plantas voluntarias, estas son fáciles
de controlar con medios mecánicos o químicos.
Lo que dice la
empresa no se compadece con la realidad
La soja transgénica
RR (resistente al glifosato y patentada por Monsanto)
fue autorizada en nuestro país en 1996 y a partir del 2012
fueron introducidos otros eventos de soja transgénica. Su
producción ha variado de acuerdo a las solicitudes, unas
han sido aprobadas para uso comercial, otras para producción
de semillas de exportación y otras, como es el caso de la
soja DAS-44406-6, han estado en proceso de evaluación durante
dos zafras, para una posible liberación con uso comercial.
Desde hace años
es ampliamente conocida por los actores de países involucrados
en la producción de la soja transgénica -incluyendo
al nuestro- la dificultad de combatir las hierbas que han desarrollado
tolerancia al glifosato, así como el comportamiento de la
propia soja como maleza, creciendo donde no se desea y cuya eliminación
no puede hacerse con glifosato debiendo utilizarse otros herbicidas
más potentes.
La respuesta de la industria
a esta situación -que en realidad es una reacción
normal de la naturaleza- fue crear la soja transgénicas DAS-44406-6,
resistente no sólo al glifosato, sino que también
a otros dos poderosos y peligrosos herbicidas como lo son el glufosinato
de amonio y al 2,4-D. Mientras el glifosato es un herbicida de amplio
espectro, el glufosinato es un herbicida para plantas de hojas angostas
y el 2,4-D para plantas de hojas anchas. Este coctel generalmente
se fumiga vía aérea sobre el área sembrada,
como el 2,4-D en su forma éster genera gotas minúsculas
que se trasladan por el aire alcanzando grandes distancias, el peligro
de contaminación es enorme.
El uso de tres herbicidas
en la producción de un cultivo nada tiene que ver con la
condición de sustentable, como lo califica la industria,
especialmente por sus efectos sobre el ambiente y la salud de la
población. Son ampliamente conocidos los impactos negativos
de estos tres herbicidas por separado, mayores pueden ser los tres
juntos dada la posibilidad de que se potencien mutuamente.
La efectividad de estos
venenos está basada en los nuevos aditivos -la industria
los denomina coadyuvantes- con nanotecnología añadidos
a los herbicidas. Entre estos herbicidas se encuentra la línea
Elite de Red Surcos, empresa con
sede en Argentina, cuyos productos se distribuyen
en varios países incluyendo a Uruguay. La
posible autorización en corto plazo, con fines comerciales
de la soja transgénica DAS-44406-6 nos llevaría a
un aumento aún mayor del uso de agrotóxicos y a la
utilización de estos nuevos herbicidas de la línea
Elite, o
sea el uso de agrotóxicos con nanotecnología.
Es claro que las evaluaciones
de los cultivos transgénicos al momento de ser aprobados,
solo se toma en cuenta la información dada por la industria
desde el punto de vista productivo, y este caso no sería
la excepción. Situación que ha sido criticada desde
hace años por la sociedad civil ya que los impactos socioeconómicos
y ambientales no son evaluados. Este nuevo cultivo responde directamente
a los intereses de la industria y deja de lado cualquier otra consideración
que no sea el lucro de las empresas. ¡Hay que prohibirlo ya!
RAPAL Uruguay y UITA
Agosto 2014