GUISANTES AUSTRALIANOS Y
PAPAS ASESINAS
Tomado de "LOS RIESGOS
DE LOS CULTIVOS TRANSGENICOS: UNA PERSPECTIVA SOCIAL ECOLOGISTA",
presentación ofrecida a la Asociación de Científicos
de la Estación Experimental Agrícola de Puerto Rico. 27
de enero de 2006, Aguadilla, Puerto Rico.
Por Carmelo Ruiz Marrero, director
del Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico
Los defensores de los cultivos y alimentos transgénicos nos dicen
y repiten constantemente que estos productos novedosos han sido examinados
e investigados más minuciosamente que cualquier otro producto
en la historia, que sus posibles impactos sobre la salud humana y el
ambiente han sido tan exhaustivamente indagados que no debe quedar duda
deque son sanos y seguros.
El maíz Mon 863
Pero, ¿Se sostiene tal afirmación?
Para poder abordar esta interrogante de manera adecuada veamos dos estudios
que salieron a la luz pública en 2005.
El 22 de mayo de ese año
el periódico inglés The Independent reportó la
existencia de un informe secreto de la compañía de biotecnología
Monsanto sobre su maíz transgénico Mon 863. Según
el informe, de 1,139 páginas, ratas alimentadas con este maíz
por trece semanas tuvieron conteos anormalmente altos de células
blancas y linfocitos en la sangre, los cuales aumentan en casos de cáncer,
envenenamiento o infección; bajos números de reticulocitos
(indicio de anemia); pérdida de peso en los riñones (lo
cual indica problemas con la presión arterial); necrosis del
hígado; niveles elevados de azúcar en la sangre (posiblemente
diabetes); y otros síntomas adversos. Portavoces de Monsanto
aseguraron que la compañía haría público
el informe, pero hasta ahora no lo ha hecho, alegando "confidencialidad",
y sólo ha publicado un resumen de once páginas.
Varios especialistas que consultó
el periódico coincidieron en que los datos en ese resumen son
alarmantes, porque los cambios observados en la sangre podrían
indicar que ha habido daños al sistema inmunológico y/o
que hay tumores en crecimiento. El experto en genética Michael
Antonin de la Escuela Médica de Guy's Hospital dijo que los hallazgos
en el resumen son "altamente preocupantes desde el punto de vista
médico".
Es importante señalar que
esta importante informaciones pública no por la buena fe de Monsanto
sino porque algún buen ciudadano con acceso a documentos confidenciales
de la compañía se tomó el riesgo de hacerla pública.
De no ser por este héroe anónimo, todavía hoy seríamos
felizmente ignorantes sobre los efectos del Mon 863.
Si el resumen es alarmante, el informe
completo con toda probabilidad puede ser más escalofriante aún.
¿Cómo es posible que las autoridades reglamentadotas le
permitan a Monsanto mantener este informe secreto en vista de lo que
se revela en su resumen?
Lo más tragicómico
de este asunto es que el maíz Mon863 fue autorizado para siembra
y consumo en Estados Unidos. Monsanto nos ha dado de comer este maíz
a sabiendas de que es potencialmente peligroso para los seres humanos.
Y, ¿Cuántos informes
más como éste existen sobre otros productos transgénicos?
¿Hay más productos igual o más nocivos que el Mon
863 habrá en el mercado actualmente? A ambas preguntas debemos
contestar: No podemos dudar que hayan más. Pero los científicos
que trabajan para estas compañías por lo general son obligados
a firmar acuerdos de no divulgación. Los portavoces y apologistas
de las corporaciones nos dicen que la investigación y desarrollo
de productos transgénicos se hace con el interés público
en mente, pero la investigación científica no puede ser
nunca en el interés público cuando hay secretividad. Esta
secretividad es especialmente alarmante cuando se trata de datos que
conciernen la salud y seguridad humana. Si son tan seguros estos productos,
¿Por qué la secretividad?
La industria nos dice que nos fiemos
de ella porque las compañías han realizado miles de estudios
sobre los cultivos transgénicos. Pero la mayoría de estas
investigaciones agronómicas no tienen relevancia a cuestiones
de salud humana o impacto ambiental. De cualquier modo, la gran mayoría
de estas investigaciones y sus resultados son confidenciales. Esta confidencialidad
sólo puede tener dos explicaciones. Una es que tales estudios
están tan malhechos que no tienen la más mínima
posibilidad de ser publicados en la literatura científica o de
ser tomados en serio por una institución académica. La
otra es que los resultados de tales estudios han sido "inconvenientes",
como en el caso del maíz Mon 863.
El guisante australiano
El otro estudio al que hago referencia
salió a luz el pasado mes de noviembre. En el estudio en cuestión
un guisante transgénico experimental desarrollado en Australia
por la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization
provocó una fuerte reacción inmunológica en ratas
de laboratorio. A este guisante se le había insertado un gen
tomado de la habichuela rosada, el cual codifica un rasgo que ayuda
a combatir plagas. Los creadores de este guisante buscaban la manera
de combatir lo que se llama en inglés el "pea weevil",
que se come hasta 30% de la cosecha australiana, valorada en $100 millones.
Un cruce genético de habichuela
rosada al guisante no es tan drástico como introducirle genes
de organismos más distantes como virus y bacterias, por lo que
los científicos no esperaban sorpresas.
Científicos de la escuela
de investigación médica John Curtin en la ciudad de Canberra
sometieron el guisante transgénico a una batería de pruebas
de las que normalmente se hacen a medicamentos, no a alimentos. Estas
pruebas incluyeron secuenciamiento detallado de la proteína transgénica
y de su gen correspondiente antes y después de la transferencia
genética alguisante, además de la prueba espectográfica
MALDI-TOF, que puede detectar cambios sutiles en la estructura de proteínas.
Las ratas que ingirieron el producto
mostraron cambios significativos en sus sistemas inmunológicos
y nódulos linfáticos. También reaccionaron de manera
parecida al ser expuestas a albúmina y otras dos sustancias,
lo que demuestra que este guisante podría hacer al sujeto alérgico
no solo al guisante sino a otros alimentos.
Hay que enfatizar que las pruebas
que hicieron los australianos no son requeridas por ley para alimentos
transgénicos en Estados Unidos. Este producto hubiera entrado
al mercado estadounidense si hubiera pasado por el sistema regulatorio
de la Administración de
Alimentos y Medicamentos (FDA) y el Ministerio de Agricultura (USDA).
Por lo tanto, no nos debe sorprender que productos transgénicos
igual o más nocivos que el guisante en cuestión pueden
estar en el mercado ahora mismo.
Igual o más interesante que
los resultados del experimento es el hecho de que los mismos científicos
que desarrollaron el guisante y realizaron el experimento no entendían
la importancia de lo que habían hecho. Ellos realmente estaban
convencidos deque pruebas como las que habían realizado eran
la norma en el resto del mundo.
El investigador Jeffrey Smith, autor
del libro "Seeds of Deception", conversó con ellos
y les retó a que presentaran un solo caso de un cultivo alimentario
transgénico que haya sido sometido a pruebas como las que ellos
realizaron.
Las polémicas papas
de Pusztai
Pero antes de seguir hablando del
guisante australiano, retrocedamos a la década de 1990, cuando
un científico en el Reino Unido estaba igualmente convencido
de que la inocuidad de los transgénicos estaba comprobada hasta
que le tocó leer informes científicos a respecto. El científico,
Arpad Pusztai, es una autoridad mundial en el estudio de lectinas, un
tipo particular de proteínas que existen en plantas.
Los publicistas de la industria
biotecnológica han hecho esfuerzos extraordinarios por destruir
su credibilidad y acabar con su carrera, y la desinformación
que han generado ha confundido hasta apersonas que yo creí mejor
informadas. Un colega suramericano me dijo que no era bueno usar a Pusztai
como referencia científica porque estaba "desacreditado".
Pero para los años 90 Pusztai
había publicado sobre 270 estudios y tres libros sobre el tema
de las lectinas, dos de estos libros los co-escribió con su esposa
Susan. Pusztai trabajaba desde la década de1960 en el Instituto
Rowett de Escocia, la más influyente y prestigiosa institución
en Europa dedicada al estudio de la nutrición humana. Al llegar
a los 60 años, que es la edad de retiro en el Instituto, el director
de la institución, el Dr.Philip James, le suplicó que
se quedara, y desde entonces ganó la codiciada beca (fellowship)
Leverhulme y obtuvo membresía en la Real Sociedad de Edimburgo.
En 1995 la Scottish Office Agriculture,
Environmentand Fisheries Department comisionó a un equipo dirigido
por Pusztai para realizar un estudio sobre los efectos de los alimentos
transgénicos. Las otras dos instituciones en su equipo eran el
Scottish Crop Research Institute y el Departamento de Biología
de la Universidad de Durham. El equipo de Pusztai logró obtener
este contrato en competencia con 28 otras instituciones de investigación
por toda Europa, y su metodología fue aprobada por el Biotechnology
and Biological Sciences Research Council. Los procedimientos y pautas
desarrolladas por el equipo de Pusztai en el curso de su estudio serían
luego utilizadas por las agencias reglamentadoras europeas para evaluar
los productos transgénicos.
Cabe mencionar que en ese momento
no había en la literatura científica un solo estudio sobre
la inocuidad de los transgénicos. El estudio de Pusztai fue el
primer estudio independiente a este fin.
Pusztai tuvo acceso a informes científicos
confidenciales de la industria de biotecnología que fueron usados
para solicitar la aprobación de productos transgénicos
en mercados europeos, y lo que encontró fue de lo más
chocante y desagradable en toda su carrera profesional. Encontró
los informes tan deficientes e incompletos que no tenían utilidad
alguna. Según Pusztai, habían sido hechos a toda prisa
y con el solo propósito de lograr aprobación a como diera
lugar. Nunca hubieran pasado el cedazo de la comunidad científica.
Al equipo de Pusztai se le asignó
examinar una papa transgénica a la que se le había insertado
un gen de la campanilla blanca (snowdrop) que codifica la lectina insecticida
GNA. La primera sorpresa fue al analizar las propiedades de las papas.
No solamente sus niveles de nutrientes estaban fuera de lo normal-uno
de los especimenes tenía 20% menos proteína que las papas
normales- sino que las anormalidades eran distintas en cada espécimen.
Las papas eran todas de la misma cepa y todas hermanas, es decir descendientes
del mismo ancestro, y todas habían sido sometidas a la misma
modificación genética, por lo que éstas no podían
naturalmente ser tan distintas entre sí. Esto demostraba que
la ingeniería genética no es capaz de producir resultados
uniformes, estables y predecibles, como alega la industria.
Las ratas de laboratorio alimentadas
con esta papa sufrieron daños sustanciales a sus sistemas inmunológicos
y reducción de peso en varios de sus órganos, incluyendo
cerebro, testículos y el hígado. Algunas tuvieron crecimiento
anormal en sus células intestinales, lo cual podría ser
un síntoma pre-canceroso. La lectina GNA no podía ser
culpada por estos efectos, ya que es inofensiva a los mamíferos.
La explicación tenía que estar en el proceso mismo de
inserción genética.
En lugar de recibir elogios, Pusztai
fue objeto de una campaña de difamación y descrédito
en la cual participó el mismo Instituto Rowett. El Dr. James
le negó acceso a su laboratorio y documentos, y sometió
su estudio a una auditoria, algo que se hace solamente cuando hay razón
para pensar que se cometió fraude.
Se le impuso también una
orden de mordaza, por lo que no podía defenderse de las acusaciones
falsas de lasque estaba siendo objeto. Entre otras falsedades circuladas
a la prensa, un comunicado del Instituto Rowett decía que la
lectina usada en el experimento no era GNA sino con canavalina A (Con
A). Esta información errónea tuvo un efecto terrible sobre
la credibilidad de Pusztai, ya que la Con A es tóxica a los mamíferos,
a diferencia de la lectina GNA, que fue la que realmente se usó.
Comenzó a circular el argumento deque los resultados de los experimentos
de Pusztai no eran nada sorprendentes ya que la papa transgénica
estudiada fue alterada para secretar una sustancia que es tóxica
a los mamíferos. Pero debido a la orden de mordaza, Pusztai no
pudo corregir ni esa ni las demás alegaciones falsas que estaba
publicando la prensa.
A pesar de que la especialidad del
Instituto Rowett es la nutrición y esta controversia se centraba
sobre nutrición, no hubo un solo nutricionista en el equipo realizó
la auditoría. Los auditores analizaron tres años de trabajo
en sólo diez horas y llegaron a la conclusión de que los
datos del estudio no justificaban las conclusiones a las que Pusztai
había llegado.
El informe de los auditores nunca
fue publicado ni sometido al proceso de revisión por los partes
(peerreview). Sólo se imprimieron diez copias. Según Pusztai
y su esposa, quienes recibieron una de esas copias, el informe estaba
plagado de errores.
Pero varios colegas salieron al
rescate de Pusztai solicitándole ver la documentación
del polémico estudio. Los cánones de ética científica
permiten a los científicos compartir sus datos con colegas, y
el Instituto Rowett de mala gana hizo disponible la documentación
pertinente.
En febrero de 1999, 30 científicos
de trece países que habían leído los documentos
publicaron un memorando internacional apoyando a Pusztai y pidiendo
una moratoria al desarrollo de cultivos transgénicos.
Más tarde aparecieron informes
en la prensa europea al efecto de que el primer ministro británico
Tony Blair había participado personalmente en la persecución
contra Pusztai, llamando a Philip James para pedirle que haga callar
a Pusztai. Según averiguó el profesor Robert Orskov, quien
trabajó en el Instituto por 33años y es actualmente miembro
de la Real Sociedad de Edimburgo y consultor de la Organización
de Naciones Unidas para Agricultura y Alimentos (FAO), Monsanto llamó
al presidente estadounidense Bill Clinton, Clinton llamó a Blair,
y Blair a James. Hasta hoy, Blair no ha hablado claro sobre su rol en
este escándalo, pero es de conocimiento público que Clinton
y su secretario de agricultura Dan Glickman ejercieron
mucha presión sobre Blair y otros líderes europeos para
que aprobaran la comercialización de transgénicos.
Eventualmente Pusztai fue vindicado
y es hoy una autoridad internacionalmente reconocida en torno a los
productos transgénicos. Recientemente publicó un extenso
informe en el que analiza TODOS los estudios en la literatura científica
referentes a transgénicos.
Pero tuvo que pagar un precio altísimo
por su integridad. Desde que comenzó la controversia ha tenido
dos ataques al corazón y él y su esposa están bajo
medicamento permanente para la alta presión.
Volviendo al 2005
Pues ahora volvamos al 2005 a retomar
el asunto del guisante australiano. Smith habló con Pusztai sobre
el estudio australiano y Pusztai le aseguró que éste definitivamente
es novedoso y sin precedentes.
Smith también discutió
el estudio con Gilles Eric Seralini, quien ha revisado todas las sumisiones
de la industria biotecnológica a las autoridades europeas, y
le dijo que no sabía de ninguna planta transgénica que
haya sido sometida a exámenes tan detallados.
Quisiera ahora decirles un poco
sobre Jeffrey Smith, quien no es científico pero aún así
es una de las personas mejores informadas sobre el debate de los transgénicos.
El presentó el manuscrito de su libro a una bióloga alemana
prominente, Christine von Weizsaecker, y le pidió su endoso.
Ella respondió que no haría tal cosa para un libro cuyos
datos científicos no fueran 100% correctos. Leyó y analizó
el manuscrito detenidamente y lo envió a otro biólogo
para asegurar que ninguna de la información en él hayasido
sacada de contexto. Y lo endosó.
Y si quieren más referencias
científicas, aquí tienen otra: "Safety Testing and
Regulation of Genetically Engineered Foods", un informe de William
Freese y David Schubert, publicado en noviembre de 2004 en Biotechnology
and Genetic Engineering Reviews. Según el estudio, el proceso
de evaluación de alimentos transgénicos en Estados Unidos
no es efectivo, ya que se fundamenta en investigaciones mal hechas y
premisas equivocadas.
En la literatura científica
sólo hay un estudio sobre alimentos transgénicos hecho
con sujetos humanos. El estudio en cuestión determinó
que las secuencias genéticas de la soya transgénica pueden
incorporarse a la flora intestinal humana. La industria y sus apologistas
habían dicho que tal cosa era imposible, que los jugos gástricos
y las enzimas intestinales disuelven los ácidos nucléicos
que componen los genes. Pero ahora sabemos que eso no es así.
Este hallazgo es especialmente preocupante
porque muchos cultivos transgénicos contienen genes que otorgan
inmunidad a antibióticos. Las implicaciones para la salud pública
son estremecedoras, ya que si las bacterias intestinales incorporan
estos genes el tratamiento de infecciones intestinales se complicará
de manera peligrosa.
En 2001 el Centro para el Control
de Enfermedades de Estados Unidos informó que la alimentación
era responsable del doble de casos de enfermedad que siete años
antes (un período de tiempo que coincide con la introducción
masiva de alimentos transgénicos al
mercado). Estamos hablando de 76 millones de casos anuales de enfermedad,
de los cuales 325 mil resultan en hospitalización y 5 mil muertes.
A esto le añadimos el aumento de 33% en los casos de diabetes
entre 1990y 1998, y el vertiginoso aumento en la obesidad y el cáncer.
¿Están por lo menos algunos de estos casos relacionados
al consumo de transgénicos? No sabemos. Ningún científico
se ha molestado en hacer la averiguación.
Un dato final: Las alergias a la
soya en Inglaterra subieron 50% en los años en que se introdujo
la soya transgénica en el país, según el York Nutricional
Institute.
Los defensores de los transgénicos
dicen que en los nueve años desde su comercialización,
nadie se ha perjudicado por consumirlos. Pero considerando los datos
aquí presentados, tales alegaciones son, en el mejor de los casos,
insensatas y seudo científicas.
FUENTES:
Freese, William y David Schubert.
"Safety Testing and Regulation of Genetically Engineered Foods".
Biotechnology and Genetic Engineering Reviews - Vol.21, Noviembre de
2004.
Pusztai, A. et al. (2003) "Genetically
Modified Foods: Potential Human Health Effects". En: Food Safety:
Contaminants and Toxins (ed. JPF D'Mello) pp. 347-372.
CAB International, Wallingford Oxon, Reino Unido.
Pusztai, Arpad (2005). "Pusztai
Answers His Critics"
http://www.organicconsumers.org/ge/pusztai112805.cfm
Pusztai, Arpad (2006). "National
Regulations Should
Reflect Risks of GE Crops"
http://www.biospectrumindia.com/content/columns/10601061.asp
Silvia Ribeiro. "Las Ratas
de Monsanto". La Jornada
(México), 11 de junio 2005.
Andrew Rowell (2003). "Don't
Worry, It's Safe to Eat:
The True Story of GM Food". Earthscan Books.
Smith, Jeffrey (2003). "Seeds
of Deception: Exposing
industry and government lies about the safety of the
genetically engineered foods you're eating". Yes!
Books/Chelsea Green Publishing.
http://www.seedsofdeception.com
Smith, Jeffrey (2005). "Genetically
Modified Peas
Caused Dangerous Immune Response in Mice".
http://www.gmwatch.org/archive2.asp?arcid=6076
Smith, Jeffrey (2006). "Un-Spinning
the Spin Masters
on Genetically Engineered Food".
http://www.gmwatch.org/archive2.asp?arcid=6124